Con 17 años se matriculó en la escuela de interpretación de Cristina Rota. En una visita al centro, Joaquín Oristrell se fijó en la joven donostiarra y tras una prueba la eligió para su película “Sin vergüenza”. Poco después Manuel Gutiérrez Aragón la convirtió en la Dulcinea de “El caballero Don Quijote". Con algunas incursiones en televisión, danza y teatro - con obras como “Tartufo” o “La Gaviota” – decidió apostar por su futuro en el cine. En apenas unos años, sus nominaciones a los Premios Goya y otros reconocimientos profesionales, la han situado como una de las mejores actrices del panorama español. Recientemente ha sido seleccionada como “Revelación” en el Festival Internacional de Cine de Berlín.