Un turbio y desencadenado relato cinematográfico en la tradición del cine negro americano. Una comedia de género contada con desgarro y con belleza sucia y ausente.
Escrita, dirigida e interpretada por Salomón Shang ("Carl Gustav Jung", "Madre Cuba", "Metropolitan", "La zona de Tarkovsky", "Reencarnación") y producida por Patricia Roda para Producciones Kaplan.
Salomón Shang protagoniza junto a Judit Uriach ("Reencarnación", "Trash", "Joves"), Assumpta Serna ("Jóvenes y Brujas", "Orquídea Salvaje", "El Maestro de esgrima", "Extramuros"), Juan Luis Galiardo ("El Caballero Don Quijote", "El Vuelo de la Paloma", "Adiós con el corazón"), Albert Serra (director de "Honor de Caballería" y "El Cant dels Ocells"), Tony Corvillo ("Reencarnación", "Reflection", "The Birthday", El cor de la ciutat) y Scott Cleverdon ("Los fantasmas de Goya", "Tortilla Heaven") esta aventura de humor negro.
NotasdelDirector
Cine de influencias - "Me disgusta que todo el mundo me señale como el padre del spaghetti-western. Por que soy el padre, sí, pero de un montón de hijos de puta". Sergio Leone
Esta altisonante cita del realizador de Hasta que llegó su hora (C'era una volta il West, 1968), más que hacer referencia a dignos continuadores de la estética creada a partir de Por un puñado de dólares (Per un pugno di dolari, 1964), como Sergio Corbucci, Sergio Sollima o Tonino Vallerii –al menos, eso me gustaría creer–, debe atacar directamente a los realizadores que en la postraría de los setenta hicieron parodia de la parodia –en un movimiento muy parecido al acaecido con las últimas producciones de la Hammer– de los mejor nombrados eurowesterns.
El asesino a sueldo, pese a ser de varias generaciones posteriores a las de los directores citados, sin embargo, con su lista de fuentes de referencias cult y exploit, algunas de mejor gusto que otras, debo reconocerlo, se trata de cine basado en la recreación contemporánea de estilos y formatos provenientes de toda índole de cinematografías, en definitiva, propone un mundo artístico cimentado sobre la mixtura estética de diferentes fuentes, algo a lo que no es ajeno el cine de Leone.
Mis películas, evidencian un respeto máximo entendido como herencia cultural ya no sobre el cine de Leone, si no sobre todo el spaghetti-western –
o pizza-western como defiende Hilario J.Rodríguez o western al dente como reivindica Quim Casas–, canalizando primero a través del cine de Leone, posteriormente, a través del cine Peckinpah. Sin embargo, ningún film anterior en mi trayectoria refleja mejor la herencia de estos realizadores como El asesino a sueldo, una cinta donde se cambian mis habituales espacios urbanos por una neo-city proveniente del cómic manga y un desierto árido y polvoriento, émulo de las llanuras de Almería donde tanto Corbucci como Leone situaron sus correrías.
La obra leoniana que más ha influenciado el universo metafílmico de Elasesino a sueldo es sin duda El bueno, el feo y el malo, el cierre de la bautizada por la crítica como "la trilogía del dólar", tanto en forma del homenaje explícito, como adaptando y reformulando, como prácticamente solo un cinéfago puede hacer, observen a Brian DePalma o a Walter Hill, las formas del trabajo del eurowestern.
Si nos introducimos un poco más en los tejemanejes de las dos historias, sí apreciaremos un montón de referencias que coinciden en la particular idiosincrasia de una estética cinematográfica. Para Leone, el western siempre fue un lugar tosco, seco, hiperbólicamente violento, donde la mujer no posee lugar alguno –son muchas las lluvias de insultos que le han tachado de misógino, aunque le ocurriera lo mismo a realizadores como John Ford o Akira Kurosawa– y moralmente avaricioso, hasta el punto, que en "la trilogía del dólar", el único motor dramático de las cintas sea la de conseguir más dinero, por lo general, aniquilando a todos los adversarios posibles. Es por ello, que aunque en La muerte tenía un precio (Per qualche dollari in piu, 1965) y en Hasta que llegó su hora, los personajes del Coronel Mortimer (Lee Van Cleef) y Harmónica (Charles Bronson) se mueven en busca de la vendetta –el primero por la violación y el asesinato de su hija a cargo de el Indio, el segundo por el cruel asesinato de su hermano a cargo de Frank–, estos personajes leonianos se asemejarían a las motivaciones de los personajes de El asesino a sueldo. Estos personajes, sin embargo, como los creados por Leone poseen una única motivación: la ambición monetaria. Tanto sus (anti)héroes como sus villanos sólo buscan el dinero del prójimo, y si para ello deben matar, sea quien sea, se hará. En el universo leoniano, el que no dispara y mata no tiene motivo existencial por el que agarrase a la vida. Es un paraje árido donde sólo sobreviven los más fuertes, generalmente, los (anti)héroes, ya saben, esos que visten con poncho mexicano, tienen barba de seis días y mascan un puro tras otro. Incluso éstos son parte de una relectura en El asesino a sueldo (el Doctor, Slapsi,
el Inspector…).
La influencia de Leone en El asesino a sueldo está incluso filtrada a través de otra referencia directa: el cine oriental, del que adopta de manera estilizada su tempo dramático –¿Cuál es exactamente la duración en las situaciones en el cine de Leone? ¿Existe un tiempo real o mental? Quizás por ello, a los silenciosos samuráis de Kurosawa, se les hermane con el "hombre sin nombre" encarnado por Clint Eastwood –o al personaje de Beat Takeshi en sus primeros films–, no es pues casual, en un guiño malévolo, que siempre esté oculto el verdadero nombre de todos los personajes. Un gusto por los apodos, como en la mayoría de los protagonistas de Leone: "Sentencia", "Indio", "Harmónica". Eso es exactamente… El asesino a sueldo.
Para acabar me gustaría volver sobre algo comentado anteriormente: la referencia a la que se le increpa a Leone el no usar mujeres en sus films. Hay
una digresión que me gustaría plantear, y es que, si en alguno de sus cinco eurowesterns Leone hubiera situado como protagonista a una mujer con igual de oportunidades que a un hombre, como Escarlata en El asesino a sueldo, esta se habría visto continuamente humillada y vejada, de la misma forma que le acontece al "hombre sin nombre" –en la trilogía del dólar sendas palizas en Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio, una caminata por el desierto hasta llevarlo a las puertas de la muerte en El bueno, el feo y el malo– y entonces, quizás se le volvería a acusar de misógino. Exactamente la acusación que se hará sobre nuestra película, y es que aunque los años vayan cayendo, la estupidez humana nunca ha dejado de crecer y jamás ha aprendido de sus errores.
Salomón Shang