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Silencio
(Silence)
Dirigida por Martin Scorsese
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El oscarizado director Martin Scorsese dirige el filme a partir de un guión que ha coescrito con Jay Cocks. Basada en la galardonada novela homónima de Shusaku Endo publicada en 1966, la película explora la prueba religiosa y espiritual que supone el silencio de Dios ante el sufrimiento humano.

Martin Scorsese, Emma Koskoff e Irwin Winkler producen junto con Randall Emmett, Barbara De Fina, Gastón Pavlovich y Vittorio Cecchi Gori. La producción ejecutiva corre a cuenta de Dale A. Brown, Matthew J. Malek, Manu Gargi, Ken Kao, Dan Kao, Niels Juul, Chad A. Verdi, Gianni Nunnari, Len Blavatnik y Aviv Giladi.

En Silencio, Scorsese vuelve a contar con algunos de sus colaboradores habituales, como el director de fotografía nominado a los Oscar Rodrigo Prieto (El lobo de Wall Street), el diseñador de producción galardonado con tres Oscar Dante Ferretti (La invención de Hugo), la montadora galardonada con tres Oscar Thelma Schoonmaker (El lobo de Wall Street), el productor ejecutivo de música Robbie Roberston (El lobo de Wall Street) y la directora de casting Ellen Lewis (El lobo de Wall Street). Kim Allen Kluge y Kathryn Kluge se han encargado de componer la banda sonora de la película.

Encabezan el reparto de Silencio Andrew Garfield (The Amazing Spider Man, Hasta el último hombre), Adam Driver (Star Wars: El despertar de la Fuerza, Paterson) y Liam Neeson (La lista de Schindler, Venganza). Completan el reparto actores internacionales de la talla de Ciarán Hinds (Munich) y algunos de los actores japoneses mejor conocidos del momento, entre ellos Tadanobu Asano, Issey Ogata, Shinya Tsukamoto, Yoshi Oida Yosuke Kubozuka, Ryo Kase y Nana Komatsu.


La producción
En 1988 Martin Scorsese conoció al arzobispo Paul Moore en Nueva York, durante un pase especial de la película La última tentación de Cristo con los líderes religiosos de la ciudad. Moore, que entonces ostentaba el cargo de obispo episcopal de Nueva York, regaló al director una copia de la novela histórica de Shusaku Endo titulada Silencio. La obra fue recibida con muy buenas críticas cuando se publicó en Japón en 1966 y generó grandes debates y análisis sesudos, exhaustivos y rigurosos. La traducción al inglés llegó unos años más tarde y con ella creció aún más la reputación de la novela como una profunda investigación y reflexión sobre la religión.

Nada más empezar la lectura, Martin Scorsese se sintió cautivado por la novela, hasta el punto de sentir que Silencio le hablaba personalmente.

"La temática que Endo plantea en el libro ha formado parte de mi vida desde que era muy, muy joven", comenta Scorsese. "Me crié en el seno de una familia muy católica en la que se le daba mucha importancia a la religión. Uno de los pilares de mi vida sigue siendo la espiritualidad católica romana que tan importante fue para mí de niño, y esa espiritualidad estaba relacionada con la fe".

Scorsese comenta que al leer la novela le sorprendió descubrir que planteaba asuntos muy profundos y serios sobre el cristianismo con los que, según él mismo, "Sigo luchando hoy en día".

"Llegado a este punto de mi vida pienso constantemente en la fe y la duda, la debilidad y la condición humana. Todos ellos son temas que la novela de Endo plantea de una manera muy directa".


La novela
En cuanto leyó Silencio, Scorsese supo que quería llevar el libro a la gran pantalla. La novela de Shusaku Endo Silencio (Chinmoku) está ambientada en el Japón de la época de los Kakase Kirishitan ("cristianos ocultos") y se ha descrito como un logro supremo literario y una de las mejores novelas del siglo XX. El libro se publicó en 1966 y fue galardonado con el prestigioso premio Tanazaki. Se tradujo al inglés en 1969 y se ha publicado en diferentes idiomas en todo el mundo.

Silencio se convirtió en un éxito de ventas en Japón, con más de 800.000 copias vendidas. Toma como punto de partida un escándalo que afectó a la iglesia y fue conocido en todo el mundo: la apostasía en Japón del padre Christovao Ferreira, un jesuita que renunció a su religión, se convirtió al budismo y se casó con una japonesa.

Hoy en día los jesuitas, miembros de la Compañía de Jesús, son la orden religiosa más importante de sacerdotes, estudiantes y hermanos de la iglesia católica. Tienen una larga tradición apostólica y evangelizadora y su actividad se extiende al campo educativo (fundación de colegios y universidades), la investigación intelectual, la cultura, los derechos humanos y la justicia social. El fundador, San Ignacio de Loyola estableció la orden en la década de 1530 y redactó los Ejercicios espirituales para ayudar a otros a seguir las enseñanzas de Cristo. In 1534, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y sus condiscípulos tomaron los votos de castidad, pobreza y obediencia al Papa.

En la novela de Endo, dos de los alumnos del padre Christovao Ferreira, el padre Sebastian Rodrigues y el padre Francisco Garupe, viajan desde Portugal a la Universidad Jesuita de Macao y desde ahí embarcan hacia Japón. Correrán todo tipo de peligro al intentar resolver la misteriosa apostasía de Ferreira y ejercer los ministerios a los feligreses japoneses, los cristianos ocultos que practican su fe aun temiendo por su vida.

Endo, uno de los pocos autores japoneses que ha relatado esta época desde un punto de vista cristiano, nació en Tokio en 1923. Se crió en Kobe con su madre y su tía y fue bautizado a los once años. La Segunda Guerra Mundial truncó sus estudios universitarios y pasó un tiempo trabajando en una fábrica de munición. Al terminar la guerra estudió medicina y se trasladó a Francia. Tuvo problemas respiratorios durante toda su vida e incluso sufrió una tuberculosis, por lo que pasó largos periodos en el hospital.

Empezó a escribir novelas en 1958, casi siempre tratando temas relacionados con la religión cristiana, entre ellas Jesu no Shôgai (La persona de Jesucristo), y su obra se ha comparado con la de escritores cristianos occidentales, principalmente Graham Greene. La mayoría de sus personajes se enfrentan a dilemas morales complejos y toman decisiones que a menudo tienen resultados trágicos o complicados. Graham Greene describió a Endo como "uno de los mejores escritores en vida".

Silencio se considera su obra maestra y ha sido objeto de intensos análisis y debates desde su publicación. Garry Wills, historiador y escritor galardonado con un premio Pulitzer, comparó Silencio con El poder y la gloria de Greene. Según Wills, mientras que el protagonista de Greene "mantiene su ministerio sacerdotal a pesar de su falta de mérito, Endo explora una paradoja más interesante. En su obra, la apostasía nace no de la debilidad, sino del amor, con el objetivo de salvar a los conversos cristianos de la persecución".

El propio Endo opinaba que el libro tuvo tanto éxito en su país entre los estudiantes de izquierdas porque vieron en el enfrentamiento entre Rodrigues y los samurái un reflejo de la situación que vivieron los marxistas japoneses en los años 1930. Estos fueron torturados por las autoridades japonesas y obligados a cometer ‘tenko’: retractarse de sus ideas comunistas y someterse a rehabilitación.

Silencio se ha denominado una novela de nuestra época. En la revista dominical de The New York Times, Paul Elie comenta que "Utiliza con gran acierto la historia de los misioneros para plantear muchas de las cuestiones religiosas que se nos atragantan en el mundo post-secular: los argumentos de la verdad universal en diferentes sociedades, el conflicto entre la profesión de la fe y la expresión de la fe, y el aparente silencio de Dios ante el sufrimiento de los creyentes por motivos religiosos".

A día de hoy, los temas que trata Silencio siguen siendo relevantes.


El guión
El interés de Scorsese por la novela incrementaba con cada lectura y empezó a trabajar en la adaptación al cine con su colaborador habitual Jay Cocks a finales de la década de 1980, con la intención de llevarla a la pantalla próximamente.

No obstante, todo cambió por culpa del destino.

Para empezar, "No estaba contento con el borrador", comenta Scorsese. Pero también se enfrentó a otros problemas, entre ellos encontrar financiación para un proyecto de tanta envergadura, y acabó dejando el guión a un lado.

Haber pospuesto el proyecto no significó dejar de pensar en el libro. Lo tenía siempre presente y nunca dejó de analizar los temas y los personajes de la novela, redactando diferentes versiones del borrador del guión con Cocks. En total dedicaron más de quince años a la tarea de escribir un guión que estuviera a la altura del material original, que fuera convincente y que incorporara y diera vida a las consideraciones más profundas e intensas de la novela.

En 2007 se publicó una nueva edición de la novela con prólogo de Scorsese en el que el director da buena cuenta no solo de la importancia de la temática en su vida, sino de lo que se podría esperar de su versión cinematográfica del libro.

"El cristianismo se basa en la fe, pero al estudiar la historia de la religión queda patente que ha tenido que adaptarse una y otra vez, con grandes dificultades, para que ese fe pudiera florecer", escribe Scorsese. "Ahí surge la paradoja, una paradoja que puede ser muy dolorosa, puesto que en principio, creer y dudar son dos conceptos antitéticos. Sin embargo, creo que uno no puede existir sin el otro. Ambos conceptos se retroalimentan. Dudar puede generar una sensación de soledad, pero en conjunción con la fe, con una fe profunda e inquebrantable, las dudas pueden generar una sensación de comunión y fraternidad. Endo entiende a la perfección ese doloroso proceso tan paradójico que nos lleva de la duda a la soledad y a la comunión".

"Sebastian Rodrigues (el protagonista) representa a lo más granado de la fe católica".

Scorsese le llama un "hombre de la iglesia", tal y como se describe en Diario de un cura rural de Bernanos y escribe que "Rodrigues hubiera sido uno de esos hombres leales, incondicionales, de voluntad firme y resoluta, de fe inquebrantable... si se hubiera quedado en Portugal".

"En lugar de eso, se traslada a una cultura hostil que lleva años luchando por librarse del cristianismo. Rodrigues cree firmemente que será el héroe de una historia occidental que conocemos muy bien: la alegoría cristiana, la figura de Cristo, con su propio jardín de Getsemaní y su propio Judas, un desgraciado llamado Kichijiro".

Judas, a quien Scorsese describe como el mayor villano del cristianismo, personifica lo que el realizador considera uno de los dilemas más importantes de la teología cristiana.

"¿Cuál es el papel de Judas?", se pregunta. "¿Qué espera Jesucristo de él? ¿Qué esperamos nosotros de él?". Endo analiza los problemas de Judas de una forma más directa que cualquier otro artista que conozca".

Este problema centra Silencio y determina el destino del padre Rodrigues.

En palabras de Scorsese, "[...] Endo invierte con enorme maestría el proceso [para Rodrigues]. Silencio es la historia de un hombre que aprende (de una forma muy dolorosa) que el amor de Dios es más misterioso de lo que se imagina, que el Señor deja en manos de los feligreses más de lo que pensamos y que siempre está presente... incluso a través de sus silencios".

"Leí la novela por primera vez hace casi veinte años. La he releído muchas veces y he encontrado un apoyo en ella que me han dado muy pocas obras de arte".


Preproducción
Después de pulir el guión durante años, Scorsese, Koskoff y Winkler intensificaron sus esfuerzos por conseguir financiación para el proyecto. Scorsese y Koskoff también empezaron a darle vueltas al casting y a la localización de la película: ¿quién estaría a la altura de un papel con tanto peso como el padre Rodrigues? ¿Podrían encontrar actores japoneses para dar vida a los importantísimos personajes secundarios? ¿Dónde deberían rodar? Estas cuestiones tardaron un tiempo en resolverse.

Dado el panorama cinematográfico actual, encontrar financiación para una película seria, de personajes, con una profunda vertiente religiosa y filosófica supuso un gran desafío.

"El proyecto era tan relevante para Marty, le importaba tanto a nivel personal, que empezó a importarme a nivel personal a mí también", comenta Koskoff, socio productor de Scorsese y presidente de producción de su empresa Sikelia. "Estaba decidido a que la película se llevara al cine y no iba a rendirme hasta verla en la gran pantalla. Investigué absolutamente todas las vías".

Después de varios retrasos, Scorsese, Koskoff y Winkler finalmente lograron cerrar la financiación. Tras el estreno de El lobo de Wall Street, con la que Scorsese obtuvo un enorme éxito de público y supuso todo un bombazo en taquilla, obtuvieron financiación de Fabrica de Cine y AI Films de Len Blavatnik, con la colaboración de SharpSword Films e IM Global.

Fabrica de Cine, dirigida por Gaston Pavlovich, coprodujo y cofinanció el drama Esperando al rey, protagonizado por Tom Hanks, y Norman: The Moderate Rise and Tragic Fall of a New York Fixer de Richard Gere.

AI Films de Len Blavatnik ha financiado o cofinanciado El mayordomo de Lee Daniels, Mr. Holmes de Bill Condon y Hasta el último hombre de Mel Gibson.

SharpSword Films cuenta con el apoyo de Dale Brown y participó en la financiación de The Ticket, protagonizada por Dan Stevens, Malin Akerman y Oliver Platt.

IM Global es una de las principales plataformas globales de producción cinematográfica y televisiva, ventas y distribución y ha cofinanciado Hasta el último hombre de Mel Gibson y Los hombres libres de Jones de Gary Ross.


Localizaciones
Mientras seguían explorando vías de financiación, en 2008 y 2009 Scorsese, Koskoff y varios miembros del equipo creativo del director empezaron a investigar localizaciones en las que podría rodarse la película. El equipo descartó directamente rodar en Japón, a sabiendas de que sería absolutamente prohibitivo. Optaron por investigar qué podían ofrecer Nueva Zelanda, Canadá y demás localizaciones en cuanto a escenarios en los que dar vida a la historia de la forma más factible desde un punto de vista económico. Finalmente se decantaron por Taiwán.

Mientras analizaban la posibilidad de rodar en Taiwán, Scorsese y Koskoff se pusieron en contacto con el director Ang Lee, dada su larga experiencia en el país. Lee y sus colaboradores, en especial David Lee, fueron claves a la hora de conseguir rodar en Taiwán.

Por su parte, Koskoff viajó varias veces a Taiwán, como ya hiciera con otras localizaciones posibles. Recorrió todo el país en busca de los lugares perfectos en los que rodar la película.

"Viajé tantas veces a Taiwán que puedo decir que he recorrido el país de punta a punta en busca de localizaciones, tanto urbanas como rurales. También me reuní con muchísima gente", comenta Koskoff. "La diversidad del paisaje y el terreno, el talento de la gente y las facilidades para la producción cinematográfica que nos brindaba Taipéi me hicieron darme cuenta de que por fin había encontrado el sitio en el que rodaríamos Silencio. De hecho, estaba convencida de que este país era el único sitio en el que podría rodarse. Esta era la localización perfecta para recrear Japón en el siglo XVII".

Scorsese no podría estar más de acuerdo. "Visitamos un montón de sitios por todo el mundo y al final nos decantamos por Taiwán porque la geografía es muy parecida, el clima es similar y los paisajes de mar y montaña eran justo lo que necesitábamos".


El casting
El proyecto ya iba tomando forma y llegaba el momento de sentarse a pensar en el casting en serio. La prioridad estaba clara: había que dar con el actor que pudiera interpretar al padre Rodrigues.

"El actor que diera vida a Rodrigues necesitaba tener la capacidad y el entendimiento requeridos para enfrentarse a las complejas cuestiones con las que lidia el personaje", apunta Scorsese. "También tenía que ser alguien que quisiera interpretar a este personaje. "Llevo años hablando con actores de este proyecto y algunos me decían directamente que no les interesaba lo más mínimo".

Pero también dio con muchos actores jóvenes a los que les fascinó tanto la historia como el material y pensó en varios de ellos para el papel. No obstante, con el paso del tiempo, los actores que le interesaron inicialmente ahora eran demasiado mayores para el personaje. Rodrigues es un joven de unos veinte años.

La búsqueda se intensificó cuando se estableció la fecha en la que empezarían a rodar y Scorsese hizo pruebas con varios actores jóvenes. Al conocer a Andrew Garfield supo que había dado con el intérprete que buscaba. Tras completar una exitosa temporada en Broadway con la producción de Mike Nichols de la obra de Arthur Miller Muerte de un viajante y las películas de The Amazing Spider-Man, Garfield encajó con las expectativas del director para Rodrigues.

"Andrew tiene la misma edad que el protagonista, pero por encima de eso tiene la capacidad de gestionar el papel. Y le importa la historia. Ha sido un regalo del cielo", dice Scorsese.

Garfield estaba listo para el proyecto. "Sería de locos rechazar un proyecto de Martin Scorsese", confiesa el actor. "A nadie se le pasaría por la cabeza. Es una oportunidad única. Esto solo pasa una vez en la vida. Ni me podía imaginar algo así".

Si bien estaba ilusionadísimo por el papel, también era consciente del enorme reto que supondría.

"La historia plantea un tema atemporal tan profundo como complejo en el que priman las emociones", comenta Garfield. "Acompañamos al personaje en un momento muy transcendental. Se enfrenta a las dudas más importantes que se le plantean al ser humano: cómo darle sentido a la vida, cómo vivir con fe, y si vivir con fe supone también vivir con duda. Y eso es solo la punta del iceberg, pero ya con eso me interesaron la historia y el personaje".

Scorsese escogió a otra joven promesa para dar vida al acompañante de Rodrigues, el padre Garupe: el carismático actor Adam Driver. Driver se ha convertido en una cara conocida gracias a la serie Girls (HBO), la película A propósito de Llewyn Davis, la entrega más reciente de Star Wars: El despertar de la Fuerza y ha estrenado recientemente Paterson de Jim Jarmusch. A Driver también le atrajeron tanto la historia como la posibilidad de trabajar con Scorsese.

Se preparó leyendo el libro de Endo además del guión de Scorsese y Cocks.

"Me llamó enormemente la idea de la crisis de fe, que es un concepto muy universal y siempre es relevante", apunta Driver.

El actor también se sintió atraído por las características individuales de los dos jóvenes, el padre Rodrigues y el padre Garupe.

"Me gustó que se les mostrara contrariados y que tuvieran dudas, porque dudar es una parte importante de la fe. Pensé en San Pedro. Dudar es muy sano, y se aplica a todo, incluso a la interpretación. ¿Es una profesión seria? ¿Me conviene este papel? ¿Quiero estar con esta gente? ¿Y si simplemente no encajo en este papel? Cualquier aventura creativa conlleva duda. Las relaciones, entre padres e hijos, por ejemplo, están plagadas de dudas".

A Driver también le interesó que la representación de los sacerdotes fuera un tanto atípica.

"Normalmente los hombres de Dios suelen caracterizarse por ser serenos y racionales. Pero estos misioneros jesuitas eran pioneros. Eran tipos duros que se buscaban la vida. Tenían que sacarse las castañas del fuego. Se enfrentaron a unas condiciones muy arduas. Los hombres eran rudos, toscos, no como los curas educados de hoy en día. Me los imagino como exploradores".

Dos actores irlandeses completan el reparto principal: Liam Neeson, un intérprete versátil cuya popularidad ha ido aumentando gracias a las películas de la saga de acción Venganza, y Ciarán Hinds, reconocido actor de cine y teatro. Neeson, que se mete en la piel del padre Ferreria y fue nominado a un Oscar por La lista de Schindler, ya dio vida a un cura a las órdenes de Scorsese hace quince años: fue el padre Vallon en Gangs of New York. Estaba muy emocionado de reencontrarse con el director.

"Trabajar con Marty es un placer y se aprende muchísimo sobre la creatividad en el cine", comenta Neeson. "Pero uno de los aspectos que más me llamó de esta historia fue lo relevante que es. Algunos de los temas que se tocan en la novela y el guión con gran detalle siguen pasando en el mundo actual. Creo que todo el mundo va a querer ver Silencio".

"Me interesan los jesuitas desde hace 30 años, cuando me preparé para la película La misión en la década de 1980. Me hice muy amigo del asesor técnico de la película, el padre Daniel Berrigan. Fue una gran influencia en mi vida en relación con la historia de los jesuitas, especialmente con la de San Ignacio y San Francisco", comenta Neeson sobre los temas que toca Silencio.

Sobre el guión de la película comenta que "me enganché nada más leerlo. Es muy sobrio. Jay Cocks y Marty nunca se exceden. Si se puede decir con una frase, ¿para qué escribir todo un párrafo? Y esa frase tendrá textura y subtexto".

También quedó prendado del personaje del padre Ferreira.

"Me resulta fascinante cómo este hombre, un personaje histórico, un hombre culto, estudioso de la iglesia y empapado de la cultura jesuita, acabe renegando de su religión y convirtiéndose en una vergüenza para la orden".

Ciarin Hinds (Munich) interpreta al padre Valignano, director de la Universidad Jesuita de Macao, y comparte el entusiasmo de Neeson.

"Trabajar con uno de los mejores directores actuales en una historia tan sincera y que da tanto que pensar no es algo que pase todos los días. Este proyecto es muy especial", comenta.

Scorsese es conocido por su capacidad para sacar interpretaciones impresionantes de sus actores y se deshace en halagos hacia el reparto.

"Necesitaba contar con actores de primera", comenta el director. "Sé que suena sencillo, pero es la pura verdad. Como el material es muy complejo y el mundo en el que se desarrolla la trama no es conocido en Occidente, necesitaba contar con intérpretes que fueran capaces de absorberlo todo, meterse de lleno en el proyecto y dar vida a esta historia. Necesitaba aventureros, en el sentido físico y emocional de la palabra".

"Sabía que Liam y Ciarán tenían la seriedad necesaria para sus papeles. Entendían el silencio y la tranquilidad. Cada segundo que aparecían en pantalla era importante y tenían que crear un contraste con Andrew y Adam, cuyos personajes son más jóvenes, están más delgados y son más impulsivos. Quería que el público percibiera ese contraste visual entre las caras delgadas y angulosas de los jóvenes, que se mueven a toda prisa, y los actores más mayores, sosegados y calmados. Esa era mi intención y ha sido lo que los cuatro han aportado a la película".

Además de los cuatro jesuitas portugueses, el elenco de Silencio se completa con personajes japoneses, devotos aldeanos cristianos y los samurái torturadores. Ya en 2007, Scorsese y la directora de casting Ellen Lewis viajaron a Japón para reunirse con algunos de los principales actores del país, algunos grandes estrellas en su patria.

"Visité Japón en tres ocasiones", comenta Lewis. "Me inspiré un montón allí. Supe enseguida que todo iba a salir bien porque los actores eran buenísimos. Aunque no hablaran inglés perfectamente, me di cuenta de que entendían la intención de la escena que estaban interpretando y eso me animó muchísimo".

Para dar vida al desleal y astuto intérprete, Scorsese escogió a Tadanobu Asano, a quien conocía por la película Mongol, en la que dio vida a Gengis Kan. El público internacional le reconocerá por su participación en Battleship y Thor.

Issey Ogata, un versátil actor de cine y teatro que interpretó al emperador Hirohito en Sol de Aleksandr Sokurov, logró el papel de Inoue, el anciano pero imponente inquisidor cuyas brutales políticas atemorizan a las comunidades de "cristianos ocultos" del país.

Yosuke Kubozuka, una de las jóvenes promesas niponas del momento, interpreta el papel Kichijiro, un personaje complejo y retorcido que se convierte en guía y némesis de los sacerdotes. Yoshi Oida, que reside en Francia y ha trabajado con el gran director de teatro Peter Brook, da vida a Ichizo, el anciano de Tomogi cuya fe y devoción inspiran a Rodrigues y Garupe. El respetado actor y director Shinya Tsukamoto se mete en la piel de Mokichi, otro devoto aldeano de Tomogi.

Scorsese recuerda haberse quedado de piedra cuando supo que Shinya Tsukamoto iba a hacer una prueba.

Dije, "¿Cómo? ¿Qué dices? ¡¿El reconocido director viene a hacer una prueba?! Me parecía increíble. Shinya es un visionario, y películas como Tetsuo, el hombre de hierro y Una serpiente en junio me han inspirado mucho".

Para Tsukamoto fue un honor presentarse a una prueba ante un hombre que considera un verdadero maestro del cine.

"Hubiera sido extra en una película de Scorsese", dice.

Scorsese no escatima en halagos hacia el reparto nipón.

"Los actores japoneses han estado estupendos. Conocerlos y haber trabajado con ellos ha sido revelador. Me han impresionado con su talento y su rango interpretativo".

El proceso de contratar al equipo técnico transcurrió mientras seleccionaban a los actores que darían vida a los personajes de la película. Algunos de los colaboradores habituales del director se unieron al proyecto, entre ellos el director de fotografía Rodrigo Prieto (El lobo de Wall Street) y el director de producción ganador de tres Oscar, Dante Ferretti (La invención de Hugo). Ferretti se ha encargado de diseñar los vestuarios y los escenarios de Silencio, al igual que ya hiciera en Kundun (Scorsese).

La ganadora de tres Oscar Thelma Schoonmaker (Infiltrados), que lleva más de cuarenta años montando las películas de Scorsese, desde Toro salvaje, se ha encargado del montaje de Silencio. Para Schoonmaker ha sido todo un honor poder trabajar con el director de nuevo y hacer realidad su sueño de llevar este libro al cine.


La producción
El rodaje de Silencio echó a andar el 31 de enero de 2015 en Taipéi (Taiwán), en los estudios CMPC. Allí, Ferretti (diseño de producción) había diseñado una recreación histórica de una sección de la colonia portuguesa de Macao y la Universidad Jesuita. En la medida de lo posible, Scorsese quería trabajar en orden cronológico, por lo que comenzaron por filmar las dos secuencias que ponen en marcha la película. En primer lugar, una escena en la que el padre Rodrigues (Garfield) intenta entender la desaparición del padre Ferreira; y en segundo, otra en la que los padres Rodrigues y Garupe (Driver) imploran a su superior, el padre Valignano (Hinds), que los envíe a Japón en busca del sacerdote.

Las escenas de la costa de Macao en las que Valignano bendice a los jóvenes sacerdotes antes de su viaje hacia Japón en un barco de juncos chino se rodaron a la vez que una secuencia en una taberna de Macao en la que los padres conocen a Kichijiro (Kubozuka), el sinvergüenza nipón que dice ser un cristiano no practicante y los servirá de guía en su viaje a Japón.

Abandonaron el plató para poner rumbo a una localización situada a una hora de Taipéi: la sierra de Jinguashi. Aquí rodarían la secuencia que transcurre en el exterior de la llamada cabaña de carbón, el minúsculo alojamiento que los aldeanos cristianos preparan para los sacerdotes tras su llegada a Japón.

El siguiente destino fue de nuevo una zona de montaña, esta vez en Tsenguanliaw, también a una hora de la ciudad. Ferretti (diseñador de producción) había recreado la aldea de Tomogi, habitada por la comunidad secreta de fieles cristianos japoneses. Estos devotos aldeanos practican la fe en secreto, sin más orientación espiritual que su fervor moral y fe interior.

La accidentada geografía de las localizaciones en las que se recrearon tanto la cabaña de carbón como la aldea Tomogi supusieron todo un reto para los realizadores, y el equipo tuvo que hacer frente a condiciones muy duras: un barro espeso que prácticamente era arena movediza, montes escarpados y caminos llenos de baches, piedras y rocas por los que era difícil moverse a pie y todavía más arduo hacerlo cargado con material técnico. Trabajar con una meteorología tan cambiante, donde la lluvia y la niebla daban paso a un sol cegador, tampoco fue fácil.

"Hemos tenido que hacer frente a un montón de desafíos logísticos desde un punto de vista organizativo", comenta el director de fotografía Rodrigo Prieto. "Para mi equipo los principales problemas han sido la continuidad y la oscuridad. El reto para mantener la continuidad han sido los cambios constantes en cuanto a la meteorología y las condiciones de luz a lo largo del día en las diferentes localizaciones. Podíamos empezar con un sol brillante, y en cuestión de horas podía estar lloviendo a mares o totalmente nublado o cubierto de niebla.

"El guión contiene escenas muy largas que se rodaron a lo largo de varios días pero que en pantalla no duran más que un par de minutos. Ha sido bastante estresante controlar las condiciones lumínicas naturales. Por ejemplo, tuvimos que volver a rodar una escena entera en la niebla cuando casi la habíamos completado en pleno sol.

"La continuidad lumínica también fue un reto para las escenas que transcurrían al caer el sol o a de madrugada", añade Prieto. "Opté por rodar las escenas de noche y por iluminarlas artificialmente como si estuviera cayendo el sol o fuera de madrugada para poder mantener una constancia lumínica. Utilizamos unas grúas de luces enormes para simular que era de día cuando ya había caído la noche".

"Muchas de las secuencias transcurren en escenarios muy oscuros porque los sacerdotes deben ocultarse durante gran parte de la película", explica Prieto. "Las misas, las reuniones e inclusos sus viajes transcurren por la noche. Esto nos obligó a simular la iluminación de la luna en zonas muy abiertas, incluso en pleno océano".

Acceder a emplazamientos tan difíciles fue todo un reto. "En algunos casos no había forma de trasladar equipos pesados, como las grúas de iluminación", dice Prieto. "Para llegar a muchas de las localizaciones de montaña había que hacer travesías muy largas, cargando el equipo a cuestas. Por si eso fuera poco, el piso resbalaba un montón en condiciones de humedad y hacía que todo fuera mucho más peligroso. Otras veces había tanto barro que casi no se podía ni andar, con lo que plantar los rieles del dolly y operar una Steadycam no fueron moco de pavo".

"Ese fue uno de los motivos por los que opté por rodar de noche en lugar de tirar de iluminación artificial en algunas de las escenas, especialmente alrededor de la aldea Tomogi. Creo que todos los problemas a los que nos enfrentamos se ven en la pantalla. Las pruebas por las que pasan los sacerdotes se vuelven muy palpables, dadas las condiciones tan arduas de los lugares en los que se rodaron".

A pesar de las duras condiciones, Scorsese mantuvo un buen ritmo de trabajo. Las escenas más dramáticas y emocionantes se rodaron con gran economía, fuerza e inteligencia: la comunión de corazón y mente de los aldeanos y los jóvenes sacerdotes y el terrible y dramático momento en el que los soldados samurái entran a caballo en la aldea Tomogi y exigen que los rehenes renuncien a su fe o se sacrifiquen de la forma más brutal y dolorosa imaginable.

Tras completar las escenas en exteriores en Tomogi, la unidad volvió al estudio para rodar las secuencias en el interior de la cabaña de Ichizo. Ichizo (Oida) es el anciano de Tomogi. En su humilde morada, los padres Rodrigues y Garupe conocen de primera mano la fe, devoción y amor de los aldeanos y descubren cómo estos devotos cristianos han de rezar en secreto bajo peligro de muerte. Las escenas también ilustran los rituales bellos, austeros y atemporales de la iglesia católica. Vemos a los padres asistiendo a los feligreses, bautizando a un bebé, escuchando una confesión y recitando misa en latín.

"Nos documentamos bien sobre la época", comenta Prieto. "Marty quería que todo fuera muy auténtico. Trabajamos con un equipo de asesores encabezado por Marianne Bower, nuestra investigadora principal. Trabajé estrechamente con Francesca Lo Schiavo, la directora de arte, para elegir las fuentes de luz de las escenas de interior. Utilizamos siempre lámparas de aceite y torchieres, como hubiera sido habitual en la época".

Rodrigo Prieto apunta que para estas escenas, al igual que en todas las secuencias de la historia, Scorsese quería que el resultado fuera completamente auténtico y que reflejara con verosimilitud absoluta la época histórica y los rituales cristianos del momento.

Al haber dedicado tantos años a trabajar el guión y la narrativa, el director tenía un enorme conocimiento de la época, puesto que había profundizado en gran detalle sobre las complejas corrientes históricas que concurrieron durante ese periodo tan tumultuoso. Quería retratarlo con pericia.

Scorsese explica cómo fue el proceso. "Silencio transcurre en 1643", apunta. "Los hechos principales ocurren entre 1640 y 1641, al principio de la era Edo. Los primeros misioneros habían llegado a Japón unos 100 años antes, a mediados del siglo XVI. De hecho, el primer misionero cristiano en llegar a Japón fue Francisco Javier, uno de los fundadores de la orden de los jesuitas, en una época de gran inestabilidad política".

"Eso fue durante el periodo Sengoku, cuando los diferentes clanes luchaban por hacerse con el poder en la nación. El trabajo de los misioneros estaba directamente relacionado con la entrada del comercio occidental a gran escala, origen de los conflictos entre los misioneros de diferentes órdenes y naciones".

"Los misioneros fueron bienvenidos y tolerados durante décadas y se calcula que unos 200.000 o 300.000 japoneses de todas las clases sociales se habían convertido al cristianismo en 1600".

"Con la llegada del régimen Tokugawa, el shogunato empezó a consolidar el poder y unificar Japón. Los misioneros portugueses y europeos se consideraron los primeros detractores del shogunato y en 1587 se redactó la primera de una serie de órdenes desterrando a los cristianos".

"Los misioneros siguieron llevando la religión cristiana por el país durante más o menos una década, hasta 1614 cuando se dictó un Edicto de Expulsión. Entre los misioneros obligados a ejercer su labor en la clandestinidad se encontraba Christovão Ferreira, director de la orden jesuita en Japón y una de las figuras históricas protagonistas de la historia de Silencio. La mayoría de los misioneros se negaron a abandonar Japón y sirvieron a la fiel comunidad cristiana en secreto".

"Y así empezó la persecución de los cristianos, que fueron obligados apostatar (renunciar a su fe) o a someterse a varias formas de tortura y muerte", narra Scorsese.

"No se ha podido calcular el número exacto de cristianos asesinados durante este periodo, pero posiblemente fueron miles. En 1633 los jesuitas recibieron noticias desoladoras: Christovão Ferreira había apostatado, se había convertido al budismo y estaba colaborando con el gobierno nipón. La novela de Shusaku Endo está basada en estos hechos históricos y Liam Neeson da vida a Ferreira en la película".

"Al poco, Japón cerró sus fronteras a occidente durante más de 200 años. Los dos jóvenes sacerdotes jesuitas protagonistas de Silencio viajan a Japón en secreto, plenamente conscientes de que podrían ser capturados, torturados y ejecutados en cualquier momento".

"Fue un periodo muy convulso en el que las fuerzas históricas interactúan de una manera muy compleja. Me planteé incluir una ficha con contexto histórico al principio de la película o una narración o un diálogo inicial, pero después me decanté por hacer todo lo contrario. ¿Por qué? Porque quería que el Japón de mediados del siglo XVII resultara tan misterioso para el público como para Rodrigues y Garupe. Por otro lado, los conflictos que se desarrollan en el film (la persecución de las minorías religiosas, las pruebas de fe, etc.) son conceptos atemporales".

Marianne Bower, archivista, investigadora y mano derecha del director en materia de documentación, desempeñó un papel clave a la hora de recrear con exactitud el Japón del siglo XVII. Bower analizó en gran detalle la novela de Endo y la época histórica en la que se ambientaba y fue una presencia fundamental durante el rodaje y una asesora indispensable para el equipo artístico y técnico, puesto que entendía a la perfección la visión única del director.

Bower había empezado a documentarse sobre Silencio ya en 2003, profundizando en la novela de Endo y en la época histórica y recopilando un archivo enorme de material.

"La primero que nos planteamos Marty y yo fue, ¿cómo eran los sacerdotes del siglo XVI?", comenta Bower. "Sabíamos que el libro de Endo estaba basado en personas reales. El padre Ferreira fue muy conocido. Por eso intentamos recabar mucha información sobre las personas en las que se basan los personajes".

"Básicamente cuando me documento para un proyecto como este, primero busco material visual en bibliotecas y museos. En este caso me centré en materiales que representaran Japón en el siglo XVII. Descubrí algo muy valioso: una serie de planchas con representaciones de la llegada de los portugueses al país".

"También recopilé imágenes, grabados y libros con descripciones detalladas de la época y leí todo lo que pude sobre las comunidades de cristianos ocultos que existieron entonces en el país. Me sorprendió la cantidad de material gráfico que encontré sobre los métodos de tortura que los samurái infligieron sobre los cristianos. Me quedé helada".

De hecho, Scorsese y Bower estudiaron montones de libros e imágenes sobre la historia y cualquier cosa relacionada con esa época. Se documentaron sobre las raíces del cristianismo, un tema con el que el director ya estaba más que familiarizado, y se pusieron en contacto con importantes historiadores especialistas. George Elison, profesor emérito de la Universidad de Indiana, autor de Deus Destroyed, y Liam Brockey, profesor asociado de la Universidad Estatal de Michigan, autor de Journey to the East y The Visitor, fueron dos fuentes tremendamente valiosas.

Van Gessel, traductor al inglés de la obra de Endo, fue una fuente de conocimiento e información durante la preproducción y el rodaje, siempre dispuesto a responder las preguntas que pudieran surgir durante la producción. Durante la preproducción en Nueva York, Scorsese y Andrew Garfield también contaron con la ayuda inestimable del padre James Martin, sacerdote jesuita y redactor independiente de la publicación jesuita America. El padre Martin pasó horas con el director y el actor repasando los detalles de la teología cristiana y la teoría jesuita, y fue una enorme fuente de información e inspiración para los realizadores.

"Hicimos carpetas con todo el material que habíamos recopilado y todas las notas que tomamos durante las conversaciones para poder acceder a la información cómoda y rápidamente. Las usábamos todos los días", comenta Bower.

Durante el rodaje en Taiwán, la producción contó con los servicios de varios sacerdotes jesuitas, todos ellos misioneros residentes en Taipéi. Destacan especialmente el padre Alberto Núñez Ortiz, catedrático de teología de la Universidad Fu Jen de Taipéi, y el padre Jerry Martinez, vicepresidente de Kuangchi Program Services, la cadena de televisión jesuita de Taiwán. Los sacerdotes jesuitas solían estar presentes durante el rodaje en calidad de asesores técnicos, orientando a los actores, realizadores y equipo técnico y hablándoles sobre el profundo significado de los rituales cristianos y la forma exacta en la que se hubieran administrado en 1640, cuando se desarrolla la historia.

El padre Núñez, nacido en España, es experto en catolicismo y tiene un gran conocimiento sobre la manera en la que se han realizado los rituales católicos a lo largo de los siglos.

"Me sorprendió muy gratamente lo meticulosos que han sido el director y los actores al tratar este tema. Han dedicado muchísimo tiempo y esfuerzo a entender la época histórica en la que se ambienta la película. Además, me di cuenta de que según avanzaban el rodaje se les iba despertando cada vez más el interés", apunta el padre Núñez. "Me consultaban constantemente. Al ver trabajar al Sr. Scorsese sentía como si hubiera viajado en el tiempo".

Después de completar las escenas interiores de Tomogi, la unidad hizo un viaje de tres horas en tren atravesando Taiwán hasta el condado de Hualien donde Scorsese quería rodar en la zona de Shimen, aprovechando la costa rocosa, las ensenadas y las imponentes cuevas.

Shimen sería el escenario de algunas de las escenas más duras: la crucifixión de tres aldeanos de Tomogi: Ichizo, Mokichi (Tsukamoto) y un desconocido, que se sacrificaron por su fe y para garantizar el bienestar de sus convecinos. La crucifixión es un proceso terrible, independientemente de la forma en la que se lleve a cabo. En el Japón del siglo XVII, los samurái diseñaron una versión especialmente cruel en la que las cruces se colocaban en la orilla del mar para que, con la crecida de la corriente, los crucificados fueran quedando poco a poco debajo del agua, ahogándose lentamente.

El equipo quedó sorprendido con la energía y la fuerza de Yoshi Oida, que a sus 83 años se metió de lleno en la piel de Ichizo. Oida nació en Japón pero vive en París y lleva muchos años trabajando en Francia con Peter Brook. Es además un reconocido profesor de teatro y ha publicado tres libros sobre la materia. Durante el rodaje de Silencio se metió en el papel con el vigor y la fuerza de un hombre mucho más joven.

"Ichizo es un hombre muy noble. Personajes como este son un regalo. Para mí es cuestión de entender al personaje emocionalmente, de ver cómo piensa y siente y de comprender cómo percibe su fe", explica Oida. "Pero también me resulta muy importante entender el sufrimiento del personaje, y no me refiero solo al dolor mental y emocional, sino también al sufrimiento físico".

Para ello, Oida utilizó muchos de los conceptos que analiza en sus libros.

"El tiempo que pasé en la cruz durante la escena de la crucifixión fue como un momento de gracia", confiesa. "Dicho lo cual, también tuve que tumbarme un rato para descansar entre las escenas. Ichizo no pudo darse esos lujos, claro. Aún así, ese esfuerzo físico me ayudó a entender cuánto sufrieron esas personas".

Andrew Garfield quedó muy impresionado con el trabajo de Oida al ver cómo ponía en práctica todas las técnicas interpretativas que había estudiado.

"Ha sido un placer conocer a Yoshi y tener la oportunidad de compartir este proyecto con él. Leí su libro The Invisible Actor cuando estaba estudiando y le comenté que me había marcado mucho. Ha sido increíble trabajar con él", dice Garfield.

El equipo también quedó impresionado con las escenas de Shinya Tsukamoto y su enorme resistencia en la cruz. Aguantó como un campeón atado a la estructura de madera con unas cuerdas muy ásperas, golpeado por las olas y bajo un sol implacable. Aunque había especialistas listos para darle el relevo, el actor recurrió en contadas ocasiones a ellos.

"Me faltan palabras para expresar el honor que ha sido participar en una película de Martin Scorsese y colaborar con él todos los días", comenta el actor, que es más conocido y respetado por su trabajo como director.

"La gente hablaba conmigo sobre la fe durante el rodaje porque la naturaleza de la fe es uno de los principales temas del filme. Cuando me preguntan si tengo fe, respondo que mi fe es Martin Scorsese", dice Tsukamoto. "Y no lo digo por decir. La seriedad de esta película, el rigor al que nos hemos sometido todos, en especial el Sr. Scorsese, le envuelven a él y a todo el proyecto en una especie de santidad, en una profunda belleza de grandioso significado".

Cada uno de los actores lo dio todo en el rodaje. Según Andrew Garfield, el papel del padre Rodrigues supuso un enorme reto cada día.

Antes de empezar a rodar el actor pasó mucho tiempo haciéndose con el material. "Quise absorberlo en mi cuerpo, en mis huesos", dice. "Me embarqué en una exploración espiritual. Mi padre era judío, mi madre cristiana y mi hermano y yo crecimos sin seguir ningún tipo de instrucción religiosa. Me interesan el cristianismo, el budismo, el judaísmo... todas las religiones y las cosmologías", comenta.

Garfield se preparó con el padre Martin, un jesuita erudito y escritor residente en Nueva York. "Me llevé muy bien con el padre Martin. Tenemos una relación muy estrecha. Gracias a él he aprendido sobre la vida de Jesús y los jesuitas, que han sido una fuente de inspiración".

Garfield dice que trabajar con el sacerdote le ayudó a entender el espíritu de Rodrigues.

"El padre Rodrigues empieza siendo una persona idealista y plana que piensa que lo sabe todo. Pero va dándose cuenta de que no es especial, es simplemente un ser humano y ha de asumir su humanidad".

"Todos los días del rodaje me sumergí en el Japón de 1640 que existía en mi imaginación", apunta Garfield. "Rodar en estas localizaciones de Taiwán ha sido todo un regalo. Nunca había trabajado con un equipo tan multinacional. Fue muy especial ver cómo todas estas personas unían fuerzas para que este increíble director contara esta historia tan apasionante".

"Estos viajes tan épicos, misteriosos y complejos no siempre se consiguen trasladar al cine. Historias que existen en el gris, entre el blanco y el negro, el bien y el mal... Estas historias son las más realistas, las que demuestran lo compleja que es la vida. El hecho de que este filme se haya realizado dice mucho de la visión y la determinación de Marty".

Por su parte, a Driver le resultó especialmente exigente la privación física a la se enfrentaron los actores durante el rodaje. Comenta que a la hora de preparar el papel, el proceso de perder todo ese peso le sirvió tanto como la documentación histórica.

"Me vino bien pasar tanta hambre y estar tan cansado". Driver explica que estar mal alimentados no es el único obstáculo que han de superar los sacerdotes en Japón.

"Han viajado miles de kilómetros por mar y tierra. No se ve en pantalla pero, por la forma en la que se presentan los personajes, se percibe que han pasado por muchas dificultades y penurias, que están lejos de casa y llevan dos años viajando en condiciones muy duras".

Driver también hace referencia a lo difícil que fue acceder a algunas de las impresionantes localizaciones: "Era muy complicado llegar hasta ellas, pero ha sido todo un acierto para la película. Da una pequeña muestra de todo lo que sufrieron los personajes en Japón".

El equipo se trasladó a la zona de Hualien (Niushan) para rodar el viaje en solitario del padre Rodrigues hasta una aldea cercana llamada Goto, una comunidad de pescadores donde conoce a un segundo grupo de devotos cristianos. Estando allí, Kichijiro sorprende al padre Rodrigues al aparecer en la playa y preguntarle si está disponible para oír su confesión.

El siguiente destino fue Taichung, donde Scorsese y su equipo rodaron varias escenas de travesías por mar en el interior de un tanque construido para La vida de Pi en un parque industrial en las afueras de la ciudad.

"Para estas travesías nocturnas, Karl Engeler (técnico de iluminación) construyó una caja de luz blanda y la colgó de una grúa industrial para simular la luz de la luna. También utilizamos máquinas de humo para crear un ambiente de niebla y darle un aire misterioso a esas escenas, inspirándonos en el clásico japonés Ugetsu", dice Prieto, el director de fotografía.

Algunas de las secuencias más transcendentales del filme se rodaron en el valle de Taoyuan a las afueras de Taipéi, entre ellas los paseos solitarios del padre Rodrigues y la escena de su detención en el riachuelo que fluyen al lado de las cuevas de Dahwa, a las afueras de Taipéi.

Tras completar estas secuencias, la unidad volvió al estudio CMPC para filmar las partes de la película que están ambientadas en Nagasaki y en la prisión a la que es enviado Rodrigues tras su detención. Las escenas incluyen encuentros con el intérprete (Asano) y el temido inquisidor Inoue (Ogata) dentro de la cárcel; el pueblo burlándose de Rodrigues cuando se le pasea por las calles de Nagasaki; y el horror que siente Rodrigues al contemplar desde su celda las atrocidades que los japoneses infligen sobre los prisioneros cristianos.

Scorsese y el equipo se trasladaron nuevamente a la costa para filmar la excursión forzosa de Rodrigues con el intérprete, cuando obligan al joven misionero a contemplar una tragedia terrible: la muerte del padre Garupe.

Estas escenas impresionaron mucho a los actores y al equipo técnico, entre ellos a Prieto.

"Mi familia es católica y durante la adolescencia sentí un vínculo muy fuerte con la religión", comenta. "Con el paso de los años empecé a cuestionar los dogmas de la iglesia, pero aún así entiendo que haya personas que recurran a la fe para enfrentarse a la vida. No obstante, a menudo me pregunto qué es la fe exactamente y si hace falta una jerarquía eclesiástica o una religión organizada para sentirla. El rodaje de Silencio me brindó la oportunidad de plantearme estos temas y expresarlos a través de la iluminación y la cámara".

Los decorados de Ferretti (diseño de producción) para cada una de estas secuencias no solo recrearon el aspecto de Japón en el siglo XVII, sino que también reflejan la atmósfera y el sentimiento de la historia.

Ferretti está muy orgulloso de colaborar con Martin Scorsese por novena vez, aunque apunta que lleva unos 25 años preparando esta película.

"Cuando estaba trabajando en La voz de la luna de Fellini, un productor me preguntó si me interesaría participar en la próxima película de Martin Scorsese. Se refería a Silencio. Por aquel entonces, Ferretti todavía no había trabajado con el director. Su primera colaboración fue La edad de la inocencia. Aún así dijo que le interesaba, claro.

"La película no llegó a rodarse y no volví a saber nada", cuenta Ferretti.

"Creo que me he puesto con el diseño de Silencio unas cinco o seis veces a lo largo de todos estos años. Viajé a Vancouver y a Nueva Zelanda en busca de localizaciones en varias ocasiones, pero el filme no echaba a andar. Sin embargo, Marty estaba decidido a rodar esta historia y ahora, por fin, he podido hacer realidad mis diseños".

Ferretti tomó como fuente de inspiración los paisajes y al orografía de Taiwán y quedó encantado con los platós del estudio CMPC. Diseñó y creó diferentes decorados para ambientar esta historia: la colonia de Macao con sus calles atestadas de gente, la Universidad Jesuita de la ciudad, el despacho del padre Valignano, la habitación del padre Rodrigues, las calles de Nagasaki, la cárcel japonesa de la ciudad, un templo budista, una residencia cristiana y el puerto de Dejima. Además de los platós del estudio CMPC, Ferretti diseñó y supervisó los decorados que se construyeron en muchas de las localizaciones, siempre con el visto bueno del director.

"Aunque había empezado a trabajar en la película varias veces para que luego se pospusiera, tuve que partir de cero cuando finalmente nos pusimos manos a la obra", comenta Ferretti.

Partir de cero significó leer la novela y los diferentes borradores de la película varias veces. El diseñador también hizo múltiples viajes a Japón para documentarse no solo sobre las ambientaciones, sino también sobre el vestuario de los actores. Visitó Tokio, Kioto y Nagasaki, donde fue al museo Endo.

"Además de los trajes eclesiásticos de los jesuitas, diseñamos la ropa de campesinos que vistieron en Japón y la indumentaria de los aldeanos, de los samurái e incluso de los comerciantes holandeses que aparecen en el filme", explica Ferretti.

"Al diseñar tanto los decorados como los vestuarios tengo que imaginarme cómo era la vida entonces. Mi trabajo es parecido al de un actor. Cuando lo veo todo compuesto, si encuentro algo que no me cuadra, tiendo a dejarlo. En la vida real siempre hay algo que no cuadra, y no pasa nada si hay algún fallo en los decorados y el vestuario. Así todo parece más real".

Las escenas en el despacho del inquisidor, cuando el padre Rodrigues defiende su fe ante el anciano e imponente Inoue y su lugarteniente, el intérprete, se rodaron en un plató construido en una de las zonas verdes de la ciudad. De vuelta en el estudio CMPC, Scorsese rodó el fatídico encuentro de Rodrigues con su profesor y mentor espiritual, el padre Ferreira, en el templo budista. Posteriormente, la unidad se trasladó de nuevo al plató del despacho del inquisidor para rodar las impresionantes escenas que recrean los terribles abusos físicos con los que los japoneses torturaron a los cristianos y también la escena culmen de la película: la capitulación y aceptación del sacerdote.

Al terminar, el equipo y el reparto volvieron a la sierra situada a las afueras de Taipéi. Esta vez la unidad trabajó en un parque nacional taiwanés llamado Gengzipin, descrito como un campo sulfuroso de actividad geotérmica que lleva milenios disparando géiseres de agua a 100º C.

En este emplazamiento tan extraordinario como peligroso, los técnicos se equiparon con todo tipo de indumentaria de seguridad, incluidos cascos, para rodar la importante escena de Unzen, cuando el padre Ferreira contempla el brutal trato que los japoneses dispensan a los curas y monjes europeos.

Scorsese confiesa que "Muchas de las localizaciones han supuesto todo un desafío. Sin duda este ha sido uno de los rodajes más duros de mi carrera, pero casa con la naturaleza de la historia. Gran parte de la acción se desarrolla en chozas, aposentos sucios, lugares embarrados y montes empinados y rocosos".

"En el siglo XVII, los conversos cristianos de Nagasaki vivían muy al límite, sin comodidades de ningún tipo, y los misioneros vivían escondidos en chozas. En la segunda parte de la película, la historia se narra a través de los ojos de Rodrigues. A menudo desde el interior de su celda, a través de los barrotes. Por eso además de los platós de Taipéi, necesitábamos el mar y las montañas".

Todos y cada uno de los actores comentan que las dificultades a las que se enfrentaron durante el rodaje les sirvieron para entender mejor a sus personajes. Liam Neeson estaba dispuesto a lo que fuera para interpretar al padre Ferreira.

"Antes de empezar a rodar, cuando todavía estábamos en Nueva York, Andrew y yo trabajamos con el padre Martin, un asesor jesuita, para entender la teología, practicar los rituales eclesiásticos y repasar los ejercicios espirituales de la orden jesuita".

Conocieron de primera mano cómo es la vida de los jesuitas y estaban preparados para la que se les venía encima. Para Neeson la experiencia fue muy estimulante.

"Me encanta la iglesia. Me considero un católico no-practicante practicante. Me encanta ir a misa, rezar y hablar con Dios".

Neeson también disfrutó de las charlas sobre cuestiones de fe con el sacerdote jesuita y el joven actor.

"Andrew Garfield es un actor impresionante", comenta. "Es muy reflexivo y profundo. Me recuerda a De Niro y Daniel Day-Lewis. Es un actor de los de verdad".

Neeson también se deshace en halagos hacia el director.

"Martin Scorsese inspira muchísimo respeto. Cuando trabajé con él por primera vez en Gangs of New York tuve que superar lo intimidado que me sentía".

Gracias a Silencio, el actor ha descubierto otra faceta de colaborar con el director.

"Marty lleva años macerando esta película. No voy a negar que estaba nervioso. ¿Estaré a la altura del papel? Para superar esa sensación de inseguridad me mostré todo lo sincero que pude. Fue como si Liam Neeson analizara su alma a través del padre Ferreira".

Y añade, "Marty hace una cosa genial cuando estamos rodando. Pide silencio absoluto para dirigirse a sus actores. Lo cual no quiere decir que los actores sean las personas más importantes del rodaje. Ni mucho menos. Pero Marty pide que el equipo siempre preste atención a lo que está pasando cuando está trabajando y rodando, y la verdad es que inspira mucho ver a todo el equipo centrado en una parte específica del proceso de creación de la película".

Adam Driver también ha disfrutado mucho al trabajar con el director.

"Es muy generoso con su tiempo", dice el intérprete. "Es muy accesible y siempre está dispuesto a responder cualquier pregunta que uno tenga. Lleva 28 años con esta película en la mente, pero no la plantea como una dictadura".

"Ha sido muy estimulante. No todos los días se trabaja con uno de los mejores realizadores de la historia quien a su vez es capaz de deshacerse de cualquier idea preconcebida porque su único objetivo es rodar la mejor versión de la película que pueda. Scorsese te pide que hagas tuyo el papel. Quiere que le sorprendas, que te sorprendas a ti mismo, y eso le resta importancia a trabajar con alguien con esa reputación. Casi parece que estés trabajando en una película cualquiera".

"Me encanta trabajar con Marty", exclama Rodrigo Prieto. "Es fascinante escucharle explicar cómo ha llegado a la conclusión sobre cómo rodar determinada escena. Cada ángulo de la cámara, cada movimiento de la lente surge porque él es muy consciente de lo que quiere expresar en cada escena".

"Nunca deja nada al azar. Nunca hay ninguna escena superflua. Cada una de las decisiones está ligada al contenido emocional del momento específico de la historia. También es un colaborador muy atento. Escucha las ideas que le plantea el equipo y promueve la participación creativa. Consigue sacar lo mejor de cada una de las personas del equipo. Cuando ruedo con él, me despierto cada mañana con ganas de descubrir qué me deparará el día".

Al volver desde Gengzipin al estudio, Scorsese rodó las últimas escenas en Dejima y Nagasaki que sirven como una especie de epílogo a la historia. El rodaje terminó en CMPC en la noche del 15 de mayo de 2015, tras unas 15 semanas de trabajo.

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