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Si de verdad quieres... cartel reducido
Si de verdad quieres...
(Hope springs)
Dirigida por David Frankel
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Una película de David Frankel, SI DE VERDAD QUIERES... Protagonizada por Meryl Streep, Tommy Lee Jones y Steve Carell. Dirigida por David Frankel. Producida por Todd Black y Guymon Casady. Con un guión de Vanessa Taylor. Sus productores ejecutivos son Steve Tisch, Jason Blumenthal, Nathan Kahane y Jessie Nelson. El director de fotografía es Florian Ballhaus. Stuart Wurtzel se ha encargado del diseño de producción, mientras que Steven Weisberg lo ha hecho del montaje y Ann Roth del diseño de vestuario. La cinta está coproducida por Kelli Konop, Brian Bell y Lawrence Grey. La música es obra de Theodore Shapiro, aunque la supervisora musical es Julia Michels.

SI DE VERDAD QUIERES... es la historia de un matrimonio que ha perdido esa chispa especial. "Kay quiere volver a conectar con su marido, Arnold", explica Meryl Streep, que protagoniza la comedia junto a Tommy Lee Jones y Steve Carell. "Quiere sentir una conexión, sentir esa íntima relación con él, sentir que él está interesado íntimamente en ella. Pero creo que Arnold, si se le pregunta, diría que no ve el más mínimo problema. Si le preguntaras a él en qué punto se encuentran de su matrimonio, respondería: 'No sé... hacia la mitad'".

"Es un tipo que se siente bastante satisfecho", observa Jones sobre su personaje. "Ha aceptado más o menos su sino en la vida. No piensa mucho sobre el estado en que se encuentra su matrimonio. No es la clase de persona que vaya a cuestionar el statu quo".

Streep sostiene que esa situación de falta de entendimiento y distanciamiento es algo por lo que pasan muchas parejas y tiene mucho que ver con nuestra cultura actual, con tal abundancia de distracciones. "A medida que nuestra atención se disgrega y dispersa, se intensifica el deseo que sentimos por conectar unos con otros", comenta Streep. "Estas cuestiones de intimidad y anhelo, ansia, deseo por ser visto, comprendido y amado es algo fundamental de nuestra cultura".

Vanessa Taylor, autora del guión, que fue incluido en la "Black List (lista negra)" de los mejores guiones sin producir, elaborada por miembros de la industria, recuerda que sacó su inspiración de todas esas grandes preguntas. "Había estado pensando en el matrimonio y cómo la gente mantiene viva la pasión y la sexualidad en un matrimonio de larga duración", aduce. "Había estado leyendo sobre el asunto y sobre la terapia matrimonial. Y empecé a pensar cómo sería intentar recuperar la chispa cuando realmente nunca la tuviste en primer lugar. Sobre todo desde el punto de vista de una mujer; si no te sintieras cómoda contigo misma y con tu sexualidad, de cuánto valor tendrías que hacer acopio para dar un paso al frente y decir: 'Nuestro matrimonio está bien, pero no es suficiente. Quiero más. Me merezco algo mejor'".

"No me he casado nunca, pero desde luego he tenido relaciones en las que se ha ido produciendo un distanciamiento", prosigue Taylor. "Me sorprendió lo mucho que cuesta recuperarse de eso. Parece como si, de algún modo, deberías poder salvar ese abismo que os separa. Eso fue en parte lo que me motivó para escribir esta historia, quería saber si estas personas podían recuperarse de esto".

"Creo que mucha gente tiene una idea sobre su relación, dónde se encuentra y adónde necesita ir para triunfar", señala Steve Carell, que interpreta al Dr. Feld, el psiquiatra cuyo legendario retiro de Maine es la última esperanza de Kay para su matrimonio. "Creo que eso es lo que hace tan divertida esta película, la gente puede ver por lo que están pasando Kay y Arnold, sentirse identificados y reírse de ello".

El productor Guymon Casady asegura que Taylor posee un estilo muy característico: "Es muy perspicaz y posee una capacidad increíble para escribir personajes dotados de gran profundidad y detalle".

Cuando el productor ejecutivo Nathan Kahane leyó por primera vez el guión de Vanessa Taylor, se sintió muy identificado con los personajes de Kay y Arnold. "Siempre hay obstáculos que superar en un matrimonio", asegura. "SI DE VERDAD QUIERES... examina lo fácil que es dejar que la magia se desvanezca y lo difícil que puede resultar recuperarla. Me gustó el guión desde el primer momento. Es una historia universal".

Fue el productor Guymon Casady, socio fundador de Management 360, quien dio los primeros pasos para conseguir que SI DE VERDAD QUIERES... llegara a ver la luz del día. Casady recuerda sobre cómo llegó inicialmente a sus manos el guión: "Mi mujer, Robyn, que también es guionista, conoció a Vanessa Taylor en una barbacoa y, a raíz de ello, Vanessa le pasó a Robyn el guión de SI DE VERDAD QUIERES... Una semana después, Robyn y yo estábamos en la cama leyendo y ella estaba absorta en el guión. Cuando lo terminó, se volvió a mí y me dijo: 'Sé que es tarde, pero tienes que leer este guión. Es fenomenal'. Lo leí esa misma noche y me encantó, así que decidí que quería sacarlo adelante como productor para Film 360, nuestra rama de producción cinematográfica. Pero Robyn merece buena parte del crédito, porque tiene mucho ojo y fue ella la que descubrió inicialmente el guión". Casady se puso en contacto con Taylor y le comentó lo mucho que le había encantado el guión y que quería producirlo. Casady habló después con el productor Todd Black para que se incorporara al proyecto, y Black se encargó de ponerlo en marcha con el productor ejecutivo Nathan Kahane, de Mandate Pictures. Black, Casady y Kahane se ocuparían después de buscar al director David Frankel y al reparto.

Esta película supone para David Frankel, director también de "El Diablo viste de Prada", la ocasión de volver a colaborar con Meryl Streep. "David comprendió que se trataba de una historia íntima y al mismo tiempo universal", comenta Black. "No es nada fácil, conseguir un equilibrio entre esos momentos, es fácil hacerlo demasiado grande o demasiado personal. Pero David entendía cómo hacer que esos momentos funcionaran en ambos aspectos".

"Como SI DE VERDAD QUIERES... es un material tan íntimo y personal, Meryl y yo sabíamos que necesitaba un director con quien se sintiera completamente cómoda", sostiene Black. "me parecía que David Frankel encajaba perfectamente. Por suerte, reaccionó de manera muy positiva al material desde el primer momento y, a partir de ahí, todo cuajó muy rápido".

"David entendía muy bien la obra", asevera Casady. "Para él, trataba sobre el anhelo, pero también tenía que mantenernos en vilo preguntándonos si la relación entre estas dos personas saldría finalmente adelante. Su colaboración con Meryl en 'El Diablo viste de Prada' fue tan fructífera que nos pareció perfecto reunirlos".

"Lo que saben hacer los directores realmente buenos –lo que hace David– es conseguir que sientas que todo es posible y que nada de lo que puedas hacer está mal", comenta Streep. "Puedes arriesgarte con él, puedes crear una persona que sea real, pero quizá diferente de lo que has hecho antes. Te da total libertad".

"David puede orientar a sus actores en una dirección distinta si lo considera necesario, pero confía implícitamente en ellos para que exploren sus personajes", señala Steve Carell. "Es generoso y te apoya mucho, y consigue que te abras a todo tipo de distintas posibilidades y puntos de vista sobre tu personaje".

"Resulta muy agradable trabajar con David, no desperdicia ni tiempo ni palabras", asegura Jones.

"Las películas de David tocan la fibra sensible de los espectadores porque la comedia surge de manera natural de cada personaje", plantea Kahane. "No lo fuerza, deja que sus actores descubran los momentos auténticos y divertidos, y los anima a descubrir la verdad de esos momentos. Cuando la química entre los actores transmite autenticidad, sus diálogos resultan más cercanos para los espectadores y allí es donde se encuentra la buena comedia".

Frankel afirma que contar con Meryl Streep, Tommy Lee Jones y Steve Carell para dar vida a los personajes resultó clave para contar la historia. "Se trata de actores extraordinarios, que hablan el mismo idioma, por decirlo así", explica. "Se sintieron todos muy cómodos unos con otros desde el primer momento, y entendieron perfectamente a los personajes. Me gustaría decir que fue fácil. Sé que ellos trabajaron muy duro. Pero a mí me facilitaron mucho el trabajo".

Meryl Streep, que interpreta a Kay, sostiene sobre su personaje: "Quiere animar un poco las cosas, quiere volver a conectar con Arnold de la manera en que lo estaban en sus primeros años. Ha emprendido una búsqueda, siente una insatisfacción, por lo que anda buscando respuestas, y las encuentra en el libro del Dr. Feld. No tardará en gastar su propio dinero para reservar un viaje al retiro de terapia del doctor en Maine".

Aunque no es que sea precisamente fácil convencer a Arnold para que la acompañe. De hecho, únicamente consigue que suba al avión después de mucho insistir. "Para Kay, se trata de algo importante", explica Black. "Así que le dice: 'El vuelo sale mañana. Yo estaré en el avión', y en ese momento puedes ver a esa mujer de Omaha, Nebraska, convertirse en un titán".

"Desde el primer momento, teníamos todos claro que queríamos a Meryl Streep para este papel", proclama Kahane. "Meryl –como hace siempre en cada una de sus interpretaciones– se mete de lleno en la piel de esta mujer y le da vida. Y consigue que parezca muy sencillo, cuando de hecho realiza un enorme trabajo de preparación para todos sus papeles".

Frankel explica que Arnold ve el problema desde un punto de vista completamente opuesto al de su mujer. "A Kay le preocupa vivir el resto de su vida en esa situación fría e inhóspita. Le preocupa que pudiera seguir así permanentemente. Pero a Arnold, creo, le preocupa lo mucho que tiene que perder", arguye. "Teme lo que pueda descubrir si empiezan a hacer preguntas: cómo han llegado hasta allí, por qué han acabado así. Tiene una línea de diálogo en la película, que dice algo así como: 'temo que pueda pasar lo que seguramente pasa en todas las dichosas consultas de psicoterapeutas cada vez que entra una pobre pareja. Que dicen cualquier cosa porque alguien como usted se lo saca… y después no pueden retirarlo'. Y no quiere arriesgarse a que eso suceda".

La reticencia de Arnold a reconocer siquiera que haya algún problema tiene gran parte de la culpa de la situación en la que se encuentran los personajes, pero Black asegura que los actores no muestran a los personajes como caricaturas encerradas en sí mismas, sino como seres humanos completos. "No pueden comunicarse entre ellos", sostiene, "pero, con Meryl y Tommy interpretando esos papeles, puede sentirse todo lo que realmente se quieren Kay y Arnold, aunque no lo hayan expresado en mucho tiempo... o quizá nunca".

Frankel señala que el hecho de que Jones interprete a un personaje tan encerrado en sí mismo es un verdadero testimonio de su habilidad como actor. "En realidad, Tommy es un vaquero carismático, de personalidad desbordante y aficionado al polo, y Arnold no es ninguna de esas cosas. Fue maravilloso verlo transformarse en un tipo al que cualquiera pensaría que podía parecerle penoso, pero por el que siente más bien compasión. Ves a Arnold revelarse como un hombre sencillo y corriente, todo gracias a la gran habilidad de Tommy como actor".

"La química entre Tommy y Meryl funciona a la perfección", asegura Kahane. "No sé cómo lo hacen, salvo por el hecho de que ambos son grandes actores: aportan su larga trayectoria, de modo que consiguen que se sienta el amor subyacente entre marido y mujer, que se ha ido desvaneciendo por falta de comunicación durante tanto tiempo. Lo sientes en sus momentos de silencio y cuando están hablando entre ellos. Sabes que saben todo lo que hay que saber el uno del otro, para bien o para mal".

Steve Carell interpreta al Dr. Feld, el psiquiatra con la perspicacia necesaria para ayudar a Kay y a Arnold a volver a conectar. "Se especializa en terapia de pareja intensiva", comenta Carell. Al documentarse sobre su papel, bromea: "Leí a Freud, Jung –a todos los grandes– y pasé siete años asistiendo a terapia, todo como preparación para este papel".

Hablando más en serio, Carell aclara que el secreto de la magia del Dr. Feld es que no hay ninguna magia. "Es inteligente, escucha y ayuda a la gente a atar cabos por sí mismo", explica. "Ni siquiera ofrece consejos concretos ni le dice a la gente qué hacer. Simplemente les ayuda a abrirse a nuevas ideas y a explorar cómo pueden ayudarse a sí mismos".

"Steve es un excelente actor dramático", afirma Black. "La gente se acuerda de él por su papel en 'The Office', o todas las comedias que ha hecho pero, cuando lo ves, por ejemplo, en 'Pequeña Miss Sunshine', compruebas que es un magnífico actor dramático. Dicho esto, como también es cómico, aporta una empatía al papel del Dr. Feld de la que otros actores no serían capaces".

Para las secuencias de terapia, Frankel consideró que la mejor forma de conseguir escenas espontáneas, animadas, divertidas y graciosas era evitar un exceso de ensayos – o, en ciertos casos, cualquier tipo de ensayo. Para Carell, era algo que podía resultar intimidante, por motivos evidentes. "Imagina: te sientas frente a Meryl Streep y Tommy Lee Jones para una escena de nueve páginas, gritan: '¡Acción!', y te pones en marcha. Hay cierto componente de miedo, desde luego, creo que David quería ver si podía captar la mirada de pánico propia de un ciervo petrificado ante los faros de un coche, sobre todo de mí, pero también es divertido. Comprendo por qué David no quería ensayar en exceso; quería que pareciera algo más espontáneo y natural, no preparado de antemano. A veces, cuando ensayas demasiado, las ideas están ahí mismo, en lugar de tener que descubrirlas, que resulta más puro".

Al final, las piezas encajan para dar como resultado una película que capta todos los altibajos de un matrimonio, según Black y Casady. "Daba la sensación de ofrecer una visión muy sincera de un matrimonio, tanto el dolor como el humor. Y nos gustó la idea de explorar un concepto tan universal como el matrimonio, que es tan claramente cercano. Siempre tuvimos la esperanza de que la historia sirviera para generar un debate social sobre el matrimonio, lo complicado que es y la cantidad de trabajo que exige por parte de todos para conseguir que funcione".


Acerca de la producción
SI DE VERDAD QUIERES... está ambientada fundamentalmente en Maine, con unas cuantas escenas en Omaha, pero se rodó enteramente en el estado de Connecticut. Las primeras tres semanas de rodaje se llevaron a cabo a las afueras de South Norwalk, dentro de una antigua fábrica transformada temporalmente en un plató cerrado (desde entonces, ha sufrido una nueva reconversión tras la que ha pasado a ser una enorme pista cubierta de hielo). Allí, Stuart Wurtzel, diseñador de producción de la película, diseñó un espacioso y luminoso set de rodaje para el despacho del Dr. Feld y otros decorados interiores.

Tras el rodaje de las escenas de terapia, Meryl Streep y Tommy Lee Jones se pusieron a filmar las escenas que mostraban a los Soames en su hogar de Omaha, en el motel de Maine y en su habitación de un romántico hostal de pueblo. Varias de estas escenas recogían los torpes y embarazosos intentos de la pareja de conseguir algo de intimidad. "Las escenas de dormitorio de cualquier tipo siempre son complicadas, porque intentas sugerir una ilusión de privacidad e intimidad pero, en realidad, si retrocedieras un poco, te encontrarías con una cámara enorme y 16 personas apretadas en un espacio muy reducido, y alguien sujetando un micrófono enorme sobre la cama. No tiene ni un ápice de privado ni íntimo", observa Frankel. "Aun así, evidentemente, los grandes actores son capaces de hacer que parezca sumamente personal y verdaderamente emotivo. Así que nuestro trabajo consiste en estorbar lo menos posible y crear un ambiente que permita mostrar las emociones más auténticas que podamos".

Para el hogar de los Soames, Wurtzel y sus localizadores de exteriores encontraron la casa perfecta en la manzana perfecta, ligeramente apartada, en Darien, Connecticut. Tenía una gran cocina abierta con mucho espacio y la vista adecuada del barrio por las ventanas.

Stonington, Connecticut, hace las veces del pueblo ficticio de Great Hope Springs, donde el Dr. Feld organiza sus retiros. Stonington es la localidad más al este de Connecticut antes de llegar a la frontera con Rhode Island, un encantador pueblo de pescadores que se adentra en el mar en una minúscula península, a kilómetros de cualquier carretera interestatal. Fundado durante la era colonial, cuenta con gran número de estructuras de estilo victoriano, colonial y neogriego en el National Register of Historic Places (Registro Nacional de Lugares Históricos). Con preciosas zonas verdes a cada extremo de la calle mayor, maravillosas vistas del mar y su propia flota pesquera y langostera, resultó el lugar perfecto para hacer las veces del pueblo ficticio de Great Hope Springs, Maine. "Era perfecto", recuerda Frankel. "Era un pueblecito minúsculo, pero tenía todos los elementos que necesitaba nuestra historia –el hostal en el centro del pueblo, una casa estupenda que convertimos en la del Dr. Feld, un restaurante– incluso había a las afueras del pueblo un hotel económico donde se alojan Arnold y Kay para ahorrar algo de dinero".

"Me gustaba Stonington porque era un sitio real, un pueblo con vida", plantea Wurtzel. "No daba la sensación de estar demasiado aburguesado. Todavía cuenta con una industria pesquera muy activa; todavía hay postes de teléfono y tendidos telefónicos, y todavía está abarrotado de una gran mezcla de diversos estilos arquitectónicos históricos. Ha aguantado mucho y no tiene aspecto de haber sido construido ayer".

Para Wurtzel, Stonington también contribuyó de una manera más sutil y visual a contar la historia: "Quería que hubiera un contraste entre su hogar de Omaha, en el que se sienten seguros, y la escarpada costa de Maine, donde las cosas no son tan fáciles para ellos. También quería que hubiera un contraste visual, quería que viéramos mucha agua. Me pareció que todo eso contribuía, de manera más o menos subliminal, a la tranquila agitación por la que estaba pasando el matrimonio de Kay y Arnold. Stonington aportó esa sensación de lugar. No solo por el agua, sino porque es un pueblo verdaderamente pequeño y, en un pueblo pequeño, no hay dónde esconderse. En ese pueblo ficticio de Great Hope Springs, si eres de fuera, todo el mundo saber por qué estás allí. Los forasteros son todos parejas, todos pasan por las mismas sesiones con el Dr. Feld, así que no hay protección. Están en una situación realmente vulnerable".

Wurtzel y su equipo realizaron varios cambios temporales a Stonington para convertirlo en Great Hope Springs. Stonington no tiene ninguna sala de cine así que, para la escena clave en la que Kay y Arnold van a ver una película, diseñó y añadió una marquesina a uno de los edificios de Water Street. Un par de escaparates vacíos se convirtieron en una chocolatería y una ferretería, y el restaurante Noah's —elegido en 2011 mejor restaurante de barrio de Connecticut por la revista Connecticut— se convirtió en la cafetería Nor'easter, decorada en el exterior con un mural propio de los años 50 y en su interior de manera exuberante y 'kitsch' con motivos de mariscos.

El viejo hostal al que van Kay y Arnold a cenar y pasar la noche fue en realidad una mezcla de tres lugares distintos. El exterior era un hostal real en Water Street, en Stonington, el comedor se encontraba en una mansión a menos de un kilómetro de distancia, en el otro extremo del pueblo, y la habitación de invitados de arriba se rodó en un plató cerrado.

Durante el rodaje en Stonington, los habitantes del lugar acudían no solamente para observar, sino que también tuvieron ocasión de participar como extras.

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