Biografía de la directora (Anxos Fazáns)
A Estación Violenta (2017) es su primer largometraje, con el que viaja por varios festivales como el Festival de Cine Europeo de Sevilla, BAFICI, D'A Film Festival, SANFIC o Cinespaña Toulouse. Recibe además una Mención de Honor en el Festival Internacional de Cali. También sus últimos cortometrajes forman parte de diversos festivales: Habitar (2023) seleccionada en el D'A Film Festival, Play-Doc y el Festival Internacional de Cine de Xixón y Analóxica (2019) que compite en BAFICI y Curtocircuíto.
En 2018 funda junto a Silvia Fuentes la productora gallega Sétima, desde donde trabaja en la producción de proyectos de otras directoras.
Su segundo largometraje 'Las líneas discontinuas', se estrena en el Tallinn Black Nights Film Festival.
Notas de la directora
Las líneas discontinuas es una película sobre la ternura, sobre la belleza que aparece cuando permitimos que las personas que nos rodean nos atraviesen. En esta película un chico trans y una mujer de más de 50 años crean un espacio en el que compartir sus miedos y deseos.
Imaginé esta historia inspirada por una noticia real leída en un periódico. Con ese punto de partida quise imaginar unos personajes y un universo propio. Esta película es una canción de amor. Un cuento. Un breve encuentro.
En mi cine me gusta poner a las personas en el centro, intento hablar de la construcción de relaciones sanas, de la ruptura de estereotipos y de formas de vida alternativas y sostenibles. Con esta película abro espacio para temas pocas veces retratados en pantalla como son el deseo, la soledad, la autoestima y la transformación personal de una mujer de mediana edad y de un chico trans.
Esta no es una historia real leída en un periódico, no es la historia de mi madre, ni la de mi amante o mejor amigo. Pero está inspirada por todos ellos.
Entrevista Anxos Fazáns
P: Las líneas discontinuas parte de una noticia en un periódico: ¿qué te llamó la atención de esa historia y cómo la transformaste en cine?
R: La noticia real decía: "Un ladrón se queda dormido en la casa en la que ha entrado a robar, y el dueño o dueña, al llegar, se lo encuentra". Era algo muy sencillo. Luego continuaba explicando que llamaron a la policía, se lo llevaron a comisaría y ya está.
La historia me dejó pensando: ¿cómo es posible que alguien sea tan torpe como para entrar a robar y quedarse dormido? ¿Y cómo se siente quien llega a casa y se lo encuentra? Había algo casi tierno en ese gesto: dormirse cuando vas a robar. Entonces me hice otra pregunta: ¿y si, en lugar de acabar como en la vida real -con la policía llevándose al ladrón-, esas dos personas pudieran conocerse? Al principio me parecía imposible convertir esto en película, pero poco a poco fue tomando forma. Tras el estreno de mi primera película, la idea empezó a obsesionarme. Pensé que había algo muy interesante en llevar a esos dos personajes a conocerse.
P: La película pone en diálogo a dos generaciones: Bea, una mujer de 50 años en proceso de divorcio, y Denís, un chico trans de 28 años que lidia con la precariedad. ¿Qué querías explorar con este encuentro intergeneracional?
R: Esa es una de las claves en el desarrollo de la idea, es la siguiente pregunta que tuve que hacerme ¿Quiénes son esas dos personas que se encuentran en una situación así?
Muy pronto tuve claro que la persona que vivía en la casa debía ser mayor que quien entraba a robar. También pensé en los géneros, y enseguida decidí que debía ser una mujer de mediana edad, unos cincuenta años o más. Por otro lado, en ese momento tenía cerca a varias personas en proceso de transición, y empecé a investigar sobre la representación trans en el cine. Siempre he trabajado alrededor del cuerpo, el género y la sexualidad, así que a partir de ahí rápido decidí tuvo que la persona joven fuese un chico trans. De ese modo, el encuentro no solo era generacional, sino también de representación: dos personajes que no suelen tener espacio en pantalla.
P: Has mencionado que la película habla de la unión, de lo mágico que es la posibilidad de que dos o más personas puedan conectar, dejar de sentirse solas y unirse para formar parte de un todo. ¿Cómo trabajas esta idea en la construcción de los personajes?
R: Justo eso era lo que más me interesaba explorar: el valor del encuentro. Esa sensación que aparece cuando conoces a alguien que te cambia la vida, con quien puedes hablar de todo y que te remueve tanto que después ya no eres la misma persona.
Me atraía esa chispa y me preguntaba cómo lograr que dos personas que, en principio, no tendrían por qué cruzarse -porque pertenecen a generaciones y mundos muy distintos- pudieran hacerlo. Para que esa conexión resultara creíble, era esencial que ambos personajes estuvieran en crisis y que los dos fueran, de algún modo, solitarios. Esa fractura interna era lo que les permitiría escucharse, hablarse y, finalmente, ayudarse. Ese fue el punto de partida para construirlos.
P: ¿Por qué elegiste a estos protagonistas?
R: El casting fue un proceso largo y muy importante, porque la película se sostiene completamente sobre estos dos personajes.
Para el papel de Bea buscaba a una mujer real, de unos cincuenta años, con experiencia y mucha verdad. Cuando conocí a Mara supe enseguida que era ella. Tiene una larga trayectoria en la televisión gallega, aunque llevaba un tiempo alejada de la interpretación. Recuperarla para este papel me parecía muy bonito, porque su propia historia conectaba con la del personaje: una mujer apasionada por su trabajo, pero en un momento vital de desconexión.
En el caso de Denís, sabía que debía ser un chico trans de verdad, gallego y joven. Era fundamental que aportara su propia realidad al proyecto. Hicimos un casting abierto y ahí apareció Adam, con una energía muy especial, muy luminosa. Aunque no era actor profesional, fue creciendo a lo largo del proceso y demostró un talento enorme. Hoy puedo decir que es un actor maravilloso.
P: El universo sonoro es muy potente, con bandas gallegas como Triángulo de Amor Bizarro o The Rapants. ¿Cómo trabajaste la música para que formara parte esencial del relato?
R: La música también tuvo un papel fundamental. Siempre trabajo con música y me gusta incorporarla desde la escritura del guion. En este caso, la música no solo define a los personajes, sino que también los une: cada uno tiene su propio universo sonoro, pero en algún momento ambos mundos se tocan.
En la construcción de los personajes busqué que fueran muy distintos -cada uno anclado en su generación y en su crisis-, pero a la vez capaces de comunicarse y reconocerse el uno en el otro.
Me gusta trabajar con mi propio universo musical, trasladar la música gallega -underground y no tanto- y utilizar los recursos que tengo cerca, bebiendo de la cultura gallega. La gran mayoría de la música de la película es de artistas gallegos en activo que me interesan.
P: La película está rodada íntegramente en gallego. ¿Qué importancia tiene para ti crear cine en tu lengua?
R: Para mí siempre fue algo natural. Hablo gallego, pienso en gallego y escribo en gallego, así que me sale de forma natural. Pero también hay una cuestión de conciencia: el gallego está perdiendo hablantes y está en riesgo. Sé que el cine puede ayudar a normalizar el idioma. Así que, además de algo natural, es también una decisión consciente y social.
P: Es tu segundo largometraje tras A estación violenta. ¿Cómo ha cambiado tu mirada como directora desde entonces?
R: Ha pasado bastante tiempo, y son proyectos muy distintos. Por un lado, hay una cuestión de edad: mi primera película la hice con 25 años. Era muy joven, y lo que más tenía entonces era una valentía enorme, una especie de inconsciencia bonita. Ahora todo da más vértigo, pero también cuento con más experiencia y más control sobre el proceso.
Con esta película, además, he creado mi propia productora, así que conozco de primera mano todo el recorrido de la producción. Eso me permite cuidar no solo la película como resultado, sino también el modo en que se hace: el equipo, el ambiente de trabajo, la forma de rodar.
P: ¿En qué proyectos te gustaría embarcarte después de As liñas descontinuas?
R: En la productora tenemos varios proyectos en marcha con otras directoras, y me encanta acompañarlas en el proceso de escritura, desarrollo y construcción de sus películas. Disfruto mucho ese rol de acompañamiento creativo.
A nivel personal, siempre tengo ideas. En un mundo ideal, me gustaría probar algo distinto, más arriesgado,... quizá acercarme al cine fantástico. Últimamente he estado leyendo y viendo muchas obras relacionadas con la fantasía, el terror y la adolescencia. Sigo interesada en las historias íntimas, pero me gustaría explorarlas desde otro lugar, introduciendo elementos del género fantástico. Aunque, quién sabe si podré hacerlo. Nunca se sabe.