La premiada cineasta francesa Fabienne Godet dirige esta feel good movie que nos plantea los límites de asumir la identidad de otra persona.
Una comedia de enredos protagonizada por Denis Podalydès (De Nicolás a Sarkozy) y el actor emergente Salif Cissé en su primer papel protagonista.
Uno es un famoso escritor sepultado entre llamadas constantes y compromisos sociales. El otro es un imitador en ciernes, capaz de reproducir cualquier tipo de voz. Uno necesita un descanso del teléfono para poder ocuparse de lo que de verdad importa. El otro necesita trabajo. Así que... ¿por qué no usar un doble de voz para atender las múltiples llamada? -dice uno-. ¿Por qué no aceptar el encargo más surrealista, si me va a dar dinero? -medita el otro-.
La directora Fabienne Godet parte de la exitosa novela de Luc Blanvillain, Le répondeur, para explorar en la gran pantalla un argumento que describe como "totalmente inverosímil, pero muy divertido, que da pie -asegura- a múltiples malentendidos y giros inesperados". Pero la cineasta añade capas: "Es una historia muy contemporánea que cuestiona nuestra dependencia del teléfono móvil, siempre estamos conectados con todo, excepto con nosotros mismos".
Premio del Público en el prestigioso festival de cine de comedia L'Alpe d'Huez, el film ha sido un éxito de taquilla en Francia conquistando a los espectadores por su manera de abordar, desde la comedia, asuntos como la presión social, la impostura o los límites de las mentiras llamadas "piadosas".
Entrevista a Fabienne Godet (directora)
P: ¿Cómo descubrió la novela homónima de Luc Blanvillain?
R: Fue un amigo de Luc, el escritor Erwan Larher, quien se la dio a leer a mi productor, Bertrand Faivre. Este último, incluso antes de terminar la lectura de la novela, encontró que el concepto era tan genial que adquirió los derechos sin saber aún quién la dirigiría. Luego me preguntó si me interesaría. La leí y dije que sí.
P: ¿Qué fue lo que más le interesó de esta historia en la que un joven imitador toma el lugar de un escritor famoso para convertirse en su "doble telefónico"?
R: Muchas cosas. En primer lugar, el propio argumento: totalmente inverosímil, pero muy divertido, que da lugar a numerosos malentendidos y giros inesperados. Esta historia también es muy contemporánea. El amigo inesperado cuestiona nuestra dependencia del teléfono móvil, síntoma de una época en la que siempre estamos conectados, excepto con nosotros mismos. Más allá de esta historia singular, lo que también captó mi atención fue la relación de amistad que estos dos hombres van tejiendo y que permitirá a cada uno avanzar. Es el punto de encuentro entre Baptiste Mendy (Salif Cissé), que sueña con la fama, busca la luz y el reconocimiento, y Pierre Chozène (Denis Podalydès), que aspira al silencio y a la invisibilidad. El objetivo de Chozène es escribir un libro sobre su padre y, para ello, necesita soledad.
Pero si decide apartarse de la vida social confiando su teléfono móvil a Baptiste, también es porque esa vida le pesa. Entre obligaciones y compromisos, su vida se ha vuelto rígida y su libertad se ha reducido, hasta que toma conciencia de ello y encuentra el valor para decir no. Al confiar su "yo social" a este joven imitador muy talentoso, Pierre Chozène no imagina las consecuencias que esto tendrá. Porque Baptiste no se limitará a responder llamadas: tomará iniciativas y ciertas libertades hasta el punto de inventar y reorientar completamente la vida del escritor. Cambiará las reglas del juego y, sin querer, le permitirá escapar de una vida que ya no desea y que lo asfixia. Al mismo tiempo, Pierre Chozène, al confiarse, transmitirá a Baptiste la idea de que hay que vivir la vida ahora y plenamente, sin hipotecarla en busca de un éxito incierto y efímero. Esta es la línea narrativa que exploramos junto con mi co-guionista Claire Barré.
También me gustó mucho la relación entre Baptiste y Elsa, artista pintora e hija del escritor. El hecho de que ella le proponga posar para él y que el cuadro en el que se inspira represente a una mujer cuestiona la historia de la pintura. Durante mucho tiempo, las mujeres no tuvieron acceso a las bellas artes y menos aún a la posibilidad de pintar a partir de modelos masculinos. También plantea cuestiones sobre el género. Baptiste propone como título del cuadro "Masculino femenino". Y, más allá del personaje de Elsa, creo que todos los personajes femeninos muestran una libertad que no encontramos ni en Baptiste ni en Pierre Chozène.
P: ¿En qué se diferencia el trabajo de adaptación de la escritura de un guion original?
R: La primera parte de este trabajo fue preguntarme por qué esta historia me conmovía, aclarar en qué resonaba con mis propias inquietudes u obsesiones. Esta etapa fue fundamental porque guió las decisiones que tomamos después, junto con Claire. Así, concentramos la trama en la relación entre Baptiste y Pierre Chozène. Los temas del encuentro que cambia una vida y de la transmisión aparecen en la mayoría de mis películas anteriores. Pero esta vez elegí el tono de la comedia: una comedia social y contemporánea.
P: ¿Tenía ya el reparto en mente mientras escribía?
R: Mientras escribíamos, consultaba regularmente las páginas web de agencias de actores y dos nombres me parecieron evidentes: Denis Podalydès y Aure Atika. Después, cuando el guion estuvo terminado, recurrí a un director de casting, David Bertrand, que fue un interlocutor muy valioso porque me permitió conocer a jóvenes actrices y actores. Para el papel principal de Baptiste hice pruebas con varias personas y tuve un flechazo inmediato con Salif Cissé, que tiene una presencia y un carisma impresionantes. Pero no solo eso: ante todo es un gran actor y un trabajador incansable. Quería que cada personaje estuviera interpretado por un actor singular, que no se pareciera a ningún otro.
P: Le da a Salif Cissé su primer gran papel en el cine. ¿Fue una apuesta o no?
R: En absoluto. Estuve segura de mi elección desde las primeras pruebas. Solo necesitaba probar su voz en relación con la de Denis Podalydès. Michaël Gregorio, uno de los mejores imitadores de Francia, participó en la película muy pronto, desde la fase de escritura. Me acompañó en este trabajo y confirmó lo que yo sentía: había una cercanía entre la voz de Denis y la de Salif, por lo que se podían armonizar al servicio de la historia.
P: ¿Qué tipo de directora de actores es usted?
R: Para mí, la dirección de actores se basa ante todo en una gran confianza mutua. En la práctica, nunca hago ensayos propiamente dichos con los actores, pero me gusta hablar con cada uno sobre su personaje antes del rodaje. El guion estaba muy escrito, pero cada mañana nos tomábamos tiempo para hablar de la escena que íbamos a rodar y de su puesta en escena. A veces también hacíamos improvisaciones. Me gusta que el rodaje sea un espacio vivo donde se vuelva a cuestionar el guion, aunque la comedia es un ejercicio de estilo que debe tener ritmo y deja poco margen de maniobra debido a esa exigencia.
P: Baptiste hace muchas imitaciones, usted recurrió a tres imitadores. ¿Cómo se repartieron los papeles?
R: Salif trabajó primero con Michaël Gregorio para acercarse a la voz de Denis Podalydès. Pero yo quería que el personaje de Baptiste no fuera solo un imitador de voz hablada, sino también de voz cantada, algo que no ocurre en el libro. Por eso Salif trabajó y fue entrenado por tres imitadores distintos, cada uno con sus especialidades. Fabian Le Castel hace las voces de Columbo, Sarkozy, Chirac, pero también de Johnny y Bashung. Eklips está detrás de las voces de las partes de rap. Michaël Gregorio interpreta a Michel Berger y también la canción Moonlight in Vermont. Algunas canciones fueron elecciones tomadas en conjunto entre los imitadores y Salif, porque era importante que se sintiera cómodo y que realmente tuviera ganas de interpretarlas. Por ejemplo, él quería especialmente cantar Diego.
P: La interpretación de Salif Cissé es extraordinaria...
R: Lo que se ve en la pantalla es el resultado de un enorme trabajo de Salif. Primero tuvo que aprender cada canción para poder interpretarla en directo frente al público, pero también trabajó la gestualidad, indispensable para que la imitación resultara creíble. Lo mismo ocurre con las voces. Esto se ve especialmente en sus imitaciones de Nicolas Sarkozy o Jean-Marie Le Pen. La imitación también pasa por el cuerpo.
P: ¿Quién presta su voz a Baptiste cuando imita a Pierre? ¿Es Denis Podalydès mismo?
R: No. Es una mezcla de ambas voces. Salif trabajó con Michaël Gregorio para acercarse lo máximo posible a la voz de Denis durante el rodaje, y ya entonces el resultado era bastante impresionante. Después, Denis vino a doblar en posproducción todas las escenas en las que Salif lo imita, ajustándose a su interpretación. Cada uno se acercó al otro en ese proceso. Luego, la montadora de sonido Anne Gibourg y su asistente Grégoire Chauvot realizaron un trabajo extremadamente minucioso, a la antigua usanza: sílaba por sílaba, respiración por respiración, respetando incluso los pequeños ruidos de boca que nadie percibe. El trabajo de mezcla de Laure Arto terminó de completar el proceso. Es una película en la que el trabajo del sonido es fundamental. Por eso, en los créditos finales, el equipo de sonido aparece antes que el equipo de imagen.
P: El tono de la llamada del teléfono de Pierre marca el ritmo de la película. ¿Por qué la canción Le Freak de Chic?
R: En realidad, esa no era la melodía que quería al principio. Soñaba con Stayin' Alive de Bee Gees, porque tenía más sentido. Seguir vivo es la verdadera cuestión para Chozène, que tiene algo "muerto" en su interior y que Baptiste va a despertar. Además, es la música que se usa para marcar el ritmo en un masaje cardíaco. Pero los derechos eran demasiado caros. Así que terminamos eligiendo otra canción que nos parecía divertida y un poco inesperada en relación con el personaje.
P: ¿Por qué elegir la canción Moonlight in Vermont para el final de la película?
R: En el escenario, Michaël Gregorio realiza una actuación vocal excepcional, alternando entre voz masculina y voz femenina. Sabíamos que sería un gran desafío para Salif Cissé, y nos gustaba precisamente la idea de ese reto.
Entrevista a Denis Podalydès
P: ¿Qué fue lo que le sedujo inmediatamente de esta historia
R: Su premisa completamente irreal: un escritor que confía su voz a un imitador para deshacerse de sí mismo, de su propia vida, y dedicarse únicamente a escribir. Me pareció algo audaz y atrevido, y por eso mismo interesante.
P: ¿Comprende el deseo de este escritor famoso de desconectar de los demás justo cuando, por primera vez en su carrera, va a escribir en primera persona y, por tanto, a exponerse?
R: Creo que la idea es muy novelesca. Tiene que ver con el fantasma que muchas personas podrían tener: poner su vida entre paréntesis, encerrarse en su propio taller, aislarse del mundo y dedicarse exclusivamente a su arte. Claro que es una ilusión, lo sabemos. Pero esta historia es un cuento: aceptamos que la propuesta no sea ni realista ni verosímil. Y aun así, aunque no lo sea, me parece que la película es lo suficientemente sutil como para asumir y jugar con esa dimensión de ficción.
P: ¿La fama y las cargas que conlleva le han resultado alguna vez pesadas?
R: Puede que me haya ocurrido en ciertos periodos de mi vida, aunque no tengo recuerdos muy concretos de ello. Creo que lo que más me ha pesado ha sido la inversión en el trabajo. He tenido un gusto casi frenético por la sala de ensayos o por encerrarme en mi despacho para trabajar. Abstraerse de la vida es una idea o una aspiración que me persiguió durante mucho tiempo. Desde el nacimiento de mi hijo mayor, hace diez años, eso ya no es posible. He renunciado a ello, y no sin cierta felicidad. El culto a la torre de marfil, que me acompañó durante años, tiene aspectos oscuros: una incapacidad para enfrentarse a la vida. Cuando uno se entrega únicamente al trabajo para llenar todos los vacíos, también puede encontrarse con otro vacío: el de una creación que ya no se alimenta de nada.
P: Al confiar su teléfono a Baptiste y excluirse de los demás, Pierre se abre al mundo, se vuelve disponible... ¿Por qué el teléfono lo alienaba como una adicción?
R: Eso es lo que él afirma. Claramente hay una forma de alienación. Curiosamente, a menudo se dice que las personas que pasan todo el tiempo frente a las pantallas no son hombres de letras. Pierre es paradójico en ese sentido. Ganador del Prix Goncourt, parece necesitar constantemente saber qué piensan los demás de él, qué quieren decirle y cómo se lo dicen. Pero al mismo tiempo quiere liberarse de todo eso: que otra persona se encargue por él y resuelva los problemas en su lugar. Esto revela cierta debilidad, aunque también veo en ese recurso a un intermediario una especie de metáfora del psicoanálisis.
P: ¿Qué le dijo Fabienne Godet sobre el personaje que tal vez no estaba completamente escrito en el guion? ¿Cuál es su visión de Pierre Chozène?
R: Queríamos transmitir la idea de que es un escritor conocido, de alto nivel y con éxito entre el público, algo que siempre es difícil de representar en el cine. A menudo no resulta creíble. Entonces nos preguntábamos: ¿cómo hacer que eso funcione? Hablamos mucho sobre ello, así como sobre la credibilidad de la voz imitada y sobre si todo esto pertenecía al ámbito del cuento moral. Las soluciones fueron apareciendo poco a poco. Fabienne escucha mucho y le gusta provocar conversaciones que hacen avanzar discretamente su dirección de actores. Eso sí, me pidió que mantuviera cierta sobriedad y una forma de contención.
P: ¿Y usted cómo definiría a Pierre Chozène?
R: El alcoholismo juega un papel importante en su vida, pero me gusta que nunca se le vea borracho. Se entiende que debió de beber mucho y que esa adicción, acompañada de cierta violencia verbal, provocó la separación con Clara, la mujer a la que todavía ama. Ese es un vacío que sigue abierto en su vida. Aunque vive cómodamente en un apartamento elegante, vive solo. Pierre es un hombre herido que también busca la aprobación de un padre admirado pero silencioso, una aprobación que nunca obtendrá. Eso no se percibe de inmediato, pero sus fragilidades aparecen poco a poco a medida que Baptiste descubre aspectos de su vida. Por eso no quería representar a un escritor genial y seguro de sí mismo.
P: ¿A través de su deseo de no relacionarse con los demás, lo imagina como algo misántropo?
R: Hay sin duda cierta misantropía en él, aunque nunca se menciona explícitamente, y eso me gusta: no etiquetar los comportamientos ni ponerles nombres arquetípicos. Creo que los artistas, en su burbuja, pueden sentir cierta inclinación por ese retiro. Pero esa misantropía relativa -que no es en absoluto odio hacia los demás, sino más bien una voluntad de apartarse- suele ir acompañada de un profundo amor por la humanidad y del deseo de reencontrarla a través de la creación.
P: De este escritor bloqueado por la figura paterna y que busca su aprobación, ¿diría que sigue siendo un niño que no ha crecido del todo?
R: Hay evidentemente una forma de inmadurez en él, empezando por esa idea absurda de querer desprenderse de su propia existencia. Es la idea de un niño grande -o de un niño ya mayor-, como se quiera ver. Cualquiera que hiciera algo así sería considerado loco. Lo interesante es ver cuánto tiempo puede sostenerse esa idea y hasta dónde lo llevará. Tal vez necesitaba esa ilusión para salir del veneno de las relaciones familiares y del alcohol.
Pierre está profundamente solo, ha pasado por momentos difíciles y nunca ha logrado acomodarse del todo a una vida que termina volviéndose repetitiva, como los bailarines de tango que observa desde su ventana... con la diferencia de que ellos bailan en pareja. Al final, esa decisión absurda y su encuentro con Baptiste -que en la vida real podría haber terminado muy mal- harán que vuelva al mundo. Ese es, precisamente, el poder del cuento: reconciliar.
P: ¿Conocía a Salif Cissé, quien interpreta a Baptiste?
R: Lo había descubierto en la película À l'abordage de Guillaume Brac y me había parecido prodigioso. Mi hermano Bruno también se había fijado en él y pensó en Salif para un proyecto que finalmente no se realizó. Cuando Fabienne Godet me anunció que interpretaría a Baptiste, me puse muy contento. Salif combina fuerza y sutileza, dulzura, ligereza y una hermosa gravedad. Tiene una gracia que calma y apacigua. Yo lo disfruté muchísimo.
P: ¿Cómo fue el primer encuentro con él?
R: Fabienne quería escucharnos juntos rápidamente porque existía ese desafío crucial de las voces. Trabajamos varias hipótesis para acercarlas, con el asesoramiento sutil de Michaël Gregorio. Era necesario que cada uno avanzara hacia el otro. Nos sentimos cómodos de inmediato.
P: Al ver la película, ¿pudo admirar su trabajo como actor, especialmente en el playback de las imitaciones?
R: En sí, me pareció increíble. Pero no solo en eso: en todo. Me gusta la finura y la flexibilidad de su humor, la mirada tierna que tiene y que le permite mantener cierta distancia respecto a todo, sobre todo respecto a cualquier facilidad. Me encanta.
P: Y su voz mezclada con la suya, ¿le resultó extraña?
R: Es una situación que nunca había visto en ninguna película; simplemente no existe. Si solo hubiera estado mi voz, el proyecto habría fracasado. El proceso fue muy largo entre el trabajo de Salif y el mío en la postsincronización. Y al final, sí, esa fusión resulta perturbadora. Incluso yo, al escucharla, me pierdo. Ese desafío me gustaba mucho; me tocó profundamente y también fue una de las razones que me impulsaron a embarcarme en esta aventura.
P: ¿Qué puede decir de Aure Atika y Clara Bretheau, las dos actrices que actúan junto a usted?
R: Nunca había rodado con Aure; me parece maravillosa y muy elegante. También me encantó trabajar con Clara. La mejor prueba es que la contraté para una obra de teatro. En definitiva, disfruté mucho evolucionando dentro de este grupo de actores y actrices, y creo que el reparto es excelente en todos los sentidos. Era necesario, porque es una película en la que los actores tienen un papel muy destacado.
P: Sobre el rodaje, Fabienne godet habla de una reunión con los actores cada mañana, sin los técnicos, antes de empezar la jornada. ¿le gustaron esos momentos??
R: Sí, es una especie de ensayo sin cámara en el que definimos la escena en su totalidad -sobre todo cuando es larga- y su puesta en escena entre nosotros. Es muy valioso, porque permite encontrar ideas, incluso de encuadre, como cuando Baptiste se sienta en el escritorio de Pierre y llama a Elsa por primera vez. De repente veía el "cuadro" de Baptiste en mí mismo, sentado en mi escritorio. Bertrand Tavernier utilizaba este método de trabajo de manera sistemática todos los días.
Me gustan esos momentos de reflexión en los que, un poco como en el teatro, la luz aparece sin que sepamos exactamente quién la ha encendido. Es un trabajo de resolución colectiva, pero exige escuchar a todos. Además, esos momentos tranquilos antes de la preparación técnica también favorecen el ambiente y la colaboración entre dirección e interpretación.
P: En un rodaje, cuando actúa, ¿olvida completamente que también es director y se apoya totalmente en la directora?
R: Más bien sí. En el cine entran en juego cuestiones como el ángulo de las cámaras, las focales elegidas o el plan de trabajo, aspectos que un actor -aunque también sea director- no controla. Por eso confío completamente en quien está al mando y me gusta no tener esa responsabilidad. Pero sigo observando la puesta en escena, no para dar mi opinión (a menos que me la pidan), sino para ver cómo se construye todo. Siempre es interesante.
P: La película trata en el fondo sobre el cambio. Pierre se transforma gracias a Baptiste. ¿Cree que sin los demás no cambiamos ni evolucionamos?
R: Solo es imposible. Es como dentro de una puesta en escena: si como actor quieres cambiar algo, todos deben cambiar también. Todo es una cuestión de relación. Pierre, sin Baptiste, nunca evolucionaría. Esta extraña idea de recurrir a un imitador puede parecer infantil o absurda, pero en realidad es un gesto desesperado para permitir que alguien entre en su círculo, allí donde él mismo había hecho el vacío. Incluso entre él y su padre, con quien tenía razones para evitar el contacto, porque ese padre habría "matado" al escritor. La figura de Baptiste recuerda también a la de un hijo que Chozène no tiene, al que reconoce y al que indirectamente convierte en un artista capaz de realizarse en su propio ámbito. Así, el cuento termina beneficiando a todos.
Entrevista a Salif Cissé
P: Pasó un casting, entre otros actores, para esta película. ¿qué le habían dicho sobre el papel y sobre el film?
R: Hice la prueba con la escena del espectáculo y la del primer encuentro con Chozène en su casa, cuando le presenta su proyecto a Baptiste. Fabienne Godet prácticamente me había contado todo sobre el papel, la película y su ambición en la adaptación del libro. Le propuse que viniera al día siguiente a verme al Théâtre des Abbesses, y fue, lo cual era una buena señal. Yo actuaba en 1983, una obra de Alice Carré dirigida por Margaux Eskenazi, en la que tenía un monólogo de unos diez minutos donde cambiaba varias veces de registro vocal. Así pudo ver otra faceta de mi trabajo en el escenario, algo que venía muy bien para su película.
P: Cuando leyó el guion, ¿qué pensó inmediatamente?
R: Me gustó la historia, esa narración que uno quiere seguir por todos sus giros. Nos encariñamos muy rápido con el personaje de Baptiste y sentimos curiosidad: ¿cómo logrará salir de esta situación sin quemarse las alas? La premisa es loca, original, nunca vista. Me recordó a una comedia inglesa, aunque también percibí la ambición de hacer una película francesa en el sentido más clásico.
P: ¿Entendió desde el principio que era su primer gran papel en el cine y que la película descansaría sobre sus hombros?
R: Pensé que era un papel protagonista, sí, pero en ese momento no medí realmente su importancia. Lo fui comprendiendo poco a poco durante la preparación. Entendí que tenía una responsabilidad artística: saber el texto y actuar bien no sería suficiente. Tenía que aportar algo personal. Quería que Baptiste tuviera una personalidad muy marcada, que dejara una huella visual inmediata en los espectadores cada vez que apareciera en pantalla. Baptiste es un imitador original y yo tenía que servir a ese carácter.
P: ¿Se dio cuenta desde el principio de la cantidad de trabajo que iba a suponer para usted?
R: Sí, desde la lectura del guion. Aunque Fabienne me habló enseguida del sistema de trabajo con imitadores, comprendí que tendría que esforzarme mucho en varios niveles: interpretar a Baptiste, a Baptiste dentro de la piel de Chozène, a Baptiste imitador y también cantante en el escenario. Pero eso no me preocupó. Creo que tengo una gran capacidad de trabajo, y además me encanta trabajar.
P: ¿Qué le dijo sobre el personaje que no estuviera en el guion para ayudarle a construirlo?
R: Lo fuimos construyendo conversando, sin demasiadas ideas preconcebidas. Construimos el personaje juntos. Fabienne no estaba cerrada a cambios o adaptaciones del guion. Yo también quería saber en qué aspectos deseaba que pusiera más énfasis. Hablamos incluso de que yo soy un actor negro y Baptiste es blanco en la novela: ¿debía tenerse en cuenta o no?
P: ¿Cómo definiría a Baptiste?
R: Es un hombre de espectáculo con un estilo muy definido. Tiene ligereza e integridad, pero también una gran capacidad para integrarse en cualquier entorno. Yo también tengo esa capacidad, por eso me siento cercano a Baptiste. Además, está la dualidad del personaje: a veces es él mismo y otras veces interpreta a otro. Eso me parece fascinante. Uno de mis retos era mostrar sus múltiples facetas según la persona con la que habla. No se dirige igual a todo el mundo; era algo sutil, pero debía sentirse. También quise modernizar un poco el personaje, especialmente en sus gustos musicales. El Baptiste del libro no imita a ningún rapero.
P: Cuando habla de su padre, al que no conoció, dice: "mi madre me contó que había alegría en su voz". ¿eso le ayudó a construir el personaje?
R: Esa frase fue muy importante para nosotros. Creo que explica su relación con la imitación. Baptiste siente placer al tomar otras voces distintas a la suya, y eso lo conecta con su padre. El talento que posee le produce alegría y crea una relación casi sagrada con lo que hace. Como actor, eso me interesaba mucho y me acercaba todavía más al personaje.
P: ¿Se sintió impresionado cuando supo que compartiría cartel con denis Podalydès?
R: La primera vez que vi actuar a Denis fue en 2019 en la Comédie-Française, donde fui por primera vez. Era en la obra Fanny et Alexandre, basada en la película de Ingmar Bergman y dirigida por Julie Deliquet. No tenía el papel principal, pero su presencia en escena me marcó profundamente: su voz, su relación con la palabra, su dominio del conjunto... vi a un maestro en acción. Cuando supe que interpretaría a Chozène recordé ese momento. Me impresionó, pero sobre todo lo sentí como un honor. Me pedían que "fuera él" en Chozène; el listón estaba muy alto.
P: ¿Cómo fue su primer encuentro con denis Podalydès?
R: Denis es una persona muy ocupada que hace mil cosas al mismo tiempo, pero logramos organizar una lectura sin haber tenido contacto previo. Entramos directamente en el trabajo, sin rodeos, lo cual creo que nos convenía a ambos. Esa lectura era importante porque yo debía empaparme de su manera de ser. Todo fue muy bien; sentí que estaba presente al cien por cien.
P: Y durante el rodaje, ¿cómo fue actuar junto a él?
R: Elegí esta actividad -que no considero simplemente una profesión- como una vocación, una pasión, una razón de vivir que me impulsa hacia los demás. Con Denis Podalydès frente a mí intenté aprovechar cada segundo: observar lo que ocurría entre nosotros y aprender para el futuro. Viví la experiencia de un actor inmenso que lo da todo dentro y fuera del plano. Además, compartimos la experiencia del teatro; somos animales del mismo tipo, miembros de una misma familia que actúan unos para otros. Me sentí muy cómodo con él, en un entorno que me resultaba muy familiar.
P: ¿Alguno de los tres imitadores que colaboran en la película pudo aconsejarle para que su voz se acercara a la de Denis Podalydès?
R: Trabajé mucho con Michaël Gregorio. Él me había advertido que la imitación hablada no es su especialidad, pero en realidad -gracias a su experiencia- me ayudó mucho. Yo no tengo ese don natural para imitar. Así que quedaba trabajar como actor e intérprete. La idea no era intentar imitar perfectamente la voz de Denis -aunque nuestras tesituras vocales, un poco ásperas y profundas, se parecen- porque eso habría sido un error. Era más interesante hacer creer que hablaba con su voz, lo cual es un proceso completamente diferente. Tenía que captar la esencia de lo que es Denis para crear esa impresión.
P: ¿Significó esto mucha preparación antes del rodaje?
R: Sí, fueron varias semanas. Escuché a Podalydès todos los días: entrevistas, pódcast, lecturas de audiolibros... todo. Intentaba captar no solo la entonación, sino también su cadencia, su ritmo, su manera de colocar las palabras y los acentos. Era un trabajo de interpretación, así que me sentía cómodo con ese proceso.
P: Cuando Baptiste imita a Pierre, su voz -parecida a la de Denis Podalydès- se mezcla con la suya. ¿qué piensa del resultado?
R: Cuando comprendí el nivel de precisión que requeriría, me alegré mucho. Al imaginar que mi voz se mezclaría con la suya -algo totalmente nuevo para mí- entendí que tenía que dejarle espacio. El resultado final crea una especie de verdad entre los dos. Eso hace que la propuesta resulte creíble: Baptiste pone algo de sí mismo, y a veces incluso "pierde" a Pierre. Era un equilibrio muy delicado, pero el resultado es magnífico.
P: Para las imitaciones cantadas tenía un auricular, debía ser perfecto en el playback, pero en el set tenía que cantar de verdad para que fuera creíble.
R: Sí, eran tres exigencias al mismo tiempo. De hecho, fue una segunda preparación, porque todas esas escenas de espectáculo se rodaron aparte y nos llevó aproximadamente un mes. La actuación que realmente muestra esa dificultad es la última canción, Moonlight in Vermont, donde se alternan voz masculina y femenina. Es extremadamente difícil de interpretar, y como en las demás canciones, tenía que cantar de verdad para crear la ilusión.
P: ¿Tenía esa capacidad?
R: No canto mal. Para un papel así, todo lo que uno sabe hacer resulta útil. Durante el rodaje cantaba frente a una sala llena y lo daba todo, sin importar demasiado el resultado en ese momento. Estaba en mi papel y eso era lo que había pedido a Fabienne Godet: actuar en condiciones reales de espectáculo, sin trucos. Luego ella decidiría qué hacer con el material.
P: ¿Pudo intervenir en la elección de las canciones?
R: Sí. Yo quería Diego, escrita por Michel Berger, tanto por lo que cuenta la canción como por poder interpretar a Johnny Hallyday. Su voz es una de las más reconocibles; era un auténtico monstruo escénico. Elegí esa canción porque pensé que me ayudaría y que además sería muy gratificante interpretarla. Y ya que hablamos de Michel Berger, también está Seras-tu là, que aparece en un momento de la película que yo no había imaginado. Fabienne la colocó en el montaje en una escena donde Elsa mira a Baptiste en su ordenador, y crea un momento emocional muy bonito y un poco inesperado.
P: ¿Qué tipo de directora y directora de actores es Fabienne Godet?
R: Es muy buena acogiendo ideas de los demás y trabajando en colaboración. Yo soy un actor que improvisa bastante y que suele proponer otras líneas de diálogo. Pero en este proyecto sentí que no era necesario: las escenas ya estaban muy bien escritas. Aun así, fuera del texto pude proponer ideas de interpretación que fueron muy bien recibidas.
P: Ella habla de reuniones con los actores, sin los técnicos, cada mañana antes de rodar. ¿le gustó?
R: Es algo que nunca había visto y me pareció muy agradable. Un rodaje puede ser estresante para un actor por la cantidad de gente que hay en el set. El tiempo real de actuación -entre "acción" y "corten"- es muy corto. Tener ese momento al comienzo del día, que nos pertenece, es muy enriquecedor. Por ejemplo, en la escena en la que Baptiste visita a Chozène para mostrarle que domina su voz, espontáneamente me senté en su escritorio, algo que Fabienne no había previsto. Denis pensó que era genial, porque simbolizaba que Baptiste ocupaba el lugar de Chozène. Y finalmente mantuvimos esa idea.
P: La historia transforma la vida de sus dos personajes principales. ¿le habla esa idea de cambiar gracias a los demás?
R: Es exactamente lo que cuenta la historia y también lo que yo pienso. Los encuentros que te transforman... eso resume bastante bien mi propia vida. Cada vez que encuentro ese tema en una historia, me toca profundamente.
P: ¿De qué manera esta película lo ha transformado a usted como actor?
R: No sabía -y en realidad lo dudaba- que todo lo que utilizamos en el teatro, en ese gran espacio de libertad, pudiera servirme en el cine, donde el tiempo de actuación es tan breve. Esta película me demostró lo contrario. Existe una verdadera permeabilidad entre ambos medios si uno sabe aprovecharla. Además, este papel protagonista me permitió trabajar en poco tiempo con talentos muy diferentes, lo que exige una gran capacidad de adaptación. El proyecto me ocupó casi un año de trabajo, algo que acepté con mucho gusto. ¿Cuántos años de experiencia me ha hecho ganar? Todavía no lo sé.
La prensa internacional ha dicho
"Una comedia llena de encanto" - Le Parisien.
"Una trama sencilla, unos actores impresionantes y una directora inspirada" - Paris Match.
"Podalydès despliega su arte de la elegancia impasible y Salif Cissé impone una presencia antes de ocupar poco a poco el espacio. Hay química entre ambos" - Première.
"Unas interpretaciones extraordinarias tras un minucioso trabajo de perfeccionamiento de las voces" - 20 Minutes.
"Ofrece carcajadas y una sutil reflexión sobre la construcción de la identidad y el deseo de reconocimiento" - Closer.