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  La buena hija  Dirigida por Júlia de Paz
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Nota de la directora
“La buena hija” nace de ese instante en el que decidimos dejar de mirar hacia otro lado. ¿Qué pasa con los hijos e hijas de las mujeres víctimas y supervivientes de la violencia machista? ¿Por qué su voz sigue sin ser escuchada con suficiente fuerza ni reconocimiento? Esta película busca mostrar esa violencia silenciosa y profunda, que duele, pero que muchas veces no se ve, que se siente difícil de nombrar, y aún más de enfrentar con el respaldo y la comprensión que merecen. ¿Qué entendemos por violencia? ¿Quién decide qué es y qué no? ¿Y qué ocurre con todo aquello que queda fuera de esas definiciones oficiales, cómo podemos mirarlo sin ignorarlo?.

La historia se cuenta a través de los ojos de Carmela, una adolescente que empieza a despertar emocionalmente mientras lidia con una realidad familiar compleja. A su lado, recorremos un camino íntimo de crecimiento, donde la amistad se convierte en refugio, el primer beso se vuelve símbolo de cambio, y el pasado —con sus heridas, contradicciones y afectos— pide ser mirado con nuevos ojos.

Carmela representa a muchas jóvenes que crecen entre silencios, lealtades divididas y verdades a medias. Acompañarla es también una forma de acompañarnos como sociedad: reconocer, nombrar y no seguir ignorando aquello que no siempre se muestra.

En “La buena hija” atravesamos un tema que conlleva un conflicto duro y oscuro. Hablar de la violencia que sufren los niños y las niñas para nosotras, a medida que íbamos avanzando el proceso de investigación, adquirió un peso muy importante. Pero, a la vez, a medida que íbamos hablando con infancias afectadas por este conflicto, necesitábamos reclamar esos momentos de luz que también nos explicaban. Porque, lo que muchos y muchas repetían era que “no querían sentir que “eran” esa violencia”. Reclamaban, básicamente, vivir como deben. Por eso la película busca un equilibrio entre la oscuridad y la luz, porque queremos reclamar que estos niños y niñas tienen derecho a vivir como niños y niñas.

A través de los personajes de la abuela, la madre y Carmela, hemos querido reflexionar sobre la herencia entre las tres generaciones de la feminidad, el amor y la culpa. Y cómo, cada una de ellas, actúa frente al conflicto de la película, desde su pasado, lo que no hicieron y lo que sí pueden hacer ahora.

La red entre las amigas es importante para poder narrar esos momentos de luz, donde la capa de adolescente que Carmela esconde en casa se deja ver. Algo que vimos al entrevistarnos con niñas que estaban en una situación similar o chicas que habían estado, es que compartían el hecho de “tener que” madurar mucho más rápido que lo que una infancia sin violencia permite. Porque, en el momento en el que tienes que cuidar de tu madre, sientes una ambivalencia brutal por tu padre, al querer a alguien que te hace daño… no te permite vivir la infancia con “normalidad”. Tienen que protegerse a ellas mismas y, además, cuidar de la familia. Para nosotras era importante reflejar esos instantes en los que Carmela se olvida de su situación familiar y se deja llevar.

El amor es lo que atraviesa a toda la película. El amor fraternal, el amor incondicional, el amor adolescente y el amor entre mujeres. Y, a la vez, es la confrontación con el no-amor o el mal querer.


Ficha artística
· KIARA ARANCIBIA PINTO - CARMELA
· JANET NOVÁS - MARTA
· PETRA MARTINEZ - PEPA
· JULIÁN VILLAGRAN - PADRE
· SANDRA PUJOL TORGUET - SÍLVIA
· MARTA MILLÀ - LOLA
· ALEA MONTESINOS FORTÚN - MIRE
· CLÀUDIA ÁVILA - SANDRA
· OSCAR RUBIO - EDGAR
· MARCEL SANCHEZ - ALBERT
· MARTÍ RIBOT - PAU
· IONA BURRIEL - IRENE