Citas de prensa
"Entre Vértigo de Hitchcock, Virginia Woolf y Lucrecia Martel" - The New York Times (Critic’s Pick).
"La película más bella del Festival de San Sebastián" - El Español.
"Resplandeciente y misteriosa. Un milagro de entusiasmo por el cine" - El Mundo.
"Una puesta en escena inventiva y sugerente. Mumenthaler es una verdadera cineasta" - Caimán.
"Su protagonista se inscribe en la tradición de los magnéticos personajes femeninos de Bergman, Buñuel, Antonioni, Cassavetes y Todd Haynes" - The Hollywood Reporter.
"Una atmósfera tan fascinante como inquietante" - Cahiers du cinéma.
"Un retrato hipnótico en aguas turbulentas" - Variety.
Entrevista con Milagros Mumenthaler, directora de Las corrientes
P: ¿Cómo nació Las corrientes? El plano inicial es el de la protagonista en Ginebra, mirando desde un ventanal el río al cual muy poco después se va arrojar. ¿Esa mirada, ese punto de vista fue también el suyo al pensar la película?
R: Ginebra es una ciudad que forma parte de mi vida, fue mi hogar cuando mi familia, durante la dictadura militar argentina, se exilió en Suiza. Y de regreso, más de una vez me pregunté qué pasaría si una mujer saltara al río que atraviesa la ciudad. Ese fue un punto de partida: pensar quién es esta mujer, por qué hace lo que hace, si es plenamente consciente de ese acto. En ese momento yo estaba leyendo un libro de Siri Hustvedt, La mujer temblorosa, donde cuenta una experiencia muy particular que vivió: ella estaba dando una charla pública en un homenaje a su padre cuando su cuerpo empezó a temblar de forma bastante violenta. Pero ella seguía hablando como si nada sucediera, se daba cuenta que algo pasaba pero su cabeza podía seguir adelante mientras su cuerpo temblaba. Su mente hacía una cosa mientras su cuerpo hacía otra distinta. Es una idea en la que estuve pensando mucho tiempo, ahí fue apareciendo también mi personaje, Lina, para quien –siguiendo en la línea que trazaba Hustvedt en su libro- no hay respuestas definitivas sobre su conducta. ¿Por qué Lina se tira al río? ¿Es o no es consciente de su acto?
P: En Las corrientes reaparece una preocupación formal que ya estaba en sus largometrajes anteriores: la representación de lo íntimo. ¿Cómo se representa lo íntimo? ¿Cómo se materializa en el cine eso que parece propio de la literatura?
R: Sí, claramente es algo difícil. Lo que me interesaba era navegar por los sentimientos de Lina, por aquello que le sucedía en su interior: sus pensamientos, sus deseos, sus anhelos. Pero una cosa era escribirlo en el guion y otra filmarlo, y eso me llevó a una búsqueda para encontrar soluciones. En esa etapa, me ayudó mucho volver a leer La señora Dalloway, de Virginia Woolf, porque a través del fluir de la conciencia de la protagonista la novela salta de un personaje a otro. En el caso de Las corrientes: ¿están realmente haciendo eso que vemos esos personajes?; ¿o acaso es Lina que se imagina o se proyecta en esos personaje? Me gustaba trabajar con esa ambigüedad de sentidos. A su vez, era fundamental que Lina se permitiera estar “apartada” de la norma, que no se sintiera obligada a internarse en una clínica y averiguar qué es lo que le sucede, sino que accediera navegar esa situación, algo que me parece muy valioso y muy valiente de su parte. Le atrae incluso ese estado, la motiva. Y desde la puesta en escena, lo que a mí me interesaba era instalar cierto misterio. Fue una decisión de mi parte iniciar la película con un misterio y luego sostenerlo durante el resto del relato. ¿Qué le está pasando? ¿Hacia dónde vamos?
P: Lina siempre parece estar huyendo: de sí misma, de su pasado, de su familia actual. ¿Por qué?
R: Es un personaje que no encuentra su lugar de pertenencia, porque huyó de allí, de sus orígenes. Y por lo tanto es muy difícil que luego pueda encajar en otros. Su ancla está suelta, está a la deriva hace mucho tiempo, y de pronto esa situación se pone de manifiesto a partir de este momento que está contando la película. La película encuentra a Lina en esa circunstancia y la acompaña en esa deriva. Es un personaje contradictorio (un poco como lo somos todos), porque tiene el coraje de no ir contra lo que le está pasando, pero por otro es un personaje que no enfrenta absolutamente nada. Ella simplemente va hacia adelante. Y en el camino se protege y se pone capas, y aparenta una cosa y por dentro le suceden otras.
P: Lina niega a su madre, pero al negar a su madre también se niega a sí misma. Negar los orígenes me parece un rasgo de identidad, un modo de ser enfermizamente argentino. ¿Te parece que hay algo de eso en Las corrientes?
R: No hubo una intención de mi parte en ese sentido, pero sí queda claro que allí hay un misterio, existió un trauma, y hubo en ella una necesidad de huir. Y que fue una necesidad muy visceral. Sintió la necesidad de reinventarse en otra persona: dejó de ser Cata para ser Lina. En todo caso, no quiso terminar como terminó su madre, no puede ni quiere mirarse en ese espejo, porque ella como hija sufrió un abandono. Y Lina no quiere repetir esa conducta, ese mandato familiar. Pero toda lectura es válida y es verdad que quería trabajar el tema de la identidad en la protagonista, porque uno no es el mismo si vive en una gran metrópoli como la ciudad de Buenos Aires o si viene de un pueblo o de un suburbio.
P: Por cierto, Buenos Aires –su respiración, su sonido, su ritmo- está muy presente en Las corrientes.
R: Me interesaba hacer un retrato de la ciudad, una ciudad donde la vida es muy exigente, vertiginosa, y en la que no hay tiempo para detenerse a pensar. Quería que se sintiera esa intensidad de Buenos Aires, que se manifestara en la película. Y que fuera evidente el contraste con Ginebra, donde Lina atraviesa la circunstancia inicial como si fuera un momento suspendido en el tiempo. Allí ella es una persona sola, en un lugar donde no conoce a nadie y eso la habilita a encontrarse con situaciones profundas que en su cotidiano no se permitiría, en primer lugar porque no tiene esos tiempos.
P: Hay una presencia muy intensa de lo femenino en Las corrientes, no sólo por la protagonista (y su asistente, su amiga de la adolescencia, su suegra, su hija, su madre) sino también por los atributos clásicos que se le atribuyen a las mujeres: vestidos, faldas, tacones, lencería, la costura, los bordados. ¿Cómo se fueron incorporando esas marcas? ¿Por qué?
R: El bordado es un mundo que siempre me atrajo mucho y que tiene que ver con algo de lo que hablábamos antes, con el tiempo detenido. Es una tarea artesanal, muy delicada y plena de detalles, que las mujeres vienen haciendo desde hace siglos, que siempre parece a punto de desaparecer, pero que sin embargo sigue presente de algún modo. Y es ese bordado antiguo que Lina encuentra en una tienda de Ginebra lo que despierta algo de su pasado que estaba latente. El dibujo representa a unas mujeres bordando muy probablemente una sábana, como ofrenda nupcial. De alguna manera, Lina está relacionada con ese hacer, porque trabaja en el mundo de la moda, pero allí todo es vértigo: las imágenes, las campañas publicitarias… Y de pronto ese bordado la retrotrae al mundo de su madre, del que ha huido, pero del que reconoce un legado. Quedaron allí unos puntos, unas costuras.
P: Promediando la película, un personaje en el Museo Nacional de Bellas Artes alude de manera expresa al “modo de sentir romántico”. Y Lina está siempre en un extraño estado de inquietud, de anhelo, que tiñe todo el punto de vista de la película. ¿De dónde proviene ese sentir romántico? ¿Cómo aparece en tu concepción de la película?
R: Lina es un personaje que intenta cumplir con los mandatos clásicos: ser buena esposa, buena madre, pertenecer a una familia, ser responsable en el trabajo. Ella hace todos los deberes, va marcando con una cruz todos los casilleros. Y todo eso es lo opuesto al ser romántico, que tiene que ver con los sentimientos profundos, con el mundo íntimo. El mundo exterior de Lina entra en crisis por lo que le pasa a ella en su interior. Es un conflicto que tiene raíces muy profundas: en pleno siglo XXI Lina cumple con todos los valores que la Ilustración y el Contrato Social impusieron a la sociedad. Pero contra esos valores se opusieron los románticos y es algo que vibra en el interior de Lina. Necesita sentirse más viva, saber quién es.
P: Hay un aguafuerte de Goya que muestra la película y que justamente se titula Nadie se conoce.
R: Sí, tal cual. No creo que nadie pueda conocerse en su totalidad.
P: El otro cuadro que vemos en detalle es un óleo, Explosión de una locomotora, de Genaro Pérez Villaamil.
R: Decidí dejar ése cuadro porque de algún modo habla de lo que le sucedió a Lina: una ruptura en el orden cotidiano que le permite ver las cosas de otra manera, la abre a una comprensión distinta del mundo. Por otra parte, el romanticismo es el gran movimiento del arte moderno, el primero que pone en el centro de sus preocupaciones la subjetividad del artista y donde el pintor se vuelve más expresivo. Me parece que allí hay un correlato con el cine moderno, autoral, donde el director escribe sus propios guiones y se expresa de modo más personal, en un contexto donde todo tiende a la estandarización del relato que hoy proponen las plataformas, por ejemplo.
P: Hay una escena muy importante en un edificio emblemático de Buenos Aires, pero muy poco utilizado como locación en el cine argentino, el Palacio Barolo y su legendario faro, que en determinado momento de la película parece provocar una iluminación en el camino de Lina. ¿Cómo se trabajó ese momento tan significativo en la película?
R: Esa escena es la que más relación tiene con La señora Dalloway, de Virginia Woolf, como motivo de inspiración, porque en ese momento estamos con Lina pero a la vez también, simultáneamente, con otros personajes, o lo que Lina proyecta de ella en esos personajes, todos iluminados por esa luz que va girando sobre la ciudad. Y todos los caminos de alguna manera llevan a ese pasado no resuelto que Lina deberá afrontar.
P: ¿Cuándo pensaste en Isabel Aimé González Sola? ¿Qué te hizo pensar que ella podía ser Catalina?
R: Siempre pensé en una mujer de unos 35 años, muy segura de sí misma, al menos en apariencia, y no encontraba exactamente al personaje que yo imaginaba en las actrices que están trabajando en Argentina. No quería que fuera una actriz muy reconocible, que ya trajera al personaje su personalidad, sino que buscaba algo más enigmático, misterioso. Y empezamos a buscar actrices argentinas que vivieran fuera del país y apareció Isabel, que es mendocina, y se fue a los 18 años a Francia, donde trabajó como fille au pair y empezó a estudiar actuación en una muy buena escuela, la Ecole Supérieure d’Art Dramatique du Théâtre National de Strasbourg. Y desde hace años allá hace mucho teatro, además de cine y televisión. Casualmente estaba aquí en Argentina cuando yo estaba haciendo el casting y me pareció que ella era lo que estaba buscando para el personaje. Empezamos a ensayar y trabajamos mucho. A mí me gusta particularmente el trabajo con los actores, es algo que disfruto, ir buscando juntas el personaje, y con Isabel nos tomamos todo el tiempo necesario para eso. De hecho, ella es muy distinta a Lina en muchos aspectos, salvo que es dueña de un misterio absoluto, lo que la acerca a la protagonista. Fue un desafío enorme para ella, porque está prácticamente en todas las escenas de la película.
La directora y guionista Milagros Mumenthaler
Milagros Mumenthaler nace en Córdoba, Argentina, en 1977, pero pasa su infancia y juventud en Suiza, a donde tiene que exiliarse su familia. En los años noventa, decide regresar a su país de origen para ingresar en la Universidad de Cine de Buenos Aires donde se gradúa en el año 2000. A continuación, emprende su carrera como realizadora con una serie de talentosos cortometrajes en los que va conformando su original mirada. A su debut con ¿CUÁNDO LLEGA PAPÁ? (2000) y CAPE COD (2003) sigue EL PATIO (2004), hermosa pieza de cámara premiada en BAFICI en la que emerge el particular universo creativo de Mumenthaler, determinado por un sujeto enunciador decididamente femenino. En 2007, es seleccionada por un jurado encabezado por Laurent Cantet para formar parte de Cinéfondation, residencia artística del Festival de Cannes en la que dieron sus primeros pasos Lucrecia Martel, Jaime Rosales o László Nemes (El hijo de Saúl). Ese mismo año su corto Amancay (2007) es seleccionado en el Festival de Locarno, un certamen que la consagró internacionalmente con su primer largometraje, ABRIR PUERTAS Y VENTANAS (2011), que obtiene cinco premios entre ellos a la Mejor Película.
En 2017, Milagros Mumenthaler llega por primera vez a las pantallas españolas con LA IDEA DE UN LAGO, emocionante retrato sobre la pérdida y la memoria seleccionado en grandes festivales como Locarno y San Sebastián. Una obra milagrosa y plena de belleza que promete hacer las delicias del público español.
LAS CORRIENTES, su tercera película, se alzó con el Premio RTVE Otra Mirada del Festival de San Sebastián, compitió en la Sección Oficial del Festival de Toronto (TIFF) y en el Festival de Nueva York.
Filmografía
2025 | LAS CORRIENTES
Festival de San Sebastián 2025 - Premio RTVE Otra Mirada
TIFF 2025 - Platform
NYFF 2025 - Sección Oficial
2016 | LA IDEA DE UN LAGO
Locarno 2016 - Competición internacional
2011 | ABRIR PUERTAS Y VENTANAS
Locarno 2011 - Mejor Película
Elenco: Isabel Aimé Gonzalez Sola, Esteban Bigliardi, Claudia Sánchez, Ernestina Gatti, Jazmín Carballo, Sara Bessio.