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  Sentido y sensibilidad  (Sense and sensibility)
  Dirigida por Georgia Oakley
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Basada en la novela de Jane Austen y adaptada para la pantalla por Diana Reid, la película está dirigida por Georgia Oakley. SENTIDO Y SENSIBILIDAD está producida por Tim Bevan, Eric Fellner, India Flint y Jo Wallett.

Una historia de amor y sororidad que nos invita a conectar profundamente con sus protagonistas, interpretadas por Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles. En el elenco artístico también Caitríona Balfe, Frank Dillane y Herbert Nordrum, George MacKay y Fiona Shaw.


En el corazón dela historia
Cuando Sentido y sensibilidad se publicó el 30 de octubre de 1811, no lo hizo con el nombre de Jane Austen como autora. En la portada tan solo se desvelaba que lo había escrito "una dama". Ese anonimato era totalmente intencionado: en la Inglaterra del siglo XIX, no se consideraba muy adecuado que una mujer respetable de clase alta realizara ningún tipo de trabajo remunerado. Además, leer novelas era una actividad que despertaba recelo entre los moralistas de la época, que lo consideraban un pasatiempo antisocial. En todo caso, el debut de Austen se convirtió en una extraordinaria sensación literaria, recabando elogios en la publicación The Critical Review y contando entre sus admiradores con personalidades de la talla del príncipe regente, que más tarde se convertiría en el rey Jorge IV.

En julio de 1813, el editor Thomas Egerton ya había vendido las 750 copias de la primera edición, lo que llevó a lanzarse a una segunda impresión. Desde entonces, nunca se ha dejado de editar.

Es (tomando prestada una famosa frase de otra de las novelas de Austen) una verdad universalmente reconocida que Austen es un genio literario único; a pesar de haber vivido en una época radicalmente distinta, logró observar verdades tan fundamentales sobre la naturaleza humana que su ficción sigue siendo profundamente relevante cientos de años después de haber sido escrita. No solo puso de manifiesto una comprensión innata de las mujeres, su comportamiento y su supervivencia, escribiendo complejos personajes femeninos que luchan descarnadamente por descubrir su identidad y saber cómo se sienten en lugar de ceñirse a lo que la sociedad les pide que sean, sino que, además, demostró ser muy divertida. No en vano, se la considera una brillante autora de sátiras sociales y la madre de la comedia romántica.

Todas las mejores cualidades de la obra de Austen ya se vislumbran en SENTIDO Y SENSIBILIDAD, tanto en la novela original como en la novedosa interpretación de la cineasta Georgia Oakley del clásico intemporal, que presenta a la legendaria autora a una nueva generación de cinéfilos. Aunque la trama pueda centrarse en las perspectivas románticas de Elinor y Marianne, las mayores de las hermanas Dashwood, despliega una narrativa llena de matices en su descripción de la relación de las mujeres: su dinámica es caótica, intensa, exasperante y ferozmente devota, tierna y brutal a partes iguales. En otras palabras, de un parecido innegable con la vida real.

La idea de una versión radicalmente nueva de SENTIDO Y SENSIBILIDAD surgió de la productora India Flint, que ha trabajado con cineastas como Cary Joji Fukunaga y Danny Boyle y es toda una veterana de Working Title, la venerable compañía de producción británica que ya había adaptado a Austen en grandes éxitos cinematográficos como la nominada a dos Oscar® Emma, de 2020, y la película de 2005 Orgullo y prejuicio, ambas estrenadas por Focus Features. (El estudio también distribuyó la adaptación de Ang Lee de Sentido y sensibilidad, que se alzó con el Oscar® al Mejor Guion Adaptado para su protagonista y guionista Emma Thompson).

A Flint se le ocurrió la idea tras leer la primera novela de la escritora australiana Diana Reid, Amor y virtud, que, publicada en 2021, narra la historia de una avispada e inteligente estudiante universitaria. «Lo que me impactó de la forma de escribir de Diana fue su capacidad para capturar un momento cultural muy específico y sabía comprender la voz de su generación», dice Flint. «Y claro, eso también se aplica a Jane Austen y es precisamente por lo que nos gusta tanto. Diana tiene aproximadamente la misma edad que tenía Austen cuando escribió esta novela, y tampoco había mucha disparidad de edad respecto a los personajes protagonistas. También sabía que iba a ser capaz de inyectar un sentido del humor muy agudo a la narrativa».

Revisitando la novela de Austen con la idea en mente de adaptarla a la gran pantalla, Reid se vio sorprendida por el carácter contemporáneo que desprendían tanto los personajes como la trama. Austen no recurría al vocabulario moderno del mundo de las citas; sin embargo, comportamientos como el love bombing (bombardeo amoroso) o el ghosting (hacer el vacío) ya eran elementos centrales de su narrativa. «Que las etiquetas hayan cambiado no significa que la gente lo haya hecho», dice Reid. «Algunos de los momentos de desengaño amoroso o desamor de la novela eran como el tipo de situación sobre el que veríamos a alguien quejarse en TikTok. Gran parte de su comedia procede del hecho de que las personas pueden llegar a ser un verdadero fastidio, pero eso es lo que hace que los romances sean más románticos aún. Lo que nos cuenta, en esencia, es que es extraordinario encontrar a alguien que te guste de verdad en este mundo, alguien que vea todo como tú».

Aunque Elinor y Marianne deseen encontrar un marido que comparta su visión de la vida, lo más entrañable de SENTIDO Y SENSIBILIDAD es la historia de amor entre las propias hermanas, que se adoran aunque su forma de ver las cosas sea radicalmente opuesta. Reid quiso capturar la tensión entre lógica y pasión que caracteriza el enfoque opuesto de la vida de las protagonistas: Elinor, controlada, compuesta y socialmente responsable, representa el «sentido», mientras que la espontánea y apasionada Marianne, siempre vulnerable emocionalmente, representa la «sensibilidad».

«Ambas son muy inteligentes y empáticas, pero el quid de la cuestión es lo que hacen con esas emociones», dice Reid. «En el caso de Elinor, siempre me ha parecido que albergaba un conflicto entre deber y deseo, constantemente pensando en lo que quiere el resto de la gente. Marianne está muy segura de lo que quiere y persigue su deseo ardientemente y sin inhibición».

Para cuando Reid se sentó a escribir el guion, todas las conversaciones que ya había tenido con los productores la ayudaron a trabajar muy rápidamente. Se marcó como objetivo describir a los personajes de una forma que desprendiese mucha naturalidad y autenticidad respecto a la época, pero sin dejar de irradiar un aura de frescura y modernidad. «Conocíamos tan bien a los personajes y las cosas que nos gustaban de ellos que el proceso real de escribir acabó siendo un paseíllo», admite Reid. «Ponía el texto del libro en una pantalla y el de mi guion en otra».

Tomar como referencia el texto original era vital, porque Reid y el equipo de cineastas no quería modernizar el lenguaje de Austen y preferían preservar gran parte del diálogo original del libro. Para Reid, esa decisión no solo ayuda a diferenciar SENTIDO Y SENSIBILIDAD de otras adaptaciones recientes de la literatura clásica, sino que también pone de relieve lo fácil que es identificarse con los personajes de forma natural.

«Para mí, una de las cosas más especiales de leer literatura clásica es que te topas con personajes que, en apariencia, no tienen nada que ver contigo», dice Reid. «Viven en mundos completamente distintos, operan bajo códigos sociales diferentes y se expresan de un modo totalmente ajeno a ti. Sin embargo, pese a todo, acabas conectando con ellos y te das cuenta de que, bajo todo eso, son personas como tú. Ese sentimiento de empatía es mucho más profundo al darte cuenta de que estás empatizando pese al abismo que hay entre tus circunstancias y las suyas».

Para hacer cobrar vida al guion de Reid, los productores recurrieron a la directora y guionista nominada a los BAFTA Georgia Oakley, conocida por su impresionante debut: la película de 2022 Blue Jean, que trata de una profesora que no ha salido del armario en la era Thatcher y a la que una estudiante amenaza con delatar. «Me sentí fascinada por la capacidad de Georgia de transmitir al público una historia de una época y un lugar muy concretos», dice Flint. «Blue Jeans está ambientada en el Newcastle en los años 80. Antes de eso, había hecho un corto, Bored, ambientado en una fiesta contemporánea en una casa. Era palpable su minuciosa atención al detalle, algo que te permite transportarte completamente a los mundos que crea, junto con las interpretaciones. Esos eran precisamente los ingredientes especiales que queríamos que incluyese nuestra adaptación».

Aunque Oakley es una cineasta conocida por escribir su propio material, se sintió conmovida por el guion e inmediatamente conectó con cómo quería abordar la película, tanto visual como temáticamente. Quería que SENTIDO Y SENSIBILIDAD desplegara una visión sensata, natural, terrenal y sin artificios. Quería crear una película sobre la vida de unas mujeres que se sentían profundamente vivas, no sobre personajes literarios rancios y desfasados, y quería destacar la relación central entre Elinor y Marianne.

«Me atraía mucho la relación entre las hermanas», confirma Oakley. «Representan dos fuerzas opuestas que muchas mujeres tienen en su interior y que siempre están batallando. Como escritora, Austen parecía entender el poder y las dinámicas de género, y eso se ha trasladado al brillante, ingenioso e inspirador guion de Diana. El hecho de que la historia de amor central sea la que comparten las dos hermanas... Creo realmente que Austen estaba escribiendo sobre dos facetas de sí misma que a menudo estaban en desacuerdo entre sí, y las representó escindidas en estos personajes».

Para Oakley, había otro personaje importante al que dar protagonismo: el mundo natural. Trabajando con material de Austen, la cineasta estaba decidida a enfatizar los detalles de la historia referentes a texturas para que los entornos de las Dashwood emanaran un aura mucho más real. De nuevo, las mujeres de la familia Dashwood, y en particular Marianne, no son simplemente damas de punta en blanco encerradas en mansiones inmaculadas; son personas completas de sangre y hueso que deambulan por campos barridos por el viento, con el pelo enmarañado, a veces descalzas, viviendo vidas ricas y plenas.

«Georgia quería asegurarse de que no hiciéramos una película en la que las mujeres dieran la impresión de pasarse el día sentadas, esperando a que las visitase algún hombre», dice Reid. «Quería que las viésemos cuidando del jardín o haciendo algo, como si estuviesen viviendo su vida y la cámara se topase con ellas por casualidad. Verlas en la naturaleza era una forma estupenda de cimentar sus historias y hacer que conectasen con un público moderno; ya no vivimos en salitas de estar, pero todo el mundo sigue viviendo en la naturaleza».


Creando los personajes: El proceso de cásting
La actriz nominada a los BAFTA Daisy Edgar-Jones, que saltó a la fama con su papel en la miniserie de televisión Normal People antes de aparecer en películas como La chica salvaje y Twisters, describió la experiencia de recibir el guion de Reid para SENTIDO Y SENSIBILIDAD como «uno de los momentos más felices de su vida».

«Diana ha sabido extraer todo el amor y la vida de la novela de Austen, permitiéndonos ver a estas hermanas en un contexto ligeramente distinto», asegura Edgar-Jones. «Ha sabido respetar la amistad y la relación entre hermanas, pero aportando mucho relieve a la novela. Su guion es increíblemente divertido. Aunque hay muchas situaciones descorazonadoras y tragedias en SENTIDO Y SENSIBILIDAD, también hay muchos momentos de alegría y risa».

Para la directora Oakley, la combinación única que ofrecía Edgar-Jones de talento innato y actitud serena era lo que la convertía en la candidata perfecta para el papel. «Me impactó mucho su energía cuando la conocí. Además, me intrigaba la idea de elegir a alguien como Daisy, tan en el candelero actualmente. Quería intentar retratarla de un modo que quizá nadie la hubiera visto antes».

Por su parte, a Edgar-Jones le interesaba interpretar una versión de Elinor inédita en pantalla. «Austen escribe de Elinor que desborda sensibilidad, pero que sabe cómo gobernar sus sentimientos», dice Edgar-Jones. «En nuestra película, permitimos que Elinor nos transmita esa sensibilidad. Siempre se le ha asignado el rol de la sensata porque así es cómo se ha comportado a lo largo de su vida. Pero, como en todas las familias, a veces somos más de lo que nuestra familia ve en nosotros».

Aparte de Marianne, la única persona que parece ver la auténtica naturaleza de Elinor es Edward, lo que, para Edgar-Jones, explica la conexión casi inmediata que se forja entre ellos. «Yo creo que es amor a primera vista, en cuanto Elinor ve a Edward», asegura Edgar-Jones. «Algo cambia para ella en las estrellas. Se entienden a la perfección. Son los dos muy ingeniosos, pero el resto de la gente no siempre entiende su humor. Ambos tienen estándares morales muy exigentes y son muy conscientes del resto de la gente y de sus sentimientos; tanto que, en ocasiones, eso se interpone en lo que ellos quieren».

El contrapunto de Elinor es Marianne, cuyas emociones siempre están a flor de piel. «Representa a toda esa gente para la que todo en la vida es inmediato e intenso», dice la actriz Esmé Creed-Miles, que consiguió el papel en SENTIDO Y SENSIBILIDAD tras actuar en la serie de Amazon Hanna, además de en la serie de Netflix The Sandman y en debut como directora de Kristen Stewart, La cronología del agua.

Oakley se sintió impactada por la originalidad con la que Creed-Miles abordó el papel durante la audición. «Es una persona muy singular y nos lo demostró con una actuación muy singular», asegura Oakley. «No se pareció en nada a ninguna otra interpretación del papel que yo haya visto. También me quedé totalmente impactada con su capacidad para decir frases del guion de un modo totalmente natural para ella, como si hubiera nacido hace 200 años. Solo podía ser ella misma y, por tanto, solo podía ser Marianne diciendo esas frases, lo cual me pareció alucinante».

Para Edgar-Jones y Creed-Miles, el casting supuso reunirse tras actuar juntas en la película de 2018 Pond Life, así que fue fácil establecer la relación de sororidad. «Nos llevamos tan bien en la vida real que no fue difícil emular esa química», confiesa Creed-Miles.

La actriz sintió que tenía un buen entendimiento de la psicología de Marianne y de los motivos por los que se siente tan fuertemente atraída por Willoughby, a quien conoce tras una caída en la playa que le impide volver sola a casa. Como un auténtico caballero de brillante armadura, aparece y la lleva, ganándose su corazón en el camino. «La atracción que siente inicialmente por él se debe a su faceta aventurera», nos cuenta. «Irradia un aura misteriosa e inaccesible, y las circunstancias en las que se conocen evocan un cierto romanticismo. Seguro que ella había leído montones de libros, historias, cuentos de hadas y obras de teatro. Vive en su propio mundo. Y entonces va y la rescata ese tipo. Es probable que todo el imaginario colectivo que evoca su primer encuentro haya alimentado esa obsesión que ella siente».

Esa intensidad con la que aborda el mundo parece directamente heredada de su madre recién enviudada que, en lugar de ser la típica figura maternal, parece más bien una cálida y cautivadora cuarta hermana, una mujer verdaderamente romántica. Con esa imagen en mente, Oakley puso el objetivo en la actriz irlandesa nominada a los BAFTA Caitríona Balfe, conocida por su trabajo en la serie de televisión Outlander y en películas como Belfast, el drama irlandés biográfico de Kenneth Branagh.

«Bromeábamos diciendo que es un poco hippie», dice Baife de la Sra. Dashwood, que adora a sus hijas, incluida la menor, Margaret, interpretada por la joven estrella de Hamnet Bodhi Rae Breathnach. «Cree firmemente que todo acaba solucionándose y que el amor siempre encuentra el camino. Fue algo que me gustó mucho interpretar, ese optimismo inherente de ella respecto al poder del amor y el poder del universo para abastecernos. No creo que le corra ni un ápice de cinismo por las venas».

Reid escribió el personaje poniendo énfasis en su sensibilidad para vincularla con Marianne. «La Sra. Dashwood es joven porque la gente tenía hijos enseguida por aquel entonces, y creo que precisamente esa juventud hace aún mayor la tragedia de haber perdido a su marido tan pronto», explica Reid. «En ciertos aspectos, Elinor desempeña un papel más maternal en la unidad familiar porque la Sra. Dashwood es como Marianne, solo que 20 años después. Está totalmente sintonizada con sus emociones y puede ser casi errática con ese carácter tan apasionado».

«Cada una de ellas era el animal espiritual de la otra en muchos sentidos», añade Balfe sobre la Sra. Dashwood y su hija mediana.

Por eso precisamente es por lo que la Sra. Dashwood, a diferencia de Elinor, no parece preocuparse por el abrumador afecto que siente el Sr. Willoughby, interpretado por el actor y músico británico Frank Dillane (Urchin, Fear the Walking Dead, En el corazón del mar). «Es un personaje escrito como un poco canalla, un poco libertino», dice el actor de Willoughby. «Pero, en realidad, no es más que alguien en el zénit de su juventud. Es exuberante. Es pasional. Tiene las emociones a flor de piel. Tiene todo el mundo a sus pies. Y, cuando conoce a Marianne, comparten intereses similares y un temperamento parecido, y hasta tienen puntos de vista similares sobre cómo hay que vivir la vida».

Pero, cuando un sorprendente giro de la trama interrumpe el cortejo, Marianne se queda desconcertada con los verdaderos sentimientos de Willoughby, aunque era importante para Oakley que el personaje no quedara representado como puramente malvado. «De inmediato me incliné por Frank Dillane para el papel porque aceptó a Willoughby como ser humano completo», dice Oakley. «Hacía que fuera posible para el público no solo entender las motivaciones de alguien como Willoughby, sino además conectar con él sin dejar por ello de odiarlo en cierto sentido por algunas de las cosas que hace. No quería elegir a alguien que se limitara a deslumbra a todo el mundo con su belleza a lomos de un caballo y, a la escena siguiente, pasara a ser el villano».

Mientras que Willoughby rezuma encanto, Edward, el gran amor de Elinor, es una persona mucho más reservada, y, al igual que la hija mayor de los Dashwood, es alguien que valora profundamente el saber estar y el ceñirse a un estricto código moral. Oakley eligió al actor nominado al BAFTA George MacKay (1917, Wolf) para ese personaje tan fundamental. «George MacKay era absolutamente perfecto para Edward», dice Oakley. «Infunde un respeto que me recordaba mucho al Edward de la novela. Es la clase de tipo al que siempre oyes ofreciéndose a llevar equipamiento cuando estamos trasladando todo por una colina enfangada. Siempre está tratando de ayudar a los demás y de hacer lo posible por ser generoso en lo que concierne a otros actores».

Elinor conoce a Edward tras la muerte de su padre. Como John, un hijo del Sr. Dashwood de su primer matrimonio, ha heredado Norland, se muda a la casa con su esposa, Fanny, y su hijo pequeño. Fanny invita a su hermano Edward a visitarlos, sin sospechar que se enamorará de Elinor, ahora empobrecida. A pesar del intenso deseo por estar juntos, tanto Edward como Elinor silencian los abrumadores sentimientos del uno por el otro; su unión parece imposible, dado que Edward tiene obligaciones adquiridas y Elinor no cuenta con dote alguna.

«Sienten muchas cosas, solo que a menudo actúan en beneficio de los demás», explica MacKay. «Así es como toman sus decisiones, aparcando su propio interés en favor de lo que consideran que es el bien mayor. Por eso están enamorados el uno del otro, aunque también esa forma de ser explica que les parezca tan difícil estar juntos. Eso los empuja a no hacer nada al respecto, aunque esa inacción desborda pasión y anhelo del uno por el otro».

Igual de honorable es el coronel Brandon, un conocido de la familia Dashwood que es un poco más mayor y muestra un comportamiento algo más conservador. Siente admiración por la hermana mediana mientras desarrolla una gran amistad con Elinor. Para este papel, interpretado en previas adaptaciones de la novela de Austen por actores como David Morrissey y Alan Rickman, el actor noruego Herbert Nordrum (La peor persona del mundo) fue el elegido. SENTIDO Y SENSIBILIDAD es su primer título cinematográfico en inglés.

«Se enamora perdidamente de Marianne, su libertad y su manera de ver las cosas», dice Nordrum. «Vive con intensidad cada momento. Marianne es muy intuitiva y está muy presente en todo lo que hace».

«Herbert aportó mucha fuerza al personaje, lo interpretaba con mucha desenvoltura», dice Oakley. «Es tan cortés y tan alto... Muchas de sus cualidades nos parecieron enteramente apropiadas para Brandon. Hace mucho como intérprete sin hacer gran cosa. Comunica muchísimo con sus expresiones faciales. Fue maravilloso ver cobrar vida a ese personaje en un idioma que no es el suyo materno, algo que me parece impresionante».

Cabe destacar que Marianne conoce a sus dos pretendientes después de cambiar su vida de Norland Park por los confines más modestos de Barton Cottage. La reubicación llega por cortesía de una pariente lejana, la Sra. Jennings, cuyo yerno, Sir John Middleton, es el propietario de la finca vacía. «Les ofrece vivir en la casita», explica la actriz ganadora de un BAFTA y nominada a los Emmy Fiona Shaw, que aceptó dar vida al personaje. «En cierto modo, se hace un favor a sí misma, porque se siente sola y le emociona tener vecinas y gente con la que interferir, porque ella ya ha casado a sus propias hijas y ahora está decidida a hacer lo propio con las de la familia Dashwood. Es una especie de hada madrina, muy presuntuosa, llena de buenas intenciones y con una falta de inhibición muy a la antigua usanza».

A Oakley le entusiasmó que la popular actriz irlandesa aceptara el papel. Ganadora de un premio Oliver, Shaw ha trabajado mucho con la Royal Shakespeare Company y el National Theatre, y se ha forjado una historiada carrera en pantalla con proyectos tan recientes como Killing Eve, Andor y la saga cinematográfica de Harry Potter.

«Necesitábamos a alguien emblemático para la Sra. Jennings», dice Oakley. «Sabíamos que, para la Sra. Jennings, nos hacía falta una actriz capaz de interpretar los aspectos irritantes del personaje al principio, pero, a la vez, quería que la gente se embarcara en el viaje de descubrir su personalidad junto con las hermanas. De ese modo, para cuando Elinor y Marianne la han cogido cariño, el público está en la misma situación. Fiona lo ha logrado de un modo brillante».

Shaw no es ajena al mundo de Austen; ya nos regaló una interpretación cuajada de maravillosos matices en la película de 1995 Persuasión, entre otras producciones, y recientemente ha interpretado a Lady Catherine de Bourg en la nueva miniserie de Netflix de Orgullo y prejuicio, pero le entusiasmó trabajar con Oakley «yendo de una casa de postín a otra» en el papel de la Sra. Jennings.

«Cuando lees a Austen, a menudo hay personajes que se presentan como ridículos, pero luego, según vas leyendo la novela, te das cuenta de que son tridimensionales y acabas respetándolos como personas», dice Shaw. «La Sra. Jennings es uno de esos personajes. Nos la presentan como la típica vecina metomentodo que las chicas encuentran insufrible. Pero luego, acaban confiando de verdad en ella y se dan cuenta de que es inusualmente poco crítica».

«En cierto modo, es una comedia costumbrista, pero claro, esas costumbres rigen el comportamiento humano. O sea, que la ferocidad que subyace a las costumbres es siempre lo que trata de explorar un buen escritor. Por eso Jane Austen es siempre interesante».


Sobre la producción
Para SENTIDO Y SENSIBILIDAD, la directora Georgia Oakley y sus socios de producción estaban muy interesados en hacer que el mundo de Jane Austen cobrara vida de un modo auténtico y que hiciera conectar al momento al público actual. «Intenté indagar en cómo debía de haber sido vivir en Devon hace 200 años, alejándome de la idea preconcebida que tenemos sobre Austen, que todo acontece en una agobiante sala de estar», dice Oakley. «Esas localizaciones y ese diseño del set y del vestuario tan desenfadados era sin duda parte de mi visión general».

Con dicho objetivo, reclutó a colaboradores que pudieran preservar todos los paramentos de la Regencia británica de un modo vibrante y novedoso. Su equipo incluyó al director de fotografía Arnaud Potier (La negociación), a la diseñadora de producción Francesca Di Mottola (Yo soy el amor, The Great), a la diseñadora de vestuario Grace Snell (Pillion) y a la diseñadora de maquillaje y peluquería Nadia Stacey (Cruella). Para la visión de Oakley era clave visitar localizaciones de la vida real como Dorset, Knebworth y Devonshire y capturarlas para la película.

«Ya llevo un tiempo trabajando exclusivamente en cine», dice Oakley. «Es parte de mi proceso como directora. El formato de 35 mm ofrece un resultado visual muy particular. Me gusta su imperfección. Es algo vivo, con entidad propia. Eso es lo que diferencia el cine de esos vídeos que hacemos con el teléfono a diario. Me encanta la imagen que se logra por ese motivo. También me gusta mucho el proceso de trabajar en cine con actores. Intensifica todo lo que hay en juego. Los actores saben que a lo mejor solo disponen de tres tomas para sacar adelante la escena. Cuando son conscientes de eso, hay una cierta presión reinante, es un poco más parecido al teatro».

Con Potier, conocido por proyectos tan recientes como la película de Gus Van Sant de 2025 La negociación, Oakley descubrió que gravitaban hacia el mismo tipo de imágenes y rápidamente desarrollaron un sentimiento de confianza mutua. «Soy muy especial en lo que respecta al aspecto de las cosas, así que dar con alguien con esa clase de sensibilidad es algo más fácil de decir que de hacer», dice Oakley. Potier añade: «Queríamos evitar esos colores sobresaturados y ese contraste tan fuerte que vemos a menudo en películas contemporáneas y crear más bien una imagen que conectase más bien con los cuadros de esa época».

Con el objetivo de evocar una calidad pictórica, Potier llevó a cabo montones de pruebas para dar con el lenguaje visual adecuado para la película y acabó eligiendo lentes Panavisión, específicamente de la serie Panavision Vintage. «Le confirió a la imagen una textura y una suavidad preciosas, ayudándonos a alejarnos de esa imagen moderna y excesivamente nítida y a conseguir algo que evocase más la pintura de ese periodo», dice. «El cine tiene una forma muy particular de lidiar con las sombras y los elementos resaltados, y le brinda a la imagen una calidad mucho más orgánica a la hora de trabajar con velas».

En términos de iluminación, Oakley y Potier querían que las escenas resultaran lo más naturales que fuera posible. «Lo principal era siempre ser fiel al máximo a los personajes y sus emociones. En esencia, es una película sobre carácter, sensibilidad y textura», asegura Potier.

Capturar las texturas salvajes del paisaje también era una prioridad, dado que los cineastas querían sumergir al público en el mundo de la familia Dashwood. «Como la naturaleza es un pilar tan crucial de la película, esa sensación orgánica era algo que realmente necesitábamos», asegura Potier. «Georgia quería que pudiéramos sentir la naturaleza como algo orgánico y vivo, donde prácticamente se pudieran tocar los elementos: el agua, la lluvia, los reflejos, el viento, los cambios de luz y la presencia de animales. Ya se buscara mediante tomas de paisaje más panorámicas o detalles mucho más íntimos, como un primer plano de una flor mecida por el viento, la idea era siempre que la naturaleza estuviera presente casi como un personaje más de la historia».

Tras cuatro días de ensayos, el rodaje comenzó en Kingston Russell House, una mansión cercana al pueblo de Long Bredy, en West Dorset. La casa actual data del siglo XVII (aunque en 1730 contaba con una fachada georgiana blanca de piedra) y se convirtió en el escenario ideal para representar la querida casa familiar de la familia Dashwood: Norland Park. A pesar de su belleza histórica, Kingston Russell House nunca se había empleado como localización en rodajes.

«Buscaba un sitio que desprendiera una imagen grandiosa a la par que vivida», nos cuenta Oakley. «Quería comunicar la idea de que era un hogar que se había ido heredando a lo largo de generaciones y que había recibido mucho amor, aunque no necesariamente los mejores cuidados. No quería jardines inmaculados con setos perfectos podados con formas curiosas. Quería hierba alta. Esta casa tenía margaritas creciendo en la escalinata de la puerta principal, cosa que me encantó, y era de planta muy estrecha: había poca distancia entre la puerta de entrada y la trasera. Desprendía esa historia de lugar vivido que estaba buscando».

Dichas localizaciones arraigaban la película, haciendo sentir al espectador la autenticidad del entorno. «El peso del pasado era palpable y afectaba a todo», segura Potier. «Esa historia se traslada de forma natural a la pantalla y confiere a la imagen mucha profundidad», dice. «Tener acceso a esta clase de localizaciones es un recurso artístico y visual increíble. Ya llevan una historia implícita, lo que dota al resultado una riqueza muy difícil de recrear de manera artificial».

Sin embargo, los edificios emblemáticos tienen sus restricciones, que pueden limitar el tipo de material que se puede usar. «En función de la localización, es posible que no puedas colocar fuentes de luz muy cerca de las paredes, colgar nada del techo o realizar modificaciones en el espacio», dice Potier. «Incluso en lo relativo a la iluminación a través de las ventanas, hay que controlar la cantidad de calor que un foco puede generar, para proteger los materiales y el cristal. Existen muchas reglas que hay que respetar. Hubo momentos que cambiaron por completo respecto a cómo había pensado iluminar una escena, simplemente porque tuve que encontrar otra solución debido a las limitaciones que imponía el lugar. Pero, en mi opinión, tener que ceñirte a determinadas normas puede ser muy positivo. Te obliga a pensar de un modo distinto y, a menudo, te ayuda a centrarte en lo realmente esencial».

Mientras que Kingston Russell House era ideal tal cual estaba, dar con una casa que hiciera las veces de Barton Cottage en la vida real resultó todo un desafío. «Quería que el público sintiese de verdad lo que suponía en ese momento mudarse de una casa como Norland a otra de campo en mitad de la nada en Devon, pero no creo que haya muchos sitios en Inglaterra en los que el entorno sea similar a como era todo hace 200 años», dice Oakley. «Al principio, buscaba una casa justo en la costa, pero casi todas las que encontraba las habían reformado y transformado en una especie de vivienda vacacional. La casa con la que acabamos trabajando era poco más que un chamizo para ganado».

La estructura elegida en Dartmoor, una región de Southern Devon en la zona suroeste de Inglaterra, constaba de una única estancia abierta con preciosos suelos de piedra, pero sin ventanas; ni siquiera tenía tejado. Sin embargo, la diseñadora de producción Di Mottola y su equipo transformaron la construcción exactamente en el tipo de casita afín a la época capaz de transmitir la descarnada sensación que buscaba Oakley.

Para conseguir que las localizaciones cobrasen aún más vida, el equipo de producción trajo rebaños de animales de todas las formas y tamaños, lo que sumó la dosis perfecta de caos a las escenas. «Todos los personajes tienen sus propios animales, y los animales representan a sus propietarios en cierto modo, como en la vida real», dice Oakley. «Muchos de estos animales no admiten adiestramiento alguno, así que tocaba trabajar con el comportamiento normal que mostrasen. Eso añade un cierto nivel de sorpresa a las actuaciones y aporta un toque de ligereza a la película en conjunto».

El contraste entre las casas de la familia Dashwood es aún más manifiesto gracias a la fotografía de Potier. «En nuestra primera localización, Norland, la cámara es un poco más fluida y expresiva», dice. «Hay una cierta sensación de movimiento, con más calidez reinante y más presencia en los momentos destacados. Cuando llegan a la casita de campo, la cámara se vuelve más estática, aunque mantenemos una sutil sensación de enfoque a mano para preservar un aura orgánica, de algún modo. La imagen se vuelve más densa y con más texturas, reflejando el mundo más aislado y rústico en el que ahora viven, y mostrando la transición de un entorno más adinerado a algo mucho más modesto».


La velada rural y el baile de Londres
También encontramos un gran contraste en las dos principales escenas de baile de la película: la primera es un pequeño evento rural y la segunda es un baile más formal en Londres al que asisten Elinor y Marianne durante su estancia en la capital con la Sra. Jennings. La coreógrafa Holly Blakey, conocida por trabajar con artistas de la talla de Florence and the Machine y Harry Styles, diseñó los movimientos del reparto para ambas escenas tras un periodo intensivo de investigación y una «obsesión de toda la vida con los bailes folclóricos históricos».

Para la velada rural, que se celebra en la casa de Sir John y Lady Middleton, «me pareció importante reconocer una cierta base acorde a la época, pero sin dejar que dictase todas las decisiones, con el objetivo de transmitir mayor crudeza y dejar que el caos brillase tanto como la forma», explica Blakey. «La intención de Georgia siempre fue encontrar un nuevo punto de acceso, una nueva forma de expresión, algo que hablase más de la experiencia de Marianne en el momento, más que de una precisión histórica perfeccionada. El espíritu de Marianne es lo que inspiró esta pieza; su aura caótica y salvaje».

Al filmar la escena, Oakley y Potier querían que los movimientos de cámara resultaran naturales y espontáneos, como si fuera algo que pasara sin artificio en este baile rústico de pueblo. «Emulamos la imagen de una cámara de mano, a veces un poco imprecisa, a veces más controlada, dependiendo del momento», dice Potier. «Cuando seguíamos a los bailarines, la cámara se movía con ellos de una forma muy sencilla y directa, lo que ayudó a conseguir que la escena transmitiese una impresión muy inmediata y viva. Lo cierto es que el principal desafío fue la iluminación. Queríamos evocar el ambiente de una tarde de verano justo antes de la puesta de sol, con esa luz cálida anaranjada del final del día. La dificultad radicaba en que esa sensación fuese consistente durante los dos días de rodaje en una sala inmensa con ventanales, impidiendo que la luz solar real alterase el aspecto de la escena. Creamos una fuente de luz lejana que sugería que los rayos del sol se colaban entre los árboles, de modo que la imagen resultara cálida, natural y un pelín nostálgica».

Para las escenas de Londres, todo se vuelve mucho más rígido y formal, aunque Blakey sí que se tomó ciertas libertades creativas para crear bailes que se antojasen novedosos. «La coreografía debía alinearse con la expresión de la película», dice Blakey. «Si me hubiera empeñado en seguir las reglas formalmente, habría llegado a un resultado que ya hemos visto muchas veces con anterioridad. Allá donde comienza la forma, la presentación y la primera cortesía, la tragedia del amor irrealizable rompe los moldes, y llegamos a algo que fractura los pasos ya conocidos».

«Quería ese momento en el que las chicas llegan al baile y sienten que se adentran en otro mundo», añade Oakley. «Mi intención era que todo transmitiese sensaciones muy distintas a las del resto de la película. Es el único momento en el que vemos blanco de verdad en el vestuario. También adoptamos un enfoque distinto en la forma de rodar esa parte».

El Baile de Londres es la única escena de la película en la que se utiliza Steadicam, en concreto para seguir el movimiento de Marianne entre la multitud mientras busca a Willoughby desesperadamente. «La cámara debía moverse con ella y reflejar su estado emocional», dice Potier. «A veces, la sigue de cerca y otras va por delante de ella, lo que ayuda al público a sentir su intranquilidad y su tensión. Al mismo tiempo, se trata de un evento grácil y elegante, así que queríamos que el movimiento de la cámara también lo fuera. La Steadicam nos permitió movernos con fluidez por el espacio y mostrar tanto la belleza de la estancia como la agitación emocional de Marianne y Elinor.


Vestuario, peluquería y maquillaje
La querencia de los cineastas por el naturalismo se extendió tanto al vestuario como a la peluquería y el maquillaje. La diseñadora de vestuario Grace Snell contó con los actores desde los primeros compases de su proceso para poder construir el vestuario de los personajes junto con ellos. «Daisy estaba muy abierta a dejarse aconsejar por mí respecto a qué llevar, lo que me pareció totalmente acorde al personaje de Elinor», asegura Snell. «La ayudaba con todas las prendas, viendo su significado y con qué podíamos combinarlas. Esmé era muy como su personaje, también. Quería participar muy activamente. Me aseguré en las probaturas de escuchar aquello a lo que mejor respondía y lo que le hacía sentir cómoda; en estas sesiones con los actores puedes ver si conectan con lo que se estén probando. Eso es importantísimo, sobre todo en el caso de las prendas de época».

Como la familia Dashwood está totalmente integrada por mujeres, Oakley, Snell y las propias actrices llegaron a la conclusión de que estas compartirían la ropa. Además, dada las circunstancias de empobrecimiento que se daban, era lógico que los personajes repitieran mucho los atuendos, en vez de tener un precioso vestido nuevo para cada escena. «Gracias a mi investigación y a las fotografías que tengo de muchas familias y de hermanas en concreto, sé que la ropa se comparte, en ocasiones se roba, se pide prestada y acaba totalmente desgastada sin salir de la familia», asegura Snell. «En el caso de Elinor y Marianne, quería que compartiesen prendas y que ambas se mostrasen muy relajadas en su mutua compañía para representar el nivel de intimidad existente entre las hermanas. A menudo, Elinor llevaba el vestido desabrochado o tal vez Marianne no iba totalmente perfecta, con una manga caída del hombro, por ejemplo. Esos detalles, en mi opinión, cuentan la historia humana de lo mucho que se reconfortan una hermana a la otra».

En lo que respecta al estilo de los vestidos, la película tiene lugar en un tiempo en el que la moda estaba en un periodo de transición, con un estilo de vestido popular en la década de 1780 y otro emergiendo en la de 1790-1800. «En esa época era más común adaptar tu vestido al nuevo estilo que comprar otro nuevo, porque la tela era más cara que la mano de obra», explica Oakley. «Hay muchos vestidos a lo largo de la película y, para cuando llegamos al final, muestran un corte totalmente distinto al del principio».

La paleta cromática del vestuario también evoluciona, con los vestidos cobrando una tonalidad sutilmente más clara con el paso del tiempo. Al comienzo de la película, las Dashwood están de luto, de modo que todos los vestidos son más oscuros. «Me pasé mucho tiempo investigando cuál hubiese sido el protocolo de una familia súbitamente empujada al luto, sobre todo en un caso en el que hubiera supuesto perder sus ingresos y no dispusiesen de ahorros», dice Snell. «En el guion de Diana, hay una línea brillante donde se explica que la familia Dashwood estaba tiñendo la ropa que tenía con tinte negro. Tradicionalmente, es muy difícil conseguir el negro de verdad con un tinte natural, sobre todo si no estás especializado en ese tipo de labores. Por eso, en el caso de esta familia, por ejemplo, la ropa teñida sería oscura, no necesariamente negra».

Inspirada por la idea de los tintes naturales, Snell reclutó a la artista textil Karla Savage para colorear el vestuario de la película usando palo de tinte, pigmentos, peladuras de cebolla e incluso hierro. «Quería conseguir un resultado imperfecto», asegura Snell. «Lo bonito es que, si miras los vestidos incluso ahora, han cambiado de color. Se ha difuminado el color o se han aclarado. Es increíble el modo en que los tintes naturales hacen que la ropa cobre vida propia».

Cabe destacar que el vestido de luto de la Sra. Dashwood se inspiró en una prenda expuesta en el Museo de Victoria y Alberto de Londres y que data de 1797. Snell era consciente de la relativa juventud del personaje y le pareció que debía llevar cosas que le sentaran bien, nada demasiado de señora. «Con la Sra. Dashwood, traté de encontrar el equilibrio entre querer vestirla muy bien, ponerle cosas acordes a su tipo y hacer que resultase estilosa y chic a su modo, sin que eso supusiera una falta de respeto a la fase de luto. Durante el luto, no puedes llevar botones brillantes. Hay peculiaridades muy concretas», dice Snell. «Era un atuendo muy sencillo. Lo mandamos hacer a mano especialmente para ella. Me encantan las costuras. Y las puntadas».

Para los personajes masculinos, Snell creó prendas en tonos terrosos con siluetas que desvelan la personalidad de cada uno: de Edward se ocupó Cosprop en colaboración con el venerable y oscarizado diseñador John Bright, que ha diseñado vestuario para dramas de época británicos como Una habitación con vistas, Regreso a Howard’s End y Lo que queda del día, además de para la versión de Ang Lee de Sentido y sensibilidad. «Ha sido un honor increíble para mí trabajar y colaborar con él», dice Snell.

Cuando Edward conoce a Elinor, vemos su faceta menos formal, porque acaba de llegar a caballo al pueblo. «Quería hacerle sentir que tenía ropa de campo, por eso lo vestimos en preciosos tonos verdes y marrones», explica Snell. Brandon, entretanto, lleva abrigos entallados nada «ostentosos». «La ropa para hombre en esa época se decantaba por telas bonitas, mucho más sencillas, con prendas más entalladas y estructuradas, con menos florituras», asegura Snell.

Willoughby, en cambio, derrocha estilo con un vestuario que incluía una chaqueta especialmente impresionante de muletón en un tono óxido. «Empezamos a entender por qué Marianne se siente tan intrigada y completamente fascinada por este chico y su manera tan peculiar de vestir», dice Snell, añadiendo, no obstante, que la chaqueta de Willoughby del Baile de Londres es su prenda más llamativa. «Ha adoptado totalmente su rol en el sistema de clases y lleva un chaleco absolutamente divino que mandamos bordar y que lleva cosidas pequeñas lentejuelas de celulosa, acordes a la época, para que brille y deslumbre», explica. «Para mí, es nuestro mayor arco narrativo en ropa de hombre».

La escena del baile también es cuando vemos a Elinor y Marianne en su momento más formal, aunque no van vestidas tan elegantemente como otras invitadas, como dictan sus modestas circunstancias. «El blanco, en la época, era el no va más de la moda, de modo que, para este baile, tomé la decisión de crear un evento monocromático», dice Snell. «No quería que hubiera ningún otro color para que fuera tal y como se representa en los grabados de la época. También me encantó adornar y complementar los peinados con nuestra sombrerera, Liz Crossman, con quien creamos interesantes turbantes, cintas, prendedores y plumas estructurales con el objetivo de realzar la elegancia».

En cuanto a los accesorios, los tocados tan comunes en anteriores adaptaciones de Austen aquí son menos numerosos, optando más bien por elaborados recogidos y las típicas melenas de pelo suelto, con largos rizos que caen por la espalda, a excepción, claro, de cuando toca asistir al baile.

La diseñadora de peluquería y maquillaje, la oscarizada Nadia Stacey (Pobres criaturas, Cruella), desarrolló el look de los personajes. «Hablamos largo y tendido sobre alejarnos de lo que se espera ver en lo que a peinados respecta en una película de Austen», dice Oakley. «Yo defendía que no podíamos saber cómo llevaban el pelo las mujeres cuando estaban en casa y no tenían visitas. No podemos asegurar que todas las jóvenes de la época llevaran el pelo justo de esa manera».

Nadia Stacey añade: «Normalmente, cuando vemos películas de época, las mujeres siempre van arregladas, pero en este caso sentíamos que gran parte de la historia transcurría entre ellas, cuando estaban en casa. ¿Cómo iban a llevar el pelo arreglado mientras se comían su tostada por la mañana? Creo que este enfoque añade realismo a la historia y permite ver a estos personajes como mujeres reales. Nos gustó que eso imprimiera a la familia Dashwood un carácter diferente al resto de personajes; además, nos dio más juego y nos permitió ser más acordes a la época con Fanny, por ejemplo. Puedes mostrar la época en la que está ambientado todo con personajes más tradicionales y eso nos daba manga ancha para que la cosa fuera más relajada y real con las Dashwood».

De un modo similar, el maquillaje se diseñó para realzar la piel y las texturas reales, más que algo demasiado sofisticado y pulido. «El maquillaje lo diseñamos para que pareciesen toques naturales de color del entorno», dice Stacey. «Este tipo de maquillaje siempre tiene muchos trucos. Teñir cejas y pestañas para no tener que usar máscara o productos similares, usar tintes para la piel en lugar de bases, coloretes sutiles... Es una estética que me gusta en todo caso, pero más aún para películas de época. No me gusta que el maquillaje sea muy visible, a menos que su función sea precisamente causar impacto».


Sobre la banda sonora
Para diferenciar aún más su adaptación de la novela Sentido y sensibilidad de los dramas de época tradicionales, Oakley quiso colaborar con un compositor que nunca hubiera trabajado antes en una película de este tipo. Su búsqueda del colaborador ideal la llevó a Roger Goula, cuyos créditos incluyen el documental nominad al Oscar® All That Breathes. «Me pareció que tenía una capacidad increíble para crear bandas sonoras preciosas y profundas en las que un único elemento flotaba sobre el resto», nos cuenta Oakley. «Quería evitar cualquier cosa que pudiera parecer un muro de sonido genérico».

Goula comenzó explorando la música de la época en la que está ambientada la película, que resultó ser un momento en el que Haydn estaba en lo más alto y Beethoven empezaba a publicar sus primeras obras. «El romanticismo estaba al acecho, y el piano forte estaba en boga y comenzaba a ser accesible para la burguesía», dice Goula. «Pensé que la banda sonora debía ser una pieza híbrida postclásica que posiblemente incorporase paisajes sonoros ambientales creados por samples de instrumentos acústicos, técnicas orquestales extendidas y sintetizadores analógicos». Se trata de un enfoque que Goula emplea en sus propias grabaciones, como por ejemplo en su obra Ecosystems, de reciente lanzamiento.

Con el objetivo en mente de crear una banda sonora que desprendiese un carácter claramente cinematográfico, Goula halló su principal inspiración en la naturaleza y en la relación entre Elinor y Marianne. También pasó tiempo en el set presenciando los primeros días de rodaje para asegurarse de que sus composiciones reflejaran el estado anímico de las escenas que se grababan.

«El trabajo de cámara fue muy inspirador, al igual que las actuaciones, y comencé a componer música dejándome llevar por la película reflejada en el guion», dice Goula. «Muchas de estas piezas, como Leaving Norland, Sad Girl o Run to Edward, salen de las primeras escenas. Siempre me resulta útil tener tiempo para componer a partir de la película, tras empaparme de las sensaciones del guion y dejando que la intuición fluya en el proceso. Paso mucho tiempo al piano, experimentando y centrándome en el núcleo de lo que será la banda sonora».

El piano es un elemento importante de la banda sonora, que también da protagonismo a la cuerda, sobre todo a los solos de violín, como parte de la paleta acústica. «Sentí que las cuerdas ofrecían una opción adecuada para representar los sentimientos de la película y permitían un desarrollo acorde al arco dramático», dice Goula. «La orquesta de cuerda, interpretada por la London Chamber Orchestra, era también un elemento clave a la hora de crear esos momentos cinematográficos exuberantes de la banda sonora, evocando la maravillosa Inglaterra rural. El piano fluye entre las cuerdas y los solistas, ejerciendo de una especie de pegamento que da cohesión a los paisajes más panorámicos y los elementos íntimos de la película».

Aunque decidió no componer temas convencionales para las dos hermanas, Goula sí que quiso identificar un instrumento con cada una de ellas: el solo de violín para Elinor, interpretado por el artista germano-británico Max Bailey; la voz para Marianne, interpretada por la soprano británico-francesa Héloïse Werner. «[Los momentos vocales] son más libres en cuanto a forma, menos rígidos en cuanto a estructura, representando la faceta de la “sensibilidad”», dice Goula. «Cuando escuchamos el solo de violín, la música es más estricta respecto a la forma y más estructurada, representando la faceta del “sentido”. Pero el rol de sensible y el de sensata van cambiando a lo largo de la película, de modo que estos dos elementos se cruzan en muchos momentos. Siempre hay un diálogo entre el violín y la voz».

Los arreglos musicales que escuchamos durante el evento rural y el Baile de Londres se compusieron antes del rodaje y se interpretaron durante la propia grabación. Para la fiesta de baile informal, Goula creó música ligeramente más contemporánea, con progresiones de acordes que no se ajustaban necesariamente a la época, todo ello con la mera intención de crear el ambiente adecuado para la escena. En contraste, los arreglos para el Baile de Londres fueron estrictamente tradicionales y en línea con lo que se hubiera escuchado en una velada de esas características en la época.

Con sus intrincados y bellos temas y sus suntuosos acordes, la banda sonora de Goula de SENTIDO Y SENSIBILIDAD es una obra realmente intemporal, como la propia novela de Austen. «Estoy fascinada por lo que ha conseguido hacer», confiesa Oakley. «Creo que es una preciosidad musicalmente hablando y me parece una obra única para una película de este tipo, con una gran carga de cuerda. Conecta realmente con las emociones de los personajes».