Seleccionada en festivales como Toronto, Tallinn Black Nights, Santa Barbara, D'A Film Festival y Atlàntida Film Fest, la película sigue a una joven saharaui deportada desde España que se ve obligada a regresar a un lugar al que ya no siente pertenecer.
Ópera prima de la directora japonesa-estadounidense Eimi Imanishi. La película, una coproducción entre Estados Unidos, España y Francia, está protagonizada por Nadhira Mohamed.
La directora Eimi Imanishi conoció de cerca el Sáhara Occidental a través de su relación con una familia saharaui de los territorios ocupados. A partir de esas experiencias, y de su propia biografía marcada por el desplazamiento entre países, Imanishi construye una película sobre mujeres que viven entre culturas, lenguas y territorios, y sobre la dificultad de reconstruir una identidad cuando el mundo que te rodea te devuelve siempre la imagen de una extranjera.
En palabras de la directora, la película nace de una pregunta profundamente personal: "¿A dónde pertenezco si no soy originaria de ningún lugar?". Esa búsqueda atraviesa el personaje de Mariam, una protagonista valiente, contradictoria e iracunda que lucha por tomar el control de su destino en un entorno que parece negarle cualquier salida.
El papel protagonista recae en Nadhira Mohamed, actriz saharaui que creció en los campamentos de refugiados de Tinduf, Argelia, y cuya trayectoria personal y profesional ha estado marcada por la movilidad forzada, las identidades en tránsito y los derechos humanos. Actualmente trabaja en la Cruz Roja Española. Sombra nómada es su segunda película como protagonista tras Wilaya, de Pedro Pérez Rosado, estrenada en la Berlinale.
Sombra nómada es también una apuesta formal por un cine sensorial y atmosférico. La cámara sigue de cerca el nerviosismo y la urgencia de Mariam, mientras los paisajes del Sáhara Occidental funcionan como un personaje más: un espacio de belleza, memoria y conflicto al que la protagonista regresa sin poder reconocerse del todo en él.
Notas de la directora
La historia en el centro de Sombra Nómada es muy cercan a mi corazón. Estuve casada con un saharaui de los Territorios Ocupados del Sáhara Occidental, y fue a través de él, su familia y sus amigos que aprendí sobre la gente y la cultura de esta región única y remota del mundo. La película es una recopilación de las historias que reuní y viví en el Sáhara Occidental durante la última década, y refleja mi propia experiencia nómada al crecer en diferentes países como estadounidense de origen japonés; siempre como una forastera.
La película sigue a Mariam, una joven saharaui que es deportada de España y debe regresar a su hogar en el Sáhara Occidental por primera vez en años. Al igual que Mia en Fish Tank de Andrea Arnold, o Mona en Vagabond de Agnès Varda, Mariam es valiente, ambiciosa, iracunda y autodestructiva: son jóvenes que luchan por tomar el control de su propio destino en un mundo que no se lo permite.
Desesperada por regresar a su vida en España, Mariam actúa de manera egoísta e inflexible, lo que la lleva a tomar malas decisiones sin importar las repercusiones para su familia o sus seres queridos. El sentido de urgencia de Mariam marca el ritmo de la película. La directora de fotografía Frida Marzouk y yo decidimos usar principalmente la cámara en mano para transmitir la energía nerviosa - atrapada en su mundo con ella, viendo el mundo como ella lo ve - una extranjera alienada por un mundo que la rechaza.
El mundo al que Mariam regresa —la ciudad de El Aaiún y el extenso desierto que la rodea— es otro personaje de la película. Estos paisajes anclan al espectador, ofreciendo estabilidad y continuidad, y como tales, son los únicos sujetos capturados con una cámara estática. Revelan una ventana al mundo al que Mariam regresa, reflejando al mismo tiempo su estado mental.
Otro elemento que contrasta con el estilo general de la película son las secuencias oníricas, estas escenas actúan como contrapuntos y ofrecen atisbos del universo emocional interior de Mariam. La dinámica familiar de Mariam es uno de los núcleos emocionales de la película, y abordamos su humor y sus resentimientos con una perspectiva naturalista para sumergir al espectador en este mundo desconocido y acercarlo a una realidad emocional con la que puda identificarse y empatizar. Aunque cada cultura es única, con sus costumbres e idiosincrasias, creo que el alcance de las experiencias y emociones humanas es universal, y quería que los espectadores se reconocieran en el pueblo saharaui que retrato.
Para crear esa conexión emocional, necesitaba un elenco en el que el público pudiera creer y confiar. Esto fue un desafío porque muy pocos saharauis tienen oportunidades reales de actuación y la mayoría de las familias saharauis ven la participación de sus hijas (o madres) en el cine como una blasfemia. A pesar de estos obstáculos, el proyecto encontró a su maravillosa actriz principal, Nadhira Mohamed. Nadhira y yo hemos vivido en lugares que nos han hecho sentir como forasteras, así que conectamos de inmediato. Ella ha dejado los campos de refugiados en Argelia con su familia y se ha mudado a España durante su adolescencia. De manera similar, mi familia se ha mudado de los Estados Unidos a Japón, luego a Singapur y a Francia. Nadhira se asimiló a la cultura española más de lo que su familia podía tolerar, pero se sintió rechazada por los españoles, y a mí siempre me señalaron como japonesa en contextos más occidentales, pero nunca fui aceptada como completamente japonesa en Japón. Ambas nos vimos reflejadas en Mariam. Con el papel de Mariam firmemente anclado en Nadhira, elegí a los actores secundarios que mejor la complementarían o contrastarían con ella. Trabajamos todos juntos para adaptar los diálogos del guion y profundizar en la cultura saharaui, buscando maneras de conectar sus experiencias con las de los personajes que interpretaban. Este proceso permitió a los actores apropiarde de sus personajes y dió realismo a sus interpretaciones.
Elegimos rodar mayoritariamente en Argelia, en lugar de Marruecos, porque el contenido de nuestra película generaría sospechas y, probablemente, cancelarían la producción. La censura marroquí es absoluta en lo que respecta al Sáhara Occidental y no queríamos arriesgarnos a perderlo todo. El rodaje en sí fue un torbellino. Todo lo que podía salir mal, salió mal.
El primer día de rodaje, la policía argelina encubierta nos vio izar una bandera marroquí en las calles como parte de la decoración del set y nos impidió rodar a pesar de tener permisos. Funcionarios del gobierno se presentaron para interrogarnos y causaron tal revuelo en la comunidad que perdimos nuestra localización de rodaje para el día siguiente. Ese primer día, todos comprendimos que nos esperaba un viaje lleno de imprevistos, algunos ridículos desde nuestro punto de vista, y nos preparamos para sobrellevarlos. No podría decir si fuimos el equipo más desafortunado de la historia o si realmente tuvimos mucha suerte, porque a pesar de todo logramos grabar imágenes preciosas y que pareciera que se había hecho sin granges esfuerzos.
Unos meses después de nuestro rodaje en España, viajé al Sáhara Occidental para capturar los paisajes autóctonos que no se pueden encontrar en Argelia. Un amigo muy cercano, que ha sido fundamental en este proyecto, nos acompañó como guía y nos ayudó a desviar la atención de la policía marroquí, que nos acosaba constantemente debido a nuestra cámara. Él y yo grabamos sonidos sobre la marcha: vendedores ambulantes en la ciudad de El Aaiún, niños jugando en el barrio, los vientos del desierto, las olas del océano Atlántico, mucho más poderosas y destructivas que las olas del Mediterráneo donde habíamos rodado. Nuestro diseñador de sonido, Jakov Munižaba, los incorporó hábilmente a la película para fundamentar sonoramente la historia en el Sáhara Occidental. La película se volvió más real para mí en el momento en que escuché las texturas de mis propios recuerdos.
La sencilla banda sonora de la película utiliza la voz como instrumento principal. Una decisión que llama la atención sobre el pueblo saharaui, al que se le niega su voz en los medios populares, y también porque su lucha por ser visto y escuchado, por ser aceptado y tener el espacio para simplemente existir, se refleja en la trayectoria de Mariam. La compositora Clara Aguilar y yo trabajamos con Suilma Aali, una cantante saharaui-española que encarna precisamente estas luchas: ni completamente saharaui ni española, usa su voz para identificarse fuera de los estándares de nacionalidad y monoculturalismo. A lo largo de la película, la voz de Suilma se vuelve más abierta, ligera y armoniosa, guiando y apoyando el arco del personaje de Mariam hasta los momentos finales.
En definitiva, Sombra Nómada me permitió explorar todas las preguntas que he tenido desde la infancia hasta la edad adulta: ¿quiénes son mis seres queridos? ¿Cambia eso según el país en el que viva? ¿A dónde pertenezco si no soy originario de ningún lugar? ¿Puedo amarme a mí mismo cuando quienes me rodean me rechazan por ser una forastera? ¿Qué significa sentirse completa?.
La compleja situación saharaui —la mitad de su población exiliada en campos de refugiados en Argelia, la otra mitad bajo la ocupación marroquí y el resto exiliado en Europa— reflejó muchas de estas cuestiones de identidad y pertenencia. En esencia, la historia de Mariam habla de estas tensiones entre el individuo y la tribu, y de la lucha por forjar un sentido de identidad en un panorama en constante cambio.
Sobre Eimi Imanishi
Eimi Imanishi es una directora y guionista japonesa-estadounidense. Su cortometraje Battalion to My Beat ganó el Premio Canal+ al Mejor Cortometraje Internacional en el Festival de Clermont-Ferrand y se proyectó en más de 50 festivales, incluido el Festival Internacional de Cine de Toronto. Su siguiente cortometraje, One-Up, recibió el premio al Mejor Cortometraje en Indie Memphis y fue seleccionado como Vimeo Staff Pick.
Sombra nómada es su primer largometraje y fue desarrollado con el apoyo de Sundance Institute, Film Independent, BFI London Micro Market, La Maison des Scénaristes del Marché du Film de Cannes, ICEC e ICAA.
Sobre Nadhira Mohamed (Mariam)
Nadhira creció en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, Argelia, en la wilaya de Smara. Su trayectoria personal y profesional ha estado marcada por una conexión continua con la movilidad forzada, las identidades en tránsito y los derechos humanos.
Su participación en SOMBRA NÓMADA nace de una profunda empatía con las realidades de las personas desplazadas y afectadas por conflictos de las fronteras. Se incorporó al proyecto porque refleja, desde una perspectiva femenina, el recorrido de muchas personas migrantes y conecta con la vida de personas que ha conocido y con su propia trayectoria profesional. Es una afirmación de su compromiso con una mirada más sensible, social y solidaria hacia estas realidades.
Durante más de una década ha trabajado en el ámbito de los servicios sociales apoyando a personas vulnerables. Actualmente colabora con la Cruz Roja Española, acompañando a personas solicitantes de protección internacional, una labor compleja que desempeña con compromiso y empatía.
Esta es su segunda película como protagonista, Nadhira debutó en Wilaya (2011, Pedro Pérez Rosado), que retrata la vida en los campamentos saharauis y se estrenó en la Berlinale.
Festivales
· Toronto International Film Festival — Centrepiece, Canadá
· Tallinn Black Nights Film Festival, Estonia
· Santa Barbara International Film Festival — Sección Oficial a Competición, Estados Unidos
· Joburg Film Festival, Sudáfrica
· Sofia International Film Festival — Sección Oficial a Competición, Bulgaria
· Minneapolis St. Paul International Film Festival, Estados Unidos
· D’A Film Festival Barcelona, España
· Santiago del Estero Film Festival, Argentina — Premio a Mejor Película
· Annaba Film Festival, Argelia
· Maia International Film Festival, Portugal
· Arab Film Festival / Arab American National Museum, Estados Unidos
· Muestra de Cine y Mujeres de Pamplona, España — Premio a Mejor Película
· Atlàntida Film Fest, España