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  Nuda propiedad  Dirigida por Alberto Utrera
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Vera y Lucas, una pareja de cuarentones frustrados, encuentran un piso enorme a mitad de precio gracias a la nuda propiedad: lo compran ahora, pero el anciano dueño seguirá viviendo allí hasta morir.

Lo que parecía una solución milagrosa pronto se convierte en obsesión cuando Jesús desaparece, reaparece cambiado y deja de comportarse como alguien en sus últimas. Entre sospechas, frustración y un humor negro cada vez más corrosivo, la pareja empieza a contemplar un plan tan absurdo como tentador.


Sinopsis extendida
La promesa
Vera y Lucas llevan más de veinte años juntos. Se conocieron cuando todo parecía sencillo y todavía creían que el esfuerzo era suficiente para construir una vida. Hoy rondan los cuarenta. Ella trabaja en Correos; él es profesor de matemáticas. Nunca han dejado de quererse, pero la rutina, la precariedad y la sensación de vivir siempre en pausa han ido desgastando una relación que sobrevive gracias a pequeñas complicidades y a un sueño compartido: tener, por fin, un hogar propio donde empezar la vida que siempre han ido posponiendo. Después de años ahorrando, renunciando a viajes, hijos y proyectos personales, una inmobiliaria les ofrece la oportunidad perfecta: un piso amplio, luminoso y a un precio imposible. El motivo es sencillo. Se trata de una NUDA PROPIEDAD. El dueño, Jesús, un anciano gravemente enfermo, necesita liquidez para afrontar el final de su vida, pero seguirá viviendo en la vivienda hasta su fallecimiento.

Vera y Lucas sienten que la suerte, por primera vez, está de su lado. Imaginan cómo será decorar cada habitación, hablan de la terraza donde desayunarán los domingos y vuelven a mirarse con la ilusión de quienes creen haber recuperado el control sobre su futuro. La casa deja de ser un inmueble para convertirse en el símbolo de todo lo que aún pueden llegar a ser juntos. Pero la espera empieza a hacerse eterna. Cada visita al edificio, cada ventana que permanece iluminada y cada vez que Jesús sale a comprar se convierten en un recordatorio de que su felicidad depende de que otra persona deje de existir. Sin darse cuenta, comienzan a vigilar su rutina. Cronometran cuánto tarda en subir las escaleras, analizan su estado de salud y convierten cada conversación en una nueva hipótesis sobre cuánto tiempo puede quedarle de vida.

La línea
La obsesión se instala lentamente entre ellos. Allí donde antes había planes de futuro aparecen discusiones, reproches y silencios. La casa deja de unirlos para empezar a separarlos. Lo que comenzó como un proyecto de amor termina convirtiéndose en una prisión mental de la que ninguno sabe escapar. Entonces Jesús desaparece. Durante unos días creen que todo ha terminado. Sin embargo, el anciano reaparece como si nada hubiera ocurrido, aunque profundamente cambiado. Su comportamiento resulta extraño, impredecible y desconcertante.

A medida que intentan averiguar qué está ocurriendo, Vera y Lucas descubren que alrededor de Jesús existe una realidad mucho más compleja de lo que imaginaron. Desesperados por recuperar el futuro que sienten que les pertenece, cruzan una línea moral que jamás pensaron atravesar. Contactan con una empresa especializada en desalojos extrajudiciales y acaban entrando en un mundo donde la violencia, el negocio inmobiliario y la desesperación conviven con absoluta normalidad. Cada decisión que toman para acercarse a la casa los aleja un poco más el uno del otro.


Los personajes
Susana Abaitua como Vera
Todos tenemos un límite en la cantidad de mierda que podemos tragar. Vera ha llegado al suyo.

Una empleada de correos a la que, a sus cuarenta años, le explota una crisis vital en la cara. Y ya no es solo que lleve con Lucas toda una vida, ni que repita cada día el mismo recorrido repartiendo las mismas cartas a los mismos buzones. Lo que va a desatar toda la furia contenida en Vera es que intenten engañarla, haciéndole invertir todos sus ahorros en un piso en el que no va a poder vivir.

Maxi Iglesias es Lucas
Un optimista de manual que deja en manos de la estadística aplicada al póker su propio destino.

Profesor de matemáticas en un colegio concertado. El sueldo, bajo. La dignidad, dilapidada con cada huevo que los niños revientan en su cabeza durante los recreos. Lucas es un optimista de manual que se empeña en mejorar las cosas a través de la estadística… aplicada al póker. Un tío de 44 años que cree sinceramente que puede controlar el azar.

David Lorente es David
Vende arena en el desierto y no le importa cómo, siempre y cuando el resultado merezca la pena.

Enjoyado, con traje negro a medida, corbata de colores y una réplica de Rolex en la muñeca. David Marcos vende arena en el desierto y no le importa lo que tenga que vender ni cómo hacerlo, siempre y cuando el resultado merezca la pena.

Pepe Viyuela es Fernando
El notario con quien preferirías no firmar nada. Poco exigente y siempre dispuesto a hacer la vista gorda.

Fernando Galindo es un notario despreocupado y de prácticas bastante laxas, acostumbrado a moverse con preciosa comodidad en los entresijos legales del mercado inmobiliario. Colaborador de David Marcos, da forma a los contratos con una profesionalidad más bien relajada, bordeando los límites de lo legal.

Paco Churruca es Jesús
La duda no es si va a morir. El dilema es qué hacer con el tiempo que le queda.

Difícil calcular su edad. Fácil saber que es bonachón y que está en sus últimas. Su adicción al tabaco y al brandy no contribuyen a mejorar una tos que sale constantemente desde lo más profundo de su alma. La duda no es si va a morir Jesús eso lo sabe. El dilema es qué hacer con el tiempo que le queda, y para eso, el dinero de los compradores le va a venir muy bien.