Notas del director
La masculinidad y la herencia familiar son el motor de la película. El padre tiene una masculinidad muy arcaica, casi de otra generación, mientras que Lionel presenta una masculinidad mucho más contemporánea. Queríamos mostrar que los malos no son tan malos ni los buenos son tan buenos, y ver cómo, a pesar de esa fachada moderna, Lionel hereda ciertos patrones del padre. La conversación que me gustaría abrir con la película tiene que ver con la masculinidad de mi propia generación, viendo cómo esa fachada de masculinidad contemporánea, que es súper respetuosa, a veces flaquea en momentos de debilidad.
Carlos Saiz (biografía del director)
Carlos Saiz, director murciano afincado entre Madrid y Barcelona.
Su interés por lo periférico, la tensión y sus opuestos, le llevan a explorar realidades cercanas a través de la familia y el territorio. Comienza a experimentar con el lenguaje audiovisual en su adolescencia documentando viajes familiares y ficcionando historias con su grupo de amigos.
En 2017 accede al Máster en Dirección de la Escuela EFTI tras obtener la IV Beca de Cinematografía en Cine Digital. Su proyecto final de máster, La hoguera (2020), se presenta en una treintena de festivales internacionales, entre los que destacan San Sebastián, Clermont-Ferrand, Molodist Kyiv o Ficunam. Un año después explora nuevos registros con el cortometraje de animación Muerte Murciélago (2021) seleccionado en festivales como ZINEBI, Slamdance, Málaga y candidato a los Premios Goya. Su primer largometraje Lionel (2025), con estreno en la Sección Oficial de la 70 edición de Seminci, obtiene premios en laboratorios de desarrollo como Torino Film Lab, Ventana CineMad y MAFIZ. La cinta profundiza en la relación entre un padre y un hijo embarcados en un largo viaje por carretera.
A finales de este mismo año también estrena Los Lucíos (2025), un cortometraje en el contexto de un asentamiento alegal de la costa murciana. Actualmente Saiz desarrolla el largometraje Playing Tinieblas en el que se cuestiona la realidad de su generación. Además prepara nuevos proyectos junto a artistas de otras disciplinas como ya ha hecho en el pasado con figuras como Los Planetas, Carolina Durante, El Mató a un Policía Motorizado o Flamenco Catharsis.
Una conversación con Carlos Saiz
P: Lionel es tu primer largometraje, después de cortos como La hoguera o Muerte Murciélago. ¿Cómo ha sido dar el salto al largo?
R: Todo surgió mientras estudiaba el Máster de cine en Madrid. Teníamos unos ejercicios de guion con Jonás Trueba y, de manera muy natural e instintiva, me basé en mi amigo Lionel. Estaba muy relacionado con él en ese momento, y me di cuenta de que su personalidad era totalmente trasladable al cine. Ahí empezó todo. Justo ese verano (2017-2018), Lionel hizo un viaje con su padre y su hermana para llevarla a vivir a Francia. Fue una locura de viaje, y él me lo contaba todo. Para mí, que estaba en la escuela, era súper estimulante y muy cinematográfico. Tenía otro ejercicio de guion, y al regreso del viaje, fui a casa de su padre y transcribí la historia que me contaron. Esa fue la idea primigenia de la película.
Luego, como proyecto final de máster, tuve la oportunidad de rodar La hoguera, que salió muy bien, y fue una gran prueba de que esta historia podía llevarse al cine. Tras el recorrido de festivales de ese corto, a finales de 2020, me contactó Mario Forniés de Blur. Le enseñé ese el argumento y a partir de ahí arrancó todo. Empezamos a escribir en 2021 con Raúl Liarte, que fue una unión perfecta porque él está muy especializado en la mezcla entre documental y ficción, y al ser de Murcia lo entendía todo muy bien. Después de eso, vino un largo camino de laboratorios, mucho desarrollo de guion y, por fin, conseguir la financiación para levantarla.
P: ¿Qué aprendizajes te llevas de este proceso?
R: El proceso de hacer un largometraje, algo totalmente nuevo para mí, me ha dejado lecciones fundamentales. La primera es la importancia del trabajo en equipo; sin el equipo es imposible. Como mi manera de trabajar es muy en carne viva, desde la herida y desde algo que está sanando mientras se desarrolla la película, hay momentos de mucha inestabilidad o debilidad emocional. En esa intensidad, uno puede precipitarse o saltar a la mínima si percibe un peligro para el proyecto. He aprendido que es crucial respirar dos veces antes de actuar, sobre todo con el equipo. He aprendido a relativizar, a ser más paciente y a darme cuenta de que, realmente, nada es tan dramático como se vive en ese momento.
Ese aprendizaje de la paciencia y la calma me será muy útil para el futuro. También he aprendido a no poner toda mi vida en un solo proyecto. Y, por último, creo que hacer esta película, que ha sido un acto de amor hacia la gente que quiero, me ha enseñado a demostrar ese cariño no solo a través del cine, sino también con el trato humano del día a día y con las palabras.
Ha sido proceso muy bonito y emocional, y estoy muy contento. Ahora toca la parte final, que me ilusiona especialmente: compartir la película con la gente.
P: Trabajas con actores no profesionales que se interpretan a sí mismos. ¿Qué retos y qué hallazgos te dio este método de dirección?
R: En cuanto al reto principal, eso lo tuve clarísimo desde el inicio: si queríamos retratar la esencia de Lionel, de su padre y de su hermana, la familia tenía que sentirse cómoda. ¿Cuál era el problema? Que, para darle ese look de road movie de ficción que buscábamos, los equipos de cámara eran grandes. El reto fue ese: la adaptación. Tuvimos que adaptarnos todos: la familia, que no estaba acostumbrada, y yo mismo, que nunca había rodado con un equipo tan grande.
Para lograrlo, el cortometraje La hoguera fue primordial. Fue una especie de rito de paso: primero grababa con el móvil, luego con una cámara pequeña de la escuela, luego con un equipo reducido de cuatro o cinco personas… Poco a poco, fuimos escalando. Este proceso no solo nos sirvió para adaptarnos a las cámaras, sino que fue clave para ganarme su confianza. Ellos vieron que el proceso era estimulante y divertido, no una agresión a su intimidad. Con el paso del tiempo, y al ver que el corto salió bien, entendieron que el proyecto solo podía traer cosas positivas.
Hay algo que no fue buscado y que me explotó en las manos: la película se convirtió en una especie de terapia para ellos. No es que yo sea terapeuta, pero la cámara y mi figura actuaron como un catalizador para que pudieran relacionarse, enfrentarse a su pasado y a problemas que arrastraban. Por ejemplo, Lionel al principio no era capaz de ver a su padre a solas. Sin embargo, gracias a la excusa de la película, aceptaban tener conversaciones importantes, y muchas veces, por primera vez, delante de la cámara.
Esto fue el gran hallazgo que hizo que todo fuera tan de verdad y tan original, tan 'la primera vez que sucedía'. Fue posible por la confianza que pusieron en mí y, creo, por su necesidad de tener agentes externos como testigos. Esto le quitó todo el dramatismo a la idea de 'me estoy metiendo en sus vidas', porque al final, la experiencia les ha permitido acercarse y encontrarse como familia.
P: El film retrata una relación padre-hijo atravesada por desencuentros, ternura y también humor. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre la crudeza y la delicadeza en la puesta en escena?
R: El equilibrio entre la crudeza y la delicadeza lo encontramos teniendo la realidad como nuestro faro y guía. Desde La hoguera y luego al escribir con Raúl, siempre nos basamos en sus experiencias vividas. Hay muchas escenas que están inspiradas, o incluso calcadas, de cosas que ellos nos contaron o que vivimos con ellos. Por ejemplo, la reconciliación que tienen en el coche… pues esa escena sucedió literalmente durante el rodaje del teaser. Con tanta emoción puesta en esto, siempre hay roces, pero esa reconciliación que tuvimos fue tal cual la escribimos en el guion.
Esta inmersión total en sus vidas nos permitió intuir su manera de ser. Era muy fuerte: yo nunca les enseñaba el guion para mantener la frescura, pero al explicarles brevemente la escena, ellos metían literalmente diálogos que nosotros ya habíamos escrito. Esto demuestra lo mucho que puedes intuir a la gente que conoces y quieres.
Desde ahí, establecimos el tono: un reflejo de la realidad mediterránea o española, donde el humor y el drama se mezclan constantemente. No tuvimos miedo a que esto sucediera porque creíamos que así es la vida. De hecho, mi mayor reto era precisamente compensar bien esa vertiente dramática que tengo. Yo quería evitar una película excesivamente dramática, y creo que esa mezcla de lo crudo con la ternura y el humor, guiada por las dinámicas reales de esta familia, nos permitió encontrar el punto exacto de equilibrio.
P: Has hablado de la masculinidad, de la herencia familiar y de cómo se repiten ciertos patrones entre generaciones. ¿Qué conversación te gustaría abrir con Lionel en torno a estos temas?
R: La masculinidad y la herencia familiar son el motor de la película, porque la propia realidad de Lionel y su padre nos daba un contraste brutal. El padre tiene una masculinidad muy arcaica, casi de otra generación, mientras que Lionel presenta una masculinidad mucho más contemporánea. Nos interesaba mostrar que los malos no son tan malos ni los buenos son tan buenos. Queríamos ver cómo, a pesar de esa fachada moderna, Lionel hereda ciertos patrones del padre. La evolución no es tan abrupta entre generaciones, y nos era crucial mostrar cómo se parecen, sin caer en el estereotipo del 'padre imperfecto' y el 'hijo perfecto'.
La conversación que me gustaría abrir con la película, sobre todo, tiene que ver con la masculinidad de mi propia generación. El punto de vista de la película está en Lionel porque sus preguntas me resuenan. Me interesa ver cómo esa fachada de masculinidad contemporánea, que es súper respetuosa, a veces flaquea en momentos de debilidad. Además, el personaje de Alicia, la hermana, funciona como un contrapunto esencial: ella representa una fuerza e independencia tremenda, una figura emancipada. Mientras los dos hombres están perdidísimos y que se necesitan el uno al otro, ella se pone en una figura, no sé, alfa.
P: La música y el sonido acompañan el viaje físico y emocional de los personajes. ¿Cómo trabajaste la selección musical para que fuera también un relato paralelo?
R: Para nosotros la música fue clave que sirviera como un relato paralelo al viaje emocional. Desde la escritura, yo ya les pedía a los protagonistas listas de Spotify, porque era importantísimo que las canciones formaran parte de sus gustos y de lo que escuchan en el día a día. Partiendo de ahí y salvando las limitaciones económicas, buscamos un buen balance para la selección.
Al inicio del viaje, las primeras canciones pertenecen más al universo del padre, como esa chanson française de Yves Simon. Al tener el punto de vista de Lionel, queríamos que ese viaje hacia lo desconocido (hacia ese mundo más nublado y azul) estuviera acompañado por canciones que no están en su idioma nativo y que él, de alguna manera, no entiende del todo. Luego volvemos a canciones en español, donde la propia letra te cuenta cosas que la película no te dice directamente. Por eso, por ejemplo, insistí en que subtituláramos las canciones: el cancionero evoluciona con el viaje de Lionel. Las marañas que él tiene se van desgranando y, a medida que él entiende el viaje, las letras de las canciones también se vuelven más claras en su discurso.
Premios y reconocimientos
• Premio Mejor Película — Transilvania International Film Festival (TIFF) 2026
• Premio Mejor Película Internacional — Atlàntida Film Festival 2026
• Selección Oficial — SEMINCI, Semana Internacional de Cine de Valladolid
• Torino Film Lab
• Ventana CineMad
• MAFIZ
Elenco artístico
Lionel Corral Bernal, Lionel Corral y Alicia Corral Bernal.