Festival Internacional De Cine De Valladolid 2005.
Soy Cuba: el itinerario de una película maldita
Galardonado con una Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1958 por su largometraje Cuando pasan las cigüeñas, Kalatozov se labró una carrera de lo más ecléctica antes de abordar el tema de la revolución cubana.
Fue el 1961, en el Festival de Cine de Moscú, cuando surgió la idea de realizar una película sobre Cuba. En 1959 Kalatozov se reunió con Alfredo Guevara, director del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), una de las primeras iniciativas culturales del gobierno revolucionario de Fidel Castro. Soy Cuba fue uno de los tres primeros proyectos producidos por la nueva alianza entre el ICAIC y los estudios Mosfilms, en la URSS. Kalatozov confió el guión a dos jóvenes poetas, el ruso Yevgeny Yevtushenko y el escritor-periodista cubano Enrique Pineda Barnet, confirmando así la implicación de los dos países en la elaboración del largometraje.
Lo que se pretendía desarrollar a través de los diferentes episodios del guión era un retrato exhaustivo, algo, sin pretender ser demasiado ambicioso, como los "Rougon-Macquart". Mikhail Kalatozov
El poeta cubano se dirigió a Georgia para reunirse con Kalatozov y el futuro equipo de producción.
Cada día me sentaba delante de mi máquina de escribir y escribía. Leo Eisenstein y Romm cambiaban todo lo que yo proponía. ¡Incluso tenían un plan nuevo para la tercera historia! Debatimos por tanto esta nueva versión. La historia se parecía cada vez más a una crónica. Kalatozov hablaba con frecuencia de complicar la psicología de los personajes. Enrique Pineda Barnet
Yevgeny Yevtushenko es enviado por la Pravda en calidad de poeta, debido al clima de revuelta que reinaba en Cuba en 1961. Pasa allí 6 meses, frecuentando a Fidel Castro, visitando el país y aprendiendo español. Kalatozov decide trabajar de nuevo con el director de fotografía Sergei Urusevsky, lo que marca su tercera colaboración tras Cuando pasan las cigüeñas y La carta que no se envió. En octubre de 1962, Yevtushenko regresa a Cuba, acompañado por Kalatozov y Urusevsky.
La primera vez que visitamos Cuba, todavía no teníamos ninguna idea concreta para el guión. No obstante, teníamos claro que queríamos escribir una historia sobre Cuba. Realizar una película sobre la psicología cubana en un momento en el que los acontecimientos políticos nos parecían tan arriesgados y atrevidos que nosotros, siendo extranjeros, no íbamos a poder plasmar un reflejo justo de la realidad. Sergei Urusevsky.
Mientras tanto, la relación entre Khrouchtchev y Castro se degrada considerablemente. Kalatozov y Urusevsky quedan impresionados por el clima de tensión que reina en La Habana.
Era un gran cambio. Las bailarinas del Tropicana tenían las medias llenas de agujeros y el viento soplaba sobre la plaza vacía del mercado. Las mujeres hacían cola para conseguir cajas de uvas búlgaras y nos miraban con odio gritando: "¡rusos, volved a vuestro país!". Para entonces ya se había decidido hacer una película, pero no sobre la Cuba contemporánea, sino sobre el comienzo de la revolución.
Yevgeny Yevtushenko
El rodaje de Soy Cuba comenzó en enero de 1963 en Baracoa. El equipo técnico estaba formado principalmente de cubanos y rusos.
Por una parte, queríamos sumergirnos en el espíritu del pueblo cubano y, por otra parte, deseábamos integrar en el plató a personas inexpertas, para enseñarles diversas nociones técnicas susceptibles de enriquecer el cine cubano. Mikhail Kalatozov
El compositor Carlos Farinas también se unió al equipo.
Ya habíamos formado a los equipos técnicos. Con la incorporación de los compañeros cubanos, había menos riesgos de cometer errores con respecto al contexto de la revolución cubana y podíamos plasmar mejor el carácter y el espíritu del pueblo cubano. Carlos Farinas
Las condiciones de rodaje fueron particularmente duras: el clima tropical, el bloqueo americano, materiales de mala calidad averiados que había que sustituir. Los miembros del ICAIC enviaron material de urgencia para salvar la producción del desastre. Cuando Kalatozov recibió el material, se dio cuenta de que no estaba adaptado a las condiciones del trópico. A pesar de todo, continuó rodando con los medios a su alcance, arreglando y componiendo para obtener, a pesar de la precariedad de la situación, unos resultados increíbles. Soy Cuba se rodó en español, después se dobló al ruso y más tarde se subtituló en inglés. Prohibida en los cines americanos durante la guerra fría, la película cayó en el olvido durante años y permaneció guardada bajo llave debido a su representación inexacta de la sociedad cubana. En esa época, los cubanos percibían el largometraje como un contrasentido cultural. Un crítico local titulaba su artículo: "¡Yo no soy Cuba!" y sólo centraba su atención en los espectaculares efectos de la grúa telescópica.
30 años más tarde, en 1992, la película fue redescubierta y aclamada en el Festival de Telluride y, en 1993, recibió dos premios en el Festival Internacional de San Francisco. Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, sus descubridores en esa ocasión, unieron sus esfuerzos para la distribución del largometraje en América.
Soy Cuba no ha sido estrenada en Francia.
Mikhail Kalatozov
En 1923, Mikhail Kalatozov comienza su carrera como montador y cámara.
Tras Abrid los ojos (1928), su primer largometraje, rueda Sal para Svanetia (1930), un documental sobre una atrasada región de Rusia, que marcará su primera mirada a los inicios del socialismo.
Si bien la influencia de los grandes directores contemporáneos es evidente en su trabajo, ésta no oculta la originalidad de Kalatozov. En el tema de la grandeza y la servidumbre militar de Un clavo en la bota (1932), descubrimos su fértil imaginación y su gusto por el romanticismo.
Durante varios años, Kalatozov es director de los estudios de Tbilissi, ciudad que en ese momento es uno de los centros de la revolución cultural, donde poetas, pintores y actores impregnados de la cultura occidental innovan apasionadamente.
A continuación se traslada a Leningrado para dirigir Coraje (1939), una historia que exalta las virtudes de los aviadores, y Valéri Tchkalov (1941), retrato del autor de un ataque aéreo intercontinental. En 1943 dirige junto a Guerassimov Los invencibles, un homenaje a los defensores de Leningrado.
En 1950, dirige El complot de los condenados, un himno a la victoria de las fuerzas progresistas en las democracias populares. Con Tres hombres sobre una balsa (1954) cambia drásticamente de registro, abordando el género de la comedia ligera. Volverá a tratar temas más serios en El primer convoy (1956), sobre el arrasamiento de las tierras vírgenes, y Los torbellinos hostiles (1956), sobre Felix Dzejinski, figura de la Tcheka.
En 1958, obtiene la Palma de Oro en Cannes con Cuando pasan las cigüeñas, recuperando el resplandeciente romanticismo de Sal para Svanetia. Esa película es el mayor testimonio del renacer soviético y sitúa las peripecias de un amor desgraciado sobre el fondo de la guerra.
El largometraje descubre asimismo a dos actores de primera fila, Tatiana Samoilova y Aleksei Balatov, así como a un brillante cámara, Sergei Urusevski, cuyo genio va a marcar con sus proezas formalistas las siguientes películas de Kalatozov: La carta que no se envió (1960) y Soy Cuba (1964). Posteriormente, Kalatozov recuperará un estilo mucho más académico en La tienda roja (1971), que narra la desafortunada expedición del general Nobile al Polo Norte en 1928.
Muere en Moscú en 1973 tras una larga enfermedad.
Ficha artística
Luz María Collazo - María / Betty
José Gallardo - Pedro
Raúl García Enrique
Sergio Corrieri - Alberto
Jean Bouise - Jim
Celia Rodríguez - Gloria
Roberto García York - Activista americano
Luisa Maeia Jiménez - Teresa
Mario González Broche - Pablo
Voz en off de Raquel Revuelta