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  La isla de hierro  (Jazireh ahani)
  Dirigida por Mohammad Rasoulof
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Equipo artístico
Ali Nasirian - Capitán Nemat
Hossein Farzi-Zadeh - Ahmad
Neda Pakdaman - Chica
Abdolkarim Ghani-Koovei
Aref Zakeri

Lo que dice la crítica
Un cuento kafkiano rodado al estilo de comedia realista, una pequeña joya.
(TélécinéObs - Gilles Verdiani)

Llena de vida y de picaresca. Vigorosa puesta en escena. Una de las películas iraníes más importantes del año.
(L'Humanité - Jean Roy)

Precarias instalaciones llenas de lirismo. Una extraña arca de Noé donde la vida es a la vez lúdica y feroz.
(Le Figaroscope - Françoise Maupin)

La poesía y las asociaciones de ideas permiten que el espectador penetre en esta película inteligente, divertida, conmovedora, que no sólo se refiere al pueblo iraní, sino que dibuja un retrato mordaz de las sociedades que ahogan a los marginados y a los rebeldes.
(Mcinéma.com - Aurélien Allin)

Una película que sabe subrayar la parte lúdica de una vida nómada y a la vez sedentaria, y que ofrece a quien se deje llevar, una imaginería de gran belleza.
(Ciné Live - Emmanuel Cirodde)

Dos opiniones
LA ISLA DE HIERRO es un relato con mucho ritmo acerca de un grupo de personas carentes de recursos que han convertido un petrolero abandonado en su hogar, una fábula llena de personajes inesperados y grandes momentos de humor. No cuesta mucho darse cuenta de que la segunda película del realizador Mohammad Rasoulof (Gagooman/El crepúsculo) es una irónica alegoría del Irán actual.

Encarnado por Ali Nasirian, el viejo capitán Nemat (quizá un primo lejano del capitán Nemo de Julio Verne), con turbante y túnica blanca, lleva el barco con mano de hierro. Este dictador benévolo es una especie de padre para las numerosas familias indigentes que viven a bordo del atestado petrolero anclado a varios cientos de metros de la orilla.

No para de ir y venir para llevar las "cuentas" y para vender todo lo que puede, desde medicamentos a llamadas telefónicas desde un móvil. Como casamentero, se entromete en la vida íntima de sus inquilinos. Los tiene trabajando todo el día mientras desguazan el barco y lo venden trozo a trozo como chatarra. El hecho de que el dueño del barco y las autoridades le hayan ordenado evacuar el petrolero no representa un problema para él; simplemente se niega a hacerlo.

Atrapados por las ilusiones que él crea, todos le obedecen ciegamente, excepto el joven Ahmad (Hossein Farzi-Zadeh), su asistente, enamorado de una residente en el barco. La chica (Neda Pakdaman) por la que se muere Ahmad es propiedad de su padre, que no tiene la menor intención de venderla barata. El único contacto con su amada, que como todas las demás mujeres a bordo esconde su cara detrás de un siniestro velo negro, es un tierno intercambio nocturno de objetos personales por las portillas.

Otro maravilloso personaje es el angelical Niño Pez, que se pasa la vida en las anegadas entrañas del barco con una pequeña red, atrapando los pececillos que se cuelan por los agujeros para devolverlos al mar.

El barco es autosuficiente. Un maestro da clase a los niños. Usa tizas hechas a partir de una pasta blanca que se vierte y se deja secar en cartuchos vacíos. (Espera a que el capitán no le oiga para dejar caer unas cuantas verdades, como el hecho de que el petrolero se está hundiendo). Los entierros, las bodas y los nacimientos tienen lugar a bordo. Se izan burros mediante una polea para que ayuden a sacar el crudo de los depósitos. Los barriles a medio llenar, empujados por una escuadra de trabajadores infantiles a las órdenes de Nemat, flotan hasta la orilla donde esperan los camiones.

Cabe preguntarse adónde irá a parar todo esto, pero Mohammad Rasoulof se saca de la chistera un final desastroso y satisfactorio, apenas endulzado por la auto-liberación de un solo personaje.

Ali Nasirian, uno de los actores más importantes de Irán, borda el retrato del malicioso capitán. Hossein Farsi-Zadeh, en el papel de Ahmad, sabe incorporar tropos de un actor no profesional a una interpretación muy comedida. Mohammad Rasoulof prefiere mantener a la muchedumbre compacta y anónima sin dejar de enfatizar su humanidad mediante un interés casi documental por sus caras.

El montador Bahram Dehghan merece un fuerte aplauso por imprimir un ritmo rápido que nunca aburre. También es muy buena la fotografía de Reza Jalali, que ha sabido alternar la fuerte luz del Golfo con la oscuridad de los interiores. La muy dosificada partitura de Mohammad-Reza Aligholi es un exótico susurro oriental.


Un viejo petrolero anclado en el golfo Pérsico da cobijo a cientos de personas sin recursos. El barco se ha convertido en hogar, escuela, mezquita y lugar de trabajo. Los que han nacido y crecido en la oxidada carcasa no conocen otro mundo. Hombres, mujeres, niños y cabras están a las órdenes del capitán Nemat. Él organiza los matrimonios, el trabajo, rellena y firma los documentos y decide los castigos. Cuando unos funcionarios llegan para intentar condenar el barco al desguace, ¿qué hará con ellos, ahogarlos o dejarlos nadar hasta la orilla?

La isla de hierro es el segundo largometraje del director Mohammad Rasoulof. Cuenta una historia de penalidades y explotación. Al contrario de las luchas grises y tristes que suele revelar el cine iraní, esta película es una experiencia visual asombrosa; las doradas puestas de sol y el mar azulado contrastan fuertemente con los tonos marrones del petrolero abandonado y sus empobrecidos habitantes. Algunas escenas, rodadas a cámara lenta, son absolutamente maravillosas.
Ali Nasirian está estupendo en el papel del enigmático capitán Nemat; oscila desde el amistoso paternalismo, al castigo más despiadado, pasando por la astuta manipulación. Su interpretación nunca deja claro adónde se dirige. ¿Engaña a los habitantes del barco o se engaña a sí mismo? Cualquiera de las dos opciones es perfectamente creíble. El resto del reparto casi desaparece detrás de su brillantez, pero encaja perfectamente en la trama.

Apenas hay violencia en la película, pero la guerra está por todas partes. Los niños preguntan al maestro: "¿Quién es el enemigo?" ¿Es Nemat un dictador benévolo que ayuda a los habitantes del barco porque son sus semiesclavos y a los que manda meterse en las entrañas del barco a buscar la última gota de crudo? ¿O de verdad se preocupa por ellos? La película deja que el espectador saque sus propias conclusiones.

Mohammad Rasoulof ha sabido crear un mundo fascinante en un barco que alberga a una comunidad con un futuro incierto.


Comentarios del director
Me inspiré en una obra de teatro que escribí hace diez años. La trama de la historia es imaginaria y, por lo tanto, simbólica, pero quería que el desarrollo fuera realista. No quería que la metáfora ahogará la verdad de las situaciones. Creo que la observación de una comunidad controlada por un jefe es un tema universal. Vuelve a surgir la sumisión, la traición, las grandes esperanzas y las tremendas desilusiones.

Una reflexión acerca de la libertad individual en el seno de una comunidad
Puede parecer exagerado ya que el grupo se somete al que manda. Pero cada individuo tiene la posibilidad de encontrar una escapatoria. Cualquier comunicación debe pasar por el jefe. Sólo da lo que él considera adecuado. La comunidad se encuentra aislada, aumentando así la sed de comunicación. Cualquier posibilidad de evasión es importante y la llegada del móvil es una salida.

Cuando el maestro da clase a los niños, les hace tomar conciencia indirectamente de la situación: "Estamos en un barco en el mar y el mar está en el mundo, por lo tanto somos parte del mundo". A través del pensamiento, pueden concebir y desear la libertad.