Memoria (Notas del director)
"El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquéllas que permiten la maldad" - Albert Einstein
Durante un viaje a Lima en diciembre de 2003 asistí a la exposición fotográfica Yuyanapaq. Se trataba de plasmar fotográficamente un ejercicio de memoria reciente: el del conflicto armado interno del Perú. Como la misma exposición reflejaba en su presentación, el Perú, al constituir una Comisión de la Verdad y la Reconciliación, había tomado partido por la memoria.
El recorrido por las salas de la exposición corroboraba lo que los indios yaguá, de la Amazonía, transmiten acerca de su cultura. Para ellos, el saber es aprehendido sólo por la visión; para conocer las cosas, hay que verlas. Y yo comencé a saber a través de las imágenes que colgaban de las paredes, imágenes que eran el anclaje para el desarrollo del recuerdo. No fue difícil imaginar las historias que había detrás de cada fotografía. Fueron el vehículo que provocó mi regreso casi un año más tarde con el firme propósito de realizar las localizaciones de un proyecto de documental sobre la historia del conflicto armado del Perú.
El caso peruano no dista en demasiadas categorías de los devastadores casos de violencia política a la que se nos van acostumbrando los oídos y las conciencias en los últimos tiempos. Es espeluznante leer cómo las diferencias culturales que se extienden como la sarna por Europa y por el mundo provocan enfrentamientos sociales con facturas que se contabilizan en miles de muertos y desplazados.
Sería inútil extenderse sobre un tema que parece que adelgaza según se lo nombra precisamente por lo reiterativo del hecho.
La geopolítica de la violencia ha marcado a Perú como uno de los países en los que la violencia política se ha cebado con más saña y, por supuesto, sobre los de siempre, sobre los más pobres, los excluidos.
Tras más de dos años de trabajo, la Comisión por la Verdad y la Reconciliación creada durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua en junio de 2001 ha abierto la caja de Pandora con sus conclusiones.
El deterioro institucional y político en el que se sumergió el país tras los anteriores regímenes (especialmente durante el mandato de Fujimori) propició la creación de una comisión que recuperara esa pérdida de orden institucional en un país completamente desinstitucionalizado, con el mandato de esclarecer el proceso, los hechos y responsabilidades de la violencia terrorista y de la violación de los derechos humanos producidos desde mayo de 1980 hasta noviembre de 2000, imputables tanto a las organizaciones terroristas como a los agentes del Estado, así como proponer iniciativas destinadas a afirmar la paz y la concordia entre los peruanos.
El trabajo ha sido sufragado casi en su totalidad por la comunidad internacional que tras las conclusiones ha elogiado el terrible esfuerzo que los comisionados han realizado en el desempeño de su labor, esfuerzo que puede comprenderse perfectamente cuando nos apercibimos de que un importante número de congresistas y miembros de las Fuerzas Armadas ha criticado áspera y duramente el informe llegando a plantear denuncias contra Sofía Macher, una de las comisionadas, por el hecho de haber calificado al PCPSL (Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso) de partido político y al presidente de la comisión Salomón Lerner por falsedad genérica en fotos y textos incluidos en la exposición que con motivo de la entrega del informe organizó la CVR.
Ya antes de la publicación del informe se produjeron campañas mediáticas de desacreditación de miembros de la comisión planteándose su propia disolución o el secretismo de las conclusiones que se alcanzaran.
Los medios de comunicación peruanos, sorprendentemente no han mostrado un interés especial en dicho proceso que, por otro lado, se supone básico y fundamental para la higiene histórica de un país tremendamente necesitado de transfusiones de tolerancia interna y convivencia democrática.
La revelación al país de la historia de miles de violaciones de los derechos humanos ocurridas desde 1980 hasta nuestros días no debería concluir con una exposición fotográfica y la voluntad de una reconciliación de saldo.
Así, tras comprobar que la realidad de la sociedad española está lejos de conocer la tragedia de un pueblo tan lejano geográficamente pero tan cercano históricamente, surgió la idea de profundizar en la historiografía de un conflicto armado que tiene pocos referentes en Latinoamérica por lo que concierne a la praxis de esa violencia.
El carácter polpotiano, similar a las macabras actuaciones de los Jemeres Rojos de la época de Pol Pot en Camboya, de la violencia desatada en el Perú, hace que nos preguntemos qué grado de información posee la comunidad política internacional sobre los modos de actuación del sistema imperante.
Durante el Congreso de la Internacional Socialista en Lima en 1986 bajo el mandato del presidente Alan García, a escasos kilómetros del lugar donde se desarrollaba el congreso, las fuerzas armadas peruanas ponían fin a un motín en el penal de El Frontón en Lurigancho bombardeando desde tierra y mar el penal y exterminando a la población reclusa.
Fue el comienzo de una guerra interna que arrancó a comienzos de la década de los 80 con las primeras acciones armadas de Sendero Luminoso y el MRTA y que aún hoy no encuentra salida, si bien la captura de Abimael Guzmán durante el gobierno de Alberto Fujimori distrajo la atención maquillando una corrupción institucional que se saldó con más de 70.000 muertos y desaparecidos en dos décadas de democracia.
En ningún lugar del planeta se ha generado tal grado de violencia institucional en gobiernos democráticos.
El proyecto de documental que presentamos pretende dar voz a todos los sectores implicados en el conflicto. Víctimas y verdugos, congresistas de derecha e izquierda del Congreso peruano, iglesia activa e iglesia ciega durante el conflicto, ministros, jueces y clase política que dan bandazos en un país asolado por la exclusión y la desigualdad social.
Imágenes de archivo de la TV peruana y agencias internacionales, dramatizaciones a modo de falso documental, el material plástico sobre la violencia de un importante artista peruano reconocido internacionalmente y un coro de voces implicadas directamente en el conflicto tratarán de ilustrar un documental sobre hechos y efectos de una guerra interna que afectó sobre todo a los excluidos, en una sociedad en la que hasta 1979 los analfabetos no tenían derecho a voto y la población analfabeta alcanzaba el 80% de la población total del Perú. Paradójicamente hoy el voto es obligatorio y la alfabetización ronda niveles similares a los años 80 del pasado siglo.
Es importante desde el punto de vista del documentalismo desarrollar un dibujo narrativo que nos ayude a comprender hechos de este peso específico. Y, si no a comprender, sí a conocer y a reconocernos en nuestras propias actitudes frente a lo dramático en que se pueden convertir las circunstancias que llevan al ser humano a comportarse de esta forma.