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Omar Sharif

Omar Sharif, nacido en Alejandría, ha trabajado con los directores más importantes como Fred Zinneman, Anthony Mann, William Wyler, Sidney Lumet, Francesco Rosi, encarnando la belleza exótica, la ferocidad, la valentía y el romanticismo en las dos películas de David Lean que le consagraron: Lawrence de Arabia (un Globo de Oro y una nominación al Oscar) y Doctor Zhivago (nominación al Globo de Oro).

Llega al cine gracias a su madre, que quiso que estudiara en una universidad británica donde aprendió el idioma, y gracias al importante director egipcio Youssef Chahine, con quien debutó en 1953. Siendo ya una estrella en su país, la fama internacional le llegó con papeles de época (fue el Che Guervara en Che!, Genghis Khan en la película del mismo nombre, el archiduque Rodolfo en Mayerling, el príncipe Feodor en Pedro el Grande), papeles románticos (La semilla del tamarindo, Funny Girl) y de aventuras (El último valle, Hielo verde, La fabulosa aventura de Marco Polo, Ashanti).

En 2003 Omar Sharif regresó a las pantallas tras un largo silencio para interpretar al tendero árabe que se hace amigo de un niño judío en una película aparentemente modesta, El señor Ibrahim y las flores del Corán. Una elección valiente, para llevar un mensaje de paz entre hebreos y árabes en un momento político-histórico difícil. Por su interpretación recibió dos premios en el Festival de Venecia: el premio del público y el León de oro por los logros de toda su carrera, además del César en Francia.

En este momento de renacimiento artístico, Omar Sharif respondió de forma entusiasta a la lectura del guión de ¡Disparadme!, por la que decidió por primera vez en su vida doblarse a sí mismo en italiano. Por su interpretación en ¡Disparadme!, Omar Sharif recibió el premio del Cine por el Diálogo Intercultural en el Festival de Venecia por “el sentimiento y la razón de la película, interpretada por Omar Sharif, cuyo personaje responde con tolerancia y bondad del alma a toda clase de violencia, abusos de poder y obscurantismo. Por una parte el poder aparentemente endeble de la bondad, y por otra la brutalidad de todo tipo de fuerzas”.