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Después de Kim cartel reducidoDespués de KimDirigida por Ángeles González Sinde
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Memoria de dirección (por Ángeles González Sinde)
La historia nace cuando un día en mi casa de Altea, leo en un periódico local la noticia de una joven extranjera hallada muerta con signos de violencia en el jardincito de su casa de un pueblo del interior. Me pregunté cómo sería para su familia recibir esta noticia a miles de kilómetros, sumergidos en otra rutina despedazada por una llamada de teléfono.

Mi hermano había fallecido recientemente en un accidente de tráfico y estaba sensibilizada con la pérdida de alguien joven lleno de un potencial que no llegará a culminarse. ¿Qué sabía yo de mi hermano más allá de lo convencional? ¿Por qué no le conocí mejor? Estas preguntas taladraban mi cabeza.

Para comprender mis propios sentimientos, me servía bien este caso: un fallecimiento inesperado ocurrido muy lejos, en un entorno que quizás los padres y hermanos no habían visitado nunca. Imaginé el viaje de esos padres y lo mezclé con otra pregunta que me rondaba la cabeza: ¿Somos algo de los padres o madres de nuestros hijos si nos hemos separado y hemos dejado de vernos? ¿Queda algo de aquella cercanía? ¿Hay un poso del que tirar? ¿Seguimos siendo familia, aunque sea de otra forma?.

Responder a esas preguntas exigía la luz del Mediterráneo y unos espacios que conozco bien porque desde hace treina años mi familia está radicada en Altea, hoy tengo mi propia vivienda donde resido la mitad del año. Los lugares que retrato en la novela primero y en el guion después, están marcados por el trasiego de personas de todos los orígenes, edades y condiciones en un pacto de convivencia sui generis que desmiente las estructuras férreas de la vida en Londres, Madrid, Estocolmo, Copenhague, Bruselas, Oslo, Burdeos, Amsterdam… Esta excepcionalidad permite esconderse, camuflarse y empezar de cero lejos de la identidad que teníamos en nuestro país de origen ante familiares, compañeros de trabajo y amigos. Se diría que en Benidorm nada sorprende, porque es una ciudad que se reinventa cada semana y que no puede permitirse el lujo de perder el ritmo de su cara más festiva, acogedora, despreocupada.

Ese lado festivo no es el más apropiado ni el que más facilita a los personajes protagonistas vivir su duelo. No han estado nunca en Benidorm, es un ambiente que les resulta cultural y socialmente marciano. Enfadados con Kim por su conflictividad y el modo en que los rechazó antes de irse, ni Juan ni Gloria (que supuestamente tenía mejor relación con ella) se han interesado en los últimos años por las andanzas de esta hija que, como tantos argentinos jóvenes, se vino a España en busca de un porvenir mejor. Daban por hecho que habría tiempo de recuperar la relación, pero la muerte se ha interpuesto.

La película habla también de segundas oportunidades a una edad madura en que por una parte pensamos que está todo hecho, pero por otra nos queda mucho por vivir. Quiero hablar de cómo las personas nos reconstruimos tras las pérdidas, pero también de una sociedad, la española, receptora de inmigrantes de todas las latitudes y todas las circunstancias.

Sobre este entramado, como en mis otras películas, el motor de la historia son los personajes. Partiendo de condiciones muy desfavorables. Gloria y Juan tienen que encontrar las ganas de luchar, de aceptar cambios para salir adelante transformados, sin ser superhéroes. Creo que los dramas no pueden contarse sin algunas gotas de humor, porque en la vida también en los momentos más espantosos las personas podemos ser ridículas.

El tono, en cualquier caso, no aspira a ser degarrado, sino moverse entre una suavidad íntima en las secuencias en que Juan y Gloria están a solas y buscan un equilibrio que constantemente se rompe, y secuencias tensas, con aristas de género, en que avanzan en la búsqueda del niño. Este contraste entre un ritmo y otro está pensado para mantener el interés de los espectadores y permitir su identificación con los personajes, por lo que persigo en todo momento un tono naturalistaen el que la verosimilitud predomina.


Ángeles González Sinde
(Madrid, 1965). Es guionista y directora. Licenciada en Filología Clásica, estudió cine en el American Film Institute tras lo cual desarrolló una amplia trayectoria como guionista antes de dirigir sus propios largometrajes. Es autora de guiones como "Mentiras y gordas" (2009), "Heroína" (2005), "La vida que te espera" (2004) o "La buena estrella" (1997), por la que obtuvo el Premio Goya a Mejor Guion Original. Ha sido también guionista de series de televisión como "Amar es para siempre" o "Bosé".

Como directora, debutó con "La Suerte Dormida" (2003), Goya a Mejor Dirección Novel, seguida de "Una palabra tuya" (2008), Goya a la Mejor Actriz Protagonista para Malena Alterio, y "El Comensal" (2022).

Como novelista ha sido finalista del Premio Planeta y Premio Edebe de Literatura Infantil.