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El hombre que desafió al rey cartel reducidoEl hombre que desafió al rey(The uprising)
Dirigida por Paul Greengrass
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El filme
Escrito, dirigido y producido por Paul Greengrass (Capitán Phillips, saga Jason Bourne), El hombre que desafió al rey es un emocionante viaje a través de una Inglaterra medieval en plena revolución. Desde los paisajes fríos e inhóspitos del este de la isla hasta la decadencia de la corte del rey Ricardo II y las sangrientas calles de una capital tomada por la insurrección popular, El hombre que desafió al rey cuenta una historia intensa y dinámica sobre un mundo sumido en el caos.

El actor nominado a los Óscar y ganador de varios Globos de Oro, Andrew Garfield (The Amazing Spider-Man, Vivir el momento, Hasta el último hombre, Tick, Tick… Boom!) interpreta al campesino. Le acompaña un reparto de primer orden, entre los que destacan (en orden alfabético): Jamie Bell (Half Man, Desconocidos, Rosebush Pruning, Billy Elliot), Stephen Dillane (Juego de Tronos, The Tunnel), Tom Hollander (El infiltrado, The White Lotus, Feud: Capote vs. the Swans, The Iris Affair), Cosmo Jarvis (Young Stalin, Wife & Dog, Warfare: Tiempo de guerra, Shogun), Thomasin McKenzie (Jojo Rabbit, Última noche en el Soho), Jonny Lee Miller (Sepia One, Elementary, Trainspotting), Woody Norman (La isla de Sukkwan, C'mon C'mon. Siempre adelante), Stanley Townsend (Once Upon a Time in a Cinema, El régimen, Kaos), Katherine Waterston (Babylon, Animales fantásticos: Los secretos de Dumbledore) y Sky Yang (Last Days, Rebel Moon).

Jason Blum produce a través de Blumhouse Atomic Monster, con Gregory Goodman, Joanna Kaye y Greengrass. Lars Sylvest produce con Thank You Pictures y Joe Neurauter a través de Supernix.


Mensaje del director (por Paul Greengrass)
La película narra unos acontecimientos que ocurrieron en 1381, pero que resultan increíblemente actuales. Esta Inglaterra medieval revuelta y en guerra muestra reflejos de nuestra época, que sin duda calarán en los espectadores y los invitarán a reflexionar.

En el Reino Unido, en el colegio estudiamos la Rebelión de Wat Tyler, aquella revuelta de los campesinos en la que Tyler y John Ball lideraron un levantamiento popular que llegó hasta Londres. Llevaba desde entonces sin pensar en ella hasta que, de repente, décadas después, la pandemia del Coronavirus me hizo recordar esos hechos. En el siglo XIV, la peste negra había asolado la isla, arrasando con la mitad de la población de Inglaterra. El país quedó sumido en el dolor, pero también en la rabia y en un sentimiento de absoluta desconfianza hacia la clase gobernante. Tras varias semanas de indignación, miles de hombres y mujeres marcharon hacia Londres con la intención de destruir un sistema que consideraban injusto. Aquellos acontecimientos que habían ocurrido hace siglos, seguían muy vigentes en la actualidad.

Al pensar en la película, tuve claro que no quería que pareciera una recreación histórica de ese levantamiento. Mi intención era lograr que el público conectara con los hechos, que los viviera en lugar de verlos, sintiéndolos como algo cercano, dinámico, como si estuvieran ocurriendo delante de ellos. El objetivo no era convertir el filme en una clase de historia protagonizada por los héroes de siempre, como Tyler o Ball. Quería que el protagonista fuera un hombre corriente, del que no conocemos el nombre, sino únicamente su profesión. Representa al primer hombre que se enfrentó a las autoridades en el condado de Essex. El campesino de Andrew Garfield es la personificación de la gente de a pie que decidió rebelarse y pagó las consecuencias de plantar cara al poder.

Las rebeliones son anárquicas por naturaleza. Es fácil caer en la trampa de romantizarlas en el cine, ya que llegan incluso a romantizarse a sí mismas. Pero todas y cada una de ellas tiene un lado oscuro. El orden desaparece, las reglas se olvidan y surge la violencia. La cuestión que me rondaba, y la que me parecía más interesante a la hora de plantear esta historia, era analizar qué ocurría después. Wat Tyler en el filme dice que solo sabrán lo que han conseguido cuando todo haya pasado. No se puede hacer balance de la revolución hasta mucho tiempo después.

Lo cierto es que lo ocurrido en 1381 tuvo consecuencias muy complejas. De hecho, los historiadores llevan tiempo vinculando aquella revuelta con la idea de los derechos y representaciones individuales e incluso con la Constitución de Estados Unidos. Por eso me parece una historia atemporal que conecta muy bien con el público actual.

Y aunque El hombre que desafió al rey es una producción épica, con sus armaduras, flechas, multitudes y un joven rey en el trono, en el fondo representa este mundo nuestro tan peligroso y desquiciado, tan consumido por la rabia hacia las élites, en el que la esperanza y la democracia penden de un hilo. Mi película no aspira a plantear respuestas, pues nunca he creído que ese sea mi papel como cineasta. Solo aspiro a que el público reconozca el mundo contemporáneo en la pantalla y que, al llegar a casa, reflexione sobre lo que ha visto.


La producción
600 años no es nada. El proyecto.
A lo largo de su dilatada trayectoria, Paul Greengrass (guionista, productor y director nominado a los Óscar) ha plasmado algunos de los acontecimientos más intensos y peligrosos de la historia reciente. Desde el frente de batalla del conflicto norirlandés en Bloody Sunday (Domingo sangriento) hasta el interior de uno de los aviones secuestrados el 11-S en United 93, la cubierta de un barco tomado por piratas somalíes en Capitán Phillips, la sala de un tribunal noruego durante uno de los juicios penales más importantes de la historia del país en 22 de julio y la destrucción causada por uno de los incendios más devastadores de la historia de California en Laberinto en llamas. Sus filmes son viscerales y consiguen meter al público en la acción; son producciones dinámicas, cinéticas y arrolladoras. Más que verlas, son películas que se sienten y se viven.

Tras viajar hasta los confines del Lejano Oeste en Noticias del gran mundo, en esta ocasión Greengrass retrocede aún más, hasta finales del siglo XIV para rodar su primera película de época. Ha creado una aventura emocionante al más puro estilo Greengrass, con la que se remonta a la revuelta de los campesinos para sumergir al público en este episodio histórico que parece desarrollarse en tiempo real.

Conocida también como la Rebelión de Wat Tyler o el gran levantamiento de 1381, hace referencia a una serie de acontecimientos turbulentos que surgieron tras la epidemia de la peste negra, que había asolado la población cincuenta años atrás. La corona británica se encontraba constantemente en apuros económicos después de años de incursiones militares fallidas en Francia, y en 1381 el gobierno introdujo un nuevo impuesto que exigía el pago de un chelín a cada hombre adulto.

El 31 de mayo de 1381, los campesinos y pescadores de Essex se alzaron contra los recaudadores. Tres días después, los levantamientos se extendieron a Kent y Londres. El 7 de junio de 1381, el exsoldado Wat Tyler se convirtió en uno de los líderes de la resistencia. Para el 10 de junio, el ejército popular ya había tomado la ciudad de Canterbury y el sacerdote John Ball, encarcelado en Kent, fue liberado. Los campesinos se unieron a los rebeldes de Essex y avanzaron sobre Londres en busca del entorno del rey. Por el camino liberaron las prisiones y destrozaron Middle Temple, el recién inaugurado colegio de abogados. Los indignados se establecieron alrededor de la Torre de Londres, en la que se ocultaba el rey Ricardo II.

Aunque solo tenía 14 años, el monarca negoció directamente con los rebeldes que exigían, entre otras cosas, la abolición de la servidumbre. Durante las conversaciones, Tyler y sus seguidores encontraron y decapitaron al arzobispo Simon Sudbury y al tesorero Robert Hales, artífices del nuevo impuesto. El 15 de junio de 1381, Wat Tyler fue convocado a una audiencia con el rey durante la que fue asesinado. Ricardo II logró calmar la indignación popular con la promesa de una amnistía general, si bien acabó faltando a su palabra y pronunciando que los campesinos eran siervos y seguirían siéndolo toda la vida. Los líderes populares capturados eran ejecutados sumariamente.

Cuando la pandemia de la COVID-19 sumió al mundo entero en crisis a principios de 2020, a Greengrass le vino a la cabeza la conexión entre la situación provocada por el coronavirus y la epidemia de la peste negra que siglos atrás había llegado a Inglaterra desde Europa y había asolado a la mitad de la población. "Ese periodo en general y el año 1381 en particular, tras la peste negra, dieron pie a un panorama muy convulso a nivel nacional y propiciaron un levantamiento. Me pareció que ahí había una buena historia para una película muy emocionante", comenta Greengrass. "Al igual que ocurrió en 2020, en el siglo XIV la población también estaba indignada con el fracaso de la clase gobernante. El pueblo dejó de confiar en las autoridades. Hubo marchas en Londres y se desataron tres días de locura con la intención de lograr un cambio de gobierno".

Fiel a su estilo, Greengrass no quería que su filme fuera una mera recreación histórica de los hechos. Quería contarla a su manera, convertida en una película de acción épica, dinámica y espectacular.

"Parece que estos hechos ocurrieron hace mucho tiempo, pero eso no quiere decir nada", apunta el realizador. "Es una historia muy actual y eso es lo que quería transmitir al público. Es una aventura de acción con tintes de amor y política y que, por encima de todo, cuenta la turbulenta historia de lo que pasa cuando un campesino deja atrás su pueblo al este de Inglaterra y marcha a las calles de Londres en busca de una vida mejor".

Un mundo destrozado por la ira y el miedo. El germen.
Aunque Greengrass quería que el filme fuera "un viaje visceral a través de un mundo destrozado por la ira y el miedo; un mundo que se parece bastante al nuestro", se topó con multitud de obstáculos a la hora de materializar su visión. Tuvo que hacer frente a varios años de parones, idas y venidas hasta que, por fin, logró poner en marcha El hombre que desafió al rey. Durante todo el proceso Joanna Kaye, esposa de Greengrass y coproductora del proyecto, trabajó sin descanso para ayudarle a adaptar al cine este capítulo fundamental de la historia británica que nunca se había llevado a la pantalla, a pesar de estar tan arraigada en la conciencia nacional. "Me parece increíble que esta historia no se hubiera contado antes, teniendo en cuenta las consecuencias tan impactantes que tuvo para el país", apunta Kaye. "Aquella revuelta fue el primer levantamiento popular contra las clases dominantes".

Antes de ponerse a escribir el guion, Greengrass dedicó mucho tiempo a documentarse a fondo sobre la época para descubrir todos los datos que pudiera sobre aquel motín. Incluso pudo consultar las crónicas originales sobre la rebelión redactadas por el historiador de la corte francesa, Jean Froissart. Poco a poco, fue leyendo las diferentes crónicas, sin perder nunca de vista los elementos que mantienen el interés y la relevancia para el público.

Por otra parte, aunque el realizador sabía que este alzamiento popular daría para una espectacular aventura cinematográfica, Greengrass no tenía ninguna intención de suavizar toda esa brutalidad en su planteamiento de la historia. "Las rebeliones son anárquicas por naturaleza", comenta Greengrass. "Son pura anarquía. Son destrozos. Es muy fácil acabar romantizando la rebelión en el cine, pero las rebeliones tienen un lado oscuro. El orden desaparece, las reglas y los límites se olvidan y entonces surge la violencia, que lo envuelve todo. Me interesaba analizar las consecuencias de una revuelta como esta y para ello me pregunté qué ocurre después, qué queda cuando la acción ha terminado".

El cineasta vio la luz gracias a la biografía de John Ball, el campesino en el que se basa el protagonista del filme. "Me pareció interesante que el personaje fuera un simple campesino, porque fue la gente de los pueblos y las aldeas la que se levantó contra el poder. Ese ejército popular estaba compuesto por los miles de hombres y mujeres que siguieron a Wat Tyler y John Ball y por eso quería que el protagonista representara a todas esas personas. En mi interpretación de la historia, el campesino es la primera persona que se planta ante las autoridades en Essex", explica.

Greengrass contó con la ayuda del historiador Dan Jones, autor de una de las novelas de referencia sobre el levantamiento de 1381, Summer of Blood. "Dan ha sido mi mentor espiritual durante este proyecto", confiesa Greengrass. "Espero que nuestra película tenga el mismo éxito que sus libros en cuanto a que consiga materializar ese mundo lejano, conecte aquellos acontecimientos con nuestra realidad actual y, además, cuente una historia apasionante".

"El cine de Paul suele funcionar en dos niveles, que son los que le motivan en su trabajo como realizador", comenta Goodman, que ha producido todas las películas de Greengrass desde Capitán Phillips (2013) y ha trabajado recientemente en El abismo secreto de Scott Derrickson y en Civil War de Alex Garland. "Paul quiere entretener y enganchar al público. El hombre que desafió al rey está pensada para atraparte y no dejarte escapar. Además de ser una historia apasionante, es muy elocuente. Creo que esas dos vertientes son las que han motivado a Paul a apostar por este filme. A mí me parece un proyecto fascinante".

Una historia con mensaje. Un líder entre iguales.
Según la productora Joanna Kaye, "El hombre que desafió al rey es una película épica. Un filme de acción medieval que combina aventura y amor, pero también tiene un mensaje. Ese fue el elemento diferenciador para atraer a un protagonista de este calibre, al que le gusta trabajar en películas profundas y meterse en la piel de personajes interesantes".

En El hombre que desafió al rey, Greengrass ha reunido a un reparto estelar que conectó tanto con la historia como con el realizador.

"Sabía que esta película iba a ser todo un reto", recuerda Greengrass. "Es ambiciosa por la magnitud, la localización y los personajes, ¡por no hablar de que está ambientada hace 600 años! Pero el cine es un trabajo de equipo. Un grupo de personas, que a menudo no se conocen de nada, hace piña durante un par de meses y, si surge la magia, se consigue lo imposible. En el caso de El hombre que desafió al rey, he podido contar con un grupo de personas excepcional: un elenco de intérpretes fantásticos que ha creado personajes cercanos, vivos y auténticos".

El primero en unirse al reparto fue Andrew Garfield, intérprete nominado en dos ocasiones a los Óscar, que estrenó el año pasado Caza de brujas de Luca Guadagnino. "Andrew no se lo pensó dos veces", comenta Kaye. "A partir de ese momento las cosas empezaron a ir más rodadas y tuvimos mayor margen a la hora de poner en marcha el proyecto. Andrew es un intérprete superversátil y ha sido muy gratificante ver cómo se volcaba con la película. Tiene un magnetismo especial que transmite a través de la pantalla y consigue meter a los espectadores de lleno en la historia. No es que interprete al campesino, es que se convierte en su personaje. Como actor, tiene una autenticidad y una fuerza emocional que encajan muy bien con el papel".

Greengrass añade, "Se toma muy en serio su trabajo. Elige muy bien los papeles y tiene una visión muy clara al respecto. El papel del actor protagonista marca el ritmo de la producción. De ellos dependen muchas cosas en función de cuánto se vuelcan con el proyecto, su capacidad para enfrentarse a situaciones tan complicadas como rodar en mitad de la nada en el sur de Alemania, lejos de casa, sin grandes lujos, intentando meterse en un mundo que no existe para hacerlo realidad. Andrew ha sido una inspiración para todo el equipo por su compromiso inagotable, su sentido del humor y su impresionante facilidad para clavar las tomas".

"Conecté con este personaje y con la lucha universal que representa porque es un hombre común que se siente obligado a hacer cosas fuera de lo común al verse sin otra salida", explica Garfield. "Para él es una cuestión de vida o muerte: quiere disfrutar de una vida plena, en conexión con la naturaleza y con dignidad. Si no es así, prefiere morir. Es un hombre al que le van acorralando las circunstancias hasta que estalla porque no puede más. Algo en su interior se rompe al darse cuenta de que nadie debería tener que vivir en esas condiciones".

El papel permitió a Garfield documentarse a fondo sobre un episodio concreto de la historia británica, algo que influyó mucho en su forma de abordar el personaje. "Disfruto mucho el proceso de investigación al preparar una película, y en esta ocasión no ha sido para menos", comenta Garfield. "A la hora de estudiar el papel, me he centrado en las cosas que necesitaba saber en función de cómo era mi personaje. El campesino tiene unos conocimientos muy específicos, limitados a los ritmos de los bueyes, los ritmos de las jornadas, los ritmos de la cosecha, los ritmos de la labranza de la tierra. Eran tiempos duros para los campesinos. Este tipo de papeles da mucho juego".

Garfield también tenía ganas de trabajar con Greengrass, puesto que es un gran admirador del realizador. "Creo que es uno de los mejores cineastas de nuestra época y me encanta el estilo tan intenso y directo que aporta a cada proyecto", explica el intérprete. "Me gusta mucho que sea tan sincero, realmente se deja el alma en cada película. Además, logra sacarnos interpretaciones honestas, cargadas de emoción, humanidad, dolor y verdad".

Para interpretar a John Ball, el clérigo revolucionario que apoyó la insurrección civil, Greengrass escogió a Jamie Bell, que tenía muchas ganas de trabajar con Garfield. "Es uno de los referentes de nuestra generación. Parece que sube el listón con cada una de sus interpretaciones, y no solo en la pantalla, sino también sobre las tablas. Es un artista muy polifacético, que se caracteriza por trabajar siempre desde la sinceridad. Esa es su gran baza. Lo que le distingue es su capacidad innata para transmitir integridad, sensibilidad y esperanza".

Greengrass siempre había quería trabajar con Bell. "Jamie ha aportado al papel de John Ball un magnetismo arrollador, una vehemencia casi fanática y, hacia el final del filme, una humanidad intensa y conmovedora. Nos ha regalado una interpretación extraordinaria".

"¿Sabes cuál es la cualidad más importante de un buen revolucionario? El amor", explica Bell. "No va de ideologías ni de creencias ni de odios. Se trata de sentir amor por las personas a las que representas y por quien luchas para conseguir ese cambio. Y creo que John Ball siente cariño por las personas a las que representa. Quiere un mundo mejor, no solo para sí mismo, sino también para sus seguidores, sus feligreses. Cree que se merecen ese cambio. La Biblia dice que todos somos iguales".

Otra figura importante fue Wat Tyler, el campesino inglés que lideró la revuelta de 1381. Los realizadores pensaron en Cosmo Jarvis para el papel desde el principio. "Cuando leí el guion, me gustó que se centrara únicamente en este momento de la historia y en este acontecimiento", comenta Jarvis. "Por otra parte, me pareció que estaba muy bien escrito: dejaba muy claras las motivaciones de cada personaje y el objetivo común del grupo en función de la historia. No había mucha ambigüedad en ese sentido y me gustó que el mensaje fuera tan claro y directo".

"Cuando Cosmo se mete en un papel, se convierte en su personaje", comenta Greengrass. "Era como tener delante al mismo Wat Tyler. Clavó el acento de la zona hasta el punto de que la primera vez que escuché su tono normal fue cuando ya terminamos de rodar. Es un actorazo, con una fuerza arrolladora y una presencia hipnótica".

Thomasin McKenzie, que conmovió al público en Jojo Rabbit y ha estrenado recientemente El testamento de Ann Lee de Mona Fastvold, interpreta a Alyce, una de las seguidoras de Ball que surge de la imaginación de Greengrass. "Alyce representa a todas las mujeres que participaron en el movimiento", explica McKenzie. "Curiosamente, allá por 1381, las mujeres estaban tan indignadas como los hombres y algunas encabezaron los grupos que participaron en esta rebelión. Alyce quiere participar en la acción y luchar por la justicia. De primeras parece una mujer muy pacífica, pero poco a poco vamos descubriendo todo el dolor que lleva dentro y entendemos por qué quiere hacérselo pagar a quienes se lo causaron".

"Es una intérprete magistral", comenta Greengrass. "Sabe transmitir sensibilidad y cercanía. Te mete de lleno en la escena y te lleva hasta el borde de las lágrimas. Nos pasó en más de una ocasión durante el rodaje. Además, era capaz de darnos cinco versiones diferentes de la misma toma, a cada cual mejor. Eso dice mucho de lo buena actriz que es".

Otros papeles que se basan en personajes históricos son el tesorero Robert Hales (Hollander); el arzobispo Simon Sudbury (Dillane); el alguacil Belknap (Townsend); y el alcalde William Walworth (Jonny Lee Miller).

"Simon Sudbury era el arzobispo de Canterbury y, como representante de Dios en la Tierra, también era el Jefe de Estado de facto durante ese periodo, junto con el tesorero Hales, a quien interpreta Tom Hollander. Así que el país está gobernado por la Iglesia y el Estado, por Sudbury y Hales, mano a mano. Estos hombres se aprovecharon del vacío de poder que surgió cuando subió al trono el rey Ricardo II con solo 14 años. Como dice Paul, los oligarcas irrumpieron en escena y tomaron las riendas en nombre del monarca. Para afrontar la crisis, decidieron subir los impuestos por tercera vez consecutiva y cuando salieron a recaudar las tasas, se encontraron con la resistencia popular. Fue entonces cuando la tensión acabó estallando", comenta Dillane sobre su personaje.

"El país está al borde de la ruina financiera y todavía está recuperándose de la peste negra. El rey se cree investido por la gracia divina, pero no es más que un niñato que está a merced de la clase dominante. Es una historia muy turbia, pero que me parece muy contemporánea", añade Hollander.

Townsend también encuentra similitudes con el mundo moderno en las figuras de poder del filme. "El hombre que desafió al rey conecta con nuestro tiempo y creo que hay que tomarse en serio sus advertencias. No es muy común encontrar un guion que transmita un mensaje tan profundo, urgente y optimista. Ha sido un privilegio trabajar en este filme".

"Me encanta el trabajo de Tom, Stephen y Stanley y poder contar con ellos en este proyecto ha sido un sueño. Se han volcado en darle personalidad y sensibilidad a sus papeles. Se percibe su desconexión con el pueblo y el miedo creciente que sienten estos oligarcas al verse acorralados".

Sobre Miller, Greengrass dice: "He seguido de cerca la carrera de Jonny Lee Miller y admiro muchísimo su trabajo. Aporta dinamismo y claridad al papel del alcalde, y personifica los instintos más bajos de los influyentes comerciantes londinenses que trapicheaban para hacerse con el poder en el Reino".

Y, por supuesto, está el rey Ricardo II (Norman), ese chaval que con solo 14 años tuvo que hacer frente a la revuelta de 1831. "Ricardo es el antagonista puro del campesino", explica Greengrass. "Es un desafío enorme para un actor tan joven, puesto que su personaje tiene que llevar al público de un extremo a otro, sin perder la complejidad y el misterio que envuelve a un chico nacido para ser rey. Woody tiene un talento innato impresionante, que trabaja con mucha humanidad. Consigue transmitir una especie de verdad emocional a través de la pantalla".

"Nunca había trabajado en una película de época interpretando a una figura histórica tan relevante. El rey Ricardo tiene un lado salvaje y un montón de taras. Ha sido muy divertido documentarme a fondo sobre la época y sobre su personalidad para hacerme con el personaje", comenta el actor.

Katherine Waterston acompaña al joven Norman en el papel de la condesa. "Es todo un reto conseguir que un relato histórico sea riguroso a la par que interesante" apunta. "Según iba leyendo el guion, sentía que los personajes cobraban, como ocurre al leer una buena novela. Lo que más me ha gustado del guion es que la película no te dice qué pensar de estos personajes y, cuando acaba, permite al público posicionarse y asimilar estos acontecimientos tan complejos. No te presenta esta historia machacadita. No es todo blanco o negro, sino que es compleja y cautivadora".

"Es una intérprete maravillosa", comenta Greengrass sobre Katherine Waterston. "Con la condesa ha creado un personaje taciturno y afligido que solo quiere que su hijo suba al trono, reclame la corona y ponga orden en el Reino. Su actuación es uno de los ejes del filme y plantea el contrapunto moral al campesino".

Por último, Sky Yang interpreta al escriba y en sus primeras conversaciones con Greengrass, se interesó por el pasado de su personaje. "Me interesaba entender cómo hubiera sido la vida de alguien con mi aspecto en esa época", comenta Yang. "No tenía ni idea de que hubiera tanta inmigración por entonces, pero, claro, con las rutas de la seda ya habría diplomáticos mongoles y chinos incluso en la corte del rey Eduardo en 1280. Es muy fácil olvidarse de que la globalización empezó hace cientos de años".

"Sky ha clavado el personaje", afirma Greengrass. "El escriba desempeña un papel clave en el film. Es un actor expresivo que se deja guiar por sus instintos y tiene un compromiso brutal con el proyecto. Incluso aprendió caligrafía con pluma. Le auguro un futuro muy prometedor".

Baviera se convierte en Inglaterra. El rodaje.
A la hora de planificar el rodaje, los productores buscaron localizaciones que tuvieran presencia cinematográfica pero que también resultaran auténticas, sin parecer decorados. Acabaron decantándose por Baviera, al sur de Alemania. "Alemania está llena de aldeas medievales. Hay un montón de construcciones medievales que se han trasladado piedra a piedra de diferentes sitios y se han reconstruido con muchísima precisión y cuidado. Eso no lo encuentras en Londres", explica Kaye.

El rodaje arrancó el 15 de septiembre de 2025 en Penzing Studios, cerca de Landsberg am Lech, a unos 40 minutos en coche hacia el oeste de Múnich. A mediados de octubre, el equipo se trasladó a Bad Windsheim para rodar en el Fränkisches Freilandmuseum y a finales de mes, pasaron un día grabando en Festung Lichtenau.

El último tramo del proceso se desarrolló en Núremberg, donde filmaron secuencias en Heilig-Geist-Spital, el Pellerhaus y también en la Iglesia de San Sebaldo, la iglesia parroquial evangélica luterana más antigua de la ciudad, construida a principios del siglo XIII.

"Cuando encontramos la iglesia, nos sentamos con el guion para pensar cómo podríamos hacer uso de ella en el rodaje. ¡Hemos aprovechado cada milímetro! Cada rincón, escalera, cripta y capilla nos han servido de alguna manera para darle autenticidad a la ambientación y transmitir el poder que tenían las instituciones en esta época en la que está basada nuestra historia", explica el diseñador de producción Nikolaj Danielsen.

Al entrar en el interior, el equipo de producción se fue guiando por un plano de la iglesia para ver dónde podían ubicarse, cómo reutilizar los espacios y cómo construir decorados que pudieran incorporarse en la arquitectura del edificio. "Hemos construido decorados enormes, que había que mover con mucho cuidado sin tocar ni dañar nada de la construcción original", comenta Danielsen. "Todo estaba montado sobre ruedas blandas para no marcar el suelo y contábamos con un equipo que iba moviéndose por delante para asegurar el camino e incluso con un arquitecto para los traslados mayores, porque queríamos garantizar que no se produjeran daños en el edificio. Ha sido una suerte enorme poder rodar en la iglesia".

En ocasiones recurrieron a los efectos visuales para ampliar algunos decorados y localizaciones. "Nunca he querido usar la tecnología para crear resultados que parecieran falsos o exagerados", comenta Greengrass. "Me gusta trabajar con los efectos visuales como si fueran elementos reales. Creo que ahí está la clave. No son elementos falsos que encajan en el plano, sino una ayuda. Eso no quiere decir que no se vayan a crear elementos por el camino, porque el equipo ha tenido muchísima tarea en ese sentido para diseñar todo el mundo medieval. Sin embargo, la verdadera habilidad reside en saber integrar los elementos reales físicos, los elementos reales que había creado el departamento de arte y las partes en CGI para conseguir un entorno uniforme en el que todos los elementos estuvieran integrados".

Danielsen comenta que, en el fondo, su papel residía en ayudar a Greengrass a hacer realidad cómo había visualizado El hombre que desafió al rey. "Sé que parte con una idea clara en la cabeza, así que para mí es muy inspirador conseguir materializar esos conceptos", explica Danielsen. "Cuando trabajas con Paul Greengrass sabes que busca autenticidad. Pero este no es un filme contemplativo, sino una película de acción. Una película de acción de Paul Greengrass. Cuando él dirige, la clave está en el dinamismo y el movimiento".

La tarea de plasmar la belleza y el realismo de los decorados y las localizaciones recayó en el director de fotografía Pål Ulvik Rokseth. El hombre que desafió al rey supone su tercera colaboración con Greengrass, después de debutar en 22 de julio. "Es un tipo simpático que emana vitalidad y buen rollo", comenta Greengrass. "Pål tiene un carácter impresionante. También tiene muy buen ojo y sabe captar la humanidad de las escenas. Algo que se percibe de muchas formas en este filme".

A Garfield también le impresionó su experiencia, sobre todo a la hora de rodar las escenas más violentas y los conflictos armados, en las que a menudo participaban docenas de extras. "Pål es joven y despierto. Cuando trabaja cámara en mano, se centra en la mirada para transmitirle al público exactamente lo que sienten los personajes, sin perder de vista la acción que está ocurriendo a su alrededor", explica Garfield. "Trabajamos con un equipo de escenas especiales de Budapest, dirigido por Domonkos Párdányi, que coreografió las batallas. Hemos contado con un grupo de extras que eran intérpretes de primera, profesionales que han estado con nosotros durante todo el rodaje, que se han dejado el alma y la piel cada día. Ha sido toda una experiencia trabajar en esta película, con estos decorados y localizaciones tan vividos y físicos. Sentía que me sumergían por completo en la historia".

Para crear el vestuario de esta impresionante película de acción de época, Greengrass se puso en contacto con el reconocido dúo húngaro compuesto por András Dániel Tóth y Attila Godena-Juhász, que impresionaron en el Festival de Cine de Sundance por su trabajo en Wicker. Trabajar en El hombre que desafió al rey ha resultado ser el mayor reto al que se han enfrentado hasta la fecha.

"Cuando te pones a leer un guion, sobre todo cuando se trata de películas de época, ya empiezas a investigar sobre el momento histórico en el que está ambientado el filme", comenta Tóth sobre cómo idearon sus diseños. "Comienzas a buscar imágenes, esculturas, todo lo que queda de esa época y que puedas adaptar para el proyecto. Por otra parte, también te vas creando una imagen mental de cómo quieres que sea. Después tienes que conseguir unir las dos cosas: la documentación y la visión, para lograr que el mundo del filme sea lo más realista posible, siempre dejando espacio para la imaginación".

"Cuando empezamos a documentarnos, nos dimos cuenta de que la vestimenta de la época resultaba algo ridícula estéticamente al ojo moderno, así que primero quisimos reunirnos con Paul para comentar ese tema. Tuvimos que encontrar un equilibrio entre la fidelidad histórica y la seriedad del vestuario. Paul no quería que pareciera que los personajes iban disfrazados para una obra de fin de curso", añade Godena-Juhász.

Los diseñadores de vestuario trabajaron con un equipo reducido también procedente de Hungría al crear una gran colección de estilismos para los personajes principales y secundarios. Si bien algunas de las prendas se alquilaron e importaron desde España, la mayor parte del vestuario se cosió a mano durante el rodaje. "El taller viajaba con el equipo a las diferentes localizaciones porque éramos pocos", comenta Tóth. "Cuesta creer que solo éramos cuatro, cinco o como mucho seis personas las que trabajamos en estas prendas, pero así fue".

Para enfrentarse a tan ingente tarea, el departamento de vestuario recurrió a técnicas de impresión 3D. "Es importante encontrar técnicas que imiten la artesanía y que puedan ejecutarse a gran velocidad, porque si no ganas tiempo, no sirve de nada", explica Tóth. "Dimos con una empresa en Penzing Studios que se llama Spielzeugfabrik y había estado haciendo pruebas con la impresión 3D. Nos mostraron algunos ejemplos de tejidos creados con esta técnica", comenta Godena-Juhász. "Cuando vimos las muestras, tuvimos claro que tiraríamos por esa vía porque es mucho más rápida y el resultado final crea la ilusión de un bordado artesanal".

En cuanto a la música, Greengrass y el equipo de producción se pusieron en contacto con el compositor alemán Volker Bertelmann. Conocido por su trabajo bajo el nombre artístico Hauschka, Bertelmann entró en el mundo del cine internacional por la puerta grande al llevarse el Óscar a mejor música original por Sin novedad en el frente (2022). Volvió a optar a la estatuilla en la misma categoría por su trabajo en Cónclave (2024).

Cuando se sentaron a hablar de la paleta musical, Greengrass le comentó al músico que no le interesaba crear una intensa composición de época. "Quería que tuviera mucha pegada y transmitiera acción, pero con un marcado carácter cinematográfico contemporáneo, a la vez que se inspirara en el misticismo y que fuera la encarnación musical de El hombre que desafió al rey", explica el realizador.

Los bocetos iniciales de Bertelmann se centraron en el tema principal del filme, que tenían mucho ritmo y una energía arrolladora. "Volker tiene un registro muy amplio", comenta Greengrass. "Logra transmitir esa sensación de las marchas militares, de personas avanzado en masa y de caos, pero también es capaz de captar la fragilidad emocional y los momentos de belleza en las escenas más tranquilas".

La revolución cinematográfica de Paul Greengrass. Un punto de vista muy personal.
Ninguna mirada consigue sumergirnos en la historia tanto como la de Paul Greengrass. Su experiencia en el mundo documental le permite cargar cada una de las escenas de intensidad y realismo para trasladar al público al centro de la acción. El reparto de El hombre que desafió al rey se deshace en halagos hacia su técnica artística y su incansable ética laboral, por no hablar de los impactantes resultados que consigue en el plató y en la pantalla. "Esta película es Paul Greengrass en estado puro", explica Garfield. "Su cine tiene una visión realmente única. Tiene un estilo visceral y arrollador que te mete de lleno en la acción. Sientes que estás dentro de ese levantamiento, que formas parte de la resistencia y eres un revolucionario más. Esto sí que es una experiencia inmersiva".

"A Paul le interesa el lado humano de las cosas. La forma en la que las personas gestionan los hechos que están viviendo y cómo toman las decisiones. Te hace plantearte cómo hubieras actuado en esa situación. Por eso sus películas son tan especiales. En El hombre que desafió al rey, el público no tiene la sensación de estar viendo algo que ocurrió hace 600 años. Por su forma de rodar y contar la historia, transmite una sensación de inmediatez que crea un vínculo con el pasado y nos acerca a aquellos hechos. Paul tiene el don de conseguir que todo se perciba como algo profundamente real", añade Bell.

"Poder trabajar con uno de tus directores predilectos en una historia increíble que te toca de cerca y con un reparto al que admiras, pocas cosas más puede pedir un actor. Me siento muy afortunado", comenta Jonny Lee Miller.

Thomasin McKenzie opina que la experiencia de Greengrass en proyectos de no ficción es lo que le permite dar un toque único a sus filmes. "Viene del realismo documental, donde los equipos se centran en encontrar una historia y dejar que se desarrolle delante de la cámara, en lugar de llevar la cámara hacia la acción y pedir que se desarrolle en un momento preciso", explica la intérprete. "Cuando vi Bloody Sunday (Domingo sangriento), recuerdo que me quedé alucinada al comprobar que no era un documental porque todo parecía muy real. Ha sido muy interesante vivir el proceso de cómo Paul consigue que sus películas parezcan documentales y transmitan esta sensación de autenticidad".

Según Hollander, Greengrass pertenece a ese puñado de directores de cine británicos "que son fantásticos y tienen un estilo muy personal. Esta película encaja en la categoría de proyectos de Paul Greengrass que son cinematográficos y actuales. Creo que tiene un estilo único y singular… Otra cosa que me gusta es que los diálogos no están cerrados, Paul te da libertad para improvisar. Se crea un compromiso firme y una energía muy buena que se transmite por todo el plató y promueve mucho la creatividad. Puede ser algo caótico, pero todo el mundo está cien por cien comprometido". "No sé cómo lo hace, pero consigue que todos nos sintamos muy a gusto y nos da libertad y autonomía", añade Townsend.

Incluso los productores Joanna Kaye y Gregory Goodman, que tienen mucha confianza con Greengrass, no saben cómo consigue que sus filmes transmitan tanta energía, alma e intensidad. Pero ambos comentan que es un placer verle cuando está manos a la obra.

"Todos los días le observo y todos los días pienso que no sé cómo lo hace", recuerda Kaye. "Rodábamos un montón de escenas cada día y todo parecía muy caótico, pero Paul lo tenía controlado. Él se siente cómodo así, encuentra el orden en el caos. Eso se ve en todos sus filmes, ya sea Bloody Sunday (Domingo sangriento), cualquiera de las películas de la saga Bourne o cuando retrata un incendio descontrolado en California. Por extraño que parezca, muchas veces hace su mejor trabajo cuando las cosas se ponen intensas y necesita ir contrarreloj. No es bueno para la salud, pero desde luego es bueno para su cine".

"Es un trabajo de equilibrio fino porque tira de su experiencia en el realismo documental para dar vida a estos mundos, pero lo hace de manera que resulte cinematográfico y no sea únicamente cuestión de verisimilitud", añade Goodman. "Es algo mucho más profundo, con gran impacto visual. El hombre que desafió al rey no se percibe como una historia ambientada en el pasado, sino que te traslada a la acción, te da la sensación de que estás ahí en ese mundo. Espero que el público se sienta también así, que se vea recorriendo esas calles, en medio de ese conflicto. Espero que se sientan identificados con los acontecimientos y que la historia les parezca sincera y emocionante".

En el fondo, el reparto y el equipo técnico se han volcado con este proyecto porque creían en las ideas que lo cimentaban, comenta Greengrass, quien espera que el público también se emocione con la urgencia y la relevancia de la llamada a la acción del campesino. "Estamos contando una historia atemporal sobre la lucha entre la justicia y la tiranía", comenta Greengrass. "Todo el mundo quiere hacer películas de arcos y flechas con soldados, armaduras y combates multitudinarios. Es como un sueño infantil que tenemos los cineastas. Todos la veíamos como una película de corte clásico, con un tirano brutal y gente común que clama justicia e igualdad. Es muy emocionante ver cómo nuestra visión se ha materializado a tan gran escala en un proyecto que habla de lo que está pasando en el mundo actual".


La prensa internacional ha dicho…
"Intensa desde el primer minuto hasta el último" - THE HOLLYWOOD REPORTER.

"Una película que satisfará a cualquiera que se sienta identificado con su mensaje" - INDIEWIRE.

"La combinación de ira y esperanza de Garfield mantiene la película arraigada en las emociones humanas, del mismo modo que la suciedad y la confusión la anclan en la realidad histórica." - THE REVEAL.

"Una de las películas más audaces de Greengrass, con una visión firme de las dificultades del mundo moderno, a pesar de estar ambientada en otra época" - SCREEN RANT.

"Auténticamente cruda y satisfactoriamente sangrienta" - THE NEW YORK TIMES.

"Una historia llena de energía" […] "Toda una sorpresa" - SAN FRANCISCO CHRONICLE.