Cinemanía > Películas > Las huellas de Dylan > Comentario
Destacado: Jaafar Jackson interpreta a Michael Jackson en la nueva película de Antoine Fuqua
Las huellas de Dylan cartel reducidoLas huellas de DylanDirigida por Fernando Merinero
¿Qué te parece la película?

Con intervenciones de:

Joaquín Sabina - Luis Eduardo Aute - Leonor Watling - Christina Rosenvinge - Amaral - Loquillo - Javier Rioyo - Pablo Carbonell - Benjamín Prado - Ángeles González Sinde - Rakel Winchester - Pereza - Jesús Ordovás - Lagartija Nick - Diego Manrique - Julia Pons - Miguel Zapata - Antonio Iriarte - Guillermo Meléndez - Quino Castro - Juan Antonio Carbajo - Flowers - Fernando Garcín - Lilith Angels - José María Baulenas - Antonio Terni - José María Cámara - Gay Mercader - Moncho Alpuente - Mariano Antolín Rato - Elisa de Francisco Ramírez - Luis Rodríguez García - Fernando Merinero.

Memoria
Con el título de “Las huellas de Dylan” hemos hecho una película documental en torno al genio de Minesotta, al que hemos seguido durante su reciente gira por España pulsando las emociones de sus fans, una auténtica legión de incondicionales que le siguen por todo el mundo, cuya visión se completa con la de las gentes del ámbito de nuestra cultura, que han conocido personalmente al artista americano o les ha influido en su vida o creación artística, como Luis Eduardo Aute, Amaral, Joaquín Sabina, Pablo Carbonell, Jesús Ordovás, Javier Rioyo, Gay Mercader, Angeles González Sinde, José María Cámara, Benjamín Prado o Cristina Rosenvige entre otros.

La idea de esta película es mostrar una máscara más de ese personaje público creado por Robert Zimmerman, de nombre Bob Dylan, intérprete de sus propias canciones, que tanto han influido en varias generaciones, y verle tras el reflejo de sus fans y estudiosos, para completar esa imagen misteriosa y contradictoria que se tiene de él.

El motivo para hacer la película se encuentra implícito en la propia idea, retratar un personaje y artista admirable que a sus 64 años está más vivo que nunca en su “gira de nunca acabar” lanzando sus canciones al viento de medio mundo, como un juglar ancestral, sin someterse a los criterios de la industria discográfica actual; pero por otra parte, y debido a su edad, cada nueva gira será una menos a dar, es también por ello por lo que nos parecía muy interesante recoger ese documento, pues puede que esta sea su última gira por nuestro país, y mostrar cómo aglutina gente de muy diversas nacionalidades dispuesta a cualquier sacrificio por verle en directo, personas de 60, 50, 40, 30, 20 y hasta 15 años como fans incondicionales, se me antoja un fenómeno irrepetible en cualquier otro artista.

Por tanto se muestra en el filme un crisol humano de diferentes edades, nacionalidades y lenguas, pero con un nexo de unión: su devoción por Bob Dylan.

Ha sido un auténtico placer comprobar cómo esa legión de admiradores viven con intensidad las actuaciones de su ídolo día a día, haciendo colas durante horas o luchando por acercarse a él, verle a distancia, poderle gritar algo, pedirle un autógrafo o seguir su caravana de noche o de día, y no precisamente fans descerebrados, sino gente incluso con erudición intelectual.

Durante la gira el rodaje ha estado plagado de anécdotas y de situaciones divertidas o emotivas, humanas en definitiva; que posteriormente han sido completadas con los pensamientos y reflexiones en torno a la figura de Dylan, el arte o la música, de personajes de nuestra propia cultura, podemos escuchar de labios de Aute cómo empezó a cantar y componer tras descubrir a Dylan, o a Pablo Carbonell que cantaba “Hurricane” a la puerta del colegio de las niñas en su mocedad, o a Ángeles González Sinde sus paseos con Bob Dylan por Madrid, la pasión desmedida de Benjamín Prado, que ante cualquier nueva obra de creación suya, su primera premisa es hacer algo de lo que no se avergonzaría enseñar al propio Dylan, la emoción de Jesús Ordovás cuando le llamaron para escribir el primer libro sobre Dylan en España, las anécdotas que cuenta Gay Mercader sobre Dylan y lo que dice Keit Richards de él, que está enganchado a la línea blanca, no de la coca, sino de la carretera; la turbación tremenda que sufrió Eva Amaral cuando le dan unos golpecitos en la espalda, se gira y era Bob Dylan, o escuchar a Javier Rioyo cómo narra el terremoto de Asís cuando Dylan tocó para el Papa.

Esperamos por tanto con esta película aproximar una figura fundamental en la cultura del siglo XX a los públicos más jóvenes, el retrato de un personaje universal desde unas tierras extrañas y en una lengua que no es la suya, lo que dota al personaje de una mayor trascendencia y a la película de un extraño exotismo, que sin duda será apreciado también fuera de nuestras fronteras.

Por otra parte se trata de una película aún no hecha, pues sobre Dylan se ha escrito mucho durante estas últimas cuatro décadas, incluso en el cine ha trabajado en diferentes películas como actor (Pat Garret and Billy the Kid), guionista y actor (Masked and anonimus) o como director (Renaldo y Clara), pero hasta ahora nunca una película documental se ha ocupado de él visto a través de los ojos de los demás, los fans y los eruditos en su obra, motivo por el cual dota a “Las huellas de Dylan” de una condición única, sobre todo en un momento en el que en Estados Unidos se está preparando una película de ficción sobre su vida, con diferentes actores y hasta una actriz haciendo de Dylan en diferentes momentos históricos, y otra documental que dirigida por Scorsese, sobre sus primeros tiempos en New York, de 1962 a 1966, salió el año pasado al mercado.

Sería arduo resumir todo el glosario de gente que le ha seguido por España y que aparecen en la película, desde Antonio Terni, un productor de vino italiano que tiene una marca de vino con el título de un disco de Dylan y le arroja sombreros de piel de leopardo al escenario, a una pareja de hippies, él madrileño y ella japonesa que le siguen en sus giras y eso constituye el pilar de sus vidas, o de una chica alemana que cree que Dylan canta para ella y le sigue por todas partes en auto stop viajando de día o de noche en función de cuando lo haga su héroe, o Guillermo, catedrático de paleontología en la universidad de Zaragoza, que tiene empapelado su despacho en la facultad con carteles de Dylan, o a Antonio Iriarte, que tiene más de 1000 discos piratas y conoce todas las letras de sus canciones, y cómo no resaltar también la emoción de Julia Pons, una joven de 18 años que arrojó unos claveles al escenario en Motril, Dylan los cogió y olió, tras ello Julia siguió su estela hasta la otra punta de España, hasta Santiago de Compostela, donde conoció a Miguel Zapata, un fan dylanita, que con sólo 15 años de edad tiene una página web de su ídolo, quizá la más visitada en lengua española y poder así cantar los dos juntos sus canciones emblemáticas. En fin...

Me llena de emoción evocar aquellos momentos, pues me reconcilian con mi propia juventud, en un extraño viaje por el tiempo, cuando yo también seguí la estela de Dylan hasta París, en el 78, pues aún no venía a actuar por estos pagos. Aquellos días, aquella aventura, estará siempre marcada en mi alma, al igual que está película, a la que amo tanto, “Las huellas de Dylan”.

Fernando Merinero