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Herencia flamenca cartel reducidoHerencia flamencaDirigida por Michael Meert
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El pequeño Lucas ha crecido a ritmo flamenco. Si su maestro es su propio padre y además es uno de los componentes de Ketama, no es de extrañar que el niño cante con acierto y sentimiento. Y en efecto, a sus 9 años Lucas canta maravillosamente.

Hace medio siglo, su abuelo, Juan "Habichuela", a la misma edad que tiene hoy Lucas, mangaba -pedía dinero- por los bares y tabernas para alimentar a su familia. Terminada de la guerra civil seguían corriendo también malos tiempos para los gitanos.

Para ellos lo primero es la familia... y la música. Pocas familias han aportado tanto al flamenco como los Carmona.

Con 17 años abandonó Juan su ciudad natal, Granada. Se estableció en Madrid donde se convirtió en uno de los guitarristas de flamenco más demandado por cantaores y cantaoras. Naturalmente, poco a poco trajo a toda su familia, empezando por su hermano Pepe, - Pepe "Habichuela", que con el tiempo tocaría con grandes del jazz como Don Cherry y grabaría con músicos indúes como Chandru y los Boollywood Strings -, a las mujeres, que tuvieron que renunciar a su carrera de bailaoras, y a los niños. Juan padre, de gira por el mundo casi permanentemente, a penas se ocupó de sus hijos: Juan y Antonio.

Su tío Pepe fue quien se puso serio con los chicos, a los que a finales de los años 70 les acechaba el delirio de las drogas en la apoteosis de las noches madrileñas.

Casi en secreto, Juan Carmona, junior, su hermano Antonio y más tarde su primo José Miguel, hijo de Pepe "Habichuela", crearon su propia música: flamenco con bajos eléctricos mezclado con elementos árabes, latinos, del jazz y del rock. 1986 daba el triunfo a una grupo llamado Ketama que irrumpió sorpresivamente en las listas de superventas con el Nuevo Flamenco. Estos jóvenes músicos españoles se convirtieron en estrellas llevando su música por todo el mundo.

Para darle clases de guitarra a Lucas tiene un poco tiempo, de esa manera el chico empezó a cantar. Su hermano mayor tiene ya su propio grupo a punto de grabar su primer disco, sus primos y primas son aún pequeños y ya les vibran las manos a ritmo flamenco.

El clan Carmona vive en Madrid. Se les encuentra en casa, en estudios de grabación, en locales flamencos, con otros músicos, pero siempre con la guitarra en ristre.

Una vez al año van a Granada, en la que todavía queda una parte de los Carmona, y casi nadie ya en las cuevas del Sacromonte. La gran fiesta de los Carmona los reune a todos en el barrio del Albaicín que tan bien conocen. Saludos efusivos, encuentros inesperados, beber, comer y mucho que contar. Las últimas generaciones muestran su orgullo y respeto al mayor de la saga: el tío Miguel, que en los años 30 tocaba por un sueldo de miseria para los señoritos por las tabernas granadinas.

Por la noche se sacan los instrumentos. Los jóvenes muestran sus avances con la guitarra, las niñas imitan el baile de sus tías, y ya entrada la noche culmina todo en una juerga familiar donde se funde la música con el baile en una euforia próxima al éxtasis.

El ritmo del taconeo, de la caja, de las palmas apenas puede seguirlo el guitarrista. Hasta el abuelo Juan se deja arrastrar al baile por una de sus nietas. En esa extraordinaria noche, sólo una vez al año, todo el clan Carmona canta, baila y toca, esta vez no para el público, sino para ellos mismos.

El autor y director es Michael Meert, cuyos documentales sobre Paco de Lucía o Pablo Casals se conocen en todo el mundo, cuenta en "Herencia Flamenca" la historia de una dinastía gitana que abarca cuatro generaciones. Junto con sus extraordinarios protagonistas, el documental emprende un camino interior y exterior hacia las raíces arcaicas de su música en las cuevas del Sacromonte, para desde aquí reflejar el desarrollo actual del flamenco, sin perder de vista la historia reciente de España.

De los Habichuela a Ketama
Hablar de flamenco es hablar de gitanos y de leyes, de palos y del compás, de arroces y de palmas. Hablar de flamenco es hablar de la poesía más pura que existe, que es la popular. Hablar de flamenco es hablar de Sabicas y de Camarón, de Jerez y de Sevilla, de Madrid, de Málaga y del Puerto de Santa María. Pero no se puede hablar de algo tan grande y tan enrevesado como es el flamenco sin hacer una parada en una de esas ciudades mágicas que fue durante ocho siglos símbolo y orgullo del reino nazarí: Granada. En sus calles empedradas y en sus cuevas se empezó a fraguar la historia de una familia gitana, los "Habichuela", que llevan ya cinco generaciones de música y arte a sus espaldas y lo que es más importante, han estado presentes a veces como testigos y otras como protagonistas de la evolución de un arte tan rico y variado que comprende varias disciplinas al mismo tiempo.

La saga comenzó con el Habichuela Viejo, guitarrista y cantaor granadino, que actuaba en tabernas con su hija Marina y su otro hijo, José Carmona Fernández.

Este último, es el padre de los guitarristas Juan, Pepe, Carlos y Luis Carmona "Habichuela". Juan, el mayor, es uno de los mayores referentes vivos de la reciente historia de la guitarra flamenca, y junto a su hermano Pepe, protagonizaron junto con sus contemporáneos la asombrosa renovación de los años setenta, abriendo el camino a una generación entera de músicos entre los que se encontrarían más tarde y en un lugar privilegiado, sus propios hijos con uno de los grupos más influyentes e innovadores de lo que se ha llamado Nuevo Flamenco: Ketama.

Hijos del flamenco, Juan, Antonio y José Miguel Carmona son Ketama, "los Ketama" como les dicen por ahí, un grupo con más de un millón y medio de copias vendidas y con once discos originales que estuvieron en el momento indicado, los años 80, y en el lugar preciso, Madrid, defendiendo con unas guitarras y un cajón lo más preciado que poseían: su sonido, un sonido nuevo, fresco y revolucionario que han paseado por los escenarios de medio mundo.

Bosco Usia