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No cartel reducidoNoDirigida por Pablo Larraín
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Galardona como la Mejor Película de la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2012. Protagonizada por Gael Garcia Bernal, la película concluye la trilogía, iniciada con "Toni Manero" y "Post Morten" sobre el golpe de estado de Pinochet y los últimos días de Salvador Allende en Chile.


Biografía del diredctor
Pablo Larraín nació en Santiago de Chile en 1976. Es cofundador de Fábula, una empresa dedicada a la producción cinematográfica, televisiva y publicitaria.

En 2005 realizó su primer largometraje, Fuga.

En 2007 dirigió su segunda película, Tony Manero, coescrita con Mateo Iribarren y Alfredo Castro, seleccionada para la Quincena de Realizadores en el Festival de Cannes 2008.

Su tercer largometraje, Santiago 73, Post Mortem, protagonizado por Alfredo Castro y Antonia Zegers, participó en la Sección Oficial del Festival de Venecia 2010.

En 2010 dirigió “Prófugos”, la primera serie de televisión producida en Chile por HBO. El rodaje de la segunda temporada ha empezado en 2012.

NO es su cuarto largometraje.


Entrevista con Pablo Larraín

P: -¿Por qué decidió usar cámaras de los años ochenta para conseguir el lenguaje audiovisual de la película?

R: -Decidimos rodar en el mismo formato que se había usado para las imágenes de archivo de la película. El resultado son unas imágenes idénticas a las que se rodaron en los ochenta para que el espectador acceda a este material poco corriente sin darse realmente cuenta de dónde empiezan las imágenes de archivo y dónde acaba el rodaje actual. Eso nos permitió evitar que el uso del material de archivo fuera obvio, creando una combinación sin sutura entre el tiempo, el espacio y el material generado con cámaras de 1983 con tubo Ikegami.

El formato casi cuadrado de 4:3 y una decisión audiovisual especial, la de rodar con cámaras de vídeo analógicas, también representan una forma de resistencia ante la hegemonía estética de la alta definición.


P: -¿Cómo llegó a instalarse en el Chile posterior a Pinochet el modelo usado para vencer a la dictadura?

R: -René Saavedra es un producto del sistema neoliberal impulsado por Pinochet. Por eso me parece interesante que sea él quien consiga desconcertar a Pinochet haciendo uso de las mismas herramientas ideológicas de la dictadura. Lo hace inventando una campaña publicitaria plagada de simbolismos y objetivos políticos que aparentan ser una mera estrategia de comunicación, pero que en realidad esconden el devenir de un país. En mi opinión, la campaña del “NO” es el primer nivel de consolidación del capitalismo como único sistema posible en Chile. No se trata de una metáfora, es exactamente eso: publicidad pura y dura llevada a la política.


P: -¿Qué ha significado para usted completar la trilogía, después de Tony Manero y Santiago 73, Post Mortem?

R: -He cerrado un ciclo. Ahora solo queda esperar que las películas generen un vínculo entre sí. Santiago 73, Post Mortem habla de los orígenes de la dictadura; Tony Manero, de la época más violenta, y NO del fin de la misma. Quizá lo que más me interese es realizar un balance, volver a visitar el imaginario de la violencia, de la destrucción moral, de la destrucción ideológica, no para entenderla, sino para dejar constancia de que existió. Puede que con el tiempo estas tres películas den una visión de un periodo lleno de laberintos oscuros y tristes, de alegrías torpes y a menudo forzadas.


Entrevista con Gael García Bernal

P: -¿René Saavedra es un símbolo de su época, o simboliza lo que estamos viviendo hoy?

R: -René es un personaje inherente al contexto en que vivía, pero a la vez también es eterno; simboliza el despertar político de una persona aparentemente apolítica. Es la consecuencia de la política que vivieron sus padres en el exilio, de la persecución, de la sensación de ser un extranjero. En algún momento de la historia busca inconscientemente una forma de reconciliarse con su lado político, al que recurre para cambiar su entorno más inmediato. Creo que el rito de paso a la madurez es recurrente en el ser humano; surge siempre y cuando nos demos cuenta de que podemos cambiar las cosas.


P: -¿Cuál fue el mayor éxito de la campaña del NO, teniendo en cuenta su dimensión política y publicitaria?

R: -El mayor éxito de la campaña del NO fue aprovecharse, por un lado, del sistema neoliberal instaurado por la dictadura para su propia conveniencia y, por otro, la democratización de los medios en el estado rudimentario en que estaban entonces. Puede decirse que la campaña superó a la derecha desde la izquierda y la derecha. Fue una llamada al optimismo y a la felicidad en un país sumergido en las dolorosas consecuencias de su política más reciente.


P: -Pinochet es el único dictador de la historia reciente que ha dejado el poder mediante un referéndum democrático. ¿Cómo encaja René Saavedra en eso?

R: -Creo que lo que se consiguió en aquel momento fue uno de los actos de fraternidad más importantes y más puros que ha vivido la democracia. A pesar de saber que las elecciones eran en gran parte fraudulentas desde el principio, confiaron en que el sacrificio valía la pena y que debían dar la cara de una vez por todas; por ellos mismos, sus padres y sus hijos. Es aquí donde René Saavedra, en mi opinión, se convierte en un ser creíble y heroico. Larga vida a Saavedra. Ya le echo de menos.


Entrevista con Alfredo Castro

P: -¿En qué se parecen Raúl Peralta (Tony Manero), Mario Cornejo (Santiago 73, Post Mortem) y Luis Guzmán (NO)?

R: -Raúl Peralta, Mario Cornejo y Luis Guzmán están unidos porque están solos, porque son invisibles para los que les rodean y porque se someten al poder. Sin embargo, son radicalmente diferentes porque Luis Guzmán cree y apoya una ideología. Es el más dañino y peligroso representante de la derecha chilena: un trepa que carece de talento, pero cuyo servilismo es útil a la dictadura. Personalmente, lo que me conmovió del papel fue su infinita soledad y su esperanza secreta de formar parte algún día del círculo más íntimo de Pinochet, aun a sabiendas de que nunca ocurrirá. Al contrario de Raúl Peralta, un hombre que carece de ideología y que, desde una esquina de la historia, tiene la intención de ejercer su poder sobre los menos afortunados y matar con la misma impunidad que el dictador, y de Mario Cornejo, un hombre que se convierte en el protagonista del episodio más sangriento e indeseable de la historia de Chile por las circunstancias, Luis Guzmán transita alegremente entre ideologías afines, la dictadura y el libre mercado. Nada de sentimentalismos, ideales, heroicidades o hechos épicos.


P: -Es la tercera película que rueda acerca del mismo periodo. Si tomamos en cuenta que han transcurrido casi treinta años desde esa época, ¿cómo trabaja la percepción del tiempo y del espacio?

R: -No creo que pertenezcan al “mismo periodo”. La forma que tiene Pedro Larraín de contar historias me parece muy interesante: Tony Manero reflejó el momento de mayor represión y crueldad de la dictadura; Santiago 73, Post Mortem se centró en el principio del horror, y NO revisa aparente agonía de la dictadura. Y digo aparente porque siguió y todavía sigue funcionando en Chile, a la sombra de una supuesta democracia. Aunque las tres películas transcurren en años próximos, no pertenecen al mismo periodo. Un “periodo” puede ser cuestión de horas, días. Y el “periodo” de la dictadura sigue adelante con caras nuevas, más democráticas, como estructura de poder y sistema económico, a través de grandes y poderosos grupos financieros, tan crueles en su segregación y discriminación hacia los menos privilegiados como la terrible dictadura que les puso en el poder.


P: -¿Qué opina de que la publicidad tenga un papel tan relevante en la comunicación política actual?

R: -La relación entre política y propaganda, y la agitación de masas necesaria para provocar grandes cambios sociales, siempre ha existido. En la II Guerra Mundial se crearon ministerios especiales en países europeos. Ocurrió lo mismo en Chile para el plebiscito. La dictadura disponía de todo el sistema de comunicación del país, además de contar con el apoyo de una gran parte de la población. Por lo tanto, para derrotarla fue necesario que los creativos de la campaña llegasen a la gran masa, formada por disidentes, indecisos y temerosos, mediante mensajes simbólicos que actuasen en el subconsciente, los instintos, las emociones y los sentimientos. Había que simplificar las ideas al máximo y usar mensajes claros muy concentrados. Por eso, el eslogan de la campaña del NO, dirigida en su mayoría por publicitarios jóvenes, fue “La alegría está en marcha”, y tal como explica mi personaje representa una promesa, un ideal de futuro, un cambio que resultó ser imparable. Y así fue.