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 Cinemanía >> Películas >> Paraíso: Amor >> Comentario
Paraíso: Amor | Sinopsis | Comentario | Ficha técnica | Fotos | Tráiler 
Paraíso: Amor cartel reducidoAmpliar
Paraíso: Amor
(Paradies: Liebe)
Dirigida por Ulrich Seidl
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Sección EFA y Eurimages. Sevilla festival de cine europeo


Glosario
Beach boys: Jóvenes africanos que trabajan en las playas de Kenia ofreciendo llaveros, paseos en barco y safaris a los turistas con el fin de conocer a mujeres europeas y prostituirse. Hablan inglés, alemán y francés. Las mujeres pagan por sus servicios con dinero u objetos de valor (motos, coches o casas). La mayoría de los beach boys sueñan con vivir en Europa.

Sugar mamas: Nombre que se da en Kenia a las europeas que “mantienen” a jóvenes africanos; en otras palabras, que pagan por sus servicios sexuales.

Beso mzungu: Nombre que se da en Kenia al beso con lengua, tan poco habitual como el sexo oral con mujeres.


Ulrich Seidl habla con Claus Philipp de la trilogía Paraíso
Ulrich Seidl, el poco convencional realizador austríaco que ya nos ofreció Good News, Días perros e Import Export, tenía pensado rodar una película titulada Paraíso. Después de cuatro años de trabajo y unas ochenta horas filmadas, decidió hacer una trilogía, tres películas que cuentan la historia de tres mujeres de una misma familia.

P: La trilogía se llama Paraíso, ¿por qué escogió este título?

R: El paraíso es la promesa de una felicidad eterna. Mucha gente asocia la palabra al sol, el mar, la libertad, el amor y el sexo. De hecho, la industria turística explota el término en este sentido. El título de la trilogía corresponde a las tres historias acerca de tres mujeres que intentan hacer realidad sus sueños y satisfacer sus pasiones.


P: ¿Por qué tres películas dedicadas a tres mujeres?

R: Porque, al contrario de lo que se dice de mí, me gusta filmar a las mujeres. La trilogía se desarrolló desde varios puntos de partida, sobre todo de las ganas que tenía de rodar una película dedicada a las mujeres de más de cincuenta años, y del interés que sentía por el turismo masivo. Mi esposa Veronika Franz y yo habíamos desarrollado un guión en el que se contaban las vacaciones de seis occidentales en países del Tercer Mundo y donde ya se incluía el turismo sexual.

Luego, el guión se convirtió en la historia de dos hermanas y de la hija de una de ellas. Cada una de estas tres mujeres busca a un hombre, pero ellas no encajan en los criterios de belleza habituales. Y, usando los términos de Houellebecq o de Jelinek, puede decirse que las tres están desvalorizadas en el mercado actual. Por eso intentan satisfacer de otro modo su necesidad de amor o de sexo, en este caso con africanos.


P: ¿Cuáles son los factores determinantes que llevaron a la “explosión” de la película en una trilogía?

R: Nuestros guiones no son guiones al uso. Describimos las escenas detalladamente, pero concebimos las historias como novelas cortas, no hay nada que las una. No encajan hasta que llegamos a la sala de montaje. Corresponde a mi método de trabajo: parto del principio de que realizar una película no es limitarse a seguir un guión, sino tener en cuenta sobre todo las localizaciones y los acontecimientos que surgen durante un día de rodaje. También intento filmar lo más cronológicamente posible y estar abierto a cualquier modificación o idea nueva.

Asimismo, intento imponerme un nuevo objetivo cuando empiezo una película. Con Paraíso, siempre tuve la idea de filmar las tres historias de manera que pudieran existir independientemente si hiciera falta. Al disponer de 80 horas rodadas, hemos dedicado un año y medio al montaje y realizado numerosas versiones para conectar las tres historias. Funcionaba muy bien en ciertos aspectos, pero acabó siendo una película enorme de más de cinco horas de duración. No era la solución ideal, ya que en vez de enriquecerse mutuamente, las tres historias perdían impacto al estar juntas. Acabamos por ver que la mejor solución, desde el punto de vista artístico, era hacer una trilogía. Pero no fue nada fácil.


P: Turismo sexual en Kenia, trabajo de evangelización radical en Viena y campamento para adolescentes con sobrepeso, ¿qué le empujó a escoger estos tres temas?

R: Son tres mujeres enamoradas que van a tener una decepción. La más joven, la que ha ido de vacaciones a un campamento para adolescentes con sobrepeso, vive un primer amor sin condiciones. La que va a Kenia (la madre de la joven) busca amor o sexo, y su viaje es una decisión consciente después de años de decepción amorosa. En cuanto a la que solo ama a Jesús (la hermana de la segunda protagonista), va aún más lejos. Al haber transferido la vida sexual al terreno espiritual, busca en el cielo, o sea, en el paraíso, lo que no ha encontrado en la tierra.


P: Sobre todo en lo que respecta a la película rodada en Kenia, la acción es muy libre, improvisada. ¿Qué lugar ocupa la escritura en un caso así?

R: No es del todo exacto. La historia de Kenia empezó siendo la más extensa y la que más detallada estaba en el guión. Las localizaciones in situ se realizaron a lo largo de dos años, pero como en todas mis películas hubo modificaciones durante el rodaje. Modificaciones profundas. Al principio se trataba de la historia de una mujer que ya tenía un amante en Kenia y volvía para verle. Pero después de escoger a Margarethe Tiesel para el papel protagonista y de ensayar con los actores africanos, llegué a la conclusión de que sería más interesante trabajar la historia de una mujer blanca que entra en contacto con africanos durante un primer viaje. Por otra parte, tenía a dos candidatos para el papel protagonista masculino y no conseguía decidirme. No podía equivocarme, ya que tendría que rodar escenas íntimas y físicas que debían parecer reales. Por eso empecé a rodar con ambos actores, y a planificar el rodaje siguiente según los resultados del día. No obstante, respetamos en gran medida el guión.


P: Siempre trabaja mezclando actores profesionales con no profesionales. En esta película, ¿los beach boys de las playas de Kenia son los no profesionales? ¿Cómo les conoció? ¿Fue difícil convencerles de que rodaran?

R: No fue nada difícil conocerles. Al contrario. Basta con poner el pie en una playa de Kenia para estar rodeado, asediado incluso en todos los idiomas. Lo más delicado fue encontrar buenos actores y convencerles. Necesité tiempo. Nos guste o no, en Kenia todo es cuestión de dinero. Los habitantes consideran que un europeo blanco tiene dinero y actúan en consecuencia.

P: ¿Puede darme algunos ejemplos concretos?

R: Por ejemplo, hace falta pagar para que un beach boy vaya a un casting. Tratándose de dinero, los kenianos tienen una imaginación desbordante. Algunas de las excusas a las que recurren para sacarnos dinero podrían tacharse de mentiras, pero aprendí a apreciar su inventiva. Un beach boy keniano considera normal intentar convencer a alguien en tres días que un miembro de su familia está enfermo, que a otro le ha mordido una serpiente, que uno de sus hermanos tiene malaria y que su abuela acaba de morir.


P: ¿Qué criterio siguió para escoger a las actrices principales? Me refiero a Margarethe Tiesel para PARAÍSO: AMOR.

R: Siempre pensé en una actriz profesional para el papel principal, pero debía satisfacer una larga de lista de exigencias. Entre otras, haber cumplido los cincuenta años y no corresponder a los cánones de la belleza occidental; por ejemplo, tener sobrepeso. Además, para ser compatible con mi método de rodaje, debería ser capaz de improvisar sin perder autenticidad. Pero quedaba lo más difícil, las escenas sexuales con jóvenes africanos. El casting duró más de un año y tuvimos la suerte de encontrar a Margarethe Tiesel.


P: Todavía más que Días perros e Import Export, es una película de ficción, ¿está de acuerdo con esa afirmación?

R: No, estas tres películas, me refiero a Días perros, Import Export y a la trilogía Paraíso, cuentan historias ficticias, efectivamente, pero se basan en encuentros u observaciones del mundo real. Reinventan la realidad.


P: Corporalidad y sexualidad, ¿qué significan para usted? Su cine me hace pensar en los cuadros de Lucian Freud…

R: La corporalidad tiene un papel importante en mi cine. Me gusta filmar a los actores muy de cerca; mostrarles tal como son, sin maquillaje. La belleza vuelve a surgir en ausencia de artificios.


P: La trilogía utiliza los términos “fe, amor, esperanza”, el título de una obra de Ödön von Horváth.

R: De joven era un gran admirador de Ödön von Horváth. Sus novelas y obras de teatro influyeron en mi forma de vida y de mirar a las personas. Pero Horváth no ha tenido una influencia directa en la trilogía Paraíso. De hecho, el título no se decidió definitivamente hasta la fase final del montaje.

P: Aunque se hable de la trilogía Paraíso, cada una de las tres películas posee cualidades estéticas y narrativas propias. ¿A qué se debe?

R: Mi forma de rodar, es decir, de concebir imágenes y su contenido narrativo, se basa por una parte en lo que encuentro in situ y, por otra parte, en las circunstancias del rodaje. El ambiente de la historia que va a contarse tiene un papel de suma importancia. En Kenia, por ejemplo, un país tremendamente ruidoso, el mar, las palmeras y la playa confieren a la película un barniz de exotismo y libertad. Había pensado rodar en otros países donde también van sugar mamas, como la República Dominicana y ciertos lugares del Caribe. Me decanté por África porque me interesaba la tensión social, las heridas procedentes de la época colonial. África me embrujó por la diversidad y las contradicciones, el horror y la belleza, la miseria y la riqueza procedente del turismo, siendo este último una forma moderna de colonialismo. Me parece un continente de una infinita inspiración visual.


Frases de la película
Caribou. Yes Africa. Bienvenue Afrique. No tengas miedo. Don’t be afraid. ¡Jambo! Hakunata matata. Willkommen. ¿De dónde? Von wo?

¿Sabes lo que es un “Speckschwarte”? (Torrezno)

- El problema es que todos los africanos se parecen. Siempre creo ver al mismo.
- Se distinguen por el tamaño. Los hay más grandes que otros.

No pellizques. Nada de pellizcos. No me pellizques, ¿entendido? No te pellizco ahí. ¿Lo entiendes? Hay que ser tierno.

Es tuyo, todo tuyo. De la cabeza hasta el rabo.

Le he comprado una moto, es una inversión. He invertido en él, vale la pena.

- ¿Quieres que te dé dinero?
- No, nada de dinero, para mí es amor.


Una entrevista con la actriz Margarethe Tiesel

P: ¿Hasta qué punto el personaje de Teresa se parece a usted? ¿Había estado en África, había conocido a africanos y a algún beach boy antes del rodaje?

R: No, para nada. Había ido de vacaciones a Túnez y había trabajado en una obra de teatro con inmigrantes. Hablé con los príncipes negros de las playas por primera vez durante el casting. Les hice preguntas indiscretas acerca de sus experiencias con mujeres blancas. Y me quedé atónita al enterarme de que consideran a las sugar mamas como algo fantástico. Uno incluso me dijo que había presentado su sugar mama a sus hijos.


P: ¿Fue fácil meterse en la piel de Teresa?

R: No me enamoré (Ríe), pero entendí la situación. Te sientes con diez años menos cuando estás delante de esos hombres jóvenes, vuelves a ser parte del juego. De pronto, era deseable de nuevo, fue una sensación muy agradable. Entiendo perfectamente que una mujer pueda ir a África a buscar un amante.


P: De todas las escenas, ¿cuál le impresionó más?

R: Todas me impresionaron mucho.


P: ¿Y la más difícil? Ulrich Seidl no tiene fama de ser un director cómodo.

R: Subir y bajar las escaleras unas cien veces (ríe) o andar con tacones, ¡qué horror! “Vamos, otra vez. No, una más”. Me entraron ganas de estrangularle.


P: ¿Y las escenas de desnudo?

R: Desde luego siempre son difíciles. Pero tuve la impresión de que lo eran aún mucho más para los actores africanos. Son muy tímidos, incluso recatados. Siempre llevan dos o tres calzoncillos y nunca se bañan desnudos. Y no me pregunte cómo puede ser compatible con el turismo sexual… De hecho, prefieren desnudar a desnudarse (ríe). Además, los actores no teníamos guión durante el rodaje. Ulrich Seidl me decía con solo unos minutos de antelación lo que esperaba que hiciera en la siguiente escena.


P: ¿Cómo fue trabajar con él? Era su primera colaboración.

R: Creo que es bueno saber lo que uno quiere desde el principio. Hay dos posibilidades, aceptar y confiar en Seidl, o negarse a trabajar con él. Y si se trabaja con él, hay que aceptar que quien dirige y decide es él. Sabe cómo hacer que los actores saquen cosas de sí mismos de las que se creían incapaces. Entran ganas de demostrarle que podemos hacerlo, y funciona. Dicho eso, me habría gustado catar un poco más la zanahoria y menos el palo. Pero Seidl es hombre de pocos cumplidos.


El reparto
Margarethe Tiesel es Teresa. Estudió en el Mozarteum de Salzburgo antes de empezar a trabajar en los escenarios alemanes. También ha actuado mucho en Austria, especialmente en los teatros de Graz, donde vive. PARAÍSO: AMOR es su primera película.

Peter Kuzungu es Munga, el principal amante de Teresa. El director le descubrió cerca de Mombasa, donde trabajaba como beach boy. “La escena más extraña es cuando estoy con mi sugar mama delante de mi esposa de verdad. Fue un poco incómodo”, dice. Este beach boy con peinado rasta es bígamo; tiene una mujer africana y otra alemana, con la que se casó hace cinco años en Mombasa. El dinero de la sugar mama le permitió comprarse una casa en Mtwapa y un coche que pudo utilizar como taxi hasta que la alemana le dejó hace dos años. Sin recursos, al haber perdido el coche, debe partir desde cero y espera volver a encontrar a otra sugar mama.

Inge Maux hace el papel de la amiga de Teresa acostumbrada a los beach boys. Además de actriz es fotógrafa y pintora. “Mientras preparaba el papel, recurrí a una amiga que había tenido una relación así en África. Lo interesante es que esas mujeres no se sienten especialmente atraídas por el sexo, en realidad quieren ser amadas de nuevo como cuando eran jóvenes. Es algo más profundo que una relación sexual comercial. Pero en África, el dinero es lo primero y suelen acabar muy decepcionadas”.

Dunja Sowinetz es miembro de la compañía de teatro Burgtheater de Viena y hace el papel de otra mujer atraída por el turismo sexual en África. Hablando del método de trabajo de Ulrich Seidl, dice: “Lo mejor es no preparar nada y dejarse llevar. Me gustó mucho trabajar sin guión”. Nacida en Viena, también ha trabajado en cine y televisión.

Helen Brugat tiene 58 años y nació en Alemania. Madre de tres hijos y orgullosa de ser abuela, es puericultora diplomada y estudió medicina durante cuatro años. Ha sido enfermera, taxista, escritora y directora de teatro. Se formó en la Escuela de Mimos y Payasos de Francia y ha participado en numerosas obras de teatro. Habla alemán, francés, inglés y turco. Nunca había trabajado en una película.

Gabriel Nguma Mwarua hace el papel de Gabriel, el primer beach boy al que conoce Teresa. Tiene veintidós años y nació en un pueblo de la selva. Actualmente vive en Malindi con su abuela. Ya ha tenido relaciones con tres sugar mamas, una inglesa y dos alemanas, de las que una tenía más de sesenta años. Está enamorado de una joven keniana que estudia en un internado y que no sabe nada de su actividad profesional.

Carlos Mkutano, alias Wolf, es Salama. Tiene treinta años y es un beach boy de la costa sur de Kenia que vende safaris. Vivió cuatro años en Alemania con una sugar mama y sus tres hijos. Se enorgullece de ser africano, de haber vivido en Europa y de haber vuelto, al contrario de todos los que sueñan con dejar el continente que les vio nacer. ¿La escena más difícil? “Cuando tuve que desnudarme y besar a una mujer delante de todos”.


Ficha artística
Margarethe Tiesel - Teresa
Peter Kuzungu - Munga
Ingue Maux - La amiga de Teresa
Dunja Sowinetz - Sugar Mama 1
Helen Brugat - Sugar Mama 2
Nguma Mwarua - Gabriel Gabriel
Carlos Mkutano (Wolf) - Salama

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