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El congreso cartel reducido El congreso(The Congress)
Dirigida por Ari Foldman
¿Qué te parece la película?

Ari Foldman (Vals con Bashir) vuelve con una película con una energía visual única que mezcla la imagen real con la animada en un drama de ciencia ficción. Película inaugural de la Quincena de realizadores del Festival de Cannes 2013.

Protagonizada, entre otros, por Robin Wright, Harvey Keitel, Jon Hamm y Paul Giamatti.


Nota del director
En la novela Congreso de futurología, el autor de ciencia-ficción Stanislaw Lem anticipa una dictadura mundial química dirigida por la gran industria farmacéutica. Escrito a finales de los años sesenta, el libro describe cómo la industria farmacéutica se hace con el control de todas nuestras emociones, desde el amor y los anhelos hasta los celos y el miedo más abyecto. Stanislaw Lem, considerado el mayor profeta y filósofo de la ciencia-ficción (con Philip K. Dick), no conocía el alcance de su visión al predecir el comienzo del tercer milenio.

La adaptación cinematográfica de la novela hace uso de las tecnologías actuales 3D y de captura de movimiento que amenazan con erradicar el cine con el que crecimos. En la era pos-Avatar, todos los realizadores deben preguntarse si los actores de carne y hueso que han ocupado nuestra imaginación desde la infancia llegarán a ser sustituidos por imágenes 3D generadas por ordenador. ¿Pueden esos personajes computerizados crear el mismo entusiasmo? Pero ¿importa realmente? La película The Congress lleva las imágenes 3D un paso más allá, convirtiéndolas en una fórmula química que cualquiera puede ingerir en forma de pastilla para permitirle compilar en su mentes las películas que siempre ha querido ver, escenificando sus fantasías con los actores que más le gustan. En este mundo, las adoradas criaturas del escenario y de la pantalla se convierten en reliquias fútiles que no interesan a nadie. ¿Adónde van esos actores después de haber vendido su alma al diabólico estudio?

The Congress incluye secuencias de acción real casi documentales mientras sigue a la actriz Robin Wright, que acepta ser escaneada y vende su identidad al estudio; a continuación entra en un mundo animado donde se describen sus tribulaciones después de haber vendido su imagen, hasta el momento en que el estudio la convierte en una fórmula química.

La transición que realiza la mente humana mediante drogas psicoquímicas hacia una falsa realidad solo puede describirse mezclando la animación – con la maravillosa libertad que confiere a la interpretación cinematográfica – y la acción real casi documental. The Congress es, ante todo, una fantasía futurista, pero también es un grito de socorro y de nostalgia por el cine que todos conocemos y amamos.


Una entrevista con Ari Folman

P: Ha tardado años en realizar la película The Congress. ¿Puede explicarnos cómo se le ocurrió la idea y cómo adaptó la novela de culto de Stanislaw Lem?

R: La primera vez que leí la novela de Lem tenía 16 años, era un fan de la ciencia-ficción y me enamoré de la historia. La segunda vez fue mientras estudiaba en la Escuela de Cine y fue cuando decidí que quería hacer algo cinematográfico con el texto. Pero hasta que no me metí de lleno en la animación con Vals con Bashir, no me di cuenta de cómo podía adaptarla. Tardé un año entero en escribir el guión. Me alejaba a menudo del texto original, pero siempre acababa volviendo cuando me perdía. Creo que el espíritu de la novela ocupa un lugar importante en la película y está muy presente en la sección animada.


P: El protagonista de la novela, Ijon Tichy, es un explorador y un científico. ¿Por qué decidió que el personaje principal de la película fuese una actriz de cine?

R: Creo que cuando se adapta un clásico al cine, hay que tener el suficiente valor como para ser libre y no dejarse atrapar por el texto original. Busqué una dimensión nueva, más actual, a la alegoría de la época comunista de la novela. Mientras escribía el guión, la dictadura química se fue transformando en el negocio del entretenimiento, y más concretamente en la industria cinematográfica controlada por los grandes estudios. A partir de ahí, el personaje de la actriz madura solo fue una cuestión de proceso.


P: ¿Por qué escogió a Robin Wright para encarnar a la heroína? Háblenos de la relación entre su auténtica carrera profesional y su alter ego ficticio en The Congress.

R: Siempre que pensaba en la película, veía la primera escena, en la que el agente de la actriz la pone verde. En el invierno de 2009, durante una presentación en Los Ángeles, conocí a Robin Wright. Estuve sentado frente a ella toda la noche. La imaginé en esa primer escena y el resultado era prefecto. El día siguiente le hablé del proyecto apoyándome en unas ilustraciones que había dibujado David Polonsky la noche anterior. Robin aceptó el papel inmediatamente y así empezó un viaje que duraría cuatro años.


P: The Congress ofrece una visión distópica de Hollywood y de las películas producidas por los grandes estudios. ¿Piensa lo mismo de la industria? ¿Refleja la película su miedo por el futuro del cine?

R: Mientras buscaba una localización adecuada en Los Ángeles para filmar la escena del escaneado, me sorprendió enormemente descubrir una sala a ese efecto. Hace años que escanean a los actores, la tecnología ya existe. Los actores de carne y hueso ya no son realmente necesarios en esta época pos-Avatar. Supongo que las finanzas decidirán si las nuevas películas se rodarán con actores escaneados o con una nueva generación de actores “construidos desde cero”. Pero soy optimista, y creo que los actores de carne y hueso ganarán la batalla. Espero que The Congress sirva de algún modo para que así sea.


P: Hay muchos detalles futuristas en The Congress, pero dan la sensación de ser habituales. ¿Cree que vivir en otra realidad, detrás de un avatar on line, por ejemplo, ofrece algún aspecto positivo? ¿Se acerca esa idea a la posibilidad de escoger una realidad cualquiera tal como se describe en la película?

R: Creo que el mundo químico descrito en la novela de Stanislaw Lem y en la película es una fantasía, pero no por eso deja de representar uno de los miedos de los que viajamos con la imaginación y los sueños. Siempre he tenido la sensación de que todos en todas partes vivimos en universos paralelos; en uno, funcionamos en tiempo real, y el otro es el universo al que nos lleva la mente, donde no siempre tenemos el control. Combinarlos ambos para que formen uno es mi mayor reto como cineasta.


P: La película es única e incluye lo que parece ser una cantidad enciclopédica de referencias significativas en cuanto al cine. ¿Se trata de títulos clave que usó para guiarse o inspirarse mientras hacía la película?

R: La parte animada es un homenaje al trabajo de los fantásticos hermanos Fleischer en los años treinta. Está íntegramente dibujada a mano, se realizó en ocho países diferentes y fueron necesarios dos años y medio para crear 55 minutos de animación. Hasta ahora, ha sido mi misión más dura como director. El equipo principal, encabezado por el director de animación Yoni Goodman, trabajó 24 horas diarias siete días a la semana para asegurarse de que la animación procedente de otros estudios fuera consistente en cada escena. Durante el proceso, descubrimos que dormir es de mortales y animar es de locos. En otra parte de la película, intento homenajear a mi ídolo Stanley Kubrick en dos ocasiones, con una referencia a ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú y a 2001: Una odisea del espacio, que sigue siendo mi película de ciencia-ficción preferida.


P: La edad, el libre albedrío y la muerte son algunos de los profundos temas filosóficos que hilan The Congress. ¿Qué le gustaría que obtuviera el público de la película?

R: Ahí está lo maravilloso de hacer cine. Cuando el director termina la película, ya no está entre sus manos, sino entre las manos de los espectadores. Ahora solo me queda sentarme y escucharlos. Con un poco de suerte, quizá sepa lo que realmente he hecho.


Entrevista telefónica con Ari Folman (Les Cahiers du Cinéma)
Realizada por Ariel Schweitzer el 28 de abril de 2013

P: ¿Qué le empujó a adaptar una novela de ciencia-ficción?

R: Acabé totalmente exhausto de la promoción de Vals con Bashir. Fue muy agotador debido a la carga política de la película. El éxito de la cinta hizo que todos esperasen que fuera de nuevo en la misma dirección, pero quería hacer algo inesperado. Me gusta la ciencia-ficción desde niño. Descubrí la novela Congreso de futurología, de Stanislaw Lem, a los 16 años, y creo que he querido llevarla al cine desde entonces. Pero nunca pensé que sería tan difícil.


P: Lem escribió la novela a finales de los sesenta como una metáfora de la sociedad comunista: un régimen totalitario utiliza drogas alucinógenas para controlar a las masas haciéndoles creer que viven en el mejor de los mundos. ¿Cómo ha adaptado la novela al contexto actual?

R: Me he tomado muchas libertades con relación a la novela. El texto de Lem me ha servido de inspiración sobre todo para la segunda parte de la película, la parte animada. La primera parte, rodada en acción real, es una historia original mía que cuenta cómo una actriz vende su imagen a un estudio de Hollywood para que la explote. Aquí hablo de la sociedad de las imágenes, del simulacro y de la forma en que se controla al pueblo mediante esta nueva droga: nuestra total fascinación por las imágenes. Es una película acerca de la dictadura de la “diversión” que, en el fondo, no está muy alejada de las sociedades totalitarias comunistas. Hoy en día, los niños están drogados con imágenes. Al igual que en la novela de Lem, se controla al pueblo mediante visiones paradisíacas que enmascaran la brutalidad del mundo real.


P: Entonces, ¿la película habla de un mundo de simulacro en el que la imagen virtual hace que la presencia de seres humanos sea superflua?

R: La máquina Light Stage 5, capaz de producir imágenes digitales idénticas a la fisonomía y a los movimientos de personas reales, es aterradora. Hoy en día ya es posible producir películas sin actores utilizando su imagen digitalizada con tanta exactitud que es imposible distinguirla de la realidad. Más aún, ya es posible quitarle la imagen a un actor sin pedirle permiso, basta con inventarle una biografía ficticia. Es un proceso muy rentable, pero sumamente peligroso. En la película utilizo una frase del productor de Avatar que se lamenta por el hecho de que la película fue candidata al Oscar, pero no sus actores virtuales. Los actores de The Congress se quedaron muy sorprendidos cuando descubrieron que hoy ya no se les necesita, se puede hacer cine sin ellos. Mi película comunica el auténtico dolor de los actores y una sensación de pavor ante este nuevo mundo. Plantea la pregunta más importante sobre el futuro del cine y de las imágenes.


P: En la película usa acción real y animación. ¿Pasar de una a otra le planteó problemas?

R: Mi primera decisión fue no mezclar nunca las dos técnicas para evitar sobrecarga y confusión visuales. La acción real domina la primera parte, y la animación, la segunda. El paso de una a otra representó un auténtico reto, y también lo será para el espectador. ¿Cómo puede ser creíble un personaje que al cabo de 50 minutos se convierte en un dibujo animado? ¿Puede el espectador seguir identificándose con él? ¿Cómo conseguir que sea creíble y conmovedor? Por eso rodé primero con los actores las escenas que pasarían a ser animadas. Luego, el equipo de dibujantes vio esas imágenes y las transformó manualmente en dibujos de acuerdo con la técnica más clásica del género (entre 12 y 24 imágenes por segundo). The Congress tiene una faceta realmente artesanal. Es un homenaje a los pioneros de la animación, sobre todo a los hermanos Max y Dave Fleischer, los autores de “Superman” y de los primeros “Popeye”. Mi película está marcada por la nostalgia de una época de la animación que ha pasado, la del contacto del animador con el lápiz, con la materia física que crea la imagen. El aspecto “humano” de la animación parece haber quedado atrás en la época de la Light Stage 5, y esa es la temática de la película.


P: ¿Cómo trabajó con equipos ubicados en países diferentes?

R: Le seré sincero. Nunca imaginé que sería tan complicado, mucho más que para Vals con Bashir, que tampoco fue una película sencilla de hacer. Le pondré un ejemplo. En la película, Robin Wright tiene un amante al que da vida Jon Hamm. El personaje animado del amante dibujado en Luxemburgo era un poco afeminado; pero este mismo personaje se volvió muy viril en Israel y en Alemania. El director de animación, David Polonsky, se encargó de armonizarlo todo, de conseguir un conjunto fluido y coherente que mantuviera la continuidad narrativa de la película, su unidad estilística.


P: Muchos pensaban que The Congress iría a la Sección Oficial, pero inaugura la Quincena de Realizadores.

R: Los programadores de la Sección Oficial no la aceptaron. Pero me alegro mucho de inaugurar la Quincena de Realizadores porque sé que el director artístico, Edouard Waintrop, siente verdadera pasión por la película y tiene el sincero deseo de que participe. Y basta con recordar algunos de los nombres que se descubrieron en la Quincena, desde Herzog a Fassbinder, desde los hermanos Taviani a los hermanos Dardenne, Coppola recientemente… Solo puedo enorgullecerme de que The Congress sea la película inaugural.


Críticas francesas
Cahiers du Cinéma (Jean-Philippe Tessé) *****
La primera parte de The Congress nos deja sin aliento. Luego nos perdemos en la ciencia-ficción sin nunca perder la sensación de que algo pasa… En su delirio, The Congress no cuenta más que eso: la historia de un niño frágil y de su madre, una actriz que tenía miedo.

Elle (Florence Ben Sadoun) *****
Esta fantástica película es una reflexión acerca de la hipertecnología en el cine actual, de la creciente fuerza del 3D y, sobre todo, del riesgo de perder lo que realmente nos empuja a ver cine, la emoción.

Le Parisien (Alain Grasset) *****
El realizador de Vals con Bashir nos cuenta una historia apasionante mediante una fábula futurista que mezcla imágenes reales con animación.

Mad Movies (Gilles Esposito) *****
Ari Folman, que ya había mezclado el género documental con la animación en Vals con Bashir, consigue con The Congress establecer una coherencia profunda entre la historia y la técnica que utiliza para contarla.

Metro (Mehdi Omaïs) *****
Bajo la forma de un grito salido del corazón contra la juventud eterna y la carrera tecnológica pos-Avatar, The Congress reúne una variada temática en un rompecabezas semianimado.

20 Minutes (Caroline Vié) ****
Folman es un filósofo bromista que maneja los cambios de tono con virtuosismo. Una película no exenta de torpezas, pero con una originalidad que solo puede producir respeto.

Les Inrockuptibles (Jacky Goldberg) ****
El envoltorio narrativo (y gráfico) puede, reconozcámoslo, hacer que algunos se pierdan, pero sin duda alguna es la parte más vertiginosa de The Congress.

L’Humanité (Michèle Levieux) ****
Cualquier película digna de llamarse así debe ser desconcertante por transcurrir en otro mundo. The Congress nos pone del revés, tanto intelectual como físicamente.

Paris Match (Alain Spira) ****
Cercana al surrealismo en su flirteo con los alucinógenos, esta película diferente es más que un viaje, es un tripi. Puede que regrese ganado por el entusiasmo o mareado, pero nadie puede olvidar semejante congreso.

Positif (Matthieu Darras) ****
Asombrosa, vertiginosa, con momentos brillantes, relampagueante, y también abotargada, al límite del kitsch, incluso ridícula, pero extraordinaria, hay que verla.