La India a lo largo de su historia ha conservado un profundo sentido de lo sagrado. La tradición hindú ofrece un lugar privilegiado a las "grandes almas" y a los gurus espirituales. La historia de Amritanandamayi en este sentido es ejemplar. En efecto, la que se nombra afectuosamente Amma (madre), se ha convertido hoy en uno de los gurus vivos más importantes. Su incondicional capacidad de escucha y de devoción le confiere un lugar de excepción en la historia de la religión de la India.
Para muchos, es la encarnación de la madre divina, y, según la tradición, está considerada como una Santa. En cierta medida, es reconocida por haber restaurado uno de los ritos más antiguos de la herencia espiritual hindú.
Esta película intentará testimoniar, en el contexto particular de la India tradicional, otra manera de sentir el mundo.
Sinopsis (IFC)
Jan Kounen, director de DOBERMAN y BLUEBERRY realiza un retrato de Amritanandamayi Devi (Amma) una de las "Mahatmas" más conocidas de la India, conocida internacionalmente por sus donaciones caritativas, lucha por la paz, y trabajo contra el analfabetismo. En 2002, ganó Gandhi King Prize por su trabajo, uniéndose al prestigioso grupo de los ganadores que incluyen a Nelson Mandela y Khofi Annan. DARSHAN, EL ABRAZO hace la crónica de su viaje por toda la India, viajando con Amma y su círculo más próximo. Este íntimo documental captura su carisma y su bondadoso espíritu. Se puede sentir fácilmente lo especial que es Amma y lo afortunados que se sienten aquellos que están en su presencia.
Ilustrando como la gente en la India espera durante horas haciendo cola para oír sus bellos discursos, y hacia el final se alinean otra vez para conseguir un abrazo de Amma. Ella es inspiración absoluta, y una bendición para los que carecen de esperanza.
Amma
A lo largo de treinta años de servicio infatigable, Amma ha aconsejado y consolado a personas de todas las procedencias geográficas, culturales o sociales. El contacto personal, el afecto, la compasión, la ternura y la profunda atención que manifiesta hacia todos, el carisma espiritual, la inocencia y la humildad que le son naturales, son únicos.
Cada instante de su vida está consagrado a procurar el bienestar de los demás. Su vida constituye el mejor ejemplo y en ella nos podemos inspirar. Su enseñanza se traduce también en proyectos humanitarios que estimulan el servicio desinteresado. Amma pone el acento sobre la necesidad de ayudar a los más desfavorecidos de la sociedad. El deber de los que tienen una vida desahogada es ayudar a los que carecen de medios.
La vida de Amma
El 27 de septiembre de 1953, en una pequeña villa de Kerala (al Sur de la India) nació una pequeña niña de nombre Sudhamani. Ya durante su infancia, sus padres la encontraban a veces absorta en un estado de profunda meditación. La devoción hacia Dios formaba parte integral de su naturaleza. A la edad de cinco años, ya componía pequeños cantos devocionales.
Cuando Sudhamani solo tenía nueve años, su madre cayó enferma y la responsabilidad de la cocina y de la casa recayó sobre sus espaldas. Tuvo que dejar la escuela a pesar de que era una estudiante brillante. Ella ofrecía al Señor cada minuto de sus largas jornadas de trabajo.
Aceptaba todos los obstáculos como un medio empleado por el Señor para acercarla a Él. Por el mismo motivo aceptaba todos los malos tratos que le infringían los miembros de su familia, irritados por su comportamiento místico que no llegaban a comprender. Cuando terminaba su trabajo, hacia la media noche, Sudhamani, en lugar de ponerse a dormir, se pasaba la noche meditando, cantando o rezando.
El amor y la compasión hacia todos los seres humanos es otra cualidad que manifiesta claramente desde su edad más temprana. Ella escuchaba con paciencia todas las recriminaciones. El espectáculo de la crueldad y el egoísmo del mundo, del dolor y del sufrimiento que observaba alrededor, no hacía más que acrecentar el amor de Sudhamani hacia Dios y su deseo de quedar absorta en Él.
Su búsqueda de la Divinidad tenía ahora otro objetivo: consolar el sufrimiento y el dolor de todos los seres. Aunque ella no era más que una niña, Sudhamani hacía todo lo que podía por disminuir el sufrimiento de sus vecinos y suministrarles alimentos de su propia casa, a pesar de los castigos que recibía por estas acciones.
Cuando Sudhamani llegó a la adolescencia, su amor hacia el Señor alcanzó proporciones indescriptibles. Danzaba y cantaba extasiada de Dios.
Fue a la edad de veintidós años cuando Amma (como se le denomina desde entonces) emprende su misión y difunde su mensaje espiritual. Innumerables personas se acercaron para recibir su bendición. Ella aceptó un grupo de jóvenes discípulos que empezó a formar según la tradición de los monjes de la India. Su casa natal se transformó entonces en un ashram (monasterio).
A partir de 1987, une a sus frecuentes desplazamientos por la India una gira anual por todo el mundo. Desde el principio, su humildad y su compasión, expresadas en silencio y con amor, impresionaron y conmovieron a los occidentales que se acercaban a ella.
Actualmente su mensaje de amor y compasión, transmitido con gran sencillez y una profunda sabiduría, inspira a miles de personas, de todas las condiciones sociales.
En 1993, Amma fue designada como una de las tres representantes de la fe hinduista en el parlamento de las religiones del mundo, celebrado en Chicago. En agosto de 2000, fue invitada por segunda vez a la ONU para participar en la Cumbre Mundial por la Paz. En octubre de 2002 la ONU le concedió el premio a la No-violencia Gandhi King y en julio de 2004 clausuró con un importante discurso el Parlamento de las Religiones del Mundo celebrado en el Forum de Barcelona.
La misión de Amma
Cuando una flor se abre, las abejas acuden por propia voluntad. A la edad de 22 años, Amma (conocida hasta ahora como Sudhamani) inició la misión de extender su mensaje espiritual. Incontables personas acuden a ella para recibir sus bendiciones, y la casa donde nació ha quedado transformada en un ashram, pues Amma aceptó a un grupo de jóvenes discípulos que empezaron a vivir según las reglas del sanyasa, propias de la vida tradicional de los monjes de la India.
En 1987, Amma unió a sus frecuentes viajes por la India, sus anuales giras mundiales. Desde un principio, su humildad, amor y compasión, dadas silenciosamente, asombraron a las audiencias occidentales.
El desinteresado mensaje de amor que transmite, con gran simplicidad y con una profunda sabiduría, ha conseguido inspirar a miles de personas de toda clase y condición social. (ver el apartado Giras de Amma).
En la India los ministros de diferentes partidos acuden a ella para consultarle, los científicos le plantean dudas y las estrellas de cine le rinden homenaje. En 1993 fue designada como una de las tres representantes del hinduismo en el Parlamento de las Religiones del Mundo celebrado en Chicago. En 1995 fue invitada a hablar en las celebraciones ecuménicas que tuvieron lugar en Nueva York al conmemorarse el cincuenta aniversario de las Naciones Unidas. En agosto de 2000 fue invitada por el Secretario de la ONU a participar e intervenir en la Cumbre del milenio por la Paz mundial. En octubre de 2002 la ONU le concedió el Premio a la No-Violencia Gandhi King y en julio de 2004 clausuró con un importante discurso el Parlamento de Mundial de las Religiones, celebrado en el Forum de Barcelona.