CronosDirigida por Fernando González Molina Tras el atentado terrorista de las Ramblas de Barcelona, a las 17:34 se activa el dispositivo policial CRONOS.
Dirigida por Fernando González Molina y con guion de Alberto Marini, este thriller dramático relata la activación de la operación CRONOS y las 124 horas que siguieron al atentado de las Ramblas de Barcelona.
Con un reparto coral liderado por Enric Auquer, Diana Gómez, Mónica López, Pablo Derqui, Israel Elejalde, Xavi Saez, David Vert, Joan Pedrola, Mima Riera, José Pérez Ocaña, Marina Esteve, Moha Ben Moula, Ahmed Mehdi, Faouzia, y Joan Amargós, entre otros.
Rodaje durante 8 semanas en las diferentes localizaciones reales de Cataluña, tras más de dos años de un arduo trabajo de investigación con diferentes testimonios reales de la mano de los periodistas Nacho Carretero y Arturo Lezcano.
CRONOS está producida por Nostromo Pictures, Beta Fiction Spain y Hogar Produccion AIE, en coproducción con 3Cat y cuenta con la participación de RTVE, Movistar Plus+, HBO Max, el apoyo del ICAA e ICEC y las ventas internacionales de Film Factory.
Notas del director
CRONOS es el relato de las 124 horas que siguieron al brutal atentado de las Ramblas el 17 de agosto de 2017. Un pulso minuto a minuto de la investigación que dio con los responsables y que culminó con la muerte del último de ellos abatido a tiros en los campos de San Sadurní de Anoia.
Pero también es un relato poliédrico de cuatro días en los que policías de calle, sanitarios, cargos políticos y de la administración pública vivieron en primera persona una situación casi bélica, extraordinaria y para la que no estaban preparados. Porque CRONOS era un dispositivo que se había creado unos años antes y que dictaba los protocolos a seguir en caso de acto terrorista, pero que nunca imaginaron tener que activar, y menos en una carrera contrarreloj por encontrar a unos tipos a la fuga que podían volver a atentar en cualquier momento.
Barcelona se había despertado una calurosa mañana de agosto en modo vacacional para acostarse esa noche casi en estado de sitio. El film narra el viaje de unas cuantas de esas personas, símbolo de muchas más, que se sobrepusieron a lo ocurrido para tratar de encontrar a los responsables, ayudar a las víctimas y tranquilizar a la población. Un relato que comienza en las Ramblas, pero que como una mancha de petróleo en el mar, va adentrándose por las calles del resto de la ciudad, por todos sus barrios, para luego extenderse con ramificaciones por toda Cataluña en una búsqueda desesperada por encontrar a los terroristas responsables de la masacre.
CRONOS es muchas cosas: es un thriller, una película intensa de acción, pero también un drama sobre personas enfrentadas a situaciones extraordinarias, una película sobre uno de los acontecimientos más impactantes de nuestra historia reciente.
Recuerdo vívidamente la impresión que me produjeron las imágenes de esas Ramblas desiertas al atardecer en el especial informativo por televisión, el dolor de ese padre que hablaba solo unas horas después de haber perdido a su hijo con el que paseaba tranquilamente una tarde de verano. Pero también la frustración y el miedo de las familias y antiguos amigos de los terroristas, que no entendían como sus seres queridos, esos chicos a los que creían conocer, habían sido responsables de semejante desgracia. Uno de los viajes personales más bellos de la película para mí es el de Olga, una mosso de Ripoll que descubrirá casi a tiempo real como sus vecinos, los hermanos del amigo de su hijo, las personas con las que convivía cada día, eran los terroristas a los que había que detener antes de que volvieran a atentar. Ese descubrimiento fractura su percepción de la realidad y la obliga a enfrentarse a un conflicto profundamente humano: reconciliar el vínculo de cercanía con la responsabilidad profesional.
Mi ambición es que todas esas sensaciones se respiren en la película, que sientas todo eso como si fueras uno de ellos, pero no deteniéndonos en absoluto en las imágenes escabrosas sino evitándolas y poniendo el foco en la emociones y en el arco de transformación de nuestros personajes, que será también un poco el del público que vea la película.
Barcelona es para mí una ciudad muy especial. Mi familia materna emigró aquí hace más de cincuenta años, y aquí siguen viviendo. Aquí se conocieron mis padres, y aquí he rodado muchas de mis películas. Esta historia es una historia que también rinde homenaje a la ciudad, a su capacidad de supervivencia y superación de un acto tan traumático como el de ese 17 de Agosto.
CRONOS es probablemente mi película más ambiciosa y compleja. El hecho de relatar acontecimientos y situaciones reales, tan conocidas por todos, añade un plus de complejidad al relato, y un afán extra por ser lo más fieles posibles a lo ocurrido. También trabajar con personajes reales o basados en personas existentes requiere de un pulso y una atención extra en la narración. Y sin duda el desafío enorme de producción que supondrá retratar esa ciudad paralizada y desierta, y la caza desesperada a los terroristas a lo largo y ancho de toda Cataluña, en un trabajo conjunto y muy exigente de los departamentos de producción, arte y efectos visuales.
Notas de producción
Cronos ha sido un proyecto de una complejidad poco habitual, tanto por su dimensión logística como por la enorme responsabilidad ética que implicaba abordar un acontecimiento real, reciente y profundamente doloroso para la ciudad de Barcelona: los atentados de agosto de 2017. Desde el inicio, el objetivo compartido por todos los departamentos fue construir una representación honesta, humana y respetuosa de los hechos, evitando cualquier forma de sensacionalismo y situando siempre a las víctimas y a la comunidad en el centro del relato.
Uno de los mayores retos de la producción fue la decisión fundamental de rodar en los espacios reales donde ocurrieron los acontecimientos, especialmente en Las Ramblas y Plaza Catalunya, iconos urbanos imposibles de recrear en otro lugar. Se trata del corazón de la ciudad, con un flujo constante de turistas, una alta densidad comercial y, además, en pleno proceso de obras durante el rodaje. Estas circunstancias convirtieron la planificación en un auténtico ejercicio de equilibrio entre logística, calendario y viabilidad técnica. Hubo momentos en los que parecía imposible sacar adelante el rodaje.
Rodar en estos escenarios reales implicó una planificación muy detallada y un trabajo conjunto con múltiples interlocutores externos: gestores de obras, suministros de agua, control de comercios y quioscos, vecinos, Guardia Urbana, los distritos de Ciutat Vella y Eixample, Mossos d'Esquadra, Film Commission e Instituto de Cultura. Fueron muchas reuniones de coordinación que implicaban a numerosos profesionales y un enorme esfuerzo humano del equipo de localizaciones, que se dejó la piel para hacer posible el rodaje. La gestión de los permisos y el encaje del plan fue un auténtico trabajo de malabares, ya que nuestro "decorado real" cambiaba día a día según avanzaban las obras. Todo el equipo sabía que tenía que adaptarse a cualquier escenario que nos pudiésemos encontrar, porque los plazos de las obras podían retrasarse por imprevistos, como el hallazgo de restos arqueológicos o la imposibilidad de cubrir una zanja en la fecha prevista.
Desde el departamento de arte, el reto fue trasladar esa realidad a la pantalla con verdad, huyendo de lo puramente estético y buscando los pequeños defectos que evocan lo cotidiano. El proceso de documentación fue exhaustivo, con el objetivo de conocer en profundidad lo sucedido y traducirlo a un lenguaje cinematográfico riguroso. Además de los espacios reales, se recrearon localizaciones clave: la casa de Alcanar se construyó desde cero en un campo a las afueras de Mataró; el CECAT se levantó en unas oficinas en desuso en Barcelona, redistribuyendo los espacios y reproduciendo fielmente su gráfica y operativa; y el Hard Rock Café se reinterpretó en un edificio singular, creando una versión propia del local adaptada a las necesidades narrativas de la película.
La búsqueda de localizaciones ideales también supuso un gran desafío. Debíamos encontrar el equilibrio entre lugares que nos convencieran y la posibilidad real de transformarlos con los recursos disponibles. La casa de Alcanar se construyó en un campo de alcachofas a las afueras de Mataró; el mayor halago fue que parte del equipo creyera que se trataba de una ruina auténtica. El CECAT (sala de emergencias de los Mossos) lo recreamos en unas oficinas en desuso en Barcelona: redistribuimos los espacios según las necesidades del guion, utilizamos los colores y la gráfica del CECAT real, y lo llenamos de puestos de trabajo con ordenadores y una pantalla gigante. Cuando el coordinador del CECAT real visitó el set, bromeó preguntando cuándo podían trasladarse allí.
Otro de los grandes retos fue recrear el Hard Rock Café de Barcelona. Desde el principio decidimos crear nuestra propia versión del local, sin intentar replicarlo exactamente. Encontramos un edificio singular a las afueras de la ciudad con una buena base arquitectónica y lo adaptamos a nuestras necesidades: construimos una barra y un escenario, tapamos unos ventanales enormes y el equipo de ambientación lo vistió con cuadros creados específicamente para la película, guitarras, luces LED, baterías, telones, neones y muchos otros elementos. Más allá de los espacios más llamativos, hubo numerosos detalles de dirección artística imprescindibles: recreamos la furgoneta de los atentados, con los mismos golpes y una gráfica muy similar; reproducimos los destrozos de la Rambla, especialmente los quioscos; y conseguimos todo el atrezzo necesario de los cuerpos de seguridad: walkies, cascos, cinturones, escudos, armas, etc.
El vestuario y la figuración también jugaron un papel esencial. Se realizó una investigación exhaustiva sobre las uniformidades reales de los cuerpos policiales y de emergencia, así como sobre el estilo de la gente de la calle en 2017. Capturamos la diversidad real de Barcelona -residentes, turistas, comerciantes, trabajadores- y creamos una paleta cromática naturalista que acompañara los diferentes momentos emocionales de la película. Las Ramblas al inicio están llenas de color; una vez sucedido el atentado, reforzamos con prendas rojas el momento dramático, y al día siguiente predominan los tonos gris, negro, azul marino y beige. Se cuidaron también las texturas y la apariencia "vivida" del vestuario, recurriendo a prendas de segunda mano que fueron envejecidas, ambientadas y teñidas según las necesidades del guion.
La organización de escenas con alta carga técnica y puesta en escena elaborada también fue especialmente exigente, requiriendo numerosa figuración, vehículos y un trabajo minucioso de arte, sonido y efectos, optimizando cada recurso dentro de un presupuesto de película independiente nacional.
Otro pilar fundamental de la producción fue contar con la participación de los profesionales reales que intervinieron en los dispositivos de seguridad y emergencias tras los atentados. Su implicación aportó un valor incalculable en términos de realismo y humanidad y en muchos casos participaron también como extras o actores, sumando más de 184 profesionales en figuración. Sin su ayuda, Cronos no habría sido posible. Nuestro trabajo cobra aún más sentido cuando nos agradecen su participación en la película, cerrando así un ciclo tan complejo para ellos: revivir la situación recreada en pantalla se convirtió en un acto reparador.
Finalmente, la suma de todas estas colaboraciones -producción, localizaciones, arte, vestuario, instituciones y equipos técnicos- ha permitido que Cronos se mantenga fiel al espacio real donde tuvo lugar la historia, mostrando que rodar en localizaciones tan sensibles solo es posible cuando todos los departamentos trabajan en la misma dirección. En definitiva, ha sido un proyecto en el que se ha tenido que equilibrar logística, control económico y sensibilidad social, demostrando que producir una película de estas características va mucho más allá de la gestión técnica: implica una gran responsabilidad humana.
Fernando González Molina (director)
Fernando González Molina es uno de los directores nacionales que mejor ha conectado con el público durante la última década como ha demostrado en todos los éxitos que ha estrenado en cines como "A tres metros sobre el cielo", "Tengo ganas de ti", "Palmeras en la nieve" o la trilogía del Baztán. Además de sus largometrajes, es el creador y director de la serie de Movistar, "Paraíso". Con "El guardián invisible", Fernando se inicia con el thriller demostrando su gran manejo del suspense y las emociones.
A lo largo de su carrera ha recibido nominaciones y ha ganado diversos premios, entre los que destacan la Biznaga de Plata premio del público por "Fuga de cerebros" del Festival de Málaga en 2009, el Audience Award del CinEuphoria Awards de 2013 por "Tengo ganas de ti", el Fotogramas de Plata de 2016 a Mejor Película Española por "Palmeras en la nieve" y el Special Award del Yoga Awards de 2018 por "El Guardián Invisible".