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Salir pitando cartel reducidoSalir pitandoDirigida por Alvaro Fernández Armero
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Los jugadores
La máxima nos recuerda que "cada uno debe cumplir su función y saber colocarse, siempre de cara al balón"

Esto refleja con gran exactitud cuál es el trabajo de los actores. En "Salir pitando" destaca la labor de todo el elenco, desde el trío arbitral, Guillermo Toledo, Javier Gutiérrez y Antonio de la Torre, así como las dos protagonistas de la trama amorosa, Nathalie Poza y Lidia Navarro.

Los cuatro primeros ya habían trabajado juntos con anterioridad, lo que ha proporcionado a la película eso que de forma castiza se conoce como "rollo especial". Lidia ha encajado a la perfección en el grupo y juntos han logrado transmitir una vida y una vitalidad muy especial en la comedia.

Para el director Fernández Armero, "Guillermo domina la comedia como nadie, tiene un don innato para hacer reír y dotar a sus personajes de credibilidad. En este caso pienso que ha ido más lejos, porque ha compuesto su personaje con mucha precisión y también con gran humanidad. Si bien su faceta más cómica no va a defraudar, pienso que la gran sorpresa va a estar en la sutileza con la que ha sido capaz de transmitir las diferentes emociones y estados de ánimo por los que atraviese José Luís Pérez. Y en especial la ternura que ha aportado a la película, su humanidad, sin perder en ningún momento el ritmo de la comedia".

Pedro Uriol (productor de Morena Films) sostiene que "Guillermo Toledo ha demostrado en esta película que es un auténtico camaleón, capaz de meterse literalmente en la piel de un personaje que está en las antípodas de los que le han hecho tan popular entre el público: Va a ser la sorpresa de este año". Iona de Macedo (ejecutiva de Sony Pictures) opina que "ha realizado un trabajo que va a marcar su carrera como actor. Cuando le veo en pantalla soy incapaz de reconocerle, sólo veo al árbitro José Luís. Es un actor que es capaz de pasar de la comedia al drama en un instante y que el espectador se lo crea". Belén Atienza (responsable de Telecinco Cinema) afirma sobre Guillermo Toledo "sólo puedo decir que soy muy fan de su trabajo. Aunque debo reconocer que, en esta película ofrece un nivel de sutileza y detalles increíble".

Sobre Javier Gutiérrez, Armero afirma que: "Es el contrapunto perfecto de Guillermo, los dos hacen una pareja perfectamente ensamblada, que es sin lugar a dudas el alma de la historia. Javier es un actor impecable, versátil y concienzudo en su trabajo. Al igual que Guillermo, superdotado para la comedia, pero capaz de adaptarse a cualquier registro. Un chollo para cualquier director. Le ha aportado al personaje de Rafa muchísimo encanto y carisma, consiguiendo que te caiga bien hasta en las situaciones más delicadas".

Pedro Uriol añade que "domina perfectamente las herramientas de la comedia e interpreta siempre con sutileza y creatividad: Un profesional como la copa de un pino". Belén Atienza piensa que "es un hombre lleno de humanidad, capaz de transmitir mucho más en cada frase de lo que hay en el guión. Su mirada, su forma de moverse, de hacer natural lo más difícil. Es brillante". Para Iona de Macedo "es pura comedia. Uno de los grandes cómicos del cine español. Tiene aura, tiene magia. Puede ser tierno, duro, dramático…Un actorazo".

Para el director, el actor Antonio de la Torre encarna a Juan Francisco como "uno de esos personajes situados al borde del abismo. Si bien es uno de los principales motores de la comedia, su dudosa moralidad podía convertirle en un personaje estereotipado. Sin embargo, Antonio ha sabido dotar de alma y matices a Juan Francisco mucho más de lo que me podía haber imaginado. Consigue que le quieras, y mucho, sin dejar de reírte de y con él. Antonio es un gran actor que consigue transmitirlo todo con gran naturalidad, sin artificios. Un lujo".

Pedro Uriol asegura que Antonio es "un todoterreno de la interpretación. Lo mismo hace de asesino en serie que de linier guasón y pelmazo pero siempre confiriendo a los personajes un halo de ternura y humanidad que los hace muy cercanos y entrañables" Iona de Macedo destaca de él que "ha compuesto un personaje divertido, tierno, canalla y patético, pero al que querrías tener a tu lado en los momentos difíciles".

Sobre Nathalie Poza, Armero sostiene que "en una película donde predominan los personajes masculinos, Nathalie destaca por su dulzura. Es una actriz de mirada profunda, intensa pero cercana. Su talento está sobre todo en transmitir emociones de manera transparente, como si no le costase nada. Yolanda, el personaje que interpreta, es como un ángel salvador que aterriza en la película para servir de guía al protagonista. Yolanda es el corazón de la historia".

Belén Atienza dice de la actriz que "es muy versátil, que no tiene miedo a nada y que siempre se ofrece al ciento por ciento. Tiene un papel corto, pero le da tanta vida, lo hace crecer de tal manera que su presencia se siente a lo largo de la película: Tiene esa fuerza que sólo las grandes actrices poseen".

Armero bromea con cariño sobre Lidia Navarro ya que "tuvo que "lidiar" con el personaje más complicado. Eva es el objeto de deseo y blanco del conflicto. Creo que ha superado con nota el reto. Ha aportado a su personaje fragilidad y cierta inocencia que la dulcifican mucho y consigue que acabes entendiendo su complicada posición durante la película".


El trío arbitral
Otra de las máximas dice que: "echar la culpa al árbitro es inútil, lo que cuenta es el marcador"

En Salir pitando, lo que cuenta es la magnífica interpretación de Guillermo Toledo, Javier Gutiérrez y Antonio de la Torre; el trío arbitral de la ficción compuesto por José Luís, Rafael y Juan Francisco.

"Le tengo mucho cariño a esta película –dice Guillermo Toledo- es divertida, intensa y especial… Espero que la gente se lo pase tan bien viéndola como nosotros haciéndola". Javier Gutiérrez por su parte desea al público "que disfrute mucho de esta gran comedia que habla del amor, la amistad, la infidelidad y de la que cada espectador, a buen seguro hará una lectura diferente".

Guillermo Toledo describe su personaje, José Luís, como "un tipo en un momento de crisis absoluta a punto de caer en el vacío y decide coger el toro por los cuernos y tirar para adelante con todas las consecuencias, consiguiendo quitarse de en medio toda la cobardía que le acompañaba desde toda la vida. O sea, el ave fénix".

Javier Gutiérrez, por su parte, describe a Rafael como "un vendedor de electrodomésticos que combina este trabajo con su gran pasión: el fútbol. Junto con sus amigos José Luís (Guillermo Toledo) y Juan Francisco (Antonio de la Torre), forman uno de los tríos arbitrales más polémicos del fútbol español. Inmaduro, algo infantil, amigo de sus amigos y con un gran poder de convicción, es capaz de venderle un ordenador a un pastor de ovejas".

En cuanto a Antonio de la Torre, "yo veo a Juan Francisco como un hombre que lleva una vida muy diferente de la que quisiera haber llevado. Es una persona sometida a disciplinas que no había imaginado cuando era niño: responsabilidad familiar, un trabajo que no le gusta, una mujer que le domina…. Para él, el fútbol es una vía de escape, un carnaval donde poder ponerse la careta de un triunfador que a todas luces no es. Es un "pesao"".


Fuera de juego
La máxima asevera: El problema con los árbitros es que conocen las reglas, pero no conocen el juego.

En el fútbol, como en la vida, una cosa es la teoría y otra la práctica. El problema crucial al que se enfrenta nuestro protagonista, José Luís, es la incapacidad de aceptar su fracaso en el amor y por esa misma razón de volver a empezar de nuevo.

Un elemento crucial en Salir pitando es el amor y sus inesperadas consecuencias. Así, las relaciones amorosas llevan a nuestros protagonistas a situaciones muy complicadas que, mezcladas con los aventuras del trío arbitral, elevan el tono de comedia, generando situaciones hilarantes y tiernas que harán las delicias de todos los públicos.

Estas situaciones son creadas por las relaciones que el trío arbitral establece con los dos personajes femeninos: Yolanda (Nathalie Poza) y Eva (Lidia Navarro).

Nathalie Poza, describe su personaje como "una mujer entregada a su trabajo. Una cirujana comprometida. Sola. Aparece en la vida de José Luís en el momento oportuno. Los dos necesitan encontrar un amor y la vida les brinda esa oportunidad". Eva es, según Lidia, "una mujer joven, optimista, socialmente acomodada, medio conservadora, medio impulsiva, que se encuentra en un momento de su vida tan angustioso como excitante: Trata de mantener una relación cordial con su ex marido hundido tras la separación, al tiempo que disfruta apasionadamente y pretende consolidar un nuevo amor. A esto hay que añadir otro ingrediente, Jorge, su hijo, un niño al que le ofrece una versión idílica y edulcorada de la situación".

Uno de los elementos de la historia más atractivos para Nathalie Poza fue "la forma en que surge la relación con el personaje de José Luís, sin violencia ni pasión. Un encuentro dulce…" Según Nathalie "Juan Cavestany, el co-guionista, tiene un mundo propio y muy particular. Me gusta su humor negro: Sus situaciones pasan de lo cotidiano a lo esperpéntico como si nada. Él y Álvaro forman un buen tandem. La presencia de Guillermo y Javier completan un buen equipo".

Para Lidia Navarro lo más atractivo resultó "la forma tan ágil en que van apareciendo y mezclándose personajes y conflictos para acabar construyendo una comedia de amor y fútbol". También destaca Lidia que "ha sido muy interesante cambiar el punto de vista que la edad me había dado hasta ahora: Como actriz, he pasado de ser hija a ser madre, lo que varía la forma de resolver ciertas situaciones. Eva, además –continúa Lidia- es un personaje de características bastante ajenas a mí, lo que siempre hace más atractivo el trabajo.".

Las dos actrices destacan la cercanía de los personajes, elemento que facilitará en gran medida su aceptación por parte del público. Según Nathalie, "son personajes que carecen de glamour, son cercanos y sus conflictos también". Lidia dice que "los tres son horribles o geniales, todo depende del lugar y la sensibilidad desde donde decidamos mirarlo. Ganan y pierden dependiendo del momento".

Las actrices piensan que, sobre todo, se trata de una película para todos los públicos. Lidia cree que "el fútbol no es cosa de hombres, ni el amor de las mujeres. No es una película dedicada a un género concreto. De hecho no se ofrece una única visión del mismo tema, lo que hace que pueda llegar a todo el mundo". El personaje de Yolanda (Nathalie) "es la posibilidad de José Luís de rehacer su vida, una vez acepte el final de su matrimonio", lo que nos muestra el carácter positivo y optimista de Salir pitando, y el poso de "buen rollo" que deja en el espectador.

El coguionista Juan Cavestany cree que "la función de cada uno de los personajes en esta historia es complicarse la vida mutuamente y se trata del elemento más atractivo de la historia, esto ayudado por la categoría de todos los actores que les han dado vida, hará de Salir pitando una película grande".


Los bejamines
La máxima del fútbol asevera: "No hay enemigo pequeño".

Y grande ha sido el trabajo del pequeño de la película, Iñigo Navares, el niño que interpreta el papel de Jorge, hijo de José Luís (Guillermo Toledo) y Eva (Lidia Navarro). El director Álvaro Fernández Armero señala que "no estoy muy acostumbrado a rodar con niños, y he de reconocer que estaba algo inquieto por tener que trabajar con un niño actor. En mis pesadillas, me lo imaginaba correteando por el plató con el auxiliar de dirección persiguiéndole desesperado."

Afortunadamente, nada más alejado de la verdad. "Iñigo demostró ser todo un profesional, sin dejar de ser un niño. Me gusta mucho su manera de actuar con naturalidad, sin el tono afectado que tantas veces hemos visto en el cine o la tele. Iñigo interpreta como un niño, con intuición e inocencia, y no como un señor bajito y repipi. Me gusta mucho cómo ha quedado su personaje, Jorge, un niño normal, que reacciona ante las cosas con cierto pudor que se me antoja mucho más real que el "ternurismo" que tantas veces se le atribuye a este tipo de personajes. Jorge aporta a la película, frescura, emoción y espontaneidad y – añade- es un elemento fundamental en el crecimiento del personaje de José Luís."


El míster
Otra de las máximas del fútbol es que un club puede tener a los mejores jugadores del mundo pero para que de verdad formen un equipo necesitan un buen entrenador: el director.

El director Álvaro Fernández Armero es, según Pedro Uriol, "uno de esos raros ejemplos en el cine español, en los que un director combina un talento visual propio con una atenta sensibilidad hacia los gustos de la audiencia. Además de todo esto es respetuoso, entiende el trabajo en equipo y tiene un buen rollo permanente". Para Iona de Macedo "es un hombre seguro, que sabe escuchar. Piensa y analiza las diferentes opciones antes de tomar una decisión. Y tiene la rara habilidad de acertar casi siempre. Por otra parte es muy dialogante y siempre busca lo mejor para la película. Saber poner muy bien la cámara pero, sobre todo, irradia emoción". Belén Atienza destaca sobre Álvaro su gran talento "de hecho, la razón primordial para entrar en el proyecto fue él. Es un director muy intuitivo que tiene talento para saber lo que funciona y lo que no y sabe transmitirlo. Es muy importante no sólo saber lo que quieres sino cómo contarlo."

El director de Salir pitando, Álvaro Fernández Armero comenta que "normalmente, ante la pregunta '¿cómo surgió la idea de hacer esta película?' se suelen dar contestaciones un tanto vagas e incompletas. Pues bien, él se ha propuesto hacer memoria y contar, con pelos y señales, cómo ha sido realmente el proceso creativo de Salir pitando":

"Recuerdo que nevaba, así que debía ser invierno y tenía frente a mí a los productores de la película que me hicieron la obligada pregunta: '¿tienes alguna idea? Buscamos una comedia'. Por suerte he tenido unos productores comprensivos y pacientes, porque creo recordar que les dije que quería hacer una película sobre personajes que viven en los nuevos barrios tipo Sanchinarro. 'Ah'. (Silencio)…. 'y todo ello, en clave de comedia, me apresuré a decir yo'. Pero me temo que tan apasionante argumento no debió de cuajar mucho y me emplazaron a pensármelo un poco mejor".

"A solas con mi ordenador, fui madurando la idea, y desarrollándola algo más. Tenía que ser una comedia sobre gente a punto de entrar en la cuarentena, que ha seguido al pie de la letra el guión establecido (casarse, un trabajo fijo, hijos) y aun así sienten una imborrable sensación de fracaso, inestabilidad, miedo…"

"Sí, ¡miedo! Será una comedia sobre los aspectos cotidianos del miedo. En clave de comedia, por supuesto (esto último siempre hay que dejarlo muy claro ante los productores, escribe lo que quieras, pero que sea divertido). De nuevo ese silencio que tiene cara y ojos. 'Ahá…. ¿Y?.....¿de qué trata?' Esa es la pregunta más complicada. Nuevamente me quedo en blanco. 'Hombre….Pues eso…de gente que trabaja y no es feliz, y…. viven en Sanchinarro….algo como la vida misma…pero en clave de comedia, claro'".

"'¿Y qué tal si escribes con alguien? Más que nada por lo de tener un frontón, tú ya me entiendes'. Capté la indirecta, y es ahí donde entra en acción Juan Cavestany, en quien todos coincidíamos como la mejor opción, que boli en mano escucha estupefacto mis teorías sobre la infelicidad, el potencial individual, la crisis de los cuarenta, la épica del hombre corriente, etc, etc. Tras mi discurso, el silencio. '¿No te gustaría hacer una road movie?' Pregunta Juan. Me lo pienso un segundo y de pronto lo veo clarísimo. Quiero hacer una película de carretera, con dos amigos de Sanchinarro que tienen 40 años y tienen miedo. Tras varias deliberaciones decidimos que debían ser jugadores de billar que se iban a Almería a participar en una competición. Dicho y hecho, en un par de semanas ya había un primer tratamiento. Una película sobre la amistad y el azar, un apasionante viaje en coche por España de dos personajes en busca de sí mismos".

"Esta vez no hubo silencio, sino carraspeos nerviosos y frases entrecortadas del tipo: 'pero esto es… es….horrible'".

"Ay, la soledad de los creadores incomprendidos. ¿Es que nadie entiende la magia, los silencios, la simbología? Siempre que ocurre esto, los guionistas solemos reaccionar diciendo que es solo un tratamiento, pero que cuando estén los diálogos van a flipar. Que ahí es donde está la comedia. Pero vamos, la cosa no funcionó. Nuestra historia era demasiado simbólica e introspectiva, no había conflicto y los personajes no terminaban de enganchar".

"Tocaba pensar de nuevo. El principal escollo era precisamente el pretexto del viaje. Necesitábamos que los dos protagonistas compartiesen algo más que una afición como era el billar. Necesitábamos que tuviesen la misma profesión, una profesión en la que fuese necesario estar unidos, para que durante el viaje todos los conflictos que iban a surgir entre ellos fuesen como una bomba a punto de estallar. Y allí empezamos a cavilar de nuevo: '¿y si van a hacer un negocio?' No, demasiado aburrido. '¿y si van a un evento familiar?' Tampoco, se podrían volver al menor conflicto".

"Pero como siempre ocurre en estos casos, siempre hay una chispa que te abre el camino: '¿Y si son árbitros de fútbol?' Comparten profesión, se necesitan el uno al otro durante el partido y además tienen que hacer un viaje para arbitrar".

"Nuevo test ante los productores. Les gusta la idea, y esta vez sí, tenemos película".

Juan Cavestany recuerda de este proceso de creación que "Alvaro aportó lo más importante que es el 'qué se quiere contar' y yo he intentado ayudarle a contar eso de la forma más clara posible". Cuenta Cavestany que, para la realización del guión, "metimos quince o veinte ideas en una coctelera, la agitamos y salió el argumento, que era la síntesis de las ideas iniciales". Trabajar con Alvaro fue, según Cavestany "una experiencia divertida y sorprendente. Alvaro tiene bastante más experiencia que yo en el cine y he aprendido mucho de él" De la historia Cavestany destaca que "los árbitros no estaban en una primera versión, esto no surgió como "hagamos una película sobre dos árbitros –continua- estaba primero la historia y lo que se quería contar y, en un momento dado los protagonistas se convirtieron en árbitros, una figura universalmente reconocible, a menudo objeto de odio y escarnio popular, por tanto muy indicados como sujetos de comedia".