Cinemanía > Películas > Monuments men > Comentario
Destacado: Tom Cruise regresa a las salas de cine con 'Top Gun: Maverick'
Monuments men cartel reducidoMonuments menDirigida por George Clooney
¿Qué te parece la película?

La película está interpretada por George Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin, Bob Balaban, Hugh Bonneville y Cate Blanchett. La dirección es de George Clooney. De la producción se encargan Grant Heslov y George Clooney. El guión es original de George Clooney y Grant Heslov, basado en el libro de Robert M. Edsel y Bret Witter. La productora ejecutiva es Barbara A. Hall. El director de fotografía, Phedon Papamichael, ASC. El diseño de la producción corre a cargo de Jim Bissell. Del montaje se ocupa Stephen Mirrione, A.C.E. La diseñadora de vestuario es Louise Frogley. La música es original de Alexandre Desplat.

Monuments Men ha sido clasificada para "Menores de 13 años acompañados de sus padres o tutores" por la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos debido a algunas escenas de violencia bélica y a otras en que los personajes fuman.


Acerca de la película
"Son en verdad muy pocas las personas que conocen la historia de los Hombres de los Monumentos", afirma George Clooney, que vuelve a sentarse en la silla de dirección para contarnos en su nueva película, Monuments Men, la historia de un reducido grupo de artistas, historiadores del arte, arquitectos y conservadores de museos que, durante la Segunda Guerra Mundial, encabezaron el rescate de 1.000 años de civilización. "Artistas, marchantes, arquitectos… hombres que habían superado con mucho la edad de ser llamados a filas o de presentarse voluntarios para una guerra. Pero que aceptaron el reto de esta aventura porque creían que un legado cultural podía ser destruido. Si hubieran fracasado, ello habría supuesto la pérdida de seis millones de objetos artísticos. No estaban dispuestos a permitir que ello sucediera, y –las cosas como son–, lo consiguieron".

La oportunidad de realizar una película sobre la Segunda Guerra Mundial era extremadamente atractiva para Clooney y para su socio guionista y productor, Grant Heslov. "Hay un cierto atractivo que rodea a estas películas: La gran evasión, Doce del patíbulo, Los cañones de Navarone, El puente sobre el río Kwai", asegura Clooney. "En estas películas uno se siente cautivado por los personajes y los actores tanto como por el argumento. Y pensamos que Monuments Men era una gran ocasión de formar un reparto que uniera a interesantes actores contemporáneos para realizar nuestra versión de ese tipo de películas: es una forma divertida y entretenida de lograrlo".

Parte del drama de la película reside en que los Hombres de los Monumentos –todos ellos– no pueden ser más inútiles para el servicio militar en tiempos de guerra. "En las guerras combaten los que tienen 18 años", dice Clooney. "Cuando uno llega a los John Goodman, Bob Balaban y George Clooney, uno sabe que no van a ser reclutados". A lo que Heslov añade: "Lo hicieron porque estaba claro que eran las únicas personas que podrían hacerlo".
"En realidad, nunca concebimos del todo esta película como una de guerra: era una película de atracos", explica Clooney. "Y entonces, el primer día, llegamos al plató y todos se pusieron sus uniformes y cascos".

Clooney se sintió inspirado para realizar Monuments Men como un largometraje no sólo por su contenido emocionante y dramático, sino también porque suponía un cambio brusco y decisivo respecto de su película más reciente, Los idus de marzo. "Estábamos muy orgullosos de esa película, pero era contemporánea y muy pequeña… y también cínica", afirma Heslov.

"Hemos realizado algunas películas cínicas pero, en general, no somos personas verdaderamente cínicas", prosigue Clooney. "Queríamos realizar una película a la antigua, que no fuera cínica, que no tuviera dobleces y que encerrara algo positivo".

En su búsqueda de material, Heslov mencionó que había leído recientemente el libro The Monuments Men, de Robert M. Edsel y Bret Witter, y atrajo la atención de Clooney sobre el tema. Aquí había una ocasión de contar una historia optimista en una escala épica: una historia real en la que había mucho en juego.

"Yo estaba viviendo en Florencia y, cruzando el Puente Viejo –el único que no fue destruido por los nazis en su retirada de 1944–, me pregunté: ‘Éste fue el mayor conflicto de la Historia… ¿Cómo fueron salvados todos estos tesoros culturales y quién los salvó?", pregunta Edsel. "Yo quería hallar la respuesta".

La respuesta era el Grupo de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, que se desplazó a primera línea y, por primera vez, trató de salvar los tesoros que pudieran ser salvados. "La cultura corría peligro", dice Clooney. "Lo vemos una y otra vez. Lo vimos en Irak: los museos no estaban protegidos y fuimos testigos que cuán gran parte de su cultura se perdió por ello".

"Incluso hoy en día hay personas que siguen tratando de recuperar el arte que los nazis robaron a sus familias", dice Heslov, observando que muy recientemente un tesoro oculto de arte incautado fue descubierto en un apartamento de Munich: 1.500 obras de un valor total de 1.500 millones de dólares; cuadros de Matisse, Picasso, Dix y otros artistas que se habían dado por perdidos.

"Creo que ello demuestra que esta historia no acabó en 1945; la búsqueda de obras desaparecidas prosigue en la actualidad", continúa Heslov. "Son miles las obras que aún no han aparecido. Hay cuadros colgados en domicilios particulares u ocultos, aunque a la vista de todos, en las paredes de los museos. ¿Puede alguien imaginarse que todo eso hubiera sido destruido? Habría sido una catástrofe".

"Este relato nos revela la Segunda Guerra Mundial de una forma que brinda una perspectiva del todo distinta", dice Cate Blanchett, que interpreta el papel clave de Claire Simone, una mujer que tiene la llave del lugar secreto donde se hallan miles de inestimables obras de arte robadas. "A estos hombres los estimulaba un ideal superior. Así, muchas de las obras cuya presencia en los grandes museos del mundo damos por sentada, fueron devueltas por esta cuadrilla de hombres; era una misión casi imposible. Y absurda, en cierto sentido: hombres ajenos al ejército desplazándose a primera línea y pidiendo a los generales que detuvieran el bombardeo de determinada iglesia o zona para salvar una ventana, una escultura o un mural; uno se pregunta cómo fueron capaces de salvar algo. Lo que hicieron fue extraordinario, desinteresado, para conservar la Historia".

Aunque los Hombres de los Monumentos contaban con el apoyo del presidente Roosevelt y del general Eisenhower, se enfrentaron a todo un reto adentrándose en el campo de batalla. "Eisenhower apoyaba la idea con entusiasmo –quería cerciorarse de que, cuando la guerra hubiese acabado, quedara algo– y la guerra iba a acabarse muy pronto", dice Clooney. "Es algo de lo que se dio cuenta después de que un bombardeo aliado hubiera destruido una antigua abadía de forma auténticamente innecesaria. Era, pues, importante proteger el arte no sólo de los nazis sino también de los propios éxitos de los aliados cuando éstos avanzaban hacia el final de la guerra. Los aliados estaban haciendo saltar todo por los aires, por lo que se dieron cuenta de que la cultura podía ser destruida no sólo por los nazis, sino también por nosotros".

Edsel asegura que a muchos directores de museos de EE. UU. les preocupaban los tesoros artísticos y culturales que pudieran perderse en la guerra, pero que su labor tenía objetivos contrapuestos –cada director tenía su propio plan– en vez de concertados. "George Stout –que posteriormente sería el jefe extraoficial de los Hombres de los Monumentos– hizo algún esfuerzo, pero desistió al imaginarse que nadie aprobaría la idea de que un grupo de historiadores de arte, arquitectos y artistas ya maduros corrieran de acá para allá junto a unidades de combate". Pero entonces Roosevelt aprobó la idea, justamente a tiempo. "En agosto de 1943, los aliados casi destruyeron, sin darse cuenta, la Última Cena", prosigue Edsel. "Creo que eso disparó las alarmas y aceleró el proceso de poner a oficiales de monumentos en el campo de batalla".

Edsel dice que cabría esperar que los soldados que combatieran en una guerra rechazasen la idea de que les dijeran qué era lo que podían volar y lo que no, pero la realidad es justo la contraria. "Con gran sorpresa por su parte –algo que encontramos una y otra vez en las cartas que enviaban a sus familias–, sólo hubo al principio una leve resistencia que pronto dio paso a preguntas de los soldados tales como: ‘¿Qué tal lo estamos haciendo? ¿Hemos salvado alguna iglesia? ¿Hemos encontrado algún cuadro?’ Las fuerzas armadas empezaron a comprometerse muy hondamente".

Los Hombres de los Monumentos también trabajaban enfrentados a un reloj que avanzaba inexorable. A medida que los aliados se aproximaban a Berlín, Hitler no estaba dispuesto a aceptar la rendición incondicional; y si Alemania no podía ser suya, no sería de nadie. "Su decisión fue conocida como el ‘Decreto de Nerón’", explica Clooney. "Hitler dijo, ‘Si muero, destrúyanlo todo: puentes, ferrocarriles, equipos de comunicaciones… Todo’. Y se entendió que el arte también quedaba incluido".


Acerca de los personajes
Clooney y Heslov advierten que, si bien la película está basada en la historia verdadera de los Hombres de los Monumentos, ellos se tomaron, con fines dramáticos, algunas libertades con los personajes. Aunque muchos de éstos están inspirados en los auténticos Hombres de los Monumentos, Clooney y Heslov han inventado personajes para la película. "Queríamos que, en la película, algunos personajes tuvieran imperfecciones, pues nos pareció que así el público se identificaría mejor con ellos a medida que el relato avanzaba", explica Clooney. "Pero no es justo tomar el nombre auténtico de un gran hombre y luego ponerle un defecto que en realidad no tuvo". Heslov añade: "Creo que nuestros personajes acaban pareciendo francamente heroicos en la película, y si con ella inspiramos al público para que lea sobre el particular y averigüe que los personajes auténticos fueron aún más heroicos, me parece bien".

Hay algo más importante: aunque los personajes sean inventados, la historia es auténtica. "Inventamos unas pocas escenas corrientes y vulgares, sólo para ayudar al desarrollo del argumento, pero lo que sale en la película que nos lleva a pensar –por raro y por ridículo–, ‘¡bueno! ¡eso no pasó en la vida!’, ésas son las cosas que verdaderamente ocurrieron", dice Clooney.

Para la película, Clooney y Heslov lograron atraer a actores de primer nivel, incluidos Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin, Bob Balaban, Hugh Bonneville y Cate Blanchett.

Se podría pensar que resultaría difícil equilibrar a tantas y tan grandes estrellas en una sola película, pero Clooney asegura que ocurrió exactamente lo contrario. "Todos ellos trabajan habitualmente en películas en las que todo el peso recae sobre ellos, pero se sienten todos tan cómodos con sus propias imágenes que no necesitan dominar todas las escenas en que intervienen", afirma. "Todos los actores demostraron una gran generosidad de espíritu: estaban dispuestos a llegar y actuar porque todos disfrutaban con la compañía de los demás".

"Éste es sencillamente un elenco fuera de serie", dice Matt Damon. "Cada día trabajaba con personas diferentes y divertidas a las que admiro de verdad y cuyo trabajo sigo atentamente. Al principio le dije a George: ‘Voy a dedicarme simplemente a oler las rosas, porque no es posible mejorar esto’. Cuando uno hace algo con un director en quien confía plenamente, con un excelente guión y un reparto de primera, no se tiene la sensación de estar trabajando".

GEORGE CLOONEY encabeza el reparto en el papel de Frank Stokes, un destacado historiador del arte. "Al comienzo del relato, está trabajando en el Museo Fogg –el museo de arte más antiguo de Harvard–, dedicándose a la restauración artística", explica Clooney. "Ya ha estado en la guerra –la Primera Guerra Mundial– y ha visto lo que puede ocurrir, especialmente cuando las guerras acaban. Es un líder nato".

¿Qué le parece a Clooney dirigirse a sí mismo en un papel principal? "Es una de las cosas que se aprenden en las clases de interpretación, algo que llamamos ‘a prueba de directores’. No hago ni caso de una sola de la observaciones que me hago a mí mismo", dice Clooney bromeando.

El personaje de Clooney se inspiró en el historiador del arte George Stout. "En la vida real era un tipo muy luchador. Podía hacer cualquier cosa, como reparar coches y radios". Stout, jefe del departamento de conservación del Fogg y posteriormente director del Museo de Arte Worcester y del Museo Isabella Stewart Gardner de Boston, estuvo en primer línea durante la guerra, ayudando a rescatar tesoros culturales en Caen, Maastricht y Aquisgrán, así como depósitos nazis de arte en Siegen, Heilbronn, Colonia, Merkers y Altaussee.

MATT DAMON (James Granger) colabora por sexta vez con George Clooney, pero éste es su primer papel importante con Clooney en la silla del director (Damon tuvo un pequeño papel en Confesiones de una mente peligrosa).

"No sabía literalmente nada sobre esta historia, motivo por el que me sorprendió tanto descubrir que era real", dice Damon. "Es un relato estupendo. En definitiva, ésta es una película sobre personas dispuestas a sacrificar todo para salvar aquello que es lo mejor de nosotros, de la Humanidad. Ir en busca de ese arte y tratar de rescatarlo, de salvarlo, de protegerlo y de preservarlo… El arte es el alma de la sociedad, representa lo óptimo de cuanto hemos conseguido. Destruirlo es eliminar algo irreemplazable".

El personaje de James Granger se inspira en James Rorimer, que posteriormente llegó a director del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (el "Met"). La relación de Granger con Claire Simone (Cate Blanchett) se inspiró en la interrelación de Rorimer con Rose Valland, una empleada del Museo del Jeu de Paume de Paris.

En la película, el personaje de Claire Simone tiene la clave para localizar miles de obras de arte robadas; y ese lugar es una información que custodia rigurosamente. "Ella piensa: ‘¿Por qué debería decirles dónde está todo ese arte? Ustedes simplemente se lo llevarán’", explica Damon. "Para ella, todo gira en torno a la protección del arte. Granger tiene que ganarse su confianza, tiene que convencerla de que guardando el secreto, no está protegiendo el arte sino, en realidad, poniéndolo en peligro. Al final, ella se da cuenta de que son almas gemelas".

Damon disfrutó también de la oportunidad de trabajar más estrechamente con Clooney como director. "George recorta el trabajo de cámara, algo que muy pocos directores hacen", explica Damon. "No es de los que ruedan y ruedan y siguen rodando para cubrir escenas: ya ha tomado la decisión de cómo va a montar la escena, por lo que sólo rueda la parte necesaria. Eso ayuda a mantener a todos centrados: cuando quiera que la cámara esté rodando, hay una gran probabilidad de que la toma quede incluida en la versión definitiva de la película".

A BILL MURRAY le entusiasmó incorporarse a Monuments Men desde el mismo instante en que George Clooney le informó del proyecto. "Fue unos dos años antes de que comenzáramos a rodar y mi reacción fue: ‘¡Dios mío! Parece fantástico. Me encantaría participar en esa película’". Murray afirma que "el argumento –ir a la caza de arte robado durante la Segunda Guerra Mundial– me gustó de verdad. Lo tiene todo. Es una película de acción, pero también trata de cómo los buenos salen de caza en nombre de algo hermoso y maravilloso. Simplemente pensé que sería fantástico".

Conseguir que Murray se uniera al proyecto fue, en sí mismo, una aventura. "Sabíamos que Bill podría sobrepasar nuestras expectativas, pero puede ser un hombre muy difícil de localizar", asegura Heslov. "George tenía el número especial al que hay que llamar, dejar un mensaje y esperar… Pero Bill devolvió la llamada en el acto y simplemente dijo: ‘¿Dónde y cuándo me necesitáis?’".

Al ofrecerle oficialmente el papel a Murray, Clooney le dijo que durante la mayor parte de la película tendría que estar junto a Bob Balaban. "George nos reunió y me dijo: ‘¿Crees que puedes hacerle pasar un mal rato a Balaban?’. Lo pensé sólo un segundo y dije: ‘Sí. Creo que puedo conseguirlo’", recuerda Murray. "Bob es un gran cómico y también un excelente personaje serio; fue magnífico trabajar con él. Éramos como Mutt y Jeff. Con él se lo pasaba uno muy bien".

Murray y Balaban habían trabajado juntos en varias películas –en Abajo el telón, Moonrise Kingdom y en el próximo estreno, El gran hotel Budapest– pero nunca habían colaborado tan estrechamente como en Monuments Men. "Queríamos a dos personas que fueran opuestas, que pudieran exasperarse mutuamente, sin excederse", dice Clooney. "Bill interpreta fantásticamente al tipo que descubre una costra y no deja de hurgar en la herida; se sale dándole la réplica a Bob".

"Evidentemente, Bill pone el humor pero el componente emotivo es incluso más fuerte", asegura Heslov. "También es más grande que muchos de los demás, especialmente Bob Balaban, lo que le convierte en físicamente intimidador. Cuando sonríe es señal de que él es el tío peligroso de la sala".

El personaje de Murray, Richard Campbell, es un arquitecto. "Le reclutan para los Hombres de los Monumentos porque mucho de lo que van a hacer –salvar y reconstruir–, acarrea calcular la forma de preservar edificios y monumentos", explica Murray. "Algunas veces tendrán que evitar destrucción y algunas otras habrá que calcular la forma de salvar algo que ha sufrido desperfectos. Necesitan un amplio elenco de gente artística, incluidos quienes sean capaces de trabajar en una tercera dimensión dentro de una realidad auténtica, práctica y física".

Murray observa que es fácil acudir al Louvre o al Met y dar por sentado que sus obras maestras más preciadas siguen siendo parte de la colección. La película capta un periodo en el que eso estaba en duda; recoge cómo un inmenso volumen de arte no estaría hoy aquí si no fuera por los Hombres de los Monumentos. "No podríamos contemplarlo en iglesias y museos: habría desaparecido", afirma. "Hubo vidas que acabaron muy pronto pero el arte sigue vivo. La gente luchó por él de la misma forma que lucharon por la libertad. Quienes lucharon para salvar este arte permitieron que sobreviviera".

El personaje de Murray se inspira en varios de los auténticos Hombres de los Monumentos, incluido el arquitecto Robert Posey. Estando integrado en el Tercer Ejército de Patton durante la guerra, Posey descubrió la mina de sal de Altaussee, donde los nazis habían ocultado el Retablo de Gante, la Madonna de Brujas, El Astrónomo de Vermeer y otros miles de obras de arte. Su aportación le valió a Posey la Legión de Honor de Francia y la Orden de Leopoldo de Bélgica.

JOHN GOODMAN asegura que su personaje, Walter Garfield, representa a las personas (hombres y mujeres) que, aun estando retenidos en la retaguardia deseaban ayudar al esfuerzo bélico de cualquier forma que pudieran. "Mi personaje está más que pasado de fecha en lo relativo a combate, pero hace lo que puede", dice Goodman. "Caza al vuelo la ocasión de trasladarse al frente y ayudar. Es algo que hace por pasión y por amor; para tratar de proteger lo que pueda".

Para el propio Goodman, la ocasión de participar en la película fue un sueño hecho realidad. "Yo siempre quise hacer una película sobre la Segunda Guerra Mundial y una película de amigos y una de misterio; y mi papel combina todos esos elementos en uno", dice. "¿Que tengo que ponerme un informe y un casco de la Segunda Guerra Mundial y llevar un arma? Pues, ¡no se hable más! Esta película tiene todo lo que quise hacer desde que tenía cinco años".

Para su faceta de película de amigos, Monuments Men vuelve a unir a Goodman y a su coprotagonista de The Artist, Jean Dujardin. "Jean tiene un talento extraordinario", asegura Goodman. "Es extremadamente divertido, tiene una pinta fantástica y es muy ágil; además, es muy perspicaz y resulta fácil trabajar con él. Y desde que trabajamos en The Artist, ha aprendido a hablar inglés, lo que es fantástico porque yo soy demasiado vago para aprender francés. Ahora podemos comunicarnos".

La película también supone la reunión de Goodman con Clooney y Heslov. "John y yo trabajamos juntos en la primera temporada de ‘Roseanne’, y, después, en O Brother y Argo. Durante años nos hemos movido en los mismos círculos", explica Clooney. "La única duda que tenía era si él estaría a la altura de una película tan grande y tan física (tiene una rodilla mal). Dijo que estaría bien y estuvo mejor que bien. Hizo lo que siempre hace: mejorar cada película en la que participa".

"En mi opinión, lo que estamos haciendo es honrar los extraordinarios trabajos que la generación de mi padre soportó; primero durante la Depresión y luego durante una guerra", dice Goodman. "Hicieron lo que era justo y por un motivo justo; lo hicieron constantemente y lo hicieron bien. En esta película, aunque de manera humilde, trato de homenajear a la generación anterior a la nuestra".

El personaje de Goodman se inspira en el auténtico miembro del Grupo de Monumentos, Walker Hancock, un renombrado escultor. Hancock era natural de San Luis, al igual que Goodman. "Es muy curioso. Cuando mi madre y yo tomábamos el autobús para ir de compras al centro de San Luis, pasábamos delante de una de sus esculturas, el Memorial de los Soldados", explica Goodman. "Eso me puso en contacto con el personaje. Es una pequeña relación pero también una feliz coincidencia".

"Estos hombres y mujeres vivían para el arte", concluye Goodman. "Eran artistas y conservadores de arte que estaban dispuestos a arriesgarlo todo por el arte que amaban. Me gustaría pensar que muchos de nosotros estaríamos dispuestos a jugarnos la vida para proteger la historia y la cultura, que en este caso es la occidental, pero también todas las culturas. Es lo mejor de nosotros. En un determinado nivel, nos define".

El personaje de Goodman, Walter Garfield, forma pareja con Jean Claude Clermont, encarnado por el actor ganador del Oscar® JEAN DUJARDIN, repitiendo así el equipo que formaron Goodman y Dujardin en The Artist.

"Garfield y Clermont no se hablan mucho", dice Dujardin. "No necesitan hacerlo. Tienen una misión que cumplir. Pero compartimos alguna escenas divertidas y, gracias a su talento como director, George Clooney logra incluir algo de ironía en las escenas; algunas de ellas, muy intensas".

"Jean Claude Clermont es un judío francés y marchante en Marsella", explica Dujardin. "Huye y se refugia en Londres con su familia. Es reclutado por el ejército norteamericano debido a sus conocimientos artísticos. No es un soldado, pero para él es realmente importante participar en la guerra. Se siente verdaderamente orgulloso de ser uno de los Hombres de los Monumentos".

"Jean ganó el Premio de la Academia® el mismo año en el que yo era candidato por Los descendientes", comenta Clooney. "Yo sólo quería meterlo en esta película y matarlo. A decir verdad, sugerí matarlo en la primera escena, pero Grant pensaba que deberíamos esperar un poco, así que esperé…. Ahora, de veras: Jean es uno de mis preferidos entre todas las personas con las que he trabajado. Me gustaría que cada uno pudiésemos hablar mejor la lengua del otro, porque entonces sería aún más divertido estar cerca de él; tiene un humor muy profundo y mucho talento. Aun con la barrera idiomática, no pierde nada en cuanto a personalidad. Es encantador; algo así como un pícaro".

"Es el George Clooney francés", dice Heslov.

"George confía de verdad en sus actores", apunta Dujardin. "No es un director que te diga lo que hacer; se limita a darte algunas ideas. Es muy flexible y todos quieren en serio ofrecerle lo mejor que tienen. Se acerca lentamente a uno y le dice: ‘Puede que me equivoque pero quizá podrías intentar algo como esto’. O ‘¿Por qué no intentamos decirlo a la francesa?’".

Con todo, Dujardin afirma que fue la ocasión de hacer las cosas a la americana lo que especialmente le atrajo al proyecto. "Tenía que probar una forma distinta de actuar; la francesa es a menudo un poco más reservada, mientras que la americana es muy emocionante, muy juguetona. Siempre me han criticado en Francia por ser demasiado expresivo, por lo que para mí la experiencia resulta muy liberadora".

HUGH BONNEVILLE, conocido por "Downton Abbey", interpreta a Donald Jeffries, un hombre apartado del buen camino que busca una segunda oportunidad. "En la presentación de los personajes, se les ve en sus hábitats naturales, por así decirlo", explica Bonneville. "El de Donald es un pub. Nos enteramos de que ha cometido errores en su vida, de que ha sido indigno de confianza y el personaje de George le brinda otra oportunidad de volver a estrechar entre sus brazos a su primer amor, que es el arte".

"Jeffries es un hombre con defectos", prosigue Bonneville. "A medida que el relato avanza, acepta los errores que ha cometido llevado por el arte que ama. Cuando finalmente descubre la Madonna de Brujas dedica un rato a escribir una carta a casa, a su padre, en la que reflexiona sobre su propia vida y sus puntos débiles. La deslumbrante obra de Miguel Ángel, que tiene justo delante de él, le inspira para pedir la absolución paterna de los errores que ha cometido; en especial, el de buscar respuestas en el fondo de una botella".

"Desde el mismo momento en que empezamos a pensar que Hugh sería un acierto para el papel, comenzamos a escribir la parte para él; eso nos hizo centrarnos; en especial, porque estábamos escribiendo la escena de la carta", explica Clooney. "Lo divertido es que estábamos en un plató –el plató en el que presentamos al personaje– y en el piso de arriba había un cuarto tranquilo. Encontramos un micrófono y él leyó la carta, que sabíamos que se oiría en off. Lo clavó en la primera toma. Y eso es lo que utilizamos en la versión definitiva de la película: ni lo repetimos ni hicimos otro bucle. Quedó inmejorable; Hugh tiene un talento extraordinario".

Bonneville es un actor galardonado, antiguo alumno del Real Teatro Nacional, y ha trabajado varias veces –en la escena y en la pantalla– al lado de grandes estrellas; sin embargo, reconoce estar ligeramente hechizado por el reparto de Monuments Men.

"La noche anterior a mi primer día de rodaje no dormí", dice Bonneville. "El plan de rodaje decía: ‘George Clooney, Matt Damon, Bob Balaban, John Goodman, Bill Murray, Jean Dujardin, Dimitri (Leonidas) y yo.’ Ese primer día yo estaba atemorizado. Pero como todos los actores –y éstos son especialmente buenos– hablan un idioma interpretativo similar; enseguida compartimos una jerga de trabajo. Son unos tipos maravillosos, tanto en pantalla como fuera de ella. Fue un privilegio. No dejo de pellizcarme".

BOB BALABAN se hace cargo del papel de Preston Savitz. "Savitz es un intelectual, un historiador del arte y un empresario teatral", dice Balaban.

Heslov no se anda con rodeos: "Es un dandi", dice. "No es la persona que uno esperaría encontrar en una guerra. Todos están como gallina en corral ajeno, pero el personaje de Bob es un cóndor en corral ajeno. Es esa yuxtaposición con el personaje de Bill lo que me parece tan divertido".

"George es una persona muy concentrada. Muy preparada. Y muy tranquila. Sabe lo que quiere y es un gran comunicador", dice Balaban. "Conserva el sentido del humor estando bajo presión. Presta auténtica atención a los detalles. Tiene un gusto excelente y hace que sea un placer ir a trabajar con él por la mañana. ¿Qué más se podría querer en un director?".

Clooney y Heslov habían conocido a Balaban al margen del trabajo y estaban empezando a pensar en actores para Monuments Men cuando sus caminos se cruzaron. "Acabábamos de terminar el guión de Monuments Men y estábamos en un acto social para promocionar Argo, y Bob estaba allí", dice Heslov. "Esa noche, estábamos hablando de ello y pensamos que estaría de primera en el papel de Savitz. Le llamamos y se unió al grupo".

Preston Savitz se inspira en el miembro del Grupo de Monumentos, Lincoln Kirstein, un empresario teatral norteamericano, entendido en arte, autor y figura cultural de primera fila en Nueva York, que fue cofundador del Ballet de la Ciudad de Nueva York.

El guión atrajo a Balaban a la historia. Consiguió un punto de vista más amplio con el libro de Robert Edsel, inspirándose y logrando un mejor conocimiento gracias a otro libro que le dio Edsel: un libro de poesía original de Kirstein. "Fue escrito cuando Kirstein estaba en ultramar", dice Balaban. "Estaba evidentemente abrumado por su experiencia bélica, para la que no estaba mejor preparado. Su libro me recordó que si bien los Hombres de los Monumentos eran a menudo demasiado mayores y, en muchos aspectos, no estaban capacitados para la inmensa tarea que les esperaba, cada uno de ellos se sentía profundamente honrado de estar allí, y estaban totalmente comprometidos con su misión".

Balaban forma equipo en la película con el Richard Campbell interpretado por Bill Murray, y su relación refleja la que hubo entre Kirstein y el capitán Robert Posey, que estuvieron destinados en el Tercer Ejército de Patton durante su búsqueda del Retablo de Gante.

"Ésta es la tercera ocasión en la que he trabajado con Bill", dice Bob. "Y esta vez nuestros personajes son casi hermanos siameses. Bill me enseñó todo lo que sé sobre cocina tailandesa. Y mis golpes de golf mejoraron dramáticamente simplemente por estar cerca de él. Preston Savitz y Richard Campbell no se llevaron lo que se dice muy bien. Pero nosotros sí. Si tuve que estar atado a alguien durante cinco meses, me alegra que fuera él".

El último miembro de los Hombres de los Monumentos de la película es Sam Epstein, interpretado por DIMITRI LEONIDAS. A punto de cumplir los 19, Epstein es el único soldado auténtico del grupo, reclutado por poder conducir y hablar alemán.

"Mi personaje creció en Alemania, pero Alemania le rechazó por ser judío", explica Leonidas. "Cuando conocemos a Sam, es un soldado raso del ejército y está básicamente perdido en el sistema. No saben lo que hacer con él. Saben que podría ser útil de alguna forma gracias a su origen alemán, pero se queda al margen. Frank Stokes es quien aprecia su auténtico valor como conductor y su capacidad de entender alemán; es muy práctico tenerlo cerca".

La inspiración del personaje de Leonidas es Harry Ettlinger. "Yo nací en Alemania en el seno de la religión judía", dice Ettlinger. "Hitler había puesto en marcha la eliminación de todos los judíos del mundo. Mi padre perdió su negocio, y él y mi madre se dieron cuenta de que la vida económica ya no estaba abierta en Alemania a los judíos".

Así que, en septiembre de 1938, el Bar Mitzvah de Ettlinger fue adelantado respecto de su fecha tradicional de enero, y al día siguiente la familia se fue a Estados Unidos. "En realidad, el rabino sugirió que saliésemos esa misma tarde, aunque se supone que no es posible viajar en sábado", recuerda Ettlinger. "Pero mi padre dijo: ‘La guerra no va a empezar esta tarde’, y partimos al día siguiente".

Una vez en Norteamérica, Ettlinger se alistó a los 18 años, al igual que todos los jóvenes de entonces. El día que cumplía 19 años fue sacado de un transporte que le llevaba a primera línea para combatir en la Batalla de las Ardenas, y tres meses más tarde se incorporó a los Hombres de los Monumentos.

Trabajando en las minas, Ettlinger entró en contacto con numerosas obras de arte de un valor incalculable. "Jim Rorimer descubrió un cuadro de Grünewald, la Virgen de Stuppach, que era para todos la pieza más preciosa; pero, personalmente, yo vi un autorretrato de Rembrandt que pertenecía al museo de Karlsruhe, mi ciudad natal. El cuadro era el orgullo y la joya del museo y, a decir verdad, mi abuelo tenía un grabado de ese cuadro. Está colgado en mi cuarto de estar…".

En realidad, la familia de Ettlinger tenía una amplia colección de grabados ex libris que habían perdido al trasladarse a América. "Durante mi estancia en Alemania, me fui un domingo a Baden Baden, la ciudad balneario, en un Jeep conducido por un superviviente del Holocausto llamado Ike. No se lo había dicho a mi sargento, por lo que técnicamente estaba Ausente sin Permiso. Allí encontré el almacén que guardaba la colección de mi abuelo", dice Ettlinger. "Celebramos una especie de fiesta y esa noche acabamos en la mejor suite del mejor hotel de la ciudad. Allí estábamos, un superviviente del Holocausto y un soldado raso Ausente sin Permiso, durmiendo en una cama destinada al Kaiser alemán. Estoy muy orgulloso de ello".

CATE BLANCHETT redondea el reparto en el papel de Claire Simone, una francesa que ocupa un puesto único en la Francia ocupada. "Claire Simone es una conservadora del Jeu de Paume, que había sido un museo de arte pero que se convirtió en una especie de almacén de arte robado por los nazis", explica Blanchett. "Pero su auténtico trabajo se desarrolla por la noche, cuando registra el origen de las obras y el lugar al que son llevadas de un modo obsesivamente detallista. Ella es el catalizador del tercer acto de la película: los Hombres de los Monumentos saben que las obras están desapareciendo pero ignoran a dónde van y necesitan la información de Claire".

Blanchett afirma que había algo verdaderamente distinto en el modo como los nazis robaban arte. "En toda guerra se producen saqueos. Lo que me pareció espeluznante fue la forma matemática, calculada y sistemática como los nazis realizaban sus saqueos, y el hecho de que la adquisición de obras de arte por parte de ellos comenzara muy temprano: en 1938".

El otro elemento diferenciador del saqueo nazi fue el llamado ‘Decreto de Nerón’. "Cuando Hitler se dio cuenta de que iba a perder la guerra, ordenó que todo lo que habían amasado los nazis fuera destruido. No dejaría nada en manos de los vencedores", explica Blanchett. "En cuanto al arte, lo que el Decreto de Nerón suponía era que todo cuanto habían robado iba a ser destruido".

"El personaje de Matt, Granger, debe ganar su confianza", prosigue Blanchett. "Había, por parte de los franceses, un miedo comprensible de que si las obras fueran recuperadas de los nazis por los aliados, simplemente acabarían en colecciones o en manos de coleccionistas de Rusia y Estados Unidos. Desde ese punto de vista, ¿importaba realmente que fueran robadas por los alemanes, los rusos o los norteamericanos?".

Al final, Granger y Simone forjan un vínculo inhabitual, dice Blanchett. "Creo que la historia de amor que se desarrolla entre ellos es un amor compartido por el arte, por la cultura". Blanchett afirma que "están atrapados –apasionadamente– por la importancia de salvar estas obras para siempre. Creen que una única persona no puede jamás ser la verdadera propietaria de una obra maestra. Ésta es para todos. Creo, por tanto que están unidos por la nobleza de la causa".

El personaje de Blanchett se inspira en Rose Valland, una francesa que, en secreto y derrochando valor, siguió la pista de la sistemática batida que dieron los nazis, jugándose la vida al hacerlo. "Rose Valland era, al principio, voluntaria y, después, fue supervisora del Jeu de Paume, que está adyacente al Louvre. Durante la guerra fue un depósito de colecciones de arte robadas a los judíos y de otros objetos. Hermann Göring utilizó el Jeu de Paume básicamente como un centro comercial; los nazis lo organizaron como una zona de exposición de arte robado", explica Blanchett. "Con su trabajo salvó, sin otra ayuda, no ya cajas sino castillos llenos de obras de arte que, de otro modo, podrían haber sido fácilmente destruidos. El hecho de trabajar sola fue un acto de extraordinario valor. Creo que fue capaz de hacer lo que hizo porque no destacaba; era la mujer más improbable para la misión".


Acerca de la producción
Monuments Men fue principalmente rodada en exteriores de Alemania, con unas pocas semanas en Inglaterra.

Entre bastidores, Clooney y Heslov volvieron a reunir un equipo de jefes de departamento que habían colaborado en varias de sus películas; entre ellos, el director de fotografía Phedon Papamichael, ASC (que rodó Los descendientes y Los idus de marzo), el diseñador de producción Jim Bissell (que por cuarta vez trabaja en una película dirigida por Clooney), el montador Stephen Mirrione, A.C.E. (que cuenta con once colaboraciones con Clooney, incluidos los cinco largometrajes dirigidos por éste), y la diseñadora de vestuario Louise Frogley (que ha colaborado con Clooney en un total de ocho películas, incluidas las cuatro que ha dirigido más recientemente).

"Todo el equipo técnico –el montador, el diseñador de producción, el primer ayudante de dirección, el director de fotografía, el encargado del sonido, la del guardarropa– son, todos ellos, los mismos película tras película, porque confiamos en ellos y nos encanta trabajar con ellos. Hacen que sea divertido ir a trabajar. Uno se siente en familia", dice Clooney.

Bissell reconoce que cuando leyó por primera vez el guión de Monuments Men, le sorprendieron el ámbito y la ambición del nuevo proyecto, aun cuando esperaba un cambio respecto del enfoque a pequeña escala de Los idus de marzo. "Pensé: ‘Esto son muchos platós’. Lo desglosé y salieron 146 platós. Destrozó la marca personal de George, que estaba en 110 para Confesiones de una mente peligrosa".

"No creo que la mayor parte de las personas se den cuenta de en qué medida contribuye un diseñador de producción a la realización de una película", afirma Heslov. "Son los primeros en empezar, encuentran los exteriores y son ellos los que hacen que dichos exteriores tengan el aspecto adecuado a la escena…"

"…y luego, invariablemente, hay que improvisar. Pongamos que hace mal tiempo. Uno no puede desperdiciar el día, por lo que piensa: ‘¡Bueno! Podría rodar esta otra escena…’ y Jim dice: ‘Perfecto. Dame una hora’. Y todo sale bien", explica Clooney. "Yo no rodaría una película sin Jim Bissell".

A lo largo de muchas películas, Bissell ha desarrollado una forma económica y fácil de trabajar con Clooney. "Yo hablo con George sobre una toma: qué elementos son factores importantes de la composición de una escena. Una vez que lo he discutido con él, puedo, habitualmente, diseñar el plató o encontrar el exterior que sirva para lo que necesitamos. Después, vuelvo y lo consulto con él y, en ese momento, toma una decisión en firme, antes de que llegue el equipo de rodaje. Verdaderamente le gusta estar preparado y aborrece desperdiciar lo que sea", explica Bissell.

Candidato al Oscar® por su trabajo de diseño en Buenas noches, y buena suerte, Bissell sabe que un perfecto diseño de producción permite al público centrarse más en la esencia del argumento y del personaje. "Lo más importante siempre fue crear un entorno, una impresión de cómo era todo para los Hombres de los Monumentos, y de cómo eran los ambientes dramáticos en los que la historia se desarrolla realmente. Si hago bien mi trabajo, nadie sabe ni se da cuenta de lo que hice", asegura.

Para Monuments Men, se seleccionaron tres exteriores básicos para el rodaje: el sur y el sureste de Inglaterra, en el Reino Unido; la ciudad de Berlín y la zona y los alrededores de Babelsberg (Alemania) –incluidos los centenarios Estudios Babelsberg y la campiña colindante con Potsdam–, y los Montes Harz, la cordillera más elevada del norte de Alemania.

Sin embargo, hubo docenas de exteriores secundarios en dichos países que tuvieron que representar diferentes puntos del globo –incluidos la ciudad de Washington, Nueva York, Chicago, París, Gran Bretaña, Bélgica, Alemania, Austria e Italia–, a la vez que una gran cantidad de escenarios específicos: iglesias, catedrales, museos, castillos, minas de sal, hospitales, aeródromos, un campamento militar de instrucción y un cuartel general en campaña, caminos rurales, oficinas y alojamientos.

Rodar en exteriores fue una ayuda para los actores, dice Dujardin. "Imagínense lo que es estar en un lugar con 300 extras, jeeps, tanques y una historia intensa. Actuamos en Alemania y en Inglaterra. Rodamos en toda clase de tiempo: con nieve, lluvia, viento y sol. Naturalmente, eso inspira mucho", dice. "Recuerdo una escena con John Goodman. Estamos en el jeep y yo estoy herido, en los brazos de John. Detrás de nosotros está lloviznando y hay una niebla colosal. Creo que ello contribuye a la película y aumenta toda la emoción".

"Conseguir que Alemania hiciera de Francia y de Bélgica fue un verdadero reto, como lo fue, en cierta medida, lograr que el Reino Unido hiciera de Alemania", dice Bissell. "Afortunadamente, las catedrales góticas tienen una escala y un estilo que más o menos rebasan las identidades nacionales. Así que pudimos ser un poco más genéricos en nuestro enfoque".

Por ejemplo, Bissell rediseñó el interior de la catedral de San Esteban y San Sixto de Halberstadt, la capital de la comarca de Harz. Bajo la supervisión de Bissell, la catedral de Halberstadt hizo las veces de la catedral de San Bavón de Gante (Bélgica), el hogar legítimo de la Adoración del cordero místico de los hermanos Van Eyck (también conocida como el Retablo de Gante).

Los procesos geológicos han creado numerosas cuevas en los Montes Harz, muchas de las cuales fueron explotadas por sus depósitos minerales. Bissell y su equipo las transformaron en las minas de la película; principalmente, las de Merkers (Alemania) y Altaussee (Austria), dos monumentales escondites para el botín nazi.

"La zona de los Montes Harz tiene los exteriores de todas nuestras minas de la película", dice Bissell. "Encontramos algunas grandes minas de tiempos pasados. Algunas de ellas, abandonadas y en ruinas; otras, abandonadas pero lo bastante pintorescas como para arreglarlas y lograr que trabajaran para nosotros".

Uno de los retos más grandes para Bissell consistía en comunicar la enormidad de los alijos de obras y objetos de arte robados. "Al leer la escala del latrocinio de los nazis, el mero volumen resulta inconcebible", afirma Bissell. "Es muy importante que nuestro público comprenda lo que nuestros Hombres de los Monumentos hallaron; incluso ellos se quedaron sorprendidos por la extensión y la escala del robo. Necesitábamos ese impacto dramático. Uno tiene que verlo –el momento en que comenzaron a descubrir estas minas donde el arte robado había sido almacenado– y sentir lo que ellos sintieron, sobrecogimiento e incredulidad, antes de empezar a sentir el júbilo de encontrar estos tesoros".

Aunque parte del rodaje se realizó en auténticas minas, la mayoría de los túneles fueron construidos en estudios de sonido de los Estudios Babelsberg. "Hay mucho material que trasladar –cuadros, cajas, esculturas– y para conseguir la escala hacen falta grandes salas que sean accesibles mediante uno o dos túneles, unos quinientos metros bajo tierra", dice Bissell. "No es ése lugar al que uno quiera enviar a un equipo de rodaje. Así que, muy pronto, tomamos la decisión de construir un gran plató de minas que fuera modular, de forma que nos permitiera fotografiarlo desde diferentes ángulos y que pudiera representar a diferentes alijos de arte. Construimos todo eso en los Estudios Babelsberg. Eran grandes, pero es que tenían que serlo".

Además de estos platós, reproducciones eficaces de obras maestras eran también clave para la producción. Era necesario reproducir con autenticidad más de mil obras de arte, incluso si en la pantalla sólo aparecía una esquina de una gran obra pictórica, una escultura o un tapiz.

La producción disponía de varios medios de abastecerse de arte. Hay muchos establecimientos de alquiler, principalmente en Inglaterra, que tienen colecciones de óleos para alquilar. "No son obras maestras pero sí francamente bonitas; en su mayoría, retratos", asegura Helen Jarvis, Directora de Supervisión Artística de la película, que consiguió muchas de las necesarias obras de arte. "Pudimos hacernos con muchas esculturas del mismo modo, alquilando reproducciones que habían sido realizada a lo largo del tiempo".

Otro medio fue obtener archivos digitales de alta resolución e imprimir los cuadros. "Muchos de estos cuadros son muy complejos y la impresión se ha perfeccionado mucho; claramente era lo que teníamos que hacer", dice Jarvis.

Sin embargo, dos de estas piezas fueron coprotagonistas artísticas de la película: la Madona de Brujas y el Retablo de Gante. Pasarían mucho tiempo en pantalla y necesitaban especial atención.

Para la Madonna de Brujas, los realizadores adoptaron varios enfoques. "Sabíamos que íbamos a necesitar dos reproducciones: una para nuestras ‘tomas heroicas’, tan bella como fuera posible, y otra que sería trasladada de un lugar a otro envuelta en mantas, usada más como objeto de atrezo", recuerda Jarvis.

En Italia, el decorador de platós, Bernhard Henrich, descubrió un patio lleno de estatuas que tiempo atrás había pertenecido a Cinecittà, los famosos estudios de cine italianos. "Asombrosamente, tenían una Madonna de Brujas hecha de fibra de vidrio", dice Jarvis. "Sabíamos que íbamos a alquilarles varias obras, por lo que nos enviaron ésta por anticipado para que pudiéramos ver lo buena que era; y era muy, pero que muy buena".

Los realizadores también contrataron a un escultor de Berlín para que labrara una nueva reproducción de espuma de alta densidad. "Fuimos a Brujas y tomamos varias imágenes de alta resolución… ¡y compramos imágenes aún mejores en la tienda de regalos! También resulta que en el Ayuntamiento de Brujas hay un vaciado de escayola de 100 años de antigüedad en un vestíbulo. De esa reproducción, pudimos obtener muy buenas fotografías laterales de la Madonna. Después, nuestro consumado escultor estuvo tallando durante dos o tres semanas".

Luego, los realizadores compararon tres fotos de tamaño natural poniéndolas una al lado de la otra: la auténtica Madonna, la reproducción italiana en fibra de vidrio y la escultura de espuma. "Ganó la fibra de vidrio italiana", dice Jarvis. "Era más parecida al original. La Madonna de espuma se convirtió en nuestra ‘copia de seguridad’".

La otra pieza clave era el Retablo de Gante. "Para el Retablo de Gante, obtuvimos los derechos de un archivo digital impreso de muy alta resolución", dice Bissell.

"Realizamos prueba tras prueba", dice Jarvis. "Imprimimos el cuadro de la Virgen del vestido de terciopelo verde sobre distintas clases de materiales antes de descubrir que una técnica más moderna –una técnica de impresión recubierta de vinilo–, era la mejor. Luego se lo entregamos a nuestro pintor escénico, que le puso encima un acabado de una pintura acrílica que contenía cera, lo que le dio un aspecto excelente, como si hubiera sido pintado. A continuación, nuestro carpintero creó todo el marco de madera y construimos un elaborado retablo de piedra en que colocarlo".

Los realizadores también reprodujeron Los Burgueses de Calais, la gran escultura de Rodin. "Descubrimos una empresa de Nueva York que realizaba réplicas de la estatua de unos setenta centímetros de altura", cuenta Jarvis. "Cabría pensar que no serían útiles, pero fueron excelentes porque podíamos hacerlas girar y ver cada detalle de los ropajes. De nuevo las labramos en espuma densa, pero la textura del bronce era mucho más tolerante que el mármol".

Louise Frogley, la diseñadora de vestuario, afirma que su reto particular era parecido al de Bissell: logística y ámbito. "Había muchas grandes escenas en que aparecían personas civiles y uniformadas con ropa en diferentes fases de deterioro", recuerda Frogley. "Suponía mucha gente y grandes cantidades de prendas, y tuvimos que realizar pruebas de vestuario mientras continuaba el rodaje. Además, tendríamos que enviar material por adelantado mientras estábamos rodando. Además, teníamos que vestir a gente en un lugar de filmación mientras realizábamos pruebas en otro. Tuvimos que encontrar relojes para cada actor principal, muchos para ellos. Tuvimos que hacer gafas, recubiertas y sin recubrir. Y gafas de sol, recubiertas y sin recubrir. Para las personas que usaban gafas para leer, tuvimos que hacerlas recubiertas y sin recubrir; y gafas sin graduación, recubiertas y sin recubrir. Y así sin parar, una y otra vez. Nos volvimos locos con todos esos detalles, pero lo hicimos".

A pesar del número de películas anteriores de la Segunda Guerra Mundial, no era fácil conseguir uniformes militares. "Muchos de los uniformes originales han sido vendidos, destruidos o están en mal estado", explica Frogley. "Este material no dura mucho si no se le cuida. Todavía existe material original, pero las tallas son casi siempre demasiado pequeñas. Teníamos algunas guerreras nazis originales, pero las tallas eran de unos 90 cm de pecho y no había pantalones".

Frogley, junto con el supervisor de vestuario, John C. Casey, y el supervisor de vestuario militar, Joe Hobbs, tenían la tarea añadida de vestir a actores que representaban a varios ejércitos diferentes: americano, alemán, británico, francés y belga. "Y, naturalmente, en mitad de la guerra los uniformes cambiaron", añade Frogley.

Salir airosos, explica Frogley, se convirtió en una auténtica empresa internacional. "Los uniformes vinieron de todo el mundo. Encargamos material en Polonia. El tejido nos lo hicieron en Pakistán. Compramos género a comerciantes holandeses. Recibimos botas de México".

Pero aunque los Hombres de los Monumentos pasan la mayor parte de la película uniformados, era importante diseñar ropa para las primeras escenas que reflejara sus respectivas vidas civiles. "Tratábamos muy en serio de reflejar primero quiénes eran como civiles porque no eran tipos militares normales", afirma Frogley. "De esa forma mostraríamos la diferencia que habría supuesto estar en las fuerzas armadas. Stokes (George Clooney) es un intelectual, luego viste con elegancia; adecuadamente pero sin destacar. Granger (Matt Damon) se las da un poco más de artista; primero lo vemos luciendo un bonito peto de época sobre ropa más informal antes de acicalarse un poco para ver a Stokes. Campbell (Bill Murray) es un arquitecto, por lo que lo vemos vistiendo un traje en una obra. Garfield (John Goodman) es un escultor al que conocemos vestido con una blusa y un gorro de escultor; de uniforme sigue siendo un poco desastrado porque eso encaja con el personaje. Savitz (Bob Balaban) trabaja en el mundo de la danza; lo vestimos de una forma un poco más extravagante".

Una vez incorporados a las fuerzas armadas, cada hombre pasa a ser parte de una unidad que persigue el mismo objetivo. "Naturalmente, los actores siguen aportando singularidad a sus personajes y pueden recurrir a la forma como llevan sus uniformes para reflejarlo: una camisa apenas metida en la cintura, un cuello torcido, pequeños detalles que revelan rasgos diferentes. Estos tipos son todos actores muy listos. Utilizarán hasta lo último que puedan, cualquier cosa, para realzar a sus personajes".

"Louise Frogley es una brillante diseñadora", dice Cate Blanchett. "Sus pruebas de vestuario siempre me parecen verdaderamente instructivas y creativas. Con ella se estudian imágenes e ideas. Louise siempre enfoca periodos reconocibles de formas inesperadas pero auténticas".


Acerca de los auténticos hombres de los monumentos y el arte
Durante siglos, los ejércitos conquistadores han tratado el arte de los vencidos como botín de guerra. Pero el mundo no estaba preparado para el pillaje de los nazis, que robaron millones de tesoros artísticos en su marcha a través de Europa.

Adolfo Hitler era un gran amante del arte. Hitler, un artista frustrado que había sido rechazado dos veces por la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de Viena, soñaba con transformar su ciudad de adopción, Linz (Austria), en una superciudad. El eje de la metrópoli de sus sueños sería el "Führermuseum", que acogería y expondría la práctica totalidad de lo mejor del arte mundial: cuadros, esculturas, tapices... cualquier cosa que Hitler considerase digno de su colección. Su segundo en el mando, el Mariscal del Reich Hermann Göring, fue el principal procurador de Hitler en la adquisición de arte europeo, al tiempo que robaba para sí mismo un importante número de grandes obras.

El mero volumen de las piezas robadas es sorprendente: más de cinco millones de los más grandes tesoros culturales de Europa fueron objeto del saqueo de los nazis. Los artículos robados incluían decenas de miles de obras de Maestros, un verdadero censo del arte clásico: Miguel Ángel, Da Vinci, Rembrandt, Van Eyck, Vermeer y muchos más. Sólo un depósito de obras de arte –la mina de sal de Altausee (Austria)– contenía 6.577 cuadros, 230 dibujos o acuarelas, 137 esculturas, 122 tapices y entre 1.200 y 1.700 cajas de libros raros.

Al llegar a Estados Unidos noticias del latrocinio artístico de los nazis y de la destrucción de iglesias, museos y monumentos por parte de ambos bandos, dirigentes de la comunidad artística norteamericana se organizaron para salvar la historia cultural del mundo occidental. Presentaron sus argumentos al presidente Franklin D. Roosevelt y, con su apoyo, formaron la Comisión Norteamericana para la Protección y Restauración de Monumentos Artísticos de Europa. De dicha comisión surgió el Grupo de Monumentos, Bellas Artes y Archivos (MFAA) que formaría la brigada que protegería los monumentos históricos supervivientes, recuperaría el arte robado y devolvería tales tesoros a sus países de origen.

En el momento de la rendición de Alemania, sólo había alrededor de una docena de Hombres de los Monumentos sobre el terreno en Europa septentrional, entre ellos:

El teniente George Stout, una autoridad en el campo de la restauración artística, que fue el primero en concebir la idea de los Hombres de los Monumentos. Stout era el reconocido jefe del grupo (la graduación militar no reflejaba forzosamente la jerarquía práctica dentro del MFFA).

El alférez James J. Rorimer, futuro director del Museo Metropolitano de Nueva York, el máximo responsable de los famosos Claustros del Met.

El capitán Walker Hancock, uno de los escultores de más renombre de Norteamérica.

El capitán Robert Posey, un conocido arquitecto que fue asesor de MFAA del Tercer Ejército de Patton.

El soldado Lincoln Kirstein, futuro fundador del Ballet de la Ciudad de Nueva York.

El soldado Harry Ettlinger, un judío nacido en Alemania y, a sus 18 años, el más joven del grupo con ventaja. Ettlinger llegó a Estados Unidos con sus padres poco después de que los nazis tomaran el poder en su patria. Aunque Ettlinger no frecuentaba los mismos círculos artísticos que los demás, demostró ser inestimable como conductor y traductor.

Los Hombres de los Monumentos también hallaron una valiosa aliada en París en la persona de Rose Valland, historiadora del arte, miembro de la Resistencia Francesa y, en la época de la ocupación nazi, supervisora del Museo del Jeu de Paume. Los alemanes utilizaron el museo como su depósito central de almacenamiento y clasificación para un total de hasta 20.000 obras de arte.

Valland mantuvo de forma encubierta registros de cada pieza que pasó por el museo. Durante cuatro años consiguió mantener en secreto su dominio de la lengua alemana mientras rastreaba el destino de las obras de arte y, con gran riesgo personal, informaba a la Resistencia Francesa de los envíos ferroviarios que contenían obras de arte inapreciables.

Valland es una de las mujeres más condecoradas de la historia de Francia.

En marzo de 1945, con las tropas aliadas aproximándose rápidamente, Hitler promulgó su infame "Decreto de Demoliciones en el Territorio del Reich" (apodado el "Decreto de Nerón"), que ordenaba la destrucción de toda infraestructura alemana para evitar su empleo por las fuerzas aliadas, y que, interpretado ampliamente, incluía la inmensa colección de arte robado.

Si bien los Hombres de los Monumentos fueron responsables del rescate y preservación de millones de tesoros de arte europeos, dos piezas en particular adquirieron una importancia especial: la Madonna de Brujas y el Retablo de Gante.

La Madonna de Brujas
La cuarta interpretación que Miguel Ángel hizo del tema de la Virgen y el Niño representa un gran cambio respecto de su obra anterior. La Virgen no acuna al Niño Jesús en sus brazos ni en su regazo. En vez de ello, el Niño se ha deslizado entre sus rodillas, como si fuera a dar su primer paso solo. La mirada de preocupación de su Madre parece indicar el conocimiento de Su destino.

Alrededor de 1506, los hermanos Mouscron, ricos mercaderes de paños flamencos, llevaron la estatua exenta de mármol de unos 130 cm de altura a Bélgica, donde fue colocada en el altar de su capilla familiar de la iglesia de Nuestra Señora de Brujas. Desde entonces, la Madonna de Brujas ha sido el residente más famoso de Bélgica. La escultura fue sacada de Brujas por los nazis en retirada en septiembre de 1944, y fue hallada y devuelta por los Hombres de los Monumentos.

El Retablo de Gante
La adoración del cordero místico o El cordero de Dios, un políptico primitivo flamenco, es una de las obras de arte más espectaculares y reverenciadas del mundo. Se le conoce comúnmente como El Retablo de Gante debido a su instalación en la Catedral de San Bavón de la ciudad belga de Gante.

Se cree que la obra fue iniciada por Humberto Van Eyck alrededor de 1415 y que, a la muerte de éste en 1426, su hermano Juan, más joven y más prolífico, se hizo cargo de los trabajos. Juan completó la obra en 1432. Los historiadores del arte están generalmente de acuerdo con que Juan realizó la mayor parte del cuadro. El magnífico retablo de 12 paneles es una creación complicada compuesta de ocho postigos con goznes, pintados en ambas caras, que representa dos vistas diferentes, dependiendo de que estén abiertos o cerrados.

El Retablo de Gante tiene también fama de ser una de las obras de arte más frecuentemente robadas:

1566: El retablo es desmantelado y ocultado para evitar que los calvinistas lo prendan fuego como icono católico.

1784 a 1860: Dos paneles que representan las figuras desnudas de Adán y Eva desaparecen misteriosamente.

1794: El ejército francés se lleva a París los cuatro paneles que representan La adoración.

1816/17: Seis postigos son comprados por Guillermo de Prusia.

1914-1918: El retablo se divide entre tres ciudades: Bruselas, Berlín y Gante.

1914: Los alemanes roban los paneles de Adán y Eva.

1919: Una cláusula del Tratado de Versalles exige –merced a la insistencia de los críticos de arte del mundo– la devolución de todos los paneles a su emplazamiento original en Gante. No se dio cumplimiento a la cláusula hasta 1923.

1935: Se produce el robo, seguido de la exigencia de un rescate, de los paneles de Los Jueces Rectos y de San Juan Bautista. El panel de San Juan es devuelto como "muestra de buena voluntad" sin el pago de rescate alguno. El panel de los jueces nunca fue recuperado. (Después de la Segunda Guerra Mundial, el restaurador belga Jan van der Veken volvió a pintar el panel desaparecido).