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La conspiración del silencio cartel reducido La conspiración del silencio(Im labyrinth des schweigens)
Dirigida por Giulio Ricciarelli
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LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO narra la historia de un joven fiscal que se embarca en una incansable búsqueda de la verdad a finales de la década de 1950. Luchando contra todos los obstáculos imaginables, acaba chocando contra sus propios límites y contra los de un sistema que hace más fácil olvidar que recordar.

Basada en hechos reales, LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO ofrece una mirada muy personal y particular del estilo de vida de los años del "milagro económico", la era de las enaguas y el rock and roll, en la que la gente quería olvidar el pasado y mirar hacia delante. La película lanza una mirada emotiva y trepidante a un capítulo de la Historia poco conocido que cambió fundamentalmente la forma en que Alemania trataba a su pasado. Una fascinante historia de valor, responsabilidad y lucha por la justicia.

Bajo la dirección de Giulio Ricciarelli, Alexander Fehling deslumbra en el papel del joven fiscal Johann Radmann. Lo acompaña un sólido reparto de actores jóvenes y consagrados como André Szymanski, en el papel del periodista Thomas Gnielka; Friederike Becht, en el de la novia de Radmann, Marlene Wondrak; Johannes Krisch, en el de Simon Kirsch; Hansi Jochmann, que interpreta a Erika Schmitt, secretaria y "alma buena" de la Fiscalía; Johann von Bülow, en el papel del colega de Radmann, Otto Haller; Robert Hunger-Bühler, en el del fiscal Walter Friedberg; Lukas Miko, en el de Hermann Langbein; y la leyenda del teatro Gert Voss, que interpreta al fiscal general Fritz Bauer, el impulsor de los juicios de Auschwitz.

LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO es una producción de Claussen+Wöbke+Putz Filmproduktion, Uli Putz y Jakob Claussen, Naked Eye Filmproduktion y Sabine Lamby. La producción contó con la colaboración de HessenInvestFilm, FilmFernsehFonds Bayern (FFF), Filmförderungsanstalt (FFA) y Deutscher Filmförderfonds (DFFF).


Notas de producción
"Hay gente en Alemania que sigue pensando que una película seria no debe ser entretenida", explica la productora Uli Putz. "Pero eso es precisamente lo que queremos hacer en LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO". La película narra la historia de varios hombres y mujeres que, a finales de los años 50 y a pesar de encontrar una gran resistencia tanto social como política, se esfuerzan por asegurarse de que Alemania no huya de su pasado, que por aquel entonces no era tan lejano. Esos hombres y mujeres querían que Alemania fuera el primer país del mundo en llevar a sus propios criminales de guerra ante un tribunal. "A diferencia de los juicios de Nuremberg, hoy en día casi nadie conoce los juicios de Auschwitz", declara el productor Jakob Claussen.

"En cierto sentido, vemos nuestra película como una forma de evitar el olvido; sin embargo, no está planteada como una lección de historia ilustrada, estructurada y políticamente correcta, sino como la emocionante y entretenida aventura de un héroe. En esa época, hicieron falta más de cinco años desde las diligencias preliminares hasta que se empezaron los procedimientos principales del primer juicio de Auschwitz. Los comienzos de esta película duraron un tiempo parecido."

La idea central surgió de la guionista Elisabeth Bartel. Había leído sobre el tema en un periódico y se puso en contacto con la productora Sabine Lamby. Ella reconoció inmediatamente el potencial de la historia, que nunca antes se había contado en el cine. Las dos empezaron a desarrollar la historia, y luego ficharon a Giulio Ricciarelli, compañero de Lamby en Naked Eye Filmproduktion, para que participara en el guión. Durante esa fase, Ricciarelli desarrolló tal fascinación por el tema que se dio cuenta de que tenía que convertirse en una espléndida película histórica, y que tenían que encontrar a un productor experimentado para que el resultado fuera exitoso. Así, en 2011, Sabine Lamby recurrió a Claussen+Wöbke+Putz Filmproduktion, que le dio una respuesta de lo más positiva: "Leí el guión y me quedé anonadada", recuerda Uli Putz. "Enseguida supimos que queríamos contar esta fascinante historia juntos."

Así empezó una fase de dos años de meticuloso desarrollo del guión. Muy al principio de esta fase, los participantes acordaron que el director sería Ricciarelli. "Sus premiados cortos reflejan su visual forma de pensar, y con qué maestría sabe dirigir la acción y a los actores", explica Putz. "Durante esta fase de desarrollo del guión, se vio que tenía también una percepción sorprendentemente precisa de los personajes." Claussen añade: "Durante las muchas conversaciones que mantuvimos durante el desarrollo del guión, nos dimos cuenta de que Giulio es muy preciso, escucha muy atentamente y sabe exactamente lo que quiere". Por supuesto, un debut como director siempre requiere una dosis extra de confianza por parte de los productores, observa Putz: "No sabes a ciencia cierta lo que vas a obtener. Pero eso es algo también muy especial. En nuestro caso, nuestras esperanzas se vieron más que satisfechas".

Elisabeth Bartel y Giulio Ricciarelli decidieron expresamente contar una historia ficticia, aunque con un telón de fondo de hechos reales y con la inclusión de personas que existieron de verdad. "Aunque el fiscal general Fritz Bauer y el periodista Thomas Gnielka existieron de verdad, nuestro protagonista, el joven fiscal Johann, es un personaje ficticio, una combinación de los tres fiscales que realmente digirieron las investigaciones de la época", explica Uli Putz. "El mayor reto que planteó el desarrollo del guión fue equilibrar los elementos individuales: por un lado queríamos conservar los hechos decisivos, pero por otro añadir un componente emocional a la acción." Además, según explica Putz, había la necesidad de introducir la información de la manera más natural posible sobre el momento en el que tiene lugar la historia. Por ejemplo, el hecho de que muchos soldados aún no hubieran regresado de su cautiverio como prisioneros de guerra.

Los productores insisten en que su deseo es que la película no resultara dogmática o moralista. "Evidentemente, apoyamos la idea de que era importante y adecuado para nuestro país enfrentarse a su pasado", recalca Putz. "Pero teníamos mucho interés en mostrar también la otra cara de la moneda. Por ejemplo, con el personaje del fiscal Walter Friedberg, al que interpreta Robert Hunger-Bühler, que lanza una pregunta muy legítima: "¿Tan importante es que todos los alemanes se pregunten si su padre fue un asesino?"". Este personaje ilustra a la perfección la complejidad de la situación en aquella época, apunta Claussen: "Al principio, el señor Friedberg parece bastante desagradable, pero resulta que precisamente él no perteneció al partido nazi. Hemos intentado ofrecer un abanico de historias personales y destinos lo más amplio posible".

Para describir los hechos históricos de la manera más fiel posible, los guionistas buscaron apoyo de expertos en la materia desde el principio: Elisabeth Bartel se puso en contacto con el historiador Werner Renz, del instituto Fritz Bauer, durante la fase de investigación. "En la primavera de 2010, la señora Bartel me habló por primera vez de la película", recuerda Renz. "Durante los años siguientes, leí las diversas versiones del guión." Renz da fe de que los creadores de la película han reproducido de manera muy ecuánime el telón de fondo de los juicios de Auschwitz y de que han respetado los hechos fundamentales todo lo posible: "En mi opinión, el guión es muy auténtico. No exagera ni distorsiona nada, y refleja de una manera muy adecuada la investigación judicial".

El protagonista, Alexander Fehling, también se unió al equipo en los comienzos. Putz y Claussen ya lo conocían por haber trabajado juntos en 13 Semester, de Frieder Wittich. Los productores ficharon también un reparto estelar de grandes actores que, en su mayoría, aún no eran conocidos por el gran público. Entre ellos se encuentra Gert Voss, una auténtica leyenda del teatro, pero poco conocido en la pantalla. El actor "tenía un fuerte deseo de protagonizar un gran papel cinematográfico", comenta Claussen.

Mientras se preparaba para su papel, Fehling tuvo la oportunidad de conocer al modelo real de su personaje en la ficción: Gerhard Wiese, uno de los fiscales que trabajaron en el primer juicio de Auschwitz en los años 50. "Vive en el barrio de los poetas de Frankfurt, y fue vecino de Reich-Ranicki", explica Claussen. "Nos vimos un par de veces, y, durante una cena juntos, Alexander pudo aclarar algunas cuestiones de lo más profanas, como por ejemplo: ¿Los jóvenes fiscales se tuteaban o se hablaban de usted? ¿Llevaban sombrero? ¿Cómo se comportaban en presencia de Fritz Bauer?".

El antiguo fiscal Gerhard Wiese vino un día al rodaje para hacerse una idea de cómo era. "Estábamos rodando la escena en la que todos los fiscales se reúnen una vez a la semana y en la que Fritz Bauer distribuye los casos", explica Claussen. "Giulio Ricciarelli llevó a Wiese al set y le presentó a los actores. De manera espontánea, todos se levantaron y le aplaudieron. Fue tremendamente emotivo ver cómo aquel señor de más de 80 años tenía por fin la oportunidad de experimentar aquel reconocimiento. Para mí, fue el momento más emotivo del rodaje."

La película ofrece mucho material para el debate, opina Claussen: "En aquella época, cuando había que demostrar la necesidad de que se celebraran los juicios de Auschwitz, el fiscal general Fritz Bauer pronunció esta polémica máxima: “Nadie tiene el derecho de ser obediente”. A lo que se refería era a que no se debería permitir que nadie alegara posteriormente que estaba siguiendo órdenes. Todos tienen el deber de negarse cuando se le piden cosas tan inhumanas como hicieron los nazis". El asunto de la responsabilidad personal sigue siendo aplicable hoy en día, afirma Putz: "¿Hasta dónde puede llegar la exigencia de cumplir con las órdenes? ¿Te exime eso de tu deber de escuchar a tu propia conciencia? ¿Hasta qué punto tienes que asumir tú mismo la responsabilidad de tus propias acciones? Hay cosas que se siguen repitiendo".

De todas formas, nadie pretende juzgar a las generaciones pasadas, aclara Claussen: "Hoy se requiere un poco de humildad. No sería justo hacer reproches a nuestros padres y abuelos desde la comodidad actual de nuestros hogares. En lugar de eso, tenemos el deber de asegurarnos de que no vuelva a suceder nada parecido a Auschwitz. Esta es la postura de nuestra película". Y esa es la razón de que, según productor, la película siga teniendo vigencia hoy día: "En todo el mundo están cayendo sistemas; no tenemos más que fijarnos en Egipto y Siria".

Uli Putz señala que el periodo histórico en el que se desarrolla la historia no se ha analizado apenas en el cine hasta ahora: "Con nuestra película, los jóvenes tendrán la oportunidad de asomarse a una época que probablemente no conozcan mucho. Además, la película tiene muchos estímulos para ayudarnos a reflexionar sobre sus contenidos y seguir explorando el tema". La productora espera que varias generaciones se animen a ver la película juntas: "Creo que esta historia proporcionará montones de temas de conversación para las familias. Y me sentiría honrado si con ella pudiéramos hacer que los padres y los abuelos tomen conciencia de la importancia de transmitir su conocimiento de esa época a las generaciones más jóvenes antes de que sea demasiado tarde".

"Nuestra intención era hacer una película que aborde un tema importante, ofrezca información y amplíe el horizonte del público, pero sin olvidarnos del entretenimiento", recalca Uli Putz. Jakob Claussen añade: "Por supuesto, LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO es un contrapunto a otros productos más superficiales. No obstante, sigue siendo una película de entretenimiento".


Notas del director (Giulio Ricciarelli)
Una historia de valentía, de lucha por lo que es correcto y de redención.

Estamos en Alemania, en 1958. Una atmósfera de optimismo frenético y de negación, un país que se está reconstruyendo a sí mismo. Aun así, la sombra de los crímenes de guerra persigue a sus ciudadanos, y está verdaderamente a la vuelta de la esquina.

Creo que el tema de la película es el que dicta sus criterios estéticos. El trabajo de cámara es clásico: las tomas compuestas calibran lo que vemos y lo que se deja a la imaginación. El espacio y el tiempo están diseñados para permitir una interpretación potente; son las emociones las que hacen avanzar la historia. El montaje es suave, rítmico y preciso.

Quiero que el público se sumerja sólo en la historia, que la compleja narración sea más asequible gracias a una música intensa pero minimalista. Ninguna de las partes debe de captar la atención por sí misma para restarle al conjunto de la historia.

Confiad en esta historia; una historia de nuestros tiempos.

Vivimos en una época de autopublicación, en la que los chavales de 13 años son su propio departamento de relaciones públicas, mientras que, como individuos, sentimos que no podemos influir en un mundo tan globalizado, conectado y complejo. En esta época, esta historia nos recuerda que siempre son los individuos los que traen el cambio y empujan a las civilizaciones hacia adelante.

Esta lucha, el dolor y la belleza de esta lucha, son el centro de la película.


Entrevista con Giulio Ricciarelli

P: ¿Cómo reaccionó cuando se encontró por primera vez frente a este tema?

R: Me pareció una historia increíble. Me costó bastante creer que los alemanes de finales de los años 50 nunca hubieran oído hablar de Auschwitz. Fue durante mi investigación cuando me di cuenta de que efectivamente era así. Como persona joven, siempre había tenido la impresión de que el periodo nazi se había estudiado y tratado mucho en Alemania después de 1945 mediante clases de Historia, una gran variedad de películas y visitas a los campos de concentración.

Pero lo cierto es que, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, prácticamente no se abordó nada en profundidad durante varios años; en lugar de eso, se intentó silenciar aquel pasado oscuro. Era un capítulo de la historia del que nadie quería hablar. Ni sobre los ejecutores, ni sobre las víctimas. Por supuesto, había gente que sabía de Auschwitz, pero la mayoría de los alemanes, no. Y es un tema que se habría seguido silenciando si no hubiera sido porque cuatro personas valientes (el fiscal general y tres fiscales jóvenes) superaron todos los obstáculos y hubieran defendido su visión de los juicios de Frankfurt. Cuatro héroes que cambiaron Alemania para siempre.


P: ¿Cómo definiría a su personaje principal, el joven fiscal Johann Radmann?

R: Johann es un jurista muy germánico, seguro de sí mismo y bastante formal con una educación humanista y unos valores morales claros. Su talón de Aquiles es su forma tan rígida de ver las cosas, o blanco o negro. Al principio, cree que sabe lo que está bien y lo que está mal. Pero con el curso de los acontecimientos se da cuenta de que no es su función juzgar a los demás. Él sólo puede llevar a cabo este juicio con humildad.


P: En su película, ofrece un espacio para el debate para el lado contrario.

R: Sí, significaba mucho para nosotros. Por supuesto, sentimos que tenemos que enfrentarnos a nuestro pasado. Pero la parte contraria también puede alegar buenas razones. El canciller de la República Federal de Alemania Konrad Adenauer fue el que estableció la doctrina de que había que trazar una línea y correr un tupido velo sobre el pasado. Esa fue la postura oficial contra la que tuvieron que luchar Fritz Bauer y sus colegas. Y el fiscal Friedberg condensa la cuestión en su pregunta a Johann Radmann: "¿Quieres que todos los jóvenes de este país se pregunten si su padre fue un asesino?".


P: ¿Hasta qué punto pudo contar con frases originales a la hora de escribir los diálogos?

R: Muchas declaraciones de Fritz Bauer se han conservado, sobre todo gracias al trabajo del Instituto Fritz Bauer. Por supuesto, también nos basamos en declaraciones de testigos durante el juicio. Y la pérfida argumentación del abogado Lichter de que la "selección" fue un acto de humanidad que tenía como objetivo salvar vidas humanas está sacada de la estrategia de defensa de un abogado durante los juicios de Frankfurt. En cuanto a los hechos históricos, intentamos ser lo más correctos y preciosos posible. Sólo nos permitimos ciertas libertades narrativas en lo referente a la vida interior de los personajes. No queremos dar una lección de historia a los espectadores, sino una experiencia cinematográfica emocional. Por eso hemos intentado una y otra vez suavizar la acción con a través del humor, no con payasadas que no vienen a cuento, sino con un humor delicado que surge de los personajes. Creo que es un error decir: "Dios mío, es un tema muy serio, ¡no se puede uno reír con algo así!".


La prensa ha dicho de ella
"Una obra ingeniosa y bien interpretada sobre un acontecimiento desconocido pero significativo para la Historia" - The Hollywood Reporter

"Inteligente y provocativa" - Variety

"Una historia extraordinaria sobre la negación y la ignorancia, el valor y la diligencia… Una película conmovedora e importante para Alemania" - Der Spiegel

"La película del año. Una película fascinante" - Bild

"Un conmovedor drama basado en hechos reales" - Elle