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La gran apuesta cartel reducido La gran apuesta(The big short)
Dirigida por Adam McKay
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Dirigida por Adam McKay ("El reportero: la leyenda de Ron Burgundy", "Hermanos por pelotas") y protagonizada por el ganador del premio Oscar® de la Academia de Hollywood Christian Bale, así como los actores nominados al Oscar® Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt. Sus productores ejecutivos son Louise Rosner-Meyer ("Los juegos del hambre", "Los juegos del hambre: En llamas") y Kevin Messick ("Los amos de la noticia"). Producida por el equipo ganador del Oscar® compuesto por Brad Pitt, Dede Gardner ("Selma", "12 años de esclavitud"), Jeremy Kleiner ("Selma", "12 años de esclavitud") y el nominado al Oscar® Arnon Milchan ("Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)", "El club de la lucha"). Guion de Charles Randolph ("Amor y otras drogas", "La intérprete") y Adam McKay, basado en el libro La gran apuesta, de Michael Lewis (Moneyball, The Blind Side). El director de fotografía es el nominado al Oscar® Barry Ackroyd ("Capitán Phillips", "En tierra hostil (The Hurt Locker)"). El director de producción es Clayton Hartley ("Cómo acabar sin tu jefe 2", "Somos los Miller"). El montaje es de Hank Corwin ("El árbol de la vida", "Asesinos natos"). El diseño de vestuario es de Susan Matheson ("Los amos de la noticia", "Hermanos por pelotas") y la música de Nicholas Britell ("A Tale of Love and Darkness", "The Seventh Fire").

El guionista y director Adam McKay es más conocido como el cerebro responsable de comedias de gran éxito de taquilla de Will Ferrell como "Hermanos por pelotas" y El reportero: la leyenda de Ron Burgundy", así como del espectáculo de Broadway nominado al premio Tony "You’re Welcome America". Sin embargo, hace cinco años, cuando leyó La gran apuesta, quedó fascinado con una farsa de otro tipo. Intrigado por la mezcla de comedia, drama y absoluta tragedia de la genial visión entre bastidores que ofrecía Michael Lewis en vísperas del hundimiento de la economía mundial, McKay ansiaba tomarse un respiro de las comedias absurdas para trasladar La gran apuesta a la gran pantalla.

"Empecé a leer el libro sobre las diez y media de la noche y pensé: ‘Me leeré 40 páginas y ya está’", recuerda McKay. "No podía dejarlo. Acabé leyéndomelo entero y me lo terminé a las seis de la mañana. Al día siguiente, le hablé a mi mujer de los personajes y de cómo el libro entrelazaba las distintas tramas y cómo es una especie de historia sobre ‘hacerse rico’ que trata en última instancia sobre la caída del sistema bancario, la corrupción y la autocomplacencia, y cómo es a la vez divertida y desgarradora. Y ella me dijo: ‘Deberías hacerla’. A lo que respondí: ‘Soy el tipo que hizo "Hermanos por pelotas"’. Ni siquiera se me ocurrió considerarlo, porque di por hecho que alguien como Scott Rudin o Plan B ya se habría hecho con los derechos del libro".

Y efectivamente, Plan B Entertainment, la productora de Brad Pitt, ya se había asociado con Paramount Pictures para trasladar La gran apuesta a la gran pantalla. El productor Jeremy Kleiner encontró sorprendentes similitudes entre la forma de ver el béisbol y Wall Street del autor Michael Lewis en su libro Money Ball. "Tanto Money Ball como La gran apuesta abordan temas familiares que la gente cree entender y formulan preguntas importantes", explica Kleiner. "La gran apuesta tiene además un elemento muy característico, en el sentido de que los protagonistas no ‘van de buenos por la vida’. Todo eso nos pareció muy interesante, así que Paramount, nuestro socio, decidió hacerse con los derechos. Y así se puso en marcha el proyecto".

Después de que McKay terminara de dirigir la secuela de éxito "Los amos de la noticia", su agente lo retó a que le dijera la película que más le interesaba hacer. "Antes siquiera de saber lo que estaba diciendo, le planteé: ‘Si pudiera hacer cualquier cosa, haría La gran apuesta’". Plan B envió a McKay una versión temprana de un guion escrito por Charles Randolph. "Vi algunas cosas buenas en el guion y también supe exactamente qué hacer para mejorarlo", recuerda McKay. "Me reuní con Jeremy y Dede Gardner, presidenta de Plan B, y les planteé mi propuesta".

El guion resultante incorporaba el característico ingenio de McKay a una historia sobre un momento decisivo en la historia reciente de Estados Unidos. "La gente me conoce por películas como ‘Pasado de vueltas’ y ‘El reportero: la leyenda de Ron Burgundy’, o los vídeos de Funny or Die, pero siempre me he implicado en distintas causas", explica McKay, que dominó la sátira política como guionista jefe de "Saturday Night Live" antes de iniciar su carrera cinematográfica. "Siento que es tu obligación como ciudadano prestar atención a lo que sucede en política y en la sociedad. Puedes ser un payaso al que rocían con botellas de soda, pero también tienes que votar y saber de qué estás hablando".


Los tipos de fuera
El libro que tenía a McKay y Plan B tan entusiasmados por adaptar al cine, que trataba sobre los acontecimientos que llevaron a la crisis bancaria, es obra del autor Michael Lewis, un auténtico maestro de la no ficción. Después de trabajar él mismo en un gran banco de Wall Street en la década de 1980, Lewis escribió el superventas El póquer del mentiroso, una divertida y reveladora mirada al lucrativo y engañoso mundo de la negociación de bonos. El autor no tenía pensado escribir nada más sobre el tema, hasta la crisis financiera de 2008. "Empecé a leer sobre cómo los grandes bancos como aquel para el que trabajé habían perdido cientos de miles de millones de dólares operando en el mercado de bonos hipotecarios de alto riesgo", recuerda Lewis. "Los bancos se habían convertido en los inversores tontos del mercado y estaban perdiendo enormes cantidades, así que me pregunté: ‘¿Cómo ha podido llegarse a eso?’".

En busca de respuestas, Lewis se reunió con antiguos banqueros de inversión que habían perdido su trabajo después de la debacle financiera. "Salíamos a tomarnos una cerveza y me decían extraoficialmente: ‘La única razón por la que te explico por qué he perdido diez mil millones de dólares en una sola operación es porque tú eres la razón de que esté en este negocio. Leí El póquer del mentiroso y eso hizo que me ilusionara convertirme en corredor de Wall Street’. Después de unas cuantas conversaciones similares, pensé: ‘¡Dios mío, si esta crisis la he provocado yo!’. Era en cierto modo responsable de esos idiotas que habían perdido todo ese dinero, que se habían interesado por esa profesión gracias a un libro que escribí yo. Así que entonces intenté discernir cómo esas instituciones que constituían el núcleo central del capitalismo se habían vuelto estúpidas y habían hecho cosas tan suicidas. Los bancos como Goldman Sachs están llenos de los tipos más listos, inteligentes e instruidos de Harvard, Yale y Princeton".

Pero no fueron estos antiguos amos del universo de universidades de élite los que acabaron protagonizando el libro de Lewis. En su lugar, dirigió su atención a los inadaptados que se enfrentaron a las creencias imperantes de bancos, agencias gubernamentales de regulación y expertos de los medios y apostaron todo lo que tenían a una quiebra sin precedentes del mercado inmobiliario estadounidense. "Descubrí a esos tipos excéntricos de la periferia del sistema que se habían dado cuenta de lo corrupto que se había vuelto realmente todo", explica. "Esos fueron los tipos que convirtieron La gran apuesta en un libro y no solo en un artículo. Los tipos que apostaron contra los bancos e hicieron verdaderas fortunas, esos eran los personajes que me interesaban".


Inversión inteligente
Uno de esos individuos pintorescos era el Dr. Michael Burry, un neurólogo de San José convertido en gestor financiero, con un ojo de cristal y cierta tendencia a presentarse descalzo al trabajo. El actor ganador del Oscar® Christian Bale conectó desde el primer instante con Burry cuando se reunieron para una sesión maratoniana de nueve horas para conocerse antes del rodaje.

"Mike no se relaciona mucho con otras personas, pero es uno de los hombres más geniales, sentidos y sinceros que he conocido nunca", afirma Bale. "Mike estudió miles y miles de hipotecas para elaborar un patrón. Nadie más tenía las fuerzas para hacer algo así. Todos los demás estaban pasándolo bien, ganando mucho dinero. Nadie quería gritar: ‘Detengan el autobús, que yo me apeo’, pero Michael sí. Descubrió que todo era una completa basura".

De forma similar al visionario solitario al que interpreta, Bale no interactuó con las demás estrellas de La Gran Apuesta. Casi todas sus escenas se desarrollan delante de un ordenador o en una sala de descanso atestada, en la que su personaje se dedica a tocar la batería para desahogarse un poco. "Me pasé dos semanas yo solo en una oficina haciendo mi papel así que, cuando vi el resto de la película, fue toda una revelación", comenta el actor británico. "No tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero ahora que he podido ver lo que ha hecho Adam, resulta muy entretenido".

McKay se quedó maravillado al observar cómo Bale se metía por completo en su papel. "Burry y Bale tienen en común que los dos se centran totalmente en su trabajo", aporta el director. "El nivel de concentración y detalle que aporta Christian a su personaje me deja boquiabierto. El primer día de rodaje, lo vi sumirse en el personaje y, ¡listo! Ya fue Michael Burry todo el resto de la película, captando su forma de moverse, de actuar, sus ritmos. A mitad de rodaje con Christian, le pregunté si estaba ya harto de oírme decir: ‘Estupenda toma’".

Un ejemplo de la concentración absoluta de Bale fue su capacidad para sacar adelante una secuencia en la que tiene que tocar la batería estilo heavy metal, pese a una grave lesión de rodilla que sufrió mientras saltaba en una cama elástica con sus hijos. "Christian no dejaba de repetir: ‘Estoy bien, estoy bien’, pero luego le veías la rodilla y estaba hinchadísima", recuerda McKay. "Se la desgarró entera, el ligamento cruzado anterior, el ligamento lateral interno, la rótula, el menisco, algo más que ni siquiera había oído en mi vida, así que le dije: ‘Se acabó, no vas a tocar tú la batería, nos buscaremos un doble’". Pero Bale, que había aprendido a tocar la batería en solo dos semanas para el papel, insistió en hacer él mismo la escena. "Interpreta la escena completa, la hace a la perfección y luego se marcha cojeando del set. En lo que a aguantar el dolor se refiere, es de lo más increíble que he visto en mi vida".


El paladín de Wall Street
En el centro moral de la historia se encuentra el iracundo gestor de fondos de gestión alternativa conocido en la película como Mark Baum, e interpretado por el nominado al Oscar® Steve Carell. El actor se sintió fascinado en varios aspectos por Baum, que dirige la filial de Morgan Stanley FrontPoint. "Mark tiene un sentido de la moral muy marcado, pero al mismo tiempo está inmerso en el mundo de Wall Street, así que en ese aspecto creo que se siente atormentado", opina el actor. "Mark se ve como una especie de caballero de brillante armadura, aunque esa armadura pueda tener mellas. Vender al descubierto en el mercado inmobiliario empieza como una forma de decirles a los bancos ‘que os den’, con la que piensa demostrar lo equivocados que están esos tipos. Pero, al final, ¿qué significa esa victoria en cuanto a vidas humanas arruinadas? ¿Quién sale realmente perjudicado? Mark tiene sentimientos encontrados al respecto, porque gana muchísimo dinero de los bancos que están jugándosela a gente corriente de clase media. Es una cuestión difícil, que le cuesta resolver".

La ira de Baum por la codicia de Wall Street se ve exacerbada por el dolor que siente por una terrible pérdida que su mujer Cynthia (Marisa Tomei) le insta a afrontar. "Mark siente una conexión visceral con un suceso espantoso por el que se culpa hasta cierto punto", explica Carell. "Se pregunta: ‘¿Podría haber hecho algo más para evitar esta tragedia? ¿Me ha cambiado esto para convertirme en alguien que no me gusta y que nunca quise ser para empezar?’. A Mark Baum le pasan muchas cosas por la cabeza".

Para ayudar a Baum en su cruzada, cuenta con los indispensables analistas de FrontPoint Danny Moses (Rafe Spall), Porter Collins (Hamish Linklater) y Vinnie Daniel (Jeremy Strong). Estos sarcásticos jóvenes ayudan a Baum en su causa a base de hacer números, plantear preguntas difíciles e investigar sobre el terreno. "Esos chicos son unos fieras", opina Carell. "Por mucho que parezca que se diviertan, lo cierto es que no dejan de pensar nunca en su trabajo".

Al sacar a la luz las artimañas de Wall Street, Baum y sus protegidos se revelan como un insospechado grupo de paladines despiadadamente sinceros. "Si Michael Burry es el único oráculo que vio venir la gran debacle antes que nadie, los analistas de FrontPoint son los tipos a pie de calle", explica McKay. "Bromean, sueltan palabrotas, son graciosos, son buenas personas. Y en el centro de FrontPoint se encuentra Mark Baum, el tipo exaltado que no se fía del sistema".

Este trabajo no supone más que la más reciente de las colaboraciones de Carell con McKay, al que conoció cuando ambos formaban parte de la compañía teatral de improvisación Second City de Chicago, y posteriormente volvieron a colaborar en las películas de Ron Burgundy. Eso fue antes de que Carell fuera nominado al Oscar® por su papel real del filántropo multimillonario convertido en asesino John du Pont en "Foxcatcher". "Steve siempre ha sido un gran técnico con un sentido perfecto del ritmo pero, cuando lo vi en ‘Foxcatcher’, me quedé en plan ‘¡Madre mía!’", admite McKay. "Su interpretación me dejó anonadado".

Carell aportó al papel una implacable búsqueda de la excelencia, en opinión del director. "Steve se esforzaba constantemente, toma tras toma tras toma. Yo decía: ‘Ha estado genial’, y él insistía: ‘No, no, no, todavía se puede sacar más’, y, en efecto, conseguía profundizar más. Acabó resultando una gran colaboración".

Parte de esa colaboración incluyó gestores financieros reales. "Me reuní con varias personas representadas por ese personaje y les hice unas cuantas preguntas", explica Carell. "No te interesa intentar hacer una imitación de alguien porque tampoco se trata de eso, la verdad. Pero sí que te interesa hacerte una idea de la actitud y la forma de ser de estos tipos".

Carell conectó instintivamente con su personaje cuando se da cuenta de que la corrupción que ha descubierto en el mundo de los negocios va mucho más allá de Wall Street. "Al final de la película, creo que Mark está un poco desconsolado, porque ve hasta qué extremo llega el fraude. Ve en la gente interacciones humanas de la más baja estofa y la moralidad y los motivos más interesados, superficiales y tristes. Esperas algo mejor de los demás".


El oportunista honrado
El astuto negociador de Deutsche Bank Jared Vennett, interpretado por el actor nominado al Oscar® Ryan Gosling, desempeña un papel clave para convencer a Mark Baum de unirse al grupo de los que se están dedicando a operar al descubierto con bonos con garantía hipotecaria. "La idea de Michael Burry confirma las sospechas de Jared de que el mercado inmobiliario es demasiado bueno para ser cierto", señala Gosling. "Jared no necesita que lo convenzan mucho para reconocer la genialidad de lo que está haciendo el Dr. Burry".

Tildado por sus compañeros de catastrofista que vive en una burbuja, Vennett convence a Baum y compañía de la inevitable quiebra de las obligaciones de deuda garantizadas ("los CDO") respaldadas por "tramos" (capas) de préstamos hipotecarios de alto riesgo a gente con malos historiales de crédito y bajas calificaciones crediticias. "Jared utiliza el Jenga, el juego de apilar bloques en forma de torre para luego retirarlos sin que se derrumbe, para mostrar a Baum y su equipo cómo las obligaciones de deuda garantizadas se erigen sobre unos cimientos muy vulnerables y es inevitable que acaben por desmoronarse. Cuando Jared quita unos cuantos bloques, se viene todo abajo".

Vennett también da pie a una secuencia fundamental cuando desafía a Baum a asistir al American Securities Forum (Foro Americano de Valores) en Las Vegas. "Jared le dice básicamente a Mark: ‘Estás apostando contra los inversores tontos y quiero enseñarte lo tontos que son realmente’", explica Gosling. "Cuando se lleva al grupo de FrontPoint a Las Vegas, entienden por fin lo ajenos y arrogantes que son esos gestores financieros".

Gosling tuvo ocasión de conocer al banquero real de Wall Street en que se basa su personaje. "Resultó muy útil para ayudarme a comprender mejor la jerga y lo que sucedió realmente", recuerda el actor.

A diferencia de los demás protagonistas de la película, Jared Vennett da la impresión de ser el típico individuo con mucha labia de Wall Street, provisto de un postizo de la estilista Adruitha Lee y el peluquero Alex Perrone, e impecablemente vestido con trajes ajustados creados por la diseñadora de vestuario Susan Matheson. Además, Jared también ejerce la labor de narrador del filme, que a veces se dirige directamente a los espectadores. A Gosling le encantó el reto de utilizar el encanto superficial de su personaje para aportar claridad a una historia comúnmente incomprendida.

"La inspiración que hizo que quisiera formar parte de esta película provino de la forma que tiene de tratar a los espectadores como si fueran gente inteligente", explica. "Buena parte de la terminología de Wall Street está diseñada para aprovecharse de los consumidores. La forma que tiene Adam de contar la historia ayuda a comprender lo que sucedió realmente".


Los advenedizos de Colorado y el guerrero zen
La tercera línea argumental de La Gran Apuesta trata sobre dos gestores financieros sin experiencia conocidos en la película como Jamie Shipley y Charlie Geller, interpretados por Finn Wittrock y John Magaro. "Charlie es un ratón de biblioteca neurótico, mientras que Jamie es más bien un atleta y a la vez increíblemente inteligente", explica Wittrock, más conocido por su papel estelar en la popular serie de antología de terror "American Horror Story". "Cuando Jamie y Charlie descubren la burbuja inmobiliaria y echan cuentas, se quedan los dos un poco como: ‘¿Estamos locos o esto va en serio?’".

Como preparación para el papel de Charlie Geller, Magaro pasó un tiempo observando a corredores de Wall Street. "Mi hermano trabaja en el mundo de las finanzas así que visité su fondo de gestión alternativa y realicé allí un cursillo intensivo", aporta Magaro. "Veo a Charlie y Jamie como un par de jóvenes que hacen un poco las veces de gente corriente en la película. No saben realmente en lo que se están metiendo, así que tienen que ir descubriendo las cosas sobre la marcha. Me imagino que buena parte de los espectadores también irá aprendiendo a medida que ve el filme".

Trabajando desde un garaje de Colorado en el que han erigido el Fondo Brownfield de 30 millones de dólares a partir de 110 000 dólares de su propio bolsillo, los jóvenes inversores reclutan al exbanquero Ben Rickert (Brad Pitt) para que les ayude a conseguir un contrato marco ISDA, que les permita eludir a los corredores de bolsa y tratar directamente con los grandes bancos. "Ben es un neurótico catastrofista que únicamente consume alimentos ecológicos y está convencido de que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina", observa Wittrock. "Pero sigue teniendo contactos en el sector bancario que Charlie y Jamie necesitan para operar al descubierto en el mercado inmobiliario".

Para los jóvenes actores, tener ocasión de filmar escenas con Pitt, ganador del premio Oscar® de la Academia de Hollywood como productor y nominado en dos ocasiones como actor, fue uno de los puntos fuertes del rodaje. "Fue genial trabajar con Brad", afirma Wittrock. "Es una persona de trato fácil y, le eches lo que le eches, es capaz de seguir adelante. Además, tiene una gran capacidad para improvisar líneas desternillantes y divertidísimas, incluso en una escena telefónica".

Antes de filmar, Pitt se metió de lleno en el sistema de creencias antisistema de Ben Rickert. "El tipo real cree que el cambio climático y las economías corruptas están destruyendo los recursos naturales", explica McKay. "Está convencido de que el mundo se va a acabar en los próximos 50 o 100 años. Brad utilizó todo eso. Tiene algunas escenas improvisadas estupendas, en las que dice cosas como ‘No utilices las semillas de Monsanto; tienes que usar semillas puras’. O lo ves en el aeropuerto, con una mascarilla puesta. Brad quería profundizar en ese modo de pensar porque Ben no es un simple obseso chiflado del fin del mundo. Es un tipo genial y todo lo que hace está respaldado por datos, aunque la suma de todo ello pueda parecer bastante disparatada. Ese era uno de los aspectos más divertidos para Brad a la hora de interpretar este personaje".


Las explicaciones de famosos
Como La Gran Apuesta se desarrolla en una industria plagada de terminología obtusa, McKay sabía que necesitaba una forma amena de aclarar a los espectadores algunos de los conceptos fundamentales. "La gente necesita saber estas cosas para poder seguir la historia, pero cuando empiezas a oír términos como ‘obligación de deuda garantizada’ o ‘seguro de impago de deuda’, consiguen que te sientas tonto y te aburras", opina McKay. "Los banqueros hacen todo lo posible para hacer que estas transacciones parezcan verdaderamente complicadas, así que se nos ocurrió la idea de hacer que aparezcan famosos en la pantalla a lo largo de la película para explicar ciertas cosas directamente a los espectadores".

Estos cameos ingeniosamente orquestados incluyen a Margot Robbie, estrella de "El lobo de Wall Street" desmitificando títulos con garantía hipotecaria mientras bebe champán en un baño de burbujas, y el chef y estrella de la televisión Anthony Bourdain comparando las sobras de pescado con activos financieros tóxicos.

McKay comenta que reclutó a Bourdain para su escena después de leer sus memorias, Confesiones de un chef. "Dice a los lectores que no deberían pedir guiso de marisco porque es donde los cocineros echan toda la porquería que no han conseguido vender", prosigue el director. "Pensé: ‘Oh, Dios mío, es una metáfora perfecta para una obligación de deuda garantizada, en la que los bancos juntan en un mismo lote varias hipotecas de baja calidad y las venden como un producto financiero de primera’".

Para ilustrar el ruinoso efecto dominó desencadenado por el hundimiento de los denominados "CDO sintéticos", McKay emparejó a Selena Gomez con el economista conductual Dr. Richard Thaler en una escena ambientada en un casino. Mientras Thaler expone la idea del "sesgo de extrapolación" (la tendencia a suponer que algo que está pasando ahora seguirá pasando), Gomez se sienta en una mesa de blackjack con una enorme pila de fichas. "Tenemos como dos dinámicas distintas, por un lado está Selena jugando al blackjack y por otro están los espectadores apostando por su cuenta sobre su mano", explica McKay. "Fueron los inversores que hacían esa clase de apuestas al margen sobre valores con garantía hipotecaria a través de los CDO los que llevaron a toda la economía mundial al punto en que se encontraba lista para hundirse".

Gomez reconoce que le sorprendió recibir una llamada de McKay para trabajar en La Gran Apuesta. "Leí el guion y no entendí la mayoría, lo que me asustó un montón, porque considero importante conocer nuestro sistema económico", comenta la joven actriz y superestrella del pop. "Pero después de hablar con Adam, me pareció que tenía sentido formar parte de esta película. Me da la oportunidad de aprovechar mi posición y comunicarme con gente a la que le importo. Mi generación tendrá que tomar el relevo de la actual. Es importante que entendamos qué sucedió".


Fotografía llena de energía
Para el director de fotografía Barry Ackroyd, el drama centrado en los diálogos de McKay le ofrecía la oportunidad de cambiar de ritmo tras filmar thrillers de acción alabados como "En tierra hostil (The Hurt Locker)", "Capitán Phillips" o "United 93". "Cuando Adam me ofreció hacer La Gran Apuesta, hizo referencia a ‘United 93’ porque es una película cargada de acción pero a la vez es muy contenida", opina el director de fotografía nominado al Óscar. "Hablamos de cómo dotar de más energía a las escenas de gente hablando en despachos, para que los espectadores se sintieran metidos en la conversación. Queremos que te sientas como si estuvieras en la habitación con el sujeto, de modo que prestes más atención a lo que se está diciendo".

McKay elogia la capacidad de Ackroyd de crear esa sensación valiéndose de una inteligente colocación y movimiento de la cámara. "Barry utiliza una especie de técnica neo-vérité de filmación, que crea una sensación de intimidad y urgencia en el encuadre. En contraste, si filmas con el encuadre tradicional de proscenio y luces de tres capas, hace que todo tenga un aspecto mucho más pulido y resulta más intimidatorio para los espectadores".

Ackroyd colaboró estrechamente con el director de producción Clayton Hartley y la diseñadora de vestuario Matheson, los cuales habían colaborado ambos anteriormente con McKay en "Pasado de vueltas", "Hermanos por pelotas" y "Los amos de la noticia". "Barry tiene un don para captar la humanidad de esos personajes, que se extendió al resto de nuestros jefes de departamento", opina McKay. "Uno de los mayores retos a lo largo de toda la película tenía que ver con asegurarnos de que nuestros entornos y localizaciones tuvieran cierta vida en la forma en que se filmaban y diseñaban, y lo mismo podría decirse del vestuario, peluquería y maquillaje. Todo tenía que parecer vivo, con un toque irregular en la forma de presentar las escenas".

Ackroyd y McKay propiciaron una dinámica tranquila y relajada durante el rodaje que dejó a los actores un gran margen de maniobra para explorar sus personajes. "Barry ha trabajado mucho con Ken Loach, que es tan receptivo a los actores como el que más", observa Gosling. "Situaba las cámaras en la esquina de las habitaciones, con lentes de enfoque largo, para que los actores pudieran moverse libremente por el espacio e interactuar entre ellos de una forma muy natural. Creo que un entorno de ese tipo permite a todos dar lo mejor de sí mismos".


Una experiencia cinematográfica apasionante
Con su visión irreverente y novedosa de una de las historias sobre las que más se ha escrito este siglo, La Gran Apuesta transforma un oscuro capítulo de la historia americana en una fascinante fábula aleccionadora impregnada de humor negro y personajes extravagantes.

Carell espera que la película despierte la indignación de más de uno. "Si me encontrara en un cóctel y alguien me preguntara de qué va esta película, diría: ‘¿Recuerdas cuando las hipotecas de alto riesgo se fueron a la ruina y todas esas compañías quebraron y ni una sola persona fue a la cárcel? ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas cómo estalló todo? ¿Y que luego llegó el gobierno y los rescató a todos y todo pareció estar bien? Pues sobre esto trata este filme. Es una película de miedo y es mucho más aterradora de lo que acabo de contar’".

McKay ve La Gran Apuesta como una llamada a la acción para los espectadores que estén hartos de las prácticas empresariales abusivas. "Esta película explora cómo toda una cultura puede verse atrapada en la obsesión de un sistema corrupto", explica. "En mi caricaturesco sueño fantástico, espero que esta película consiga disgustar y enfadar a la gente, que salga del cine y le pregunte a su congresista qué ha votado últimamente en cuestión de reformas del sistema bancario. Ese sería mi sueño, que todo el mundo le dijera a su congresista: ‘Si no estás a favor de desmantelar los grandes bancos, no me importa que seas de izquierdas o de derechas, no tendrás mi voto’".

Activismos aparte, McKay espera que La Gran Apuesta ofrezca a los espectadores una experiencia estimulante y edificante en el increíble mundo de los trapicheos financieros turbios de Wall Street. "Es extraño, dado lo serio del tema, pero, si hemos hecho bien nuestro trabajo, La Gran Apuesta debería resultar entretenida a la vez que reveladora. Michael Lewis escribe libros muy entretenidos sobre materias importantes y resultan apasionantes. Espero que La Gran Apuesta resulte igualmente amena".