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La casa Gucci cartel reducido La casa Gucci(House of Gucci)
Dirigida por Ridley Scott
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LA CASA GUCCI está inspirada en la impactante historia real del emporio familiar tras la legendaria firma de moda italiana. Cuando Patrizia Reggiani (Lady Gaga), una mujer ajena a ese mundo y de orígenes humildes, entra a formar parte de la familia Gucci casándose con su heredero, su desmedida ambición comienza a desvelar el legado familiar y provoca una vertiginosa espiral de traición, decadencia, venganza y, en último término, asesinato. La historia de una dinastía, de ambición, codicia, traición y asesinato que se desarrolla en el glamuroso y millonario mundo de la alta costura. La película abarca tres turbulentas décadas del emporio familiar de los Gucci.

Del cineasta Ridley Scott (Alien, Gladiator, Marte (The Martian)) con un reparto encabezado por los nominados al Oscar® a Mejor Actriz/Actor Lady Gaga (Ha nacido una estrella) y Adam Driver (Historia de un matrimonio) y los oscarizados Al Pacino (El padrino, Esencia de mujer), Jared Leto (Dallas Buyers Club) y Jeremy Irons (El misterio Von Bülow). La nominada al Oscar® Salma Hayek (Frida) y Jack Huston (La gran estafa americana) completan el elenco.

Metro Goldwyn Mayer Pictures presenta, en asociación con Bron Creative, una producción de Scott Free Production; la película de Ridley Scott LA CASA GUCCI, con Lady Gaga, Adam Driver, Jared Leto, Jeremy Irons, Jack Huston, Salma Hayek y Al Pacino. Música: Harry-Gregson Williams. Diseño de vestuario: Janty Yates. Montaje: Claire Simpson. Diseño de producción: Arthur Marx. Director de fotografía: Dariusz Wolski, ASC. Productores ejecutivos: Kevin Ulrich, Megan Ellison, Aidan Elliott, Marco Valerio Pugini, Aaron, L. Gilbert, Jason Cloth. Producida por: Ridley Scott, p.g.a., Giannina Scott, p.g.a., Kevin J. Walsh, p.g.a., Mark Huffam, p.g.a. Basada en el libro The House of Gucci, de Sara Gay Forden. Historia: Becky Johnston. Guion: Becky Johnston y Roberto Bentivegna. Dirigida por Ridley Scott. Distribuida a través de United Artists Releasing. © 2021 Metro-Goldwyn-Mayer Pictures Inc. Todos los derechos reservados.


Todo queda en familia
Los escándalos y las tribulaciones de las dinastías ricas y poderosas, desde familias reales a linajes políticos, pasando por vástagos de los medios de comunicación, siempre han generado cierta fascinación, y las familias del mundo de la moda no son una excepción. Poco después de que el libro de Sara Gay Forden The House of Gucci: A Sensational Story of Murder, Madness, Glamour and Greed [La casa Gucci: Una sensacional historia de asesinato, locura, glamour y codicia] se publicara en 2001, Scott Free, la prolífica productora del visionario director/productor Ridley Scott, se hizo con los derechos cinematográficos. El glamuroso ascenso y la caída de la familia Gucci a lo largo de tres generaciones, con una gran dosis de extravagancia, codicia, traición y, en último término, asesinato, era un tema irresistible.

«El proyecto surgió porque la esposa de Ridley, Giannina (una de las productoras de la película) dio con el libro hace veinte años», explica Kevin Walsh, presidente de Scott Free Productions y también productor de LA CASA GUCCI. «Se quedó impactada con la historia de los Gucci, por la lucha de poder y lo que suponía para una familia dirigir un emporio de la moda. Dice mucho de ella como productora que haya trabajado en ella hasta los últimos compases. Realmente, si la película ha acabado haciéndose es gracias a su tenacidad».

En palabras de la productora Giannina Scott, «Como me he pasado la mitad de mi vida en Italia y me fascina el mundo de la moda, me intrigaba lo apasionada y trágica que era esta historia. Incluso cuando lo hacen todo mal, sus protagonistas actúan movidos por una pasión inquebrantable».

El director/productor Ridley Scott añade: «Era una historia familiar verdaderamente fascinante. La dinastía Gucci era casi como la realeza italiana dentro de la industria de la moda, y su destrucción comenzó en el corazón de la propia familia, para luego expandirse. ¿Cómo no va a ser interesante algo así?».

Desarrollando la película, «el escritor que nos llevó adonde queríamos, en lo que a guion respecta, fue Roberto Bentivegna», desvela Walsh. «Investigó muchísimo, aunque acabó creando su propia dinámica entre personajes y sus propias relaciones».

«Roberto tenía una afinidad natural por el material, porque es italiano y creció además en una familia ligada a la moda», añade Giannina Scott. «Ha metido una buena dosis de su propio humor y legado en la historia, y sus ideas estaban totalmente en línea con la visión de Ridley».

«Crecí en Italia y mi madre era diseñadora de moda», nos cuenta Bentivegna. «También estoy familiarizado con muchos de los lugares glamurosos en los que la familia Gucci vivió y pasó tiempo. Recuerdo leer sobre el asesinato y pensar: “Caray, de esto se podría hacer una buena película”».

Bentivegna se sumergió de lleno en el relato de Forbes y leyó detenidamente los cientos de artículos escritos sobre la dinastía Gucci, así como actas del juicio por asesinato. «La familia Gucci es muy conocida y hay mucha información sobre ellos», nos dice. «Fue fascinante sentarme con los principales periódicos italianos, como La Repubblica, y leer lo que cada uno de ellos tenía que decir sobre los diferentes integrantes. Descubrí muchísimas cosas sobre ellos de las que no tenía ni idea, como que Paolo Gucci (Jared Letto) estaba obsesionado con las palomas. Me permitió conocerlo más a fondo».

En opinión de Bentivegna, la dinastía Gucci forma parte de la tradición de las grandes familias toscanas del periodo del Renacimiento, como los Medici o los Sforza. «Se enfrentaban los unos a los otros sin darse cuenta de que lo que hacían estaba destruyendo todo aquello que habían creado», observa. «Y creo que, tanto desde el punto de vista literario como desde una perspectiva cinematográfica, la historia es perfecta para un tratamiento narrativo. Porque trata de traición. Trata de lo que la gente se hace fuera del plano público, y cómo se manipulan los unos a los otros».

«Roberto entendió que la historia es una comedia de errores que acaba convirtiéndose en una tragedia», dice el director Ridley Scott.

«Al principio, Maurizio es tímido, introvertido y vive sometido a la voluntad de su padre», añade. Al igual que un fantasma, Rodolfo Gucci vive en gran medida en el pasado, algo que su obediente hijo encuentra sofocante. «Maurizio no puede vivir su propia vida, lo que explica que acabe rebelándose contra su padre y casándose con Patrizia».

En Aldo Gucci, encontramos lo contrario a Rodolfo, según Bentivegna. Bajo su liderazgo, el negocio familiar de los Gucci parece prosperar y crecer constantemente. Pero todo es, en gran medida, humo y espejos. «Aldo es un zorro astuto aficionado a los fraudes y eso acaba siendo su perdición», dice.

«Aldo quiere comercializar el negocio», comenta el productor Walsh. «Quiere vender baratijas, tazas y monederos baratos. Quiere abrir un centro comercial en Japón. Inyecta un espíritu comercial en Gucci que no gusta a todo el mundo. Pero cuando alguien intenta contradecirle, siempre opone mucha resistencia».

Paolo, hijo de Aldo, podría ser considerado un pobrecillo de corazón noble. Aunque Aldo quiere a su hijo, lo considera un idiota y no se corta a la hora de decirlo públicamente, socavando un ego de por sí muy frágil. Como ocurre con Rodolfo y Maurizio, «Aldo es una gran presencia que Paolo sufre, por vivir constantemente a su sombra», asegura Bentivegna.

«Aldo quiere mucho a su hijo», dice el oscarizado Al Pacino. «Pero, al mismo tiempo, reconoce sus carencias. Como él mismo dice: “Mi hijo es un idiota, pero es mi idiota”».

Mientas que Rodolfo mira con desprecio a Patrizia, Aldo ve en ella un alma gemela. Alguien de personalidad agresiva y manipuladora. Juntos, convencen a un reticente Maurizio de que se una al negocio familiar. Con Patrizia envenenándole las ideas, Maurizio acaba sintiéndose cada vez más seguro, pero también se hace cínico y despiadado, y va eliminando el resto de miembros de la familia del negocio, incluido el tío Aldo.

«Al final, se deshace incluso de Patrizia», dice Bentivegna.

El arco de Maurizio, según señala Bentivegna, se parece al de otro heredero de una dinastía familiar: Michael Corleone en El padrino. «Al igual que ocurre con Michael, el ascenso al poder de Maurizio va acompañado de cierto fatalismo. Él mismo es consciente, en determinado momento, de que todo va a ir horriblemente mal. Su papel en el negocio familiar y su aceptación del mismo están envueltos en cierto aire de fatalidad».


Un reparto de ensueño
Para un papel tan fundamental como el de Patrizia Reggiani Gucci, Scott se fijó en la superestrella mundial Lady Gaga, que asombró al gran público y a la Academia con su debut cinematográfico, Ha nacido una estrella, película por la que recibió una nominación al Oscar® a la Mejor Actriz y ganó el galardón a la Mejor Canción Original.

«Me picó la curiosidad con Lady Gaga, sobre todo después de ver Ha nacido una estrella», nos cuenta el director Ridley Scott. «Pensé que desplegaba un talento extraordinario como artista del entretenimiento, como cantante, como productora y como guionista de su propio espectáculo. Un verdadero motor creativo. Y cuando al fin nos conocimos, me conquistó de inmediato».

El papel de la agresiva y ambiciosa belleza Patrizia Gucci en LA CASA GUCCI es muy diferente al inocente y amoroso personaje de su primera película, pero Scott y sus productores estaban convencidos de que era la única persona que podía dar vida a Patrizia.

«Lady Gaga tiene un talento extraordinario y la gente aún no ha visto esta faceta de ella», asegura el productor Kevin Walsh. «Investigó mucho para su personaje y estaba totalmente comprometida desde el primer momento. Sutilmente, nos muestra todas y cada una de las facetas de Patrizia Gucci en su evolución, desde cariñosa y amorosa hasta convertirse en una mujer motivada y segura de sí misma y llegar a mostrarse casi psicótica a lo largo de la historia. La actriz supo plasmar todas esas facetas maravillosamente en Patrizia, a través de cuyos ojos se desarrolla la película».

Entre los elementos que atrajeron a Lady Gaga al proyecto estaban la complejidad de Patrizia Reggiani, una mujer que comete errores y que, en ocasiones, no se atiene a la moralidad, pero que, al mismo tiempo, es una mujer sinceramente enamorada de Maurizio Gucci y dispuesta a ayudarlo a forjar su camino al éxito en el negocio familiar de la moda. «Antes de ver la película, mucha gente pensará que Patrizia iba a por el dinero», dice Lady Gaga. «Pero cuando la pareja se casó, la familia le había vuelto la espalda a Maurizio. Por tanto, no se casó por dinero, sino por amor».

Solo cuando Maurizio ha heredado la mitad de la fortuna de los Gucci de su difunto padre, su ambición despierta e, incluso en ese momento, todo procede de su necesidad de sentir aceptación, según Lady Gaga. «Deseaba que la familia la tomase en serio. Era inteligente y pensaba que sabía lo que había que hacer para conseguir que la compañía avanzase. Pero esa aceptación no era más que una ilusión. Solo la estaban usando para llegar a Maurizio y hacerse con el control. Siempre fue una forastera en la familia, y era una mujer en un mundo de hombres, por lo que tenía un margen de maniobra limitado, como muchas mujeres saben. Su poder puede pasar desapercibido, en ocasiones».

Y, aunque la venganza de Patrizia resultó ser trágica, la actriz encontró el modo de sentir amor por el personaje con todas sus imperfecciones. «Creo que ese afán por mejorar su posición en la vida surgió de un punto inocente, no culpable. Trágicamente, hacia el final, no solo no consiguió su objetivo, sino que acabó mucho más abajo de donde había empezado».

No tiene más que palabras de elogio por el director con quien se embarcó en esta aventura. Describe a Scott como un «visionario arquitectónico». «Es pictórico en el modo en el que aborda sus películas. También comprende el coeficiente emocional de un guion y cómo trabajar con los actores y ver con ellos lo que intentan expresar».

El dominio del papel por parte de Lady Gaga y su nivel de compromiso fueron evidentes para todos en la producción. «Nos quedamos fascinados por lo consagrada que estaba a este papel», dice Giannina Scott. «Ha sabido entender a Patrizia al 100 %. Ha vivido el papel desde el minuto uno hasta el final».

Su compañero de reparto Jared Leto destaca que Lady Gaga aportó un nivel particular de valentía y dedicación a la interpretación de Patrizia. «No la hemos visto mucho en pantalla como actriz, y eso es emocionante, porque no sabes muy bien qué esperar. Tiene la habilidad de sorprender al público. Es una mujer enamorada con el proceso creativo que no tiene miedo de elegir caminos valientes y arriesgados».

«Se hizo totalmente con el personaje», añade Al Pacino. «Es totalmente diferente a lo que hizo en Ha nacido una estrella. Es una revelación total».

«Parte del secreto de su talento es que es especial en todo lo que hace», asegura su compañera Salma Hayek. «Es lo que la convierte en una verdadera artista. Va más allá de ser solo cantante, o solo actriz. Hay un nivel de compromiso, pasión y fuerza. Se mete de lleno en todo lo que hace».

La ambición y la astucia de Patrizia Gucci son inherentes a su personalidad, mientras que Maurizio Gucci cuenta con un arco más complejo y dramático. Inicialmente, es un tipo introvertido y estudioso, luego un hombre enamorado y, al final, un magnate. Es un papel que requería una presencia y una sutileza únicas para transmitir con credibilidad una transformación que podría, en manos menos capaces, parecer melodramática y recargada.

«La seducción es una parte importante de la película», nos dice Driver. «Maurizio se ve seducido por Patrizia, luego por el poder y luego por el orgullo. Comienza siendo un poco torpe y no muy elegante. Luego se hace más elegante y, pronto, comienza a sentirse más en su lugar, se siente realmente a gusto con los trajes caros que lleva. Pero, en realidad, se está dejando seducir por algo que sabe que no le conviene».

Según Driver, al principio, los sentimientos de Maurizio por Patrizia son genuinos. «Reniega de todo lo que haría cómoda su vida, pero, al final, Patrizia y él caen en las redes de lo inalcanzable. No es por meno designio. Lo hereda. No tiene facultades para reclamar el trono. Pero Patrizia sí, porque es más ambiciosa de lo que corresponde a su posición».

Después de trabajar ya en dos películas con el director Ridley Scott, Driver destaca: «Ridley confía verdaderamente en sus actores. Y contar con esa clase de confianza genera cosas buenas, tanto en mí como en el resto del reparto».

«No hay muchos actores como Adam», dice Scott. «Es uno de los mejores de la industria en este momento, un mundo en el que los jóvenes talentos vienen y se van, o evolucionan y siguen mejorando, y Adam ya lleva un tiempo evolucionando y no hace más que mejorar».

«Adam Driver es un actor de primera», opina el productor Walsh. «Su interpretación de Maurizio es un fabuloso ejemplo de mesura. Acabábamos de trabajar con él en El último duelo y ha sido increíble ver cómo abordaba estos dos papeles tan diferentes. Maurizio puede ser muy calculador, en cierto modo, pero también es callado y reservado. Sabe esconder muy bien sus cartas. En el transcurso de la película, lo vemos evolucionar de ser un manso cordero a un lobo».

«El casting es esencial para Ridley», añade Giannina Scott. «Adam es un excelente actor y, físicamente, da el perfil del papel. Ridley pensó enseguida en él. Acababan de trabajar juntos y ya se entendían perfectamente».

«Una de las cosas maravillosas de la actuación de Adam es que gestiona las emociones de forma muy interna y, a pesar de ello, consigue transmitir todo lo que Maurizio está pensando, algo muy complicado de hacer, porque gran parte de todo ello no se verbaliza», dice el guionista Bentivegna.

«Adam es fabuloso», sentencia Pacino. «Dio vida a la perfección a Maurizio y aportó otra dimensión a la película. Cierto aspecto de su interpretación del papel era totalmente distintivo. Cuando estabas con Maurizio, no te cabía ninguna duda. Aportó al personaje una gran solidaridad».

La química entre Lady Gaga y Driver es palpable, en opinión de Walsh. «Ambos son totalmente creíbles en su forma de interactuar físicamente y en sus enfrentamientos. Se puede apreciar la transición del amor al odio».

«Desde su primer encuentro, Adam y Lady Gaga se hicieron amigos inmediatamente», dice Giannina Scott. «Y eso es importante, porque comparten una historia muy íntima».

Lady Gaga y Driver conectaron de inmediato, según la actriz. «Adam es muy instintivo y académico, intelectual y profundamente visceral. Fue una experiencia maravillosa crear esta historia de amor con él».

El personaje de Aldo Gucci es irascible, bromista e indiscutiblemente carismático, y quién mejor para interpretar esos rasgos que el polifacético Al Pacino y su ilimitado talento, un actor que, en el transcurso de su carrera, ha acumulado nueve nominaciones a los Oscar® y que se alzó con la estatuilla por Esencia de mujer en 1993.

Aunque ambos son historiados veteranos del cine, Scott y Pacino nunca habían trabajado juntos, ni tan siquiera se conocían, según Giannina Scott. «Una de las cosas que más le emocionaban a Ridley de la película era poder trabajar por fin con Al».

El director Ridley Scott describe a Pacino como «una obra magistral del cine y el teatro de Estados Unidos... y la persona más agradable con la que puedas trabajar. Nos llevamos maravillosamente bien. Enseguida hace que cualquier escena eche a volar».

Para Pacino, el guion de LA CASA GUCCI contaba muchas historias y sabía combinarlas con mucha pericia. «Trata de confianza, traición, adulterio y de cómo cambian las cosas», señala.

Pero, sobre todo, se sintió atraído por el proyecto por ver cómo cobraba vida de la mano de un director del que era admirador hacía tanto tiempo. «Ridley es un gran cineasta. Coge un guion y le imprime mucha energía, drama y humor».

Aldo Gucci dirige la compañía junto a su hermano Rodolfo, pero es Aldo «quien conoce los entresijos del negocio», explica Pacino. «Está luchando por mantener la prestigiosa compañía a flote durante un periodo de grandes cambios y mucha competencia en la moda. Siempre anda a la búsqueda de una nueva perspectiva. Es un manipulador de primera. Se sale con la suya porque despliega un gran encanto y excentricidad. Es muy tridimensional».

Muchas de las escenas de Jared Leto como Paolo, el hijo de Aldo, las interpreta junto a Pacino. Es una relación compleja y disfuncional entre padre e hijo, y Leto disfrutó cada minuto de la experiencia. «Hablamos nada menos que de Al Pacino», dice, riéndose. «No hay nada que pueda mejorarlo».

Como compañero de reparto, Leto destaca que Pacino fue «paciente, generoso y amable, y, por supuesto, tan explosivo y lleno de puro fuego como cabría esperar. Ha sido un auténtico regalo. Tan solo gozar de la oportunidad de trabajar con él y ser una pequeña parte de este viaje ha sido increíble».

El rol del aristócrata Rodolfo Gucci, un hombre que vive casi exclusivamente en el pasado y que, al mismo tiempo, intenta impedir que su único hijo, Maurizio, pueda avanzar, le venía al oscarizado Jeremy Irons como anillo al dedo.

Según Scott, tras haber trabajado con él en El reino de los cielos, «conocía de primera mano la elegancia de Jeremy, y quería que Rodolfo fuera increíblemente elegante y que se sintiese feliz de vivir como un dependiente de etiqueta».

Irons se sintió inmediatamente atraído por el personaje y su complejidad. «Rodolfo es copropietario del negocio familiar junto con su hermano, Aldo, pero no le interesa demasiado», dice Irons. «Era actor, pero se casó con una actriz alemana que era mejor que él, así que lo dejó. Luego, cuando su esposa muere, Rodolfo se obsesiona con ella y su pasado. Se pasa todo el tiempo cortando fotogramas de las películas de su difunta esposa».

Irons se sintió fascinado por la dinámica de la familia Gucci; su personaje, en concreto, intentar controlar a su propio hijo y desaprueba su matrimonio, cosa que acaba lamentando. «Creo que todos sospechaban los unos de los otros. Como en cualquier familia italiana, hay una base de amor. Pero, dentro de eso, había mucha lucha de poder. No la describiría como una familia feliz», dice Irons con su sorprendente tendencia a quedarse corto.

Tal vez, el papel más difícil de la película sea el de Paolo Gucci. El único hijo de Aldo es un soñador, pero también adorable e ingenuo hasta un nivel penoso. «Paolo está escrito de un modo muy divertido», dice Scott. «Es casi una sátira. Yo quería que la película fuera sutilmente satírica, especialmente respecto a la relación entre Aldo y Paolo».

Leto no era la opción más obvia para Paolo, físicamente hablando, pero eso también ocurre con muchos de sus transformadores retratos, como el papel de Rayon en Dallas Buyers Club, que le valió el Oscar®. Fue él quien se aproximó a Scott para el papel de Paolo. «Le pregunté a Jared cómo pensaba hacerlo», dice Scott. «Y él dijo que con maquillaje, claro. Tuvimos suerte de contar con un genio como el escandinavo Göran Lundström, así que tenía que plantarse allí todos los días a las 4:30 de la mañana para el maquillaje, que lo convertía en una persona totalmente diferente a la que llegaba al set».

Las prótesis y el maquillaje eran tan transformadores que, la primera vez que Leto entró al set caracterizado de Paolo, Al Pacino pensó que se había colado un intruso. «Se me acercó una persona que no creía conocer y me soltó: “Hola, papá”», relata Al Pacino. «Empecé a mirar alrededor un poco perplejo, porque no estaba seguro de que ese tipo tuviera que estar allí. Y alguien dijo entonces: “Es Jared”. Era una persona totalmente distinta. He visto maravillas con el maquillaje antes, pero aquello era la obra de un genio. Me dieron ganas de ponerme inmediatamente a trabajar. Fue muy inspirador».

Al igual que Lady Gaga, Leto no abandonaba su personaje, según Giannina Scott, y, al igual que su compañera de reparto, supo hacer bien los deberes antes de afrontar el papel de Paolo. «Aportó algo conmovedor y extraordinario al papel. Capturó perfectamente el humor trágico que Paolo encarnaba».

Según observa Lady Gaga: «Jared creó un papel con el que es fácil encariñarse. Me gustó, porque, al igual que yo, no le gusta salirse del personaje. Nos lo pasamos muy bien juntos, siempre metidos en nuestros roles. Y fue muy cariñoso conmigo».

Ante todo, según nos cuenta Leto, «Siempre había querido trabajar con Ridley Scott. Hay ciertos genios creativos cuyas obras siempre me llegan y Ridley es uno de ellos. Ha capturado mi imaginación desde que era un niño. Y, además, conecté al instante con Paolo. Es la oveja negra de la familia, un artista frustrado que sueña con compartir su obra con el mundo. Me siento identificado en parte con ello».

A medida que se metía más en la piel del personaje, Leto llegó a querer de verdad a Paolo, con sus imperfecciones y todo. «Sentía mucha empatía por él. Paolo me rompió el corazón, en cierto modo. Me pareció un tipo lleno de humor y amor por las cosas y la gente de su vida. Pero también tiene un lado trágico, que me resultó muy interesante de explorar».

«Jared se comprometió profundamente con el proceso de retratar a Paolo», asegura Walsh. «Aunque aporte un cierto toque cómico a la película, hay una verdadera tristeza en Paolo. Anhela gustar y ser apreciado, pero no consigue encontrar su camino».

«Otra cosa que despertó mi admiración es que adoraba a su personaje», dice Bentivegna. «Lo respetaba. No se burlaba de Paolo ni lo menospreciaba en modo alguno. Ni hacía humor barato de sus fracasos».

Para la enigmática y excéntrica pitonisa Pina Auriemma, Scott eligió a una actriz nominada al Oscar® que sentía que podría explorar enteramente las contradicciones y el atractivo del personaje: Salma Hayek.

A Hayek le fascinó el papel de forma inmediata. «Pina era una mujer muy interesante», asegura. «Es vidente. Médium. Puede ver el futuro. Cuando Patrizia y ella se conocieron, conectaron de inmediato, y algo que comienza como una relación profesional acabó transformándose en una amistad muy fuerte e importante para ambas».

«Salma aportó mucha humanidad a Pina, una mujer que acaba apreciando mucho a Patrizia. Podría haberla interpretado de un modo muy cínico, como alguien que solo está usando a Patrizia por dinero», dice Bentivegna. «Pero, en vez de eso, Salma y Lady Gaga desarrollaron mucha química entre ellas, tanto delante de las cámaras como fuera de ellas. Fue fantástico».

Al igual que Patrizia, Pina procede de un entorno modesto. «Son ambas mujeres solitarias a su propio modo, y Pina reconoce el potencial de Patrizia y lo fomenta», dice Hayek. «Pero incluso en el punto en que Patrizia lo tiene todo, Pina sabe reconocer que se siente sola y frágil. Y que, aunque Patrizia es ambiciosa, lo que le hace caer en la locura es perder el amor».

Scott tuvo mucho cuidado en elegir a una actriz que fuera elegante y atractiva de un modo sofisticado y noble, para el papel de la mujer que le arrebata el trono a Patrizia. La actriz francesa Camille Cottin es conocida para el público de todo el mundo por la sorprendente serie cómica de Netflix Call My Agent!; además, la hemos visto hace poco actuar junto a Matt Damon en el drama de suspense Cuestión de sangre.

Cottin no estaba familiarizada con la saga familiar de los Gucci, aunque rápidamente se puso al día leyendo y viendo varios documentales para su papel de Paola, una vieja amiga de Maurizio que acaba sustituyendo a Patrizia como objeto de su afecto.

«Aunque sus sentimientos por Maurizio son genuinos», dice Cottin, «Paola no se siente enteramente cómoda con la familia, ni está especialmente a gusto con las continuas intrusiones de Patrizia».

«Paola me conmovió mucho. Es una mujer madura y su relación con Maurizio es muy real», dice Cottin. «Sabe lo que quiere en su vida y no está intentando demostrarle nada a nadie. Tiene una seguridad en sí misma de la que Patrizia adolece, y eso no le sienta nada bien a su rival».

No es que no comprenda por lo que está pasando Patrizia. «Es muy palpable la brutalidad de lo que le ha ocurrido y lo fríamente que se ha visto abandonada», dice Cottin. «Cuanto más sentía que estaba perdiendo a Maurizio, más presión ejercía sobre él. Los celos y la soledad la llevaron a un comportamiento extremo».

La mayor parte de las escenas de Cottin son con Driver. «Adam es muy preciso y sutil y, al mismo tiempo, muy libre permitiéndose explorar las posibilidades del personaje. Es impresionante porque su actuación está muy fundamentada y muy bien pensada. Y también hay algo teatral en el modo en que usa su cuerpo».


El lienzo visual
LA CASA GUCCI se rodó a lo largo de 43 días, mayormente en Roma, con localizaciones adicionales en el norte de Italia.

El director y productor Ridley Scott se rodeó de su equipo de producción de confianza con el que ha trabajado en numerosos proyectos, y que es conocido en toda la industria cinematográfica por su entrega y profesionalismo. «No hay mejor equipo de realización que este en todo el mundo porque son reflexivos», afirma el productor Kevin J. Walsh. «Saben cómo trabajar juntos y cómo mantener el ritmo porque, igual que Ridley, se preparan de forma excelente. Ridley puede entrar en un set y rodar con cinco o seis cámaras, y terminar una escena en menos de una hora. Por eso fuimos capaces de terminar la película por debajo del presupuesto y una semana antes de lo previsto, pese a rodar con las restricciones debido al COVID».

Scott es famoso por su sentido visual. Solo con nombrar algunas de sus películas –Alien, el octavo pasajero, Marte (The Martian), Thelma & Louise, Gladiator y, ahora, LA CASA GUCCI– los espectadores evocan imágenes inolvidables, mientras que cada película es única y diferente a las demás. Según Walsh, eso es porque Scott «dibuja a mano cada plano de la película. Para cuando llega al set de rodaje, lleva invertidos meses de preparación, y todo el mundo sabe exactamente qué va a hacerse cada día. La atención al detalle es alucinante».

«El aspecto visual es muy importante para Ridley», cuenta Giannina Scott. «Igual que un pintor, él ve los estados de ánimo a través del color. En LA CASA GUCCI hay mucho color, especialmente en el segmento inicial. Después, cuando desciende hacia la tragedia, va hacia colores más oscuros».

A la hora de trabajar con sus actores, Scott saca a relucir sus décadas de experiencia de maneras que sorprenden hasta a un veterano como Al Pacino. «Ridley es pura magia», afirma el actor. «Estábamos haciendo una escena, me llevó a un lado y me dijo: “¿Por qué no haces la escena desde la mitad, y luego al final haces la primera parte?”. Nunca nadie me había dicho algo así antes. Pensé: “Vaya locura”. Pero lo hice. ¡Y funcionó!».

«Es casi como si los miembros del reparto fueran instrumentos musicales diferentes», dice Lady Gaga, «como una orquesta, desde la percusión al bajo, de los metales a los viento-madera y cuerdas. Y como todos somos muy diferentes como intérpretes, Ridley es quien dirige la sinfonía y a todos estos elementos orquestales diferentes».

Scott utiliza un gran monitor y entre seis y ocho monitores más pequeños, lo que le permite editar en directo la película mientras la está rodando, explica Walsh. Es una disciplina que aprendió en sus años de trabajo en la BBC y dirigiendo televisión en directo. Y le permite completar una escena en una o dos tomas. Como usa diferentes cámaras, tiene toda la cobertura que necesita. Es una bendición para los actores, que se libran de la carga de tener que repetir toma tras toma, cosa que les agota la energía creativa.

Tal y como analiza Jeremy Irons, «Tener numerosas cámaras grabando todo el tiempo significa que no tienes que rodar de una forma y luego recordar lo que hiciste cuando toca rodar desde un ángulo diferente, porque las cámaras han captado la escena completa. Cuando estaba improvisando una escena con Al (Pacino), se grababa la escena entera. Y si decidíamos hacer otra toma de forma diferente, eso también se grababa de forma íntegra. Es un enfoque muy liberador para un actor».

Una de las claves para el proceso de creación cinematográfica de Scott es su exitosa sociedad con Claire Simpson, «la mejor montadora de la industria, punto», en palabras del director. «Necesitas a alguien que tenga esa calidad y ese gusto. Y Claire tiene mejor gusto que nadie».

Igual que en producciones anteriores, para LA CASA GUCCI Scott hizo que Simpson montara la película durante el rodaje «porque, como sé por experiencia, tienes que mantenerte limpio y fresco. Si te sientas en la sala de montaje o de edición, pierdes la agudeza. Siempre tengo a Claire montando sobre la marcha porque es ahí cuando sé lo que tengo».


El look del lujo
Según el diseñador de producción Arthur Max, la visión de Ridley Scott para el estilo visual de LA CASA GUCCI era «de elegancia y lujo. Lo mejor de lo mejor. Un mundo de privilegio sin reparar en gastos..., pero dentro del presupuesto y el horario planeado».

Las principales localizaciones del guion de LA CASA GUCCI están en Roma, Milán, Nueva York y los Alpes, aunque en realidad la mayor parte de la película se rodó en la capital italiana y alrededores, y los interiores en los famosos estudios Cinecittà.

Aparte, el equipo rodó algunos exteriores e interiores en Milán, incluida una escena que está diseñada para que parezca el centro de Manhattan. El rodaje también se trasladó a una casa de campo cerca del lago Como. Y los Dolomitas del norte de Italia hicieron las veces del refugio alpino donde la familia Gucci pasaba las vacaciones de invierno.

«Hicimos una profunda investigación para la película, ya que muestra productos de la familia Gucci a lo largo de tres décadas, y también presenta desfiles de diferentes diseñadores, como Lagerfeld y Versace», explica Max, quien junto a su equipo buceó en revistas, fotografías y vídeos de la época para plasmar el look propio de cada época. «La iluminación que usaban entonces para los desfiles era muy específica. La presentación era diferente. La música era diferente, y queríamos plasmar todo exactamente como era».

Las diferentes tiendas que se muestran en la película también tienen un aspecto distintivo, cuenta Max. La tienda Gucci de la Quinta Avenida en Manhattan (que, en realidad, se recreó en Roma para el rodaje) «era toda de madera oscura, dorados y marrones», dice, «para transmitir ese ambiente adinerado del viejo mundo». Por contra, la gran tienda de Milán que Patrizia visita en la película era deslumbrante y modernista, todo plata y cromo. Así refleja tanto la época como una parte del carácter de Patrizia.

A Max le resultaron familiares algunas de las localizaciones de Nueva York del guion, ya que creció en el ambiente del diseño, la fotografía y el marketing de la moda, y trabajó para varios fotógrafos de moda.

Quizá el set más icónico sea el Studio 54, la fugaz pero emblemática discoteca de finales de los 70 que los miembros de la familia Gucci visitan. Este set y los diferentes desfiles de moda que se ven en la película se construyeron y decoraron convenientemente en una serie de «cajas negras» en un gran almacén cerca del aeropuerto de Roma.

Un reto particularmente difícil fue transformar el moderno edificio de un banco en Milán, de piedra pulida y cristal, en una vulgar tienda de imitaciones de Gucci en Canal Street, al sur de Manhattan. Para darle al lugar un aspecto como de cueva, explica Max, recubrieron las paredes con goma de látex con una capa de jabón debajo para facilitar su posterior retirada.

«Le di aspecto de hormigón poroso; luego el equipo de diseño pintó grafitis y añadió capas de pósteres, uno encima de otro, para conseguir ese look de la Nueva York de los años 80. Después llenamos el espacio de comerciantes de gangas con sus mercancías, con metal corrugado y plásticos movidos por el viento», cuenta Max.

Para el exterior, el equipo de diseño llenó la zona de otros detalles del Manhattan de la época, como buzones, cabinas telefónicas, bocas de riego y vendedores de perritos calientes. «Supuso mucho trabajo, pero al final mereció la pena», afirma Max, «ya que no pudimos encontrar nada similar ni en Italia ni en Nueva York».

Para otra de las localizaciones humildes, la casa familiar de clase trabajadora de Patrizia, Max preguntó a miembros de su equipo italiano. «Parecía que todos tenían padres o familiares como los Reggiani, cosa que resultó perfecta para acertar en todos los detalles de ese estilo de vida», dice el diseñador de producción.

Para la mayor parte del film, sin embargo, su encargo consistía en crear un mundo de ensueño de opulentas mansiones y residencias de verano.

Una de las localizaciones más especiales es el hogar de Rodolfo Gucci, y para recrearla el equipo utilizó la Villa Necchi en Milán. «Ahora es un museo, pero en su momento fue la residencia de la familia Necchi (Necchi era para las máquinas de coser de Italia lo que Singer para las de los EE.UU.). Más allá de simplificar algo la decoración para hacer sitio para las cámaras, la iluminación y el equipo técnico, el interior de la villa se mantuvo prácticamente intacto. Y lo mismo ocurrió con los espléndidos terrenos que rodean la villa.

La otra fastuosa propiedad es la residencia italiana de Aldo Gucci, de estilo palladiano renacentista en el lago Como, que incluye mobiliario antiguo. Originalmente fue el hogar del arzobispo de Roma en los siglos XV y XVI, y de una larga lista de personajes eclesiásticos desde entonces, explica Max.

Entre otras lujosas propiedades se incluyen el chalet de los Alpes suizos de Maurizio Gucci, «sacado de Architectural Digest», según Max, y el apartamento contemporáneo de Maurizio, de techos altos y con amplias paredes para exhibir su colección de arte, que cuenta con un rousseau enorme y varios rothkos.

Tiene particular interés visual el estudio de diseño de Paolo Gucci en Milán; para recrearlo el equipo de producción usó un estudio de diseño textil real en el barrio romano de Trastevere. Según Max, «era un estudio muy poco común, donde cinco diseñadores de moda diferentes trabajaban en un espacio interconectado». «Era de arquitectura modernista, lo que choca mucho en una ciudad como Roma. Creo que originalmente era una especie de almacén y que lo renovaron. Perforamos muchas de las paredes y a lo largo de un lado colocamos grandes ventanas de cristal al estilo Bauhaus. Fue una gozada. Creamos dos alturas y lo llenamos de luz».

A la hora de crear la escena del asesinato, el clímax de la película, Max se permitió alguna licencia poética. La localización real del asesinato en Milán resultaba insulsa y poco cinematográfica, y los cineastas deseaban una atmósfera más intensa. Max dio con una zona de Roma de calles amplias que podía pasar por Milán. Según cuenta, esta zona tenía una mezcla de estilos arquitectónicos, como gótico, renacentista y árabe, y le resultaba familiar de otros rodajes que había hecho en la capital italiana.

«Esa localización tiene un aire muy operístico», asegura. «Al fin y al cabo no estamos rodando un documental. La mezcla de estilos me evoca a una combinación de arquitectura toscana y árabe. Es casi como un personaje más de la película».

Podríamos definir como una mezcla de trabajo y placer otro de los cometidos de Max: localizar y, en algunos casos, restaurar automóviles clásicos del último tercio del siglo XX, entre ellos un Mercedes 300 de los años 60 y un Ferrari GT4 de los 70. Otras bellezas de la época son el Maserati Indy de 1971 que Aldo Gucci conduce en la película, un Porsche Targa, un Mustang descapotable con motor 289 de 1968 y un Lancia Thema.

Max modificó el coche de carreras de la FIA de 1975 de Patrizia Reggiani Gucci y le añadió un techo de vinilo hecho a medida para el rodaje porque el original era descapotable y no resultaba práctico para el rodaje.

Además, la producción contó con un Lamborghini Diablo de 1991 prestado generosamente por el museo de historia de esa casa automovilística. Y se construyó especialmente para el rodaje una réplica del Jaguar C-Type de 1969, ya que originalmente Jaguar solo fabricó seis unidades.

Este coche era la joya de la corona para Max, aunque no fuera nada práctico. «Era el coche de mis sueños», dice orgulloso. «Pero como tengas uno, vas a necesitar un mecánico a tiempo completo para mantenerlo a punto».

Max le da el mérito de la autenticidad del film a su equipo de arte y atrezo, formado en gran parte por italianos. «Se entregaron al proyecto con mucho entusiasmo», dice, «en gran medida porque es parte de su legado, de su historia».


Vestida para matar
A diferencia de muchas películas contemporáneas o casi contemporáneas, en LA CASA GUCCI la moda es parte integral de la historia del film y su verosimilitud. Igual que el diseñador de producción Arthur Max, la diseñadora de vestuario de la película, Janty Yates, forma parte desde hace mucho tiempo del equipo de producción de Ridley Scott.

«Janty es un genio total, y es maravilloso trabajar con ella», asegura Lady Gaga. «El vestuario me ayudó mucho a meterme en el personaje. Utilizamos la moda de formas tan diversas que casi se convirtió en mi segunda piel. Pero, igual que las pelucas y el maquillaje, siempre fue al servicio del personaje. Fue muy elegante, sutil».

Scott estaba interesado especialmente en el aspecto del personaje femenino protagonista, Patrizia Reggiano Gucci, quien en la vida real era una gran seguidora de la moda. «Para la película, Ridley quiso que Patrizia llevara un look clásico», cuenta Yates.

El equipo de vestuario tuvo la buena fortuna de poder vestir a una intérprete que ya es un ilustre icono de la moda. «Lady Gaga aporta su elegancia innata a todo lo que lleva, ya sea alta costura o unos vaqueros y una camiseta», afirma Dominic Young, sastre del equipo de vestuario.

Según Yates, la visión que la actriz tenía de Patrizia estaba en sintonía con la de los cineastas. «Lady Gaga quería vestir como su propia madre, que sabía mucho de moda y era muy elegante. Lo que significaba que estábamos absolutamente de acuerdo».

En total, el equipo creó más de 70 looks para Patrizia, y como Scott rueda con numerosas cámaras y desde diferentes ángulos, hasta el conjunto más anecdótico debía estar perfectamente construido y detallado: por delante, por detrás y por los lados.

Yates no tiene más que palabras de elogio para definir su relación laboral con Lady Gaga. Según cuenta la diseñadora de vestuario, muchos actores hacen las pruebas de vestuario y se marchan, mientras que Gaga, que soportó un total de 60 horas de pruebas de vestuario, se quedaba para ayudar a elegir accesorios para cada conjunto, lo cual incluía joyería, bolsos y zapatos. También echó mano de su colección personal y aportó a la película algunos conjuntos apropiados.

Según explica Yates, los accesorios, especialmente las joyas, eran esenciales para la imagen de Patrizia. «En lugar de un collar, vestía dos, y siempre llevaba pendientes grandes. Y un broche, normalmente con la forma de un animal».

Un destacado joyero de Roma alquiló la mayor parte de las joyas para el rodaje, y Boucheron y Bulgari aportaron algunas de las piezas más valiosas. El calzado de Patrizia lo creó Pompei, un fabricante de Roma, «porque hacen los mejores zapatos del mundo», según Yates.

La primera vez que el espectador ve a Patrizia Reggiani, ella está bajándose de un coche frente a la empresa de camiones de su padre. Entonces un grupo de camioneros allí reunidos la admiran sin disimular demasiado según ella pasa por delante. En parte debido a lo que lleva: un conjunto pegado al cuerpo que Yates bautizó como «su vestido va-va-voom, un tributo a una creación original de Yves Saint Laurent personalizado para la fina cintura y la silueta de reloj de arena de Lady Gaga».

En la siguiente escena de Patrizia, de importancia capital, ella se encuentra en una fiesta con su futuro marido, Maurizio Gucci, y lleva otro llamativo y favorecedor conjunto, esta vez en un rojo muy vivo. Un vistazo es suficiente para que los espectadores comprendan por qué Maurizio se queda instantáneamente prendado de ella.

Una de las fuentes de inspiración para el estilo del personaje en esa y otras escenas fue una foto de la famosa actriz italiana Gina Lollobrigida que Ridley Scott le enseñó a Yates, y que influyó de forma directa, desde el peinado hasta los accesorios, en el conjunto que Patrizia viste en la fiesta de cumpleaños de Aldo Gucci en el lago Como.

Y, según explica Yates, una fotografía de moda de Helmut Newton de la época fue el origen del atuendo que Patrizia lleva la primera vez que llega a su ático de Nueva York y se pone a bailar en la terraza.

Además, el vestido de boda de Patrizia, para el que hubo que aplicar cada pieza de encaje a mano, es también un homenaje a Lollobrigida, conocida entre los italianos como «La Lollo». La Patrizia real llevó un vestido mucho más sencillo, del que Yates hizo una copia. Cuando le enseñó las fotos de ambos vestidos a Scott, el director eligió el más elaborado.

«Ridley y Janty razonaron que, aunque la escena era breve, era importante para el personaje, así que el vestuario debía tener impacto e inmediatez», dice Young. «El vestido de encaje es muy italiano y voluptuoso, y transmite al instante que era el día más feliz e importante en la vida de Patrizia».

La mayor parte del vestuario habitual de Patrizia en la parte de la película que transcurre en los años 80 sigue una silueta clásica y favorecedora, con tejidos y colores variados. Cinturas estrechas con estilo en la zona inferior, que según Young le dan al personaje cierta «coquetería» cuando se mueve.

Otra razón para elegir siluetas sencillas y monocromáticas en sus conjuntos de diario era la facilidad para añadirles accesorios. Para conseguir el look distintivo de Patrizia, Yates partía de un vestido básico e incorporaba cinturones, broches y joyería. Yates los define como «atuendos sencillos que admiten adornos para así comunicar un estilo de vida extravagante, en lugar de resultar una prenda chabacana».

Dos de los conjuntos de Patrizia provienen del inventario histórico de Gucci. Uno lo lleva cuando va al centro de Nueva York a observar toda la mercancía falsa de Gucci. El otro aparece cuando Patrizia recoge a su hija del colegio: un conjunto clásico de una parte superior con la doble G combinada con una falda de cuero.

«A Lady Gaga le quedaban perfectos todos los diseños del archivo histórico de Gucci», afirma Yates. «En ese sentido tuvimos mucha suerte».

En resumen, reflexiona la diseñadora, el vestuario de Patrizia no solo subraya la moda clásica, también refleja la evolución del personaje a lo largo de las tres décadas que la película recorre. Según avanza la historia, su ropa se vuelve más elegante y confeccionada a medida, lo que es muestra de la creciente confianza en sí misma. Por ejemplo, el conjunto Gucci con la falda de cuero empodera al personaje, la anima a resistir cuando le entregan los papeles del divorcio en el colegio de su hija.

Más adelante, cuando ya está divorciada y desesperada, la caída en desgracia de Patrizia se transmite con la rudeza de su vestuario: una cazadora de moto de cuero y unos vaqueros. Para entonces, no queda ni rastro de la extravagancia y el brillo de los que hacía ostentación.

En general, el vestuario masculino de la película es más conservador, pero no menos clásico y, de nuevo, hecho a medida en la mayoría de los casos. «Las proporciones de Adam Driver son tan particulares que no existía prenda, por bien confeccionada que estuviera, que le quedara bien», dice Yates. «Mide 1,95, es de hombros anchos y tiene un torso amplio, pero una cintura muy estrecha».

Los trajes de Driver, Pacino y Irons los creó el mismo sastre neoyorquino al que Yates acudió para vestir a Denzel Washington en American Gangster. «Es un inglés que fue sastre en Saville Row, hasta que se mudó a los Estados Unidos para abrir su propio local. Sus trajes son exquisitos». Otros trajes de Pacino y Driver son de Zegna.

Para la ropa de Paolo (Jared Leto), que es menos conservadora y más dandi, el equipo confió en la Sartoria Attolini de Nápoles.

Y la mayoría de las camisas, también hechas a medida, son de Anto, de Beverly Hills. Los atuendos para los desfiles de moda de los diseñadores rivales se hicieron todos por encargo, señala Yates. «Mostramos el desfile de Versace de 1984, que mi diseñador asociado Stefano DeNardis creó desde cero. Lo replicó por completo. Fue increíblemente ochentero: hombros enormes, cinturas muy estrechas, tacones altos, sombreros grandiosos. Una época gloriosa».

DeNardis también recreó el desfile de 1995 de Tom Ford. «Mandó hacer todo», cuenta Yates, «preciosos trajes de terciopelo para hombre en amarillos brillantes, rosas, azul regio, chaquetas de cuero... Stefano también creó el desfile de Paolo, que por lo visto se inspiró en Cuba. Fue muy etéreo, pero también terroso, con mucha terracota y marrones».

Igual que ocurre con los personajes principales del film, la transformación del siempre lozano Jared Leto en el peculiar e irrepetible Paolo Gucci giró en torno a la verosimilitud, explica Jana Carboni, diseñadora de maquillaje y prótesis de LA CASA GUCCI.

El sueco Göran Lundström es el creador de las prótesis para Leto, y confiesa que le sorprendió el enfoque del actor. «Al principio no me di cuenta de que Jared no quería que se le reconociera», cuenta Lundström. «Eso es muy poco común. La mayoría de las veces quieren que veas que es un actor con maquillaje. Me llevó un tiempo descubrir que Jared no quería verse en el maquillaje. Quería resultar totalmente irreconocible».

Después de tres semanas de colaboración con el intérprete, y de un poco de ensayo y error, Lundström y Leto quedaron satisfechos por haber creado un disfraz que no solo mostraba el aspecto de Paolo Gucci, sino que también transmitía las sensaciones del personaje. A lo largo del rodaje se realizaron ajustes para reflejar el envejecimiento del personaje, en particular sus canas (Paolo está calvo por arriba, pero lleva el pelo largo por detrás y los lados).

Lundström, Carboni y el equipo de maquillaje siempre tuvieron cuidado de no cruzar la línea que separa la imitación y la caricatura. «Queríamos que Jared se pareciera a Paolo, pero sin que resultara obvio que lleva prótesis», dice la diseñadora.

Para alcanzar ese grado de verosimilitud eran necesarias como mínimo cuatro horas de trabajo cada día, pero fue el actor quien realmente dio vida a Paolo. «Siempre estaba metido en el personaje», dice Carboni.

Como la película engloba tres décadas, el reto para el equipo de maquillaje fue transmitir el look específico de cada época, lo que supuso incluir variaciones en el maquillaje y los peinados. Además, tenían la misión de convertir a actores en celebridades de la época como Grace Jones, Andy Warhol o Karl Lagerfeld. «Estoy muy orgullosa del equipo y de lo que hemos conseguido, no solo con el elenco principal, también por la gente real a la que había que representar únicamente a través de su aspecto», afirma Carboni.

El paisaje musical de LA CASA GUCCI incluye una variada selección de música pop, ópera e incluso un poco de jazz. La banda sonora original, compuesta por Harry Gregson-Williams (Marte (The Martian)) se concentra principalmente en las diferentes fases por las que pasa la relación de Patrizia Reggiani y Maurizio Gucci, explica el compositor. «El concepto para la banda sonora es que sonara como una pieza de música italiana, ya que allí es donde tiene lugar gran parte de la película. Comienza con Patrizia y Maurizio enamorándose, casándose, haciendo negocios juntos y, al final, descarrilando».


Y al final...
LA CASA GUCCI no solo muestra el final del control de la familia Gucci sobre su vasto emporio de la moda, también el declive de las marcas de moda en manos privadas, y el comienzo del dominio de la industria por parte de los grandes conglomerados.

En ese sentido, la película es, según el diseñador de producción Arthur Max, «una gozosa juerga con todos los sonidos e imágenes de la época y del mundo en el que los protagonistas vivían y se desenvolvían. Sin embargo, según la historia se desarrolla, somos testigos de cómo esos personajes interactúan y cómo sus vidas se desequilibran. En realidad, es un relato triste, pero contado de forma muy entretenida».

«Creo que el espectador se va a quedar totalmente patidifuso con los giros y las complicaciones de esta historia», añade Janty Yates. «Quiero decir, ¿quién iba a saberlo?».

«En LA CASA GUCCI hay elementos para todo el mundo», añade la productora Giannina Scott. «Es una montaña rusa de emociones con romance, moda, grandes temas musicales, interpretaciones geniales y una absorbente historia dramática».

«Es una película sobre el poder», afirma Jared Leto, «y sobre la familia. También es una película sobre la pasión, el arte, la creatividad y, por supuesto, la moda. Y sobre la lealtad y, desde luego, la traición. Me quedé realmente sorprendido e impactado por la historia, y creo que a los espectadores también les pasará lo mismo. Los famosos mocasines de Gucci van a cobrar un nuevo significado, estoy seguro».

El cuidado y la atención que se han puesto en la realización de la película van a complacer al espectador en numerosos niveles, afirma el productor Kevin Walsh. «Espero que los espectadores gocen con el arte con el que se ha hecho esta película, que nos permite apreciar el trabajo de un gran grupo de cineastas que se toma su trabajo muy en serio, pero que también disfruta creando un producto de entretenimiento. En cuanto a la historia, creo que los espectadores se quedarán con la moraleja de que el dinero no lo es todo. Que el control y la ambición pueden volverse en tu contra si te enfocas demasiado en ellos».

Pero, ante todo y sobre todo, dice Lady Gaga, «esta película es una auténtica gozada. Un viaje apasionante en el que cada segundo es entretenidísimo. Parte de la magia de Ridley consiste en que, con todos sus recursos artísticos, al final quiere que el espectador disfrute».