Aleks Syntek inició su carrera convenciendo a quienes apreciasen la diferencia de que, aunque inmerso por propia voluntad y vocación en el estrellado firmamento pop, él fue, es y será MÚSICO. Un compositor prolífico, un exuberante artífice de melodías memorables y entrañables. La música joven mexicana y latina abunda en instrumentistas diestros y vocalistas capaces, pero aún brillan entre ellos cual preciadas vetas los creadores musicales.
Y es que para el talentoso joven que audiblemente ha madurado en público, la música ha sido siempre algo tan consustancial y orgánico que se ha tornado su secreción espiritual, su exudado emotivo, una necesidad expresiva tan vital cual inhalación y exhalación, sístole, diástole, como la adrenalínica vigilia y el onírico movimiento ocular rápido del soñar. Es su vida, punto.
Mirando hacia atrás, parece que los hados tiraron muy certeros los dados de su destino: Aleks es oriundo de Mérida, esa misma blanca ciudad cuya vital cultura acunó vidas y milagros de antecesores tan ilustres como los sublimes trovadores Ricardo Palmerín y Augusto ‘Guty’ Cárdenas, así como pioneros del rock como Alfonso Ontiveros (mejor conocido con el nombre artístico postrockeros Guadalupe Trigo) o su venerado colega Armando Manzanero.
El preadolescente Alejandro Escajadillo apenas dejaba atrás la niñez cuando la televisión le profesionalizó en el escenario electrónico. El posesivo y dominante cíclope de la pantalla casera se cruzó al camino de su vocación artística, pero las nacientes metas y prioridades de aquel joven músico que ya multiplicaba sus habilidades mediante creciente dominio de la naciente tecnología electrónica, no cupo duda en el dilema de un estrellato inmediato pero previsiblemente efímero frente a una carrera artística metódicamente encaminada hacia una excelencia futura sólo tan fugaz como el horizonte de su porvenir.
La tradición creativa que nutrió musicalmente al joven Aleks es tan larga como ilustre: arraiga en los veteranos maestros de canción pop como George Gershwin y Cole Porter, floreció en el atractivo juvenil de Paul Anka y Neil Sedaka, fructificó luego en talentos tan prolíficos como los Beatles - especialmente Paul McCartney - y Neil Diamond, y resuena en rivales marfiles transatlánticos de Elton John y Billy Joel, retomada por jóvenes leones como Joe Jackson y Elvis Costello. Son los grandes compositores / intérpretes, y Aleks Syntek es de esa estirpe.
Popular contraparte de los austeros cantautores intimistas, prolíficos hacedores de melodías como estos aspiran naturalmente a sonoridades que rebasan la fiel guitarra de aquellos; sus proyectos tienden naturalmente a lo exuberante, orquestal, rico y diverso. Tal ha sido la brújula que ha guiado el crecimiento musical de Aleks Syntek desde que debutó audiblemente influido por electro-solistas del temprano Tecno-Pop ochentero como John Foxx, Gary Numan, Thomas Dolby y el multitecladista hombre orquesta Howard Jones.
Autoiniciado desde los 16 años en las multiplicadas posibilidades que a ellos y a otros como él brindaba la electrónica, quien desde los 13 había trabajado profesionalmente en el multiplicado escenario televisivo debutó escoltado por dos talentos afines: el guitarrista León Chiprut y el baterista Michel Rojkind, quienes conocidos grupalmente como La Gente Normal, aportaron su solvente destreza instrumental al sello musical del novel tecladista, contribuyendo a hacerlo distintivo y prominente en medio del creciente boom de rock latino y mexicano que sonorizó los años Noventa.
Una vez disuelta la unión de La gente normal, mientras el tiempo pasaba, una vez emprendida su carrera como solista el activo señor Syntek accedió feliz y públicamente a la condición de adulto contemporáneo al recibir con la tercera semana del nuevo siglo y milenio la mano del amor de su vida, la diseñadora de interiores, Karen Coronado. Paso tan significativo no podía pasar inadvertido en el trabajo artístico de creador tan sensible, y surgió De noche en la ciudad, el álbum más ‘adulto’ de Aleks, donde nostalgia y la ambición sonora se hermanan en nuevos y aún más amplios contextos melódicos. Atípicamente, su punta de lanza fue una atinada versión al viejo e irresistible tema Por volverte a ver, popularizado por Dyango en los Ochenta.
No todo amor es efímero: la flamante señora Syntek fue también la inspiradora de Te soñé, primer sencillo de Mundo Lite (2004) cuyos ecos McCartneyanos y EltonJohnescos resultan tan orgánicos como sintético el título que lo alberga.