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Pareja viendo película en el smartphone

Filmes de tres horas: ¿Podría sobrevivir este formato en el futuro?

22/01/2026 | 17:34 CET2'

Estamos en una época en la que el consumo de contenido se fragmenta en videos de 1 minuto o menos, donde la capacidad de atención disminuye con las fechas. El entretenimiento se ha simplificado para evitar las esperas, los mensajes complejos o la elaboración de ideas a detalle, ahora se entrega todo en poco tiempo, y al público parece gustarle.

Esta cultura de consumo rápido también crece al ritmo de los entretenimientos online. Hoy a muchos incluso un video de YouTube de 10 minutos les parece largo cuando tienen TikTok y Shorts llenos de clips de menos de un minuto. En otro tipo de ocio popular, el juego online, también aparecen formatos más acelerados: slots dinámicos donde puedes activar un bono de casino y hacer decenas de giros en pocos minutos, o juegos “crash” con pagos casi inmediatos. Y si hablamos de cinéfilos, cada vez es más común que prefieran series o películas más cortas antes que sentarse frente a un filme de tres horas. ¿Tienen futuro estas producciones largas en esta nueva dinámica?.

Hubo una época dorada en Hollywood a mediados del siglo 20, donde la duración de una película era sinónimo de su prestigio. Cintas como Lo que el viento se llevó (1939), Ben-Hur (1959) o Lawrence de Arabia (1962) no solo eran largas; incluyeron itinerarios con oberturas musicales y descansos intermedios. Ir al cine era una experiencia de más de las casi 4 horas que duraban aquellos filmes. Con el paso de las décadas, la industria y los exhibidores comenzaron a preferir cintas de 90 a 120 minutos. El objetivo era puramente económico: una película más corta permite más reproducciones por día, más entradas vendidas y mayor consumo en confitería. Durante los años 90 y 2000, las películas de tres horas se volvieron poco habituales, y solían reservarse para grandes épicas, dramas de prestigio o entregas clave de franquicias, como El Señor de los Anillos.


La cultura de la inmediatez y el desafío digital
En la era moderna, todo se ha visto revolucionado por haber llevado la simplicidad al extremo. La micro satisfacción impera sobre un largo trayecto de experiencias de entretenimiento. Esto aplica para todas las áreas del ocio: los servicios de streaming y los videos online incluso cobran un extra para eliminar la publicidad y ofrecer una experiencia más fluida. La gente paga más por esperar menos, lo que supone una “escasez” de paciencia que, inexorablemente, afecta la producción del cine.

Esta nueva cultura digital es el primer obstáculo para las producciones largas, no es solo una cuestión de capricho, sino un acostumbramiento del público a no esperar que evita que deseen pasar horas frente a una película. El desafío se hace complejo: se deben producir películas largas que sean lo suficientemente entretenidas (y bien promocionadas) para mantener al usuario conectado con la pantalla, esto va desde las técnicas audiovisuales hasta el mismísimo marketing. Y aunque parezca imposible, lo han logrado…


El renacimiento del formato XXL
Pese a las dificultades de vender una película larga, hoy en día hemos visto un renacimiento del formato de películas largas. En los últimos años, la cartelera se ha llenado de películas que comprometen una gran cantidad de tiempo del público. Las personas se han comprometido a ver películas de aproximadamente 3 horas o más como Oppenheimer de Christopher Nolan, Babylon de Damien Chazelle, Avatar: El sentido del agua de James Cameron, Beau is Afraid de Ari Aster y, más recientemente, la monumental Los asesinos de la luna (Killers of the Flower Moon) de Martin Scorsese. Algunas de ellas, fueron éxitos rotundos, siendo el caso específico de Oppenheimer y Avatar 2.

Pese a todo lo que se dice, el argumento de que las nuevas generaciones no pueden concentrarse y asimilar un filme de horas acaba siendo una falacia. Sin embargo, hay contexto detrás de ello, en realidad, las personas se comprometen a pasar horas esperando, solo si vale la pena. Los intentos fallidos de filmes largos acabarían llenos de críticas si no fuese por la calidad. Dicho de otra manera, ejecutar este tipo de filmes es jugarse la vida con el público, quien no dudará en hacer “skip” si el filme no tiene suficiente calidad. Además de todo ello, el público exige cierta garantía, donde los nombres de grandes productoras o cineastas pueden ser quienes guíen al público hacia un filme que, por nombres, promete calidad.

Al final del día, los filmes XXL sí que siguen teniendo futuro, pero están condicionados por un mercado mucho más exigente, quien solo apuesta por lo que considera que realmente vale la pena para ver.