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Rebuilding cartel reducidoRebuildingDirigida por Max Walker-Silverman
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Filmada en el impresionante paisaje del Valle de San Luis (Colorado), Rebuilding es un retrato reflexivo y emotivo de la resiliencia y la conexión humana tras un momento de pérdida. Con interpretaciones magistrales de todo su elenco, que incluye a Josh O'Connor, Meghann Fahy, Kali Reis y la legendaria Amy Madigan, la película confronta directamente el mito del vaquero americano con nuestra actual crisis ambiental, encontrando esperanza en el vasto paisaje y en las personas que lo habitan.

Max Walker-Silverman (A Love Song), nacido en esos mismos parajes, escribe y dirige esta poderosa historia actualizada del Oeste americano. Estrenada en el Festival de Sundance y galardonada por el Jurado Ecuménico en Karlovy Vary, Rebuilding ha sido reconocida recientemente con el Premio del Público en el Americana Film Fest de Barcelona. Tras su proyección en la Seminici, el público destacó su mirada serena, sensible y poética hacia una tragedia, un paisaje y una forma de vida, que aviva la reflexión y la esperanza.

Estrenada en el Festival de Sundance y galardonada con el Premio del Público en el Americana, Rebuilding ofrece una mirada serena, sensible y poética a una tragedia, un paisaje y una forma de vida, avivando la reflexión y la esperanza.


"Nos da fe y esperanza en la raza humana y en su capacidad de superación frente a lo peor que la vida puede arrojarnos. Es algo inspirador" - Pete Hammond: Deadline.


Declaraciones del director
Hace unos años, al terminar la escuela de cine, me mudé a Colorado. Quizás "mudarme" no sea la palabra exacta; simplemente estaba allí. Tenía todas mis cosas en una camioneta y vivía a caballo entre la casa de mi madre, a un lado de la ciudad, y la de mi padre, al otro. Escribía guiones que nunca se filmarían y trabajaba en la construcción.

Durante meses no llovió. Hubo incendios por todo el oeste y, durante todo el verano, el ambiente estuvo cargado de humo.

Un día mi hermana llamó desde la antigua casa de mi abuela. "Hay ceniza en el aire", dijo. "No tenemos internet. ¿Puedes ver si hay incendios cerca?". Revisé mi teléfono y le dije que el sitio web estatal de bomberos no mostraba nada cerca de allí; que el humo debía de venir de cientos de kilómetros de distancia.

Unos minutos después volvió a llamar.

- Hay llamas bajando desde la cima de la colina.

Condujo toda la noche y llegó a casa de mi madre con el coche lleno de cosas. Después de un abrazo larguísimo, mi madre le preguntó si había podido rescatar las recetas de la abuela. Eso es lo que más echa de menos.

Nuestros amigos y vecinos empezaron a visitarnos. Nos trajeron comida y una sincera oferta: ayudarnos en todo lo que estuviera en sus manos. A pesar de la sequía, las patatas y las espinacas crecieron bien ese año. En ese momento me estaba enamorando de la que es hoy mi pareja, y pude acompañar a mi padre a todas sus citas médicas. De alguna manera, aunque no tenía casa propia, nunca había sentido con tanta claridad dónde estaba mi hogar. Todos huíamos de algo: incendios en el oeste, COVID en todas partes… Como resultado, éramos más personas viviendo bajo el mismo techo de las que habíamos sido en muchos años.

Durante mucho tiempo evité regresar al terreno de mi abuela. Había sido tan magnífico y verde… Árboles altos, helechos, berros junto al arroyo. Quería recordarlo siempre así. Retrasé tanto mi regreso que, cuando finalmente lo hice, me esperaba una sorpresa. Sí, era triste en muchos sentidos: una extensión ennegrecida, árboles carbonizados, las ruinas raspadas de los cimientos. Pero también había verde. Plántulas abriéndose paso entre las cenizas. Capullos de flores púrpura. Contemplar las pequeñas y obstinadas maneras en que la naturaleza regresa era tan fascinante que apenas dejaba espacio para la tristeza.

Mi árbol genealógico es retorcido, como tantos otros. Las ramas se desvían en direcciones extrañas, se extienden y regresan, trazan caminos insólitos. Pero ese árbol crece siempre hacia arriba y, a pesar de su fragmentación, la familia siempre encuentra la manera de apoyarse. Empecé a preguntarme si tal vez un hogar sea así también: ni simple ni sólido; algo en constante evolución, imperfecto, que siempre se fractura y se repara. Siempre se reinventa. Y empecé a pensar -y a esperar- que tal vez haya consuelo en esta misma impermanencia, una extraña estabilidad en nuestra capacidad de reinventarnos y reimaginar.

Esta paradoja dio origen a esta historia. ¿Cómo podía un lugar ser tan efímero -ha ardido y volverá a arder; cambia como cambian todos los lugares; crece y lucha como todos los lugares crecen y luchan- y, sin embargo, ser tan claramente un hogar?

Es una pregunta que muchos se han visto obligados a hacerse tras inundaciones, huracanes, tornados y terremotos. El fuego representa una versión particularmente sutil de esta paradoja: su destrucción es consecuencia de factores creados por el hombre (el cambio climático y un siglo de medidas de mitigación mal enfocadas), pero también es un elemento inevitable de la ecología mundial. Esta contradicción se refleja en la forma en que el fuego nos afecta: dolor, horror y pérdidas devastadoras; pero también caridad y comunidad, fraternidad y sororidad, y una atención desbordante hacia nuestros vecinos y hacia aquellos que ni siquiera conocemos.

Esta película no busca resolver estas paradojas, sino imaginar una forma de convivir con ellas. ¿Cómo podemos comprender el desastre no solo como un evento que comienza y termina, sino como un componente constante de nuestras vidas? Un componente que profundice, en lugar de destruir, nuestro sentido de vecindad y comunidad.

La casa de mi abuela estaba construida en un bosque que necesita el fuego para que broten nuevas semillas. Hemos construido en lugares que inevitablemente arden, en lugares que inevitablemente se inundan, hemos intentado forjar una idea de permanencia que jamás se materializará. La relación entre los seres humanos y la naturaleza -entre todos los elementos naturales- debe fluctuar, fluir, avanzar y retroceder. Deseo que podamos encontrar algo de esperanza en esto. Algo de estabilidad, no en las cosas tal como son, sino en la inevitabilidad del cambio.

La verdad es que he tenido miedo al cambio climático desde que tengo memoria. Desde que era muy pequeño; desde que me decían en la escuela primaria que cerrara el grifo mientras me cepillaba los dientes. Ese miedo nunca me dejó imaginar un futuro. En las noticias y en el arte, el cambio climático se presenta como una elección binaria: o lo detenemos o fracasamos. Pero ya está aquí. Está aquí ahora. Necesitamos que el arte lo reconozca, que diga: "Bueno, este es el problema, ¿qué demonios hacemos?".

Quizás lo primero que debamos hacer es imaginar un futuro hermoso y maravilloso, porque ¿de qué otra manera podríamos luchar por él? Para avanzar hacia un mundo mejor, primero debemos creer que es posible.

Y así nació esta historia. En su esencia está Dusty, un personaje que descubre que reconstruir no es solo cuestión de edificar de nuevo, sino un acto de reinvención que debe nacer del interior. Debe aprender que, así como los lugares cambian, nosotros también podemos hacerlo; que puede ser más que un ranchero: puede ser padre y vecino, y eso es suficiente. A veces, la pérdida nos enseña lo que realmente tenemos. Por eso, esta no es una película de catástrofes; trata sobre lo que sucede después. Y, una y otra vez, lo que sucede después es amor, cariño, comunidad y el deseo de hacer las cosas mejor.


Entrevista con Max Walker-Silverman
P: Esta película, al igual que tu anterior largometraje, A Love Song, encuentra la emoción a través de sencillos momentos de conexión entre los personajes. ¿Es ese un objetivo consciente como artista?

R: Cuando escribo un guion, puedo tardar mucho tiempo -años- en encontrar dos cosas: una imagen y una emoción; pero una vez que las tengo, las páginas fluyen rápidamente. En este caso, la imagen de un viejo ranchero tosco y su hijo pequeño llevaba mucho tiempo en mi cabeza. Conducía y pensaba en ello, escuchando esas dulces y salvajes canciones country de antaño que me hacen sonreír y conmoverme a la vez. Mi coche está en mal estado y va despacio, así que tenía mucho tiempo para observar el mundo a través de la ventanilla.

Durante mucho tiempo solo vislumbraba escenas y personajes, pero nada que me convenciera del todo. Y entonces, la imagen de una casa incendiada en el bosque irrumpió en mi vida y pareció desbloquear el resto. Las escenas aparecieron en mi mente y me fui directo a la biblioteca pública con mis auriculares; seguía escuchando la misma música, seguía sintiendo la misma melancolía y escribía a toda velocidad.

El objetivo es sentir, mientras escribo, lo que quiero que sienta el público. Supongo que no siempre lo consigo, pero es lo que intento. Seguiré escuchando las mismas canciones y recorriendo las mismas carreteras, buscando siempre esa emoción que quiero transmitir en la película.

Tengo dos reglas que me ayudan: todos los personajes son personas decentes y todos intentan decir la verdad. Por supuesto, no siempre es así en la realidad, pero así es como me gustaría que fuera. Estoy decidido a encontrar maneras de contar estas historias que no dependan de los dramas predecibles que se suelen emplear: las peleas, los gritos, los abusos, los giros argumentales exagerados. Todo eso existe en el mundo, pero quiero ver si, al reducirlo, puedo crear espacio para algo más profundo y sutil. Rebecca Solnit escribe sobre cómo "hablamos principalmente de emociones felices y tristes… pero quizás comprenderíamos mejor nuestra experiencia si pensáramos en términos de profundidad y superficialidad". Espero que trabajar de esta manera conecte con el largo y noble legado de la imaginación en el cine. Es un acto de afecto. Un intento de describir el mundo como podría ser.

P: Creciste en la zona rural de Colorado y has rodado tus películas cerca de casa. Esta película trata sobre el hogar y la familia, y nuestros recuerdos de ambos. ¿Hay personas, lugares o acontecimientos de tu infancia que te hayan inspirado al hacer esta película?

R: Me encanta el Oeste rural, con todas sus imperfecciones. Me encanta pasear y contemplar cosas hermosas. Me encanta conocer gente cuyo profundo respeto por la tierra y la historia impregna todo lo que hace. Al igual que estos personajes, amo este lugar incluso cuando no debería.

En muchas pequeñas comunidades de montaña, las familias están dispersas y lejos unas de otras. Es un lugar inhóspito para los ancianos, y quienes se mudan allí suelen hacerlo para dejar algo atrás intencionadamente. Por eso, a los niños los cuidan muchos tíos y tías "no oficiales". Yo, desde luego, fui uno de ellos. Ninguno de los personajes está basado explícitamente en una sola persona, pero todos ellos pretenden ser como alguien con quien podría haber crecido, alguien que podría ser mi amigo o vecino, y que de alguna forma me crió y me formó. Las señoras de la iglesia que dirigían el coro. Los rancheros que me llevaban al arreo del ganado. Los profesores de teatro hippies de la montaña. Los ancianos taciturnos que vivían en el bosque…

Y aunque esta película no es autobiográfica, soy hijo de padres divorciados. Fui un niño de dos hogares, siempre en desequilibrio, pero en los que siempre se intentaba dar lo mejor. Mis padres estaban, y siguen estando, desalineados en muchos aspectos, pero nunca en lo que respecta al cariño por sus hijos. Esta película no empieza ahí, pero es exactamente donde termina.

P: Los paisajes naturales cobran un gran protagonismo en tus dos largometrajes. Aparte del incendio que pone en marcha la historia, ¿qué papel juegan estos entornos en la película?

R: Gran parte de la vida en las zonas rurales está definida por una paradoja sencilla: el mundo natural es un desafío constante y, al mismo tiempo, tan, tan hermoso que uno no puede imaginar vivir en ningún otro lugar. Ya sean rancheros, gente de campo o hippies, los personajes de esta película -al igual que las personas en mi vida- se sienten cautivados por la belleza del lugar en el que viven, incluso cuando el precio es perder todo lo que tienen. Es lo que comparten entre ellos, con quienes los precedieron y con quienes vendrán después. Pero el paisaje no es permanente. Es también un registro de las decisiones tomadas por cada generación: la decisión de conservar, de construir, de extraer o de reparar. En ese sentido, hay un legado humano en todo paisaje natural; una fuente de lo que puede ser orgullo o vergüenza. Sentirse parte de ese legado es algo poderoso y, en el mejor de los casos, una fuente de verdadero significado. Quienes no tienen nada, aún pueden poseer la belleza. Ese es el regalo de vivir en el mundo.

P: Dusty es un personaje cuya autosuficiencia e independencia parecen haberle aislado de los demás, especialmente de sus seres queridos. ¿Qué te interesó de escribir un personaje que realiza este viaje en particular? ¿Hubo más trasfondo del personaje que compartieras con el reparto?

R: El mito fundacional de la autosuficiencia -siempre presente en Estados Unidos, especialmente en el Oeste- es un mito triste. He visto a mucha gente, especialmente hombres, derivar de la autosuficiencia a la soledad, y de la soledad a la desesperanza. Es un mito que reside en el corazón de muchos de los instintos menos nobles de nuestra nación: nuestro instinto de cerrarnos, de no dar la bienvenida, de poner vallas. Y eso no sirve a nadie en ninguno de los lados de cualquier frontera. Una de las cosas radicales que logran los desastres es romper ese mito, aunque sea temporalmente.

Sí, hubo más trasfondo de los personajes que se discutió con el reparto, y también detalles más específicos incluidos en el guion. Pero a lo largo del rodaje y el montaje, como suele ocurrir, estas cosas se fueron puliendo hasta quedarse en lo más simple y cercano. Lo que me importa del camino de Dusty es que, al final, él necesita a los demás y los demás le necesitan a él.

P: ¿Cómo fue el proceso de casting? ¿Cambiaste algo de la película tras elegir a ciertos actores?

R: No fue intencionado al principio, pero el proceso de casting acabó siendo un reflejo de la propia historia en muchos sentidos: la construcción de una comunidad improbable, una familia creada a partir de piezas dispares.

Me sentí atraído por Josh O'Connor por una razón tan clara como indefinible: su alma. Había visto cuánta carga era capaz de soportar en 'Tierra de Dios' y su comodidad en una película pequeña rodada en un lugar implacable. Y en 'The Crown' -que, por lo demás, está lo más alejada posible de este personaje- logró dotar de una humanidad real a un hombre fuertemente acorazado en una masculinidad formal y educada, algo de lo que Dusty posee su propia versión. Finalmente, escuché el rumor de que estaba rodando la nueva película de Alice Rohrwacher, La quimera. Ella es una de mis heroínas y pensé: "¿qué estará haciendo con este chico inglés?".

Me encantó trabajar con él. Aportó una generosidad tremenda a la película, cuidando de todos los actores no profesionales con los que trabajaba, de los niños, de los animales. Siempre me conmovió su capacidad para dejarse sorprender y deleitar por los lugares y las personas que encontrábamos. Le gusta formar parte de ese "circo extraño" que es rodar en medio de la nada, y se convirtió en el corazón del proyecto. Por muy difíciles que se pusieran las cosas durante el rodaje, cada vez que la cámara se posaba en él, podía ver la película.

Hicimos una búsqueda exhaustiva para nuestra Callie-Rose, y la prueba de Lily LaTorre fue una de las últimas que recibimos. Fue impactante: una mezcla muy precisa de infancia y madurez. Posteriormente me enteré de que, ¡madre mía!, la niña es australiana. No tenía sentido. Incluso volé a Australia para conocerla a ella y a su familia y asegurarme de que aquello no era un espejismo. No lo era. Encontré una agradable familia australiana en un pueblito costero, con un perro grande, muchas gallinas y una niña de nueve años capaz de poner un acento estadounidense perfecto.

Fue extraño elegir a actores extranjeros para los dos papeles principales de una película tan regional. Pero también me pareció estimulante y, ante la disyuntiva, decidí perseguir algo superior, una profundidad de espíritu que es más antigua y fuerte que las fronteras. Tanto Lily como Josh vienen de pueblos pequeños como yo, y empecé a sentir que tenía más en común con ellos dos que con la mayoría de los actores de grandes ciudades con los que comparto pasaporte.

Realmente no había visto a Meghann Fahy interpretar un papel como el de Ruby antes; no estoy seguro de que lo haya hecho. Pero sus actuaciones son siempre tan inteligentes, llenas de matices y subversivas, que necesitaba a alguien que aportara una chispa al personaje manteniendo su dulzura. Cuando nos conocimos, habló del material de una forma que me conmovió de verdad, y resulta que ella también viene de un pueblo pequeño. Parecía conocer muy bien a Ruby: su fuerza, su amor, sus frustraciones. Está magnífica en la película; no hay un solo fotograma de su actuación que no respire realidad, y en más de una toma hizo llorar a todo el equipo.

Me fijé en Kali Reis por su película debut, Hasta el final. Su actuación en esa cinta es un equilibrio meticuloso entre fuerza y vulnerabilidad, una paradoja que también está en el corazón de su personaje, Mila. En ese momento también estaba quedando claro que la familia de Dusty estaría compuesta por actores profesionales, mientras que los vecinos del campamento de caravanas serían todos lugareños debutantes. Kali llegó a la actuación desde el boxeo y, aunque ahora es una profesional con galones tras True Detective, sabe lo que es ser una "no actriz". Fue capaz de cerrar la brecha entre esos dos mundos y guiar a todos los lugareños con los que trabajaba. Es fantástica: una mezcla enriquecedora de poder y precisión.

Finalmente, Bess es el corazón de la familia, y quería a alguien que pudiera ser ese ancla emocional en el centro de todo. Amy Madigan es un icono del cine. Representa lo vivaz que puede ser la vida incluso cuando las cosas parecen oscuras. Ella aportó algo quizás más importante que cualquier otra cosa: un amor verdadero y poderoso por el personaje que estaba interpretando.

P: ¿Cuál fue tu enfoque para el casting de los vecinos de Dusty? Parece como si este elenco hubiera sido elegido con mucho cuidado; son personas que evocan una historia vivida, incluso cuando no dicen mucho.

R: Por la forma en que hacemos cine, hay muy poco que distinga el proceso de casting de la búsqueda de localizaciones, de cuidadores de caballos, de conductores, de alojamiento, de muebles o de atrezzo. Todo forma parte de la alquimia de construir una comunidad.

Esto es lo mejor de hacer cine: uno puede llegar a conocer personas y lugares que, de otro modo, sería impensable. Y, si se hace bien, todo el andamiaje de la película se construye a partir de ahí. Un ranchero en una subasta de ganado dice que su amigo tiene un terreno estupendo para rodar. El vaquero dueño de ese terreno dice que, claro, que le encantaría actuar en la película. Su mujer dice que su primo tiene unas viviendas de estudiantes que podrían ser un buen sitio para que se quede el equipo. El conserje de esos apartamentos tiene un hijo al que le encantaría ser decorador; después de todo, ha estudiado teatro y su abuela tiene el sillón perfecto. Y por supuesto, ella también estaría encantada de salir en la película.

Esta es una forma larga de decir que los vecinos de Dusty eran gente de la zona. Amigos que fuimos haciendo por el camino y a los que pedimos que participaran por su calidez y, ocasionalmente, por su habilidad para cantar. Todos han vivido y todos han perdido algo, pero aunque cada uno interpretó a alguien no muy alejado de sí mismo, ninguno se interpretó exactamente a sí mismo. No creo que sea justo pedirle eso a nadie. Hay algo mágico en la ficción, una liberación, y es importante permitir que las personas la experimenten.

P: Binky Griptite, que interpreta a uno de los vecinos de Dusty, es más conocido como músico y cofundador de Sharon Jones & the Dap-Kings. ¿Cómo se involucró?

R: Fue la excepción a lo anterior. Binky envió una grabación y era tan silenciosa, sencilla y buena… Cuando nos conocimos, lo sentí como un verdadero amigo; tocaba cosas increíbles con un dobro plateado desde su cocina en Brooklyn. No había actuado antes, pero fue muy reflexivo y meticuloso en su enfoque. No me enteré de que es el puñetero guitarrista principal en el Back to Black de Amy Winehouse hasta que estuvimos pasando tiempo juntos en Colorado. Aportó una presencia realmente útil al "vecindario". Aunque no es un actor profesional, es un artista profesional en toda regla, y su enfoque marcó un tono estupendo para el resto del grupo.

P: ¿Cómo fue trabajar con una actriz infantil como Lily LaTorre? ¿Cómo eran tus conversaciones con ella y con Josh durante el rodaje?

Lily es increíble. A menudo se elige a los niños porque son salvajes, precoces y tienen una energía indomable. Lily, sin embargo, es una actriz. Llegó a Colorado trazando la historia a través de los ojos de Callie-Rose. Cada escena tenía sus propias imágenes, metáforas e ideas. De alguna manera, había proyectado la historia de Callie-Rose en 'The magic boots', el libro que lee en su tableta durante la película. Era extremadamente rigurosa, tanto que Josh y yo pensábamos: "Vale, tenemos que ponernos las pilas para estar a la altura de esta niña".

Se volvió muy cercana a Josh y también a Meghann. Ambos fueron muy amables y cariñosos con ella. Incluso en las mejores circunstancias, ser un niño en un set de rodaje es algo extraño, y agradezco mucho que todo el reparto y el equipo fueran amigos de verdad para Lily. A mi vez, estoy muy agradecido con ella por recordarnos que gran parte de este trabajo es un juego; un juego con reglas y objetivos, pero que siempre debe ser divertido. Rodar es un acto de juego, y eso es algo que hay que tener presente.

P: ¿Qué tipo de conversaciones mantuviste con tus colaboradores para desarrollar el estilo visual y el ritmo de la película?

R: Lo primero que discutimos el director de fotografía, Alfonso Herrera Salcedo, y yo fue que no queríamos un estilo demasiado restringido o definido. Queríamos tener la oportunidad de llegar cada día y observar la localización, la luz y el movimiento de los actores para elegir el enfoque que pareciera mejor; reaccionar a lo que teníamos delante en lugar de limitarlo. Así que, aunque el trabajo de cámara siempre mantiene la sencillez (tal como nos gusta), hay cámara en mano, planos estáticos, dollies, trípodes y todo tipo de herramientas, cada una elegida por ser la adecuada para el momento. Alfonso es mi aliado más cercano en el set; mucho más que un camarógrafo, es una especie de montador en tiempo real, es fantástico con los actores y tiene un gusto exquisito.

El diseño de producción es el departamento que más quiero, sin duda en parte porque Juliana Barreto, la diseñadora de producción, es mi pareja. Vivimos juntos en Colorado, y es hermoso construir un mundo con alguien a quien amas. En el momento en que empiezo a trabajar en un guion, ella es la primera a la que se lo cuento, y podemos pasar años hablando de ese mundo antes de que empiece el trabajo real. Podemos pararnos a mirar caravanas mientras vamos a por la compra, o conducir por mi ciudad natal y preguntarnos: "¿En qué casa viviría Bess? ¿Qué rancho sería el de Louis?". Todo empieza en casa, aunque al final acabemos buscando mucho más lejos; en este caso, ella trajo y reformó caravanas de la FEMA desde Texas y Luisiana. Es emocionante escribir sabiendo que ella será quien construya las cosas y elija los colores adecuados.

En resumen, el tono y el ritmo parecen surgir de forma natural y, quizás, inevitable, de los personajes y el lugar. Las localizaciones son pálidas, vastas y hermosas de una manera sutil. Los personajes no dicen mucho que no necesite ser dicho. No tengo interés en forzar giros en este mundo solo porque sí. Así que espero que eso conduzca de forma natural a algo abierto y sin prisas. Algo que deje suficiente espacio para sentir.

P: Has trabajado ya en varios proyectos con tu equipo creativo y antiguos compañeros de la escuela de cine: Alfonso Herrera Salcedo (director de fotografía), Juliana Barreto (diseño de producción) y Ramzi Bashour (co-montador). ¿Tener esta comunidad creativa influyó en tu forma de pensar sobre la película y la comunidad que se une en la historia?

R: Muchos de ellos son mis amigos más queridos, y añadiría a la lista a Jesse Hope, productor y amigo de mi ciudad. Siempre estoy intentando inventar cosas para rodar porque nos entendemos tan bien que es la excusa perfecta para obligarlos a pasar un rato conmigo en Colorado. Es solo una feliz coincidencia que, además, resulten ser maestros en su oficio.

La verdad es que mi forma de hacer cine está tan ligada a mis amigos que no imagino hacerlo de otra manera. Hemos rodado tanto en Colorado a lo largo de los años -primero cortos y luego largometrajes- que conocen a la gente, la historia, la forma en que el perro de mi madre prefiere que le rasquen la barriga o cómo pega la luz a las tres de la tarde en agosto. Me hacen sentir, absurdamente, que todo es posible; que es, por supuesto, la única forma de que las cosas se hagan. Somos nuestro propio grupo variopinto de EE.UU., Líbano, México y Colombia, construyendo algo juntos en las montañas de Colorado. Supongo que las metáforas se explican solas.

Como cualquier comunidad sólida, esta era una mezcla de viejos amigos y gente nueva. A Jesse Hope se unieron en la producción Dan Janvey y Paul Mezey. Ellos nos introdujeron en ese circo mágico que es el mundo del cine independiente de Nueva York, llena de la gente más genial que he conocido, y nos guiaron a través de los interminables peligros y trampas que supone levantar una película. Como trío, han aportado una verdadera sabiduría a una pregunta constante en este trabajo: cómo hacer algo que sea muy regional y, al mismo tiempo, significativo para el resto del mundo.

Cuando conocí a la diseñadora de vestuario, Lizzie Donelan, compartió conmigo imágenes que se volvieron fundamentales para gran parte de la estética de la película, mucho más allá del vestuario. Su investigación empapó el diseño de set y la fotografía; encontró prendas que ayudaron a situar a Dusty como un hombre un tanto fuera de su tiempo, al que ciertas formas de modernidad habían dejado atrás. Completó el elenco priorizando siempre el orgullo y la dignidad, independientemente de las limitaciones o las circunstancias desafortunadas de cada personaje. Mi herramienta favorita era un frasco de polvo, etiquetado como "Dusty Dust" (polvo de Dusty), que aplicaba constantemente sobre la ropa de Josh. No había nada especial en el material -era, de hecho, polvo del lugar donde rodábamos- y simboliza muy bien cómo las líneas entre la realidad y el artificio pueden ser encantadoramente delgadas.

Ramzi Bashour, mi querido amigo y compañero de piso en Nueva York durante la escuela de cine, vino a Colorado para montar mientras rodábamos. Aunque es escritor y director, sigue siendo, como en la escuela, el mejor tipo que puedes tener en un set para cualquier tarea. Ha trabajado en todas mis películas, largas y cortas, y siempre en un rol diferente, cubriendo cualquier hueco necesario. Ha trabajado conmigo como ayudante de dirección, productor, primer ayudante de cámara, compositor… y aquí fue quien construyó los cimientos de la película en el montaje, trabajando primero desde una habitación minúscula en Alamosa, Colorado, y luego desde la casa de mi madre tras el rodaje.

Más tarde, Jane Rizzo se unió también como montadora. Es una profesional de los pies a la cabeza y aportó un gran equilibrio entre la experiencia de "perro viejo" y un cariño por la película que siempre me conmovió. Refinó la estructura que Ramzi había creado y fue un hombro en el que apoyarse durante toda la posproducción. Es alguien que simplemente sabe qué es lo importante, una habilidad tan rara como sencilla.

Jake Xerxes Fussell y su colaborador James Elkington se encargaron de la banda sonora. Ambos forman parte del legado de lo que a veces se llama "American primitive guitar", una tradición informal que se remonta a John Fahey y que combina antiguos estilos de fingerpicking rural con armonías y melodías más extrañas y progresivas. Es un estilo de música que me encanta, pero no conocía a Jake hasta que el productor Dan Janvey me lo presentó. Nunca había hecho una banda sonora, pero su música -que es mayoritariamente instrumental- me pareció intrínsecamente cinematográfica. También me cautivó cuando me dijo que nunca había escrito una letra en su vida. Sus letras son una especie de colcha de retazos de viejos versos, poesía y folclore estadounidense. Y aunque su música está profundamente arraigada en todo tipo de tradiciones americanas (folk, country, bluegrass y gospel), suena moderna sin esfuerzo. No hay ni rastro de nostalgia en ella.

Pasé una semana mágica con ellos dos en casa de James en Chicago. Tiene un ático lleno de instrumentos y unos cuantos micrófonos; allí se escribió y grabó la mayor parte de la música. Jake veía una escena y luego tocaba sobre ella con su guitarra, siguiendo su arco emocional. Luego James, un verdadero multiinstrumentista, rebuscaba entre sus montones de instrumentos y empezaba a añadir capas a la melodía de Jake: contrabajo, violín, pedal steel, mandolina, banjo, piano, órgano, sintetizador. Me encanta cómo la música se siente conectada con tanta historia y, aun así, es algo contemporáneo y propio.

Me gusta que se perciba parte de una tradición rural más amplia que incluye el Oeste, pero también los Apalaches y el Sur. De esta forma es modesta pero expansiva, conectada con la historia pero partiendo del aquí y ahora. Así es como me gustaría que fuera mi trabajo.

P: ¿Qué esperas que experimente el público al ver esta película?

R: Espero que terminen la película y miren hacia la calle, o por una ventana, o al techo de su habitación, y que por un momento el núcleo familiar parezca tener más textura y color.

Supongo que espero que la gente se sienta agradecida por sus amigos, su familia, los árboles de su calle, el clima, los olores… sea cual sea ese tejido resistente y frágil que conforma su hogar. Espero que sientan suficiente amor por esas cosas como para cuidarlas. Espero que recuerden algo con cariño, aunque se haya perdido. Espero que miren hacia el futuro esperando algo bueno. Y entre ese pasado y ese futuro, espero que el "ahora" sea un poco mejor.


Sobre Max Walker-Silverman (guionista / director)
Es un escritor y director del suroeste de Colorado. Estudió en la Universidad de Stanford y en el programa de posgrado de cine de la NYU. Su primera película, A Love Song, se estrenó en el Festival de Cine de Sundance 2022 y en la Berlinale. Fue distribuida por Bleecker Street y Sony Worldwide, y nominada a múltiples premios Gotham e Independent Spirit, incluido el premio John Cassavetes. Vive y trabaja en las montañas donde creció.