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En campaña todo vale cartel reducidoEn campaña todo vale(The campaign)
Dirigida por Jay Roach
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En campaña todo vale también está protagonizada por Jason Sudeikis en el papel de Mitch, el leal pero cada vez más abrumado director de campaña de Cam Brady, y por Katherine LaNasa, quien interpreta a Rose, la decidida esposa de Cam. Otros protagonistas son Dylan McDermott, quien encarna a Tim Wattley, el encargado de transformar la imagen pública de Marty Huggins; junto con John Lithgow y Dan Aykroyd en el papel de los poderosos hermanos Motch, quienes aportan el dinero para su candidatura imposible al Congreso; y Brian Cox interpretando al padre de Marty, el asesor político jubilado Raymond Huggins, quien no entiende lo que todos ellos ven en su hijo.

Dirigida por Jay Roach (ganador del Emmy por El recuento, de la HBO, y nominado al Emmy por Game Change, también de la HBO), con guión de Chris Henchy y Shawn Harwell, a partir de una historia de Adam McKay, Jay Roach y Zach Galifianakis. Amy Sayres, Jon Poll y Chris Henchy fueron los productores ejecutivos.

El equipo creativo de la película contó con el director de fotografía Jim Denault (nominado al Emmy por Carnivàle y Game Change de la HBO); con el director de producción dos veces nominado al Óscar® Michael Corenblith (El Grinch, Apolo XIII); con los editores Craig Alpert (Lío embarazoso, Borat) y Jon Poll (Los padres de él); y con el diseñador de vestuario Daniel Orlandi (The Blind Side (Un sueño imposible) y ganador del Emmy por The Magic of David Copperfield XI: The Explosive Encounter). La música es de Theodore Shapiro (Una pareja de tres, nominado al Emmy por Game Change, de la HBO).


"En la guerra hay reglas, en las peleas de barro hay reglas. En política no hay reglas" - Ross Perot, candidato a la presidencia, 1988.


El proceso electoral de EE. UU. se vuelve a veces tan salvaje que no podemos evitar reírnos... Especialmente en el caso de Will Ferrell, Zach Galifianakis o Jay Roach, adicto confeso a las noticias de política y director/productor de la nueva comedia irreverente En campaña todo vale.

Conocido por Los padres de ella y por las películas en clave de parodia de Austin Powers, Roach también abordó con éxito el sistema político estadounidense desde una perspectiva más seria en los aclamados dramas de la HBO El recuento y Game Change, y ha terminado por creer que a veces la mejor forma de enfrentarse a un tema es de frente y con humor. "Creo que hoy en día la comedia es la reacción correcta ante la política. Al menos te da algo de lo que reírte y hace que su componente real sea más fácil de digerir, mientras que simplemente ver las noticias puede asustar bastante", afirma. "A la vista de algunas campañas electorales actuales, no sé si esto es lo que los padres fundadores de nuestro país tenían en mente".

Por fortuna, Roach fue capaz de liberarse a lo grande de los demonios de su ansiedad en En campaña todo vale con Ferrell y Galifianakis, quienes también fueron los productores de la película, y a los que él se refiere como "dos de los tíos más divertidos e inteligentes del mundo. Will y Zach se transforman por completo en candidatos rivales que tienen los recursos para destruir al otro empleando toda forma de estrategia electoral turbia, vídeo sórdido y truco rastrero y descarado imaginable. Y degenera rápidamente a partir de ahí".

Los cineastas, previendo que iban a calificar la película como no apta para menores, sabían que tenían vía libre para llevar la historia hasta donde hiciera falta, de manera que los espectadores de cualquier parte del mundo pudieran entenderla; ya sean republicanos, demócratas, del Partido Independiente u otros.

Ferrell, quien interpreta a Cam Brady, el congresista actualmente en el cargo, amigo de todos y siervo de nadie, afirma: "Una de las cosas de las que se burla la película es la cantidad de dinero que se puede invertir en unas elecciones y cuánta influencia puede tener. El distrito que se disputan estos dos es relativamente pequeño, insignificante a mayor escala, pero, debido al poder que lo rodea, es crucial para sus intereses económicos y por ello tiene un gran valor para ellos".

Encarnando a la competencia, Galifianakis asume el papel del candidato primerizo e incompetente Marty Huggins, quien empieza con buenas intenciones pero pronto se adapta y revela un talento para la traición que simplemente necesitaba que lo pulieran, algo que sus partidarios están más que dispuestos a hacer. "He seguido la política toda mi vida y aún me sorprendo de la cantidad de titiriteros que hay detrás de la creación de un político, y cómo se puede engañar al público con eso", dice Galifianakis. "Nosotros mostramos, de una manera extravagante y divertida, la receta de este plato".

Hacer que los dos se enfrentaran y pelearan con uñas y dientes por un escaño en el Congreso fue idea del productor Adam McKay, conocido por Saturday Night Live, quien lleva años colaborando con Ferrell y se deleita atacando a ambos bandos. "Escribí muchas de las escenas iniciales de Saturday Night Live en las que Will hacía de George Bush y Darrell Hammond de Bill Clinton, así que el discurso político en general siempre ha sido algo que me ha interesado", asegura.

En la misma línea, En campaña todo vale ataca la igualdad de oportunidades y su objetivo no es la política en sí, sino el proceso, y el hecho de que un número cada vez mayor de campañas que se disputan en todo el país no tratan ya de partidos, temas importantes o ideologías, sino de gastar, pelear y ganar... Y gastar un poco más. ¿Así que por qué no llevarlo al siguiente nivel y ver qué pasa?

"A medida que un insulto lleva a otro, ambos personajes al final pierden la cabeza", añade McKay. "Pierden los papeles. Lo que empieza como una serie típica de acusaciones disparatadas e injuriosas, se convierte en una pelea a muerte en el coliseo."

En campaña todo vale también satiriza una de las estrategias de relaciones públicas favoritas de Roach: el ubicuo eslogan pegadizo. El director afirma: "La gente siempre quiere ideas contagiosas y memes que contengan la esencia de lo que ellos son; frases cargadas pero vacías, dirigidas a un público de atención limitada, y que todos nos acabamos creyendo, una vez y otra. Me encantaría estar en las lluvias de ideas que hacen para estas frases y ver cómo surge la opción ganadora. Para Cam Brady, elegimos: "EE. UU., Jesús, Libertad". Amplifícalo y repite. Porque estas son las palabras que él cree que la gente quiere oír. Parece que los candidatos no pueden llegar a ninguna parte hoy en día sin hablar de la libertad, como si ellos hubieran inventado el concepto, y tienen que dar la imagen de ser los estadounidenses más patriotas de todos; mucho más que sus oponentes, quienes, tal y como nos querrán hacer creer, son aliados de los terroristas."

Ferrel señala: "El gran eslogan de Cam no es en realidad un eslogan. Ni siquiera es una frase. Son solo palabras, como su otro grito de guerra: "Cam Brady para 0-12", que ni siquiera tiene sentido, desde el punto de vista numérico, pero suena potente y resuelto".

El guionista Chris Henchy, también productor ejecutivo de En campaña todo vale, explica: "No pasa mucho tiempo hasta que la farsa de hacer una competición racional entre estos dos se deja de lado y todo gira alrededor de acabar con el otro a toda costa. Creo que es la evolución natural del proceso, lo absurdas que podrían llegar a ser las campañas como estas. Se trata de "¿cómo puedo derribar a mi adversario?" Eliminarle del mapa, arruinar su vida y ganar. Después, podrás pensar en buenas acciones y planear tus políticas, pero primero tienes que ganar. ¡No importa cómo lo consigas, pero hay que conseguirlo!"

El mayor reto al que se enfrentaron los cineastas residía en realizar una comedia escandalosa que pudiera superar la realidad escandalosa de un ciclo de noticias cada vez más descontrolado. Durante el desarrollo y la producción del proyecto, todos los implicados se divertían, por no decir que estaban impresionados, por el hecho de que muchas de las escenas que habían creado para hacer reír tenían elementos de titulares reales o incluso se habían visto superadas por estos: aventuras extramatrimoniales, escándalos, mentiras, accidentes de caza, indignación fingida sobre indiscreciones juveniles y muestras conmovedoras de orgullo nacional. Y cortes de pelo, caros, carísimos cortes de pelo.

"Lo más divertido de la película es que mucho de lo que se cuenta en ella suena real", dice McKay. "Vais a ver un montón de acusaciones ridículas, un mensaje de voz que resulta en un desastre, un mitin colosal con fuegos artificiales y animadoras bailando, y un candidato al Congreso descendiendo de un cable como si fuera una estrella del rock. Va a parecer excesivo y una locura. Luego, en las semanas siguientes, puede que advirtáis cosas en las noticias que no serán tan distintas de la película y os deis cuenta de que no es una locura tan grande. Ved la película, observad lo que está pasando en realidad y pensaréis: '¡Mierda!'".

Aun así, señala el guionista Shawn Harwell, a pesar de todo el caos que se ve en pantalla y todos los aportes de improvisación del reparto, "Jay se aseguró de que todo tuviera sentido y de que estábamos sacando el mayor rendimiento emocional de la jornada, mediante la narración de una historia completa y del hallazgo de maneras de extraer la comedia de ahí, en lugar de un montón de chistes de usar y tirar. Y Will y Zach les aportan mucho atractivo a los personajes, lo que hará que los espectadores deseen que tengan éxito cada uno a su manera".

Teniendo en cuenta la fecha del estreno de la película en EE. UU., Ferrell afirma: "Que se estrene antes de la siguiente campaña presidencial puede proporcionarle a la gente algo de alivio de la época electoral y del hartazgo de los anuncios electorales, y les haga reír justo cuando más lo necesitan".

"Si hay un mensaje en esta película ─sugiere Galifianakis─ es que estamos todos jodidos".


"Ese tío es un bicho raro. Voy a ahuyentar a ese payaso" - Cam Brady, 2012.


Después de cuatro legislaturas consecutivas sin oponentes, Cam Brady ha abrazado su estilo de vida como congresista con una gran sensación de tranquilidad y de que le pertenece por derecho... Y con expectativas de llegar a la quinta. Ferrel asegura: "Cam es un político muy vago. Se le ha publicitado como un posible candidato a la vicepresidencia, lo que da una idea de lo altas que son sus aspiraciones, pero es solo porque imagina que el trabajo consiste en cortar bandas inaugurales, ir a bailes glamurosos, tener las ventajas propias de personaje conocido y cobrar sobornos. También está corrompido moralmente".

Además, Ferrell añade: "Es experto en no decir nada, con esa habilidad que tienen los políticos para responder a las preguntas con frases como: "Gracias por su preocupación", o "Les agradezco que hayan sacado 15 minutos para venir aquí para hablar de los problemas a los que todos nos enfrentamos", y luego no dan una respuesta real. Fue muy divertido adoptar esos patrones de discurso".

Cuando no sabe qué hacer, Cam usa una frase que garantiza el contento de las masas: "¡Apoyemos a nuestros soldados!", con la esperanza de que el aplauso posterior ahogue cualquier consecuencia inconveniente.

"Tampoco es tan brillante", asevera Galifianakis. "Y Will lo hace mejor que cualquiera. Había algunas escenas en las que me hacía reír tanto que acababa llorando. Por supuesto, ese es siempre el objetivo cuando trabajas en una escena: hacer que el resto de actores se vengan abajo de forma que parecen poco profesionales".

Pero incluso con ese historial tan poco sobresaliente, Cam podría haber aprovechado la indiferencia de los votantes para acceder a otra legislatura si no se hubiera vuelto tan descuidado. "Deja un mensaje obsceno en lo que cree que es el buzón de voz de su amante y resulta ser el hogar de una familia muy respetable con niños pequeños", revela Roach. "De pronto se convierte en una historia enorme. Sus puntos en las encuestas se desploman".

Sin embargo, no es la primera vez que han pillado a Cam con los pantalones bajados, y está seguro de que puede dejar atrás el incidente con una disculpa pública debidamente orquestada, una amplia sonrisa y algunas maniobras hábiles de su leal director de campaña, Mitch.

"No se puede enseñar a alguien a tener carisma, y Cam Brady es carismático de narices. Ha depositado su confianza en eso durante años", afirma Jason Sudeikis, quien encarna a Mitch, el director de campaña de Cam y además su amigo más cercano, el tío que le conoce mejor que nadie y está siempre ahí para borrar sus huellas y apagar los fuegos que enciende. "Mitch cubre toda la gama desde agente a hombre serio, voz de la razón, cohorte; depende de lo que se requiera de él. Más que nada, protege a Cam de sí mismo y de sus propios apetitos y falsas ilusiones y, al mismo tiempo, le aprecia de verdad y cree en él".

"En general, creo que si pusieras a Mitch en Washington DC o en una arena mayor, se lo comerían vivo, pero para el distrito 14 de Carolina del Norte, es el hombre apropiado", dice Chris Henchy. "Es de ayuda cuando no hay otro que le haga oposición a tu candidato".

La lealtad y la creatividad de Mitch son más evidentes cuando presionan a Cam para que rece en público el Padre Nuestro y tiene que confiar en las elaboradas pantomimas que realiza su director de campaña entre bastidores para ensamblar una palabra con otra, una actuación hilarante que Sudeikis improvisó en los ensayos. "Fue producto de mi instinto de improvisación entrando en acción", afirma. "Mientras Cam suda la gota gorda en el escenario, mira a Mitch en busca de apoyo y yo quería que él tuviera algo a lo que responder. A partir de ahí fue creciendo, con Jay ajustando los focos y los guionistas dándole más contexto. Nunca sabes si ese tipo de cosas llegarán a salir en la película, pero es una buena señal ver al director reírse".

Al mismo tiempo que se enfrenta con descaro a su último escándalo con su facilidad habitual, el experimentado político se prepara para pasar a su quinta legislatura en el cargo sin oponentes. Pero esta vez, para su sorpresa, surge un rival de la nada: el tour-operador local Marty Huggins: un bicho raro regordete, de voz suave, que lleva chaqueta de lana y riñonera y posee nula experiencia en política.

"Marty es un poco simplón", afirma Galifianakis. "Tiene una oficina de turismo en una ciudad que a lo mejor recibe cuatro visitantes al año, pero es feliz con su vida y está orgulloso de su ciudad. También es un poco raro, de una manera en la que es mejor no ahondar, pero percibes que tiene buen corazón".

El personaje de Marty comparte genes con otro paleto de fingida simpatía nacido de la rica imaginación de Galifianakis: Seth, un pastor amanerado que cecea y es entrenador de un instituto sureño, al que el cómico a veces representa como si fuera su hermano gemelo. Ferrell, un gran fan de esa actuación, afirma: "Esa pieza es tan divertida que queríamos trasladar de alguna manera esas características a la historia, incluso antes de que hubiéramos concretado los detalles".

Roach, quien dirigió a Galifianakis en 2010 en La cena de los idiotas, está de acuerdo en que "Marty está un poco descentrado. Quiere a su comunidad, a su perro carlino y a su mujer e hijos, probablemente en ese orden. Lo que le diferencia de inmediato de Cam, aparte de su falta total de talento, es que las cosas le importan de verdad. Por motivos que nada tienen que ver con su cualificación, de repente le eligen para presentarse al Congreso, y, como quiere cambiar las cosas, acepta. Pero a todas luces no tiene ni idea de lo que implica y, en vista de eso, empiezas a desear que lo entienda y aproveche al máximo esta gran e inesperada oportunidad".

Naturalmente, Cam no puede tomarse a este principiante en serio, y planea deshacerse de él rápido en su primer encuentro oficial, el tradicional Civility Brunch, pero nada resulta como él creía.

"Es lo que le abre los ojos a Marty y le hace ver lo que va a ser la campaña", insinúa Ferrell.


"¡Qué desastre!" - Marty Huggins, 2012


El Civility Brunch, en el que Cam le hace una emboscada a su oponente con un vídeo de los momentos más humillantes de su vida, debería haber marcado no solo el debut sino también el innoble final de la breve carrera política de Marty Huggins, si no hubiera sido por una cosa... Una fuerza poderosa y diabólica que nadie esperaba: Tim Wattley. Terminator, el director de campaña más malo, duro, mezquino y competitivo que jamás haya llevado a un candidato al éxito.

En opinión de Roach: "Wattley representa a esos tíos que emplean malas artes, que trabajan bajo la superficie y pasan de un Gobierno a otro trabajando para cualquiera que les necesite, de izquierdas o de derechas, y esté dispuesto a pagar por sus servicios. Básicamente son asesinos a sueldo, pero en vez de con personas acaban con el carácter".

Dylan McDermott, quien encarna a este maquiavélico y entregado personaje, lo abordó con una perspectiva más severa de lo que se había pensado originalmente. "Wattley entra en escena como si fuera un comando militar y evalúa la situación, ve qué hay que arreglar y lo arregla", destaca el actor. "No le asusta mancharse las manos, y eso es bueno porque trata con un tío que parece un gnomo. Lleva a Marty a que le pongan bótox, le depilen las cejas, le blanqueen los dientes, le hagan un corte de pelo favorecedor y le renueven su fondo de armario. Lleva a Marty al gimnasio, le enseña a caminar, a hablar y a saber qué decir. Hace una limpieza general de la casa y pone a toda la familia en alerta. Incluso reemplaza a sus perros".

Bajo la tutela de Wattley, Marty adopta su propio eslogan pegadizo; "¡Qué desastre!", dirigido a cualquier cosa que su oponente hubiera supuestamente gestionado mal; sin detallar, por supuesto, ninguna solución real.

El diseñador de vestuario Daniel Orlandi contribuyó a la asombrosa transformación de Marty, sustituyendo sus vaqueros plisados y sus sudaderas suaves y coloridas por una fresca equipación de batalla a prueba de urnas. "Necesitábamos un buen traje a medida, pero no demasiado bueno", advierte Orlandi. "No queríamos que pareciera inaccesible para las masas con las que se intenta identificar".

Las insignias en las solapas con la bandera de EE. UU. eran de rigor para ambos candidatos, por supuesto, y se vuelven más grandes a medida que la rivalidad aumenta. Los colores también era un factor importante, con el azul marino a la cabeza. Orlandi afirma: "Se dicen muchas cosas sobre el azul marino y las encuestas indican que la gente no confía en personas con trajes negros, así que el azul marino es el color apropiado. A veces cambian un poco y se ponen algo marrón grisáceo, pero a estos dos les crea tanta inseguridad que no les consideren patriotas que añaden una corbata roja o azul, para conseguir ese efecto de rojo, blanco y azul".

El diseñador reservó debidamente una paleta de color negro carbón para Wattley. "Estamos muy seguros de que Tim Wattley ha estado en las cúpulas de poder y ha visto y hecho cosas turbias", indica McKay con cierta ironía. "Mitch puede que haya entregado la mitad de su alma por Cam, pero Wattley la ha vendido y después la ha vuelto a hipotecar. Es muy frío".

"Wattley toma el control de la vida de Marty y este confía en él porque cree que, si hace lo que le ha enseñado, puede ganar las elecciones y hacer de su ciudad un lugar mejor", afirma Galifianakis.

Por lo menos eso es parte del plan. Pero de lo que Marty no se da cuenta es de que, a pesar de toda su dedicación, Wattley no alberga el más mínimo interés en él o en sus potenciales electores. McDermott reconoce que "Wattley es quizá el más loco de toda la película a su manera. Su trabajo es conseguir que alguien salga elegido, punto. No podría importarle menos su candidato o el del otro partido, o las comunidades a las que sirve o lo que representan ni nada de eso".

La motivación de Wattley es el dinero. A este respecto, tiene mucho en común con los dos hombres que le contratan subrepticiamente y ponen sus considerables servicios a disposición de este papanatas. Los hermanos multimillonarios Glenn y Wade Motch, interpretados con cierta malicia por John Lithgow y Dan Akroyd, llevan mucho tiempo en la campaña de Cam, brindándole su apoyo y tolerando sus tejemanejes, pero no les hace gracia ver cómo su hombre en el Congreso se convierte en el hazmerreír de los tabloides. Ahora, a punto de cerrar un trato crucial que reportará jugosos beneficios y que depende de romper algunas normas, no pueden permitirse arriesgarlo todo con un hombre que es demasiado difícil de controlar. Era hora de barajar sus opciones.

"La riqueza es su identidad y a lo único que son leales", señala McKay. "Aunque la cantidad de dinero que ganan es obscena, quieren llegar a ganar una cantidad pornográfica".

Cambiar de bando político no significa nada para los Motch. "Corrompen la igualdad de oportunidades", afirma Lithgow. "Si un partido no funciona acuden al otro, lo que supone otro de los puntos satíricos de la película: "Una maldición a ambas casas", una condena categórica a la manera en que el dinero influye en todo".

Según Aykroyd, el dúo saca a Marty Huggins del anonimato porque "piensan que pueden manipularle. Los Motch son personas que creen que pueden amañar unas elecciones basándose en su apoyo y sus trucos sucios. Seleccionan candidatos que quieren hacer cosas buenas pero que también son ambiciosos y vulnerables".

Desde el punto de vista de Marty, el apoyo de los Motch no solo es una oportunidad para hacer cosas buenas por la comunidad, sino, aún más importante, para alcanzar el único objetivo que siempre ha perseguido en vano: la aprobación de su padre.

Raymond Huggins, encarnado por Brian Cox, es un ex-asesor político taciturno y aficionado a la bebida de los viejos tiempos, cuando los hombres blandían cigarros y no blackberries. Siente el máximo respeto por los Motch, pero no puede entender lo que ven en Marty. Su hijo no ha sido más que una decepción para él desde la infancia.

Pero con Wattley y los Motch de su parte, Marty es un hombre nuevo. Galifianakis asegura: "Creo que cualquiera que tuviera ese tipo de maquinaria detrás se acabaría creyendo su propio despliegue publicitario y Marty lo hace hasta cierto punto. Aunque no sabe lo que hace, su ego, el poco que tiene, empieza a apoderarse de él".

Las esposas de Marty y Cam, Mitzi Huggins y Rose Brady, entran en acción tras sus maridos a medida que se establecen las líneas de combate y sobre ellas Shawn Harwell asegura: "Las mujeres de los políticos pueden tenerlo más difícil que los propios políticos, porque se espera de ellas que estén ahí de pie sonriendo, independientemente de lo absurdo que sea el comportamiento de la persona a la que quieren delante de millones de personas".

En el caso de Mitzi, también tiene que enfrentarse a un gran cambio en casa, ya que el cambio radical de Wattley llega hasta su hogar, su matrimonio y sus hijos; así como a su ropa, su maquillaje y su pelo, hasta que apenas se reconoce en el espejo. Ella es dulce, una mujer casera y sin pretensiones, "Siempre ha apoyado a Marty y siempre han sido felices en su mundo, pero de repente todo se trunca", comenta Sarah Baker, que encarna este papel. "Tim Wattley lo dirige todo y ella no está segura de que Marty lo necesite".

Por el contrario, Rose Brady, el personaje de Katherine LaNasa, interpreta a la perfección su papel de esposa de político; siempre va peinada y vestida de forma impecable, es ambiciosa y siempre está lista para posar ante la posibilidad de cualquier foto. "Todos conocemos a mujeres como Rose, gente que tiene claro lo que quiere y que no para hasta conseguirlo", afirma la actriz. "Si Cam no fuera político, si fuera vendedor de coches, ella querría que tuviera coches cada vez más grandes y luego querría que abriera su propio concesionario, para poder comprarse un anillo con un diamante más grande e ir ascendiendo en la escala social. Sea lo que sea, Rose no parará hasta conseguir lo que se proponga. Sinceramente, es una persona horrible, pero a mí me pareció terriblemente divertida".

McKay cuenta: "Rose desea fervientemente convertirse en la mujer del vicepresidente. Su relación con Cam se terminó hace mucho tiempo y sabe que él hace el tonto por ahí, pero su única preocupación es que mantenga sus indiscreciones lejos de las cámaras y que no se desvíe de su carrera hasta que ella consiga su objetivo". Y ahora mismo, sabe que el mayor obstáculo al que tiene que enfrentarse es Marty Huggins.

El próximo encuentro entre Marty y su archienemigo Cam Brady, será todo un combate. Ese viejo réprobo tendrá que utilizar todas sus armas y nuevas ideas si quiere hacerse con el Distrito 14 del Gran Estado de Carolina del Norte.

¡Que comience el juego!


Cam: "¿Qué tal tengo el pelo?"
Mitch: "Fuerte".


Cuando el ingenuo Marty se convierte en un político sin piedad, su hogar experimenta una transformación similar. El director de producción Michael Corenblith, junto a la diseñadora de decorados Susan Benjamin, se encargó del aspecto de la casa de los Huggins antes y después de la campaña, construyendo los interiores en un estudio de Algiers, Louisiana. "La primera vez que vemos a los Huggins felices en su casa, está decorada con dibujos y manualidades de Mitzi, su colección de búhos, y sus labores de ganchillo. Es un ambiente familiar cálido y algo extravagante", señala Corenblith. "Cuando Wattley llega para darle a Marty una imagen más propia de un candidato electoral, ese ambiente hogareño de familia con perro e hijos, se ve desplazado por símbolos patentes de masculinidad, como animales disecados, armas y cornamentas de ciervos en la pared".

Incluso le trae un par de perros nuevos, un labrador chocolate y un golden retriever, las dos razas más prestigiosas de Estados Unidos, y encierra en el ático a los queridos carlinos de Marty, que solo pueden ponerle carita de pena desde una ventana.

"Nos reímos mucho con esos carlinos", cuenta Galifianakis. "En la película se hacen algunos chistes sobre carlinos, pero para reírse, en realidad, lo único que hay que hacer es escucharles respirar, es muy divertido".

En el equipo Brady, no existe ningún cambio de imagen que Cam no haya probado ya, puede que el colmo de todos sea el Coche Cam, su vehículo personalizado. El coche, pura publicidad sobre ruedas, muestra a un conductor idéntico al candidato, cuyo rostro sustituye a la imagen cuando baja la ventanilla. McKay explica: "Es una idea promocional llevada al extremo, si un coche se para al lado, Cam está ahí, en persona, sonriéndole. Es la publicidad más elaborada que se ha visto jamás en un coche, increíblemente hortera y hecha exclusivamente pare él, Cam lo adora. Y Will también, todavía lo conduce".

El rodaje se llevó acabo en Nueva Orleans y sus alrededores. Allí se seleccionaron los lugares que iban a representar el pequeño pueblo ficticio de Hammond, Carolina del Norte, un lugar que Ferrell y Galifianakis se inventaron como homenaje a sus raíces de Carolina del Norte. Galifianakis nació en Wilkesboro y los padres de Ferrell son de Roanoke Rapids.

La ciudad de Gretna, Louisiana, situada en la orilla izquierda del río Mississippi, frente a Nueva Orleans, fue elegida para ser el centro de Hammond, donde Marty tiene su oficina. "Es una ciudad bonita con un juzgado fabuloso que usamos para el rodaje. El edificio Jefferson Arch también era una maravillosa obra de arquitectura y uno de sus laterales era idóneo para situar fachadas de tiendas", recuerda Corenblith. "Si imaginamos una caja de zapatos, había tres grandes lados y uno completamente vacío, así que decidimos ocultar el aparcamiento municipal con una fila de fachadas típicas de pueblecito americano: un parque de bomberos, una joyería, una tienda informática, un restaurante, un quiosco, y la oficina de Marty. Resulta que, sin darnos cuenta, casi hicimos una réplica de lo que se derribó entre 1950 y 1960."

Otras localizaciones que nos vinieron bien fueron el edificio de la lavandería, que Corenblith y su equipo transformaron en una fábrica de muñecas, supuestamente en China, el centro del imperio de producción de los hermanos Motch; y la iglesia baptista Magnolia Baptist Church, situada en una zona boscosa de Madisonville, Louisiana, que en la película fue la iglesia pentecostal. Aquí es donde Cam llega al punto álgido de su "guerra santa"
con Marty.

"Tratamos de desacreditarnos mutuamente frente a la religión", explica Ferrell. "A Mitch se le ocurre que Cam visite una iglesia renacentista de la vieja escuela en la que bailan con serpientes. Se supone que es una oportunidad para que le hagan una foto rápida, pero Cam quiere demostrar que va en serio, así que se pone a bailar y consigue mucho más de lo que había previsto".

Entre las numerosas serpientes falsas que hay en la escena, había algunas serpientes de cascabel reales enjauladas que vigilaban cuidadores profesionales y más de una docena de serpientes no venenosas que los actores podían coger. Durante el rodaje de la escena, Roach aprendió un dato curioso sobre las serpientes: "Las serpientes son repugnantes cuando hacen sus necesidades, y eso no lo había previsto. Nunca se me habría ocurrido que uno de los peligros iban a amenazar nuestro plató fuera a ser deshacernos de una caca de serpiente. Eso no estaba en el guión. Pero bueno, es el glamour de rodar una película con serpientes de verdad".

Roach y Corenblith acaban de trabajar juntos en Game Change. El director de producción comenta: "Estuvimos analizando muchos vídeos de campaña electoral y vimos más noticias de la MSNBC y de Fox News que nadie, para hacernos una idea de cómo representar, convenciones, campañas y ruedas de prensa. Las comedias, cuanto más realistas, mejor serán, por eso, los debates y otros eventos que vemos en En campaña todo vale tienen que ser convincentes".

Sin embargo, la única dirección posible para Cam era seguir subiendo y cada vez más. Los cineastas utilizaron el venerado State Palace Theater de Nueva Orleans por su escenario, que se construyó en 1926 en la famosa esquina de la calle Canal con Rampart. El teatro se inundó cuando el huracán Katrina y todavía no se ha reformado, pero conserva su majestuosidad, siendo el lugar ideal para el auto-enaltecimiento de Cam, con fuegos artificiales, músicos y bailarinas delante de una pantalla gigante, y un cable del que Cam desciende gloriosamente al escenario, la verdad es que Ferrell no necesitó un doble para hacerlo.

"Pasaban tantas cosas a tantos niveles...", recuerda Roach. "Teníamos que comprobar todo tres veces por seguridad, ya que teníamos cientos de extras".

La campaña va mostrando los temas de la película, como el exceso de presupuesto y posturas sin sentido que van creciendo a lo largo de la película. La película En campaña todo vale y sus cineastas se han propuesto burlarse con recochineo de ese tipo de espectáculo y de las estrategias que hay detrás.

"Cuando empezamos a apuntar las ideas, teníamos una lista con nuestros pensamientos y la verdad es que eran bastante descabellados", admite Ferrell. "Pero fue una primera etapa muy importante, algunas de las actitudes y ejemplos de la película pueden encajar muy bien con hasta dónde pueden llegar las cosas. Al principio decíamos: ‘Eso no ocurriría nunca’, ahora más bien pensamos ‘¿Quién sabe?’"

"Si vemos lo que está ocurriendo ahora en el ámbito político, vemos los anuncios, escuchamos la retórica, es increíble que podamos seguir el ritmo", dice Galifianakis.

Con estreno previsto en EE.UU coincidiendo con la recta final de la campaña electoral de 2012, En campaña todo vale pide el voto para la comedia. "Para cuando se estrene, imagino que las campañas de 2012 estarán muy avanzadas y serán de forma muy interesantes", predice Roach. "La gente estará de los nervios por saber qué va pasar o estarán tan cansados que buscarán algo que les haga reír".