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Esperpentos cartel reducidoEsperpentosDirigida por Jose Luis García Sánchez
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Notas del director
Aún hay tiempo.

No se sabe cuál va a ser el arte del siglo XXI, pero aún es tiempo de apurar algunas de las posibilidades que se nos quedaron a medio camino en el XX.

Por ejemplo, y para nosotros, los españoles, el cine. Una cinematografía que puede ostentar con orgullo los nuevos nombres de Amenábar, Trueba, Almodóvar o los más veteranos de Saura, Neville, Berlanga o Buñuel, no debe olvidar otros como los de Val del Omar, Jiménez Caballero o Dalí. Buenas son 'El verdugo' o 'El espíritu de la colmena'; pero esas obras no invalidan 'Vida en sombras' o 'El perro andaluz'.

Aún hay tiempo de buscar el espacio para películas que no deban ser obligadamente de 90 minutos, en el color que determinen las modas de las emulsiones y con el final retóricamente feliz que dispongan las últimas tendencias… Aún se puede trabajar al margen del mercado; mejor dicho: en complicidad con el mercado, pero desde otros supuestos. Unas películas que sean el I + D de la industria audiovisual. Nuevas soluciones narrativas, actores de refresco, propuestas estéticas no convencionales…

Aún hay tiempo para renovar cosas en el cine español, y estamos dispuestos a demostrarlo. O a tratar de demostrarlo.

En primer lugar, porque la cultura española está en permanente deuda con Valle-Inclán. La pintura, por su visión crítica, la poesía por encontrar caminos superiores y equidistantes entre Verlaine y Gabriel y Galán, el teatro por haber propiciado con sus campañas el fusilamiento del repertorio de los hermanos Quintero, la novela por haber elevado a Pérez Galdós del costumbrismo a la antropología, el periodismo porque fue el primero en advertir los desmanes del cuarto poder… ¿Y el cine? El cine español no le ha devuelto aún a don Ramón todo el amor que él le dio.

Actor de cine, guionista de cine, promotor de fantasmagorías, hay que rendirse a la evidencia: Valle-Inclán fue el primero de nuestros cineastas comprometidos. Bien es cierto que no llegó a dirigir ni siquiera un corto. Pero dejó en las tertulias de los cafés semillas de lo que un día será nuestro cine. Prueba de ello son las numerosísimas suscitaciones cinematográficas que hay en su literatura: propuestas cromáticas o lumínicas, visiones de escenografías, posiciones de cámara, planos…

Riquísimo material el de sus 'Sonatas', 'Tirano Banderas' o 'Flor de santidad' (copiada íntegramente por Fellini). O las 'Comedias bárbaras', 'Divinas palabras' o 'Luces de bohemia'. Pero es su rabiosa etapa culminante, su ruedo ibérico novelístico, sus pipas de kif poéticas, y los monumentales 'Esperpentos' lo que merece que volvamos una y otra vez la mirada en esa dirección. Poetas, pintores, músicos, profesores, ciudadanos en general debemos una reparación al viejo cascarrabias de la generación del 98. De 1998. O, quizá, de 2098.

¿Vigente el esperpento? Como vigente el Quijote. Vivo y en espera de que se hagan película tras película. Porque antes que un adjetivo definidor del mejor cine hispano, el Esperpento es un sustantivo.

Y queremos hacer una película de ese sustantivo, de esos textos, recogidos en los 'Martes de carnaval": "Las galas del difunto", "Los cuernos de Don Friolera" y "La hija del capitán".

No se trata de un proyecto convencional. Pero tampoco pretende la etiqueta de 'experimental'. Ni siquiera la de 'raro'. Quizá, sí, la de 'heterodoxo'.

Porque creemos que aún es tiempo de volver a andar el camino de 'Un perro andaluz', el camino de don Ramón del Valle-Inclán, es por lo que emprendemos esta aventura.

En segundo lugar porque, además de excelentes técnicos de todas las ramas y brillantes artistas de todas las especialidades, en España se da, aunque no en excesiva abundancia, un tipo de cómicos capaces de exteriorizar sus penas a gritos y sollozar de alegría. Actores latinos cuya clave rítmica no hay que buscarla en las partituras de piano, sino en los melismas del cante jondo. Actores y actrices a medio camino entre el naturalismo y la liturgia, como ejecutantes de la revista y el auto sacramental, que son dos tipos de piezas para representar en primavera: antes o después del Domingo de Pascua, pero con el mismo espíritu.

Sería una pena olvidar este método de trabajo inspirado lejanamente en el teatro napolitano, donde la caracterización es el pan nuestro de cada día y el doblar papeles, obligación profesional de los pobres. Quien recuerde a Pepe Isbert diciendo '¡Zambomba!' sabe cuánta es la grandeza de este estilo.

En tercer y último lugar trataremos de demostrar todo lo anterior desde una plataforma absolutamente moderna. No tendría sentido nada de lo antes dicho si no se tuviera el atrevimiento formal que requieren Valle-Inclán, nuestros sufridos cómicos de la supervivencia y nuestros artistas plásticos de la mística.

Estamos a tiempo.

José Luis García Sánchez
Director y guionista



Valle, el teatro cinematográfico
Ramón María del Valle-Inclán (Pontevedra, 1866 – Santiago de Compostela, 1936), dramaturgo, poeta y novelista español, inició sus trabajos influido por la corriente del Modernismo, para acabar más cercano al espíritu de la Generación del 98.

Como afirmó el propio Valle-Inclán en "Luces de Bohemia", "el sentido trágico de la vida española sólo puede ofrecerse con una estética sistemáticamente deformada". El legado más original del escritor gallego es el esperpento: un estilo literario caracterizado por la deformación sarcástica de los personajes, la exageración grotesca y por la concepción crítica y ácida de la sociedad.

Valle-Inclán tenía una manera de concebir su obra teatral tan novedosa como compleja. Por su técnica se le considera un precedente cinematográfico, con unas acotaciones (órdenes de cambios de escena, de acción…) imposibles de llevar a cabo durante una representación teatral.

En 1930 Valle-Inclán reunió bajo el título de "Martes de Carnaval" tres obras teatrales ya publicadas anteriormente: "Las Galas del Difunto" (1926), "Los cuernos de don Friolera" (1921), y "La hija del Capitán" (1927). La trilogía es alegórica. Tiene como trasfondo la naturaleza militar de la España de la época. Martes proviene de Marte, dios de la guerra. Para Valle-Inclán este dios de la guerra no es sino un esperpento más, un carnaval.