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Rompiendo las normas cartel reducido Rompiendo las normas(Misbehaviour)
Dirigida por Philippa Lowthorpe
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Estreno en plataformas digitales el 28 de agosto de 2020.

ROMPIENDO LAS NORMAS narra la sensacional historia real de cómo las activistas del incipiente Movimiento de Liberación de la Mujer irrumpieron en la celebración del concurso Miss Mundo en 1970, un suceso que fue noticia en todo el mundo. En mitad de uno de los eventos televisivos más populares del planeta, con 100 millones de espectadores, las activistas interrumpieron la retransmisión. Y, tras reanudarse el certamen, y en medio de un contexto de manifestaciones contra el apartheid, una mujer negra obtuvo por primera vez en la historia el título de Miss Mundo.


Miss Mundo, 1970
"ROMPIENDO LAS NORMAS es una película sobre el concurso de Miss Mundo de 1970 contada desde varias perspectivas diferentes" explica la directora Philippa Lowthorpe. "Sin embargo, hay dos puntos de vista principales: las jóvenes que planeaban plantar cara al mundo a través de su comportamiento transgresor, situando en el mapa su mensaje de liberación e igualdad; y las jóvenes que competían en el concurso de belleza, que aprovecharon la oportunidad que Miss Mundo les ofrecía y esperaban colocarse en el mapa de una manera diferente".

La productora Suzanne Mackie, de Left Bank Pictures, y la guionista Rebecca Frayn descubrieron esta historia en 2010 cuando escucharon el programa de radio de la BBC, The Reunion, que había reunido a varias personas clave que de algún modo vivieron lo ocurrido en 1970. Entre las participantes estaban Sally Alexander y Jo Robinson, del Movimiento de Liberación de la Mujer, y Jennifer Hosten, la ganadora de ese año, que concursaba como Miss Granada.

"En seguida me llamó la atención la rica diversidad de puntos de vista y la pasión que residía en todos ellos", recuerda Mackie. "Aquella historia me conmovió, fue un acontecimiento con un enorme impacto para muchísimas mujeres". Al instante supo que de ahí saldría una gran película.

"Paré todo lo que estaba haciendo -relata Rebecca Frayn, en alusión a su reacción al escuchar el programa- y me quedé paralizada. De inmediato supe cuál sería mi próximo proyecto".

El guion se desarrolló durante los seis años siguientes con la colaboración de Natascha Wharton, del British Film Institute. En 2016, Andy Harries, de Left Bank, envió el guion a Cameron McCracken, productor ejecutivo y director gerente de la compañía Pathé, que ya había participado en la producción, financiación y distribución de otros éxitos de tema sociopolítico como Pride (Orgullo), Selma y Sufragistas: "La razón por la que reaccioné al guion con tanto entusiasmo fue su imparcialidad: celebraba y a la vez cuestionaba a todas las mujeres, tanto a las activistas como a las concursantes, así como las diferentes formas en que todas ellas decidieron surcar un mundo dominado por los hombres. Eso me resultó novedoso: era divertido, accesible y provocativo". Con Pathé se sumaron al proyecto BBC Films y Ingenious Media, y se incorporó una nueva guionista, Gaby Chiappe. "Rebecca había hecho un trabajo titánico reuniendo todo el material y dándole forma cinematográfica", explica Chiappe. "Me unieron al proyecto para terminar de moldear y perfilar el trabajo. Como guionista, me llamó la atención el choque de ideologías y métodos de acción tan radicalmente diferentes, todo ello en una sola historia. Cuando ves las imágenes de archivo cuesta creer lo que estás viendo".

"Esta historia era como una maravillosa instantánea de lo que estaba sucediendo en el mundo en ese momento", comenta Mackie. "Eran tiempos de cambio, un escenario sociopolítico que fue testigo de la creciente fuerza del movimiento de los derechos civiles, el movimiento por los derechos de los homosexuales y el Movimiento de Liberación de la Mujer. El nuevo mundo choca contra el antiguo y lo sucedido en Londres captura ese choque para que lo vean millones de personas en todo el planeta".

Mientras investigaba los orígenes del Movimiento de Liberación de la Mujer, Rebecca Frayn advirtió que entre sus demandas se incluían: "Igualdad de remuneración por trabajos iguales, cuidado de los hijos a petición propia, métodos anticonceptivos a petición propia e igualdad de acceso a la educación, cosas realmente esenciales que las mujeres no tenían". Frayn prosigue: "Se nos olvida el escaso número de mujeres que había en puestos de poder. En una época en que solo el 2% de los miembros del Parlamento eran mujeres, en que a las mujeres casadas todavía se las llamaba por el nombre de su esposo, y necesitaban el permiso de este para pedir un crédito, el concurso de Miss Mundo contribuía a agravar esta lamentable idea de que el principal valor de una mujer residía en atraer a los hombres. Para empeorar las cosas, 1970 fue el año en que The Sun comenzó a presentar a sus "chicas de la página tres" en toples". Frayn recuerda el impacto que esto le causó en su momento cuando era niña. "Se estaba creando una cultura muy opresiva para las chicas jóvenes. Nuestros horizontes se veían muy reducidos". Entonces comenzó a apreciar lo que este grupo de jóvenes activistas logró para las generaciones posteriores. "Para mí era importante contar esta historia, honrar a estas mujeres, mirar hacia atrás y sentirme orgullosa de ellas", concluye.

Para la productora Sarah Jane Wheale fue "el impulso y la valentía que estas mujeres mostraron para cambiar las cosas" lo que la inspiraba mientras trabajaba en la película, así como "la gran repercusión que esta acción tuvo en las mujeres como individuos, y en la sociedad en general. Obviamente reconozco que el sexismo todavía está muy presente, pero el objetivo de la película al homenajear a estas mujeres en particular es inspirarnos a hacer todo lo posible para seguir avanzando".

"Sin previo aviso, las manifestantes del Movimiento hicieron que toda la audiencia planetaria cuestionara y se planteara la moralidad de este concurso", comenta Mackie. "Y en medio del alboroto y la confusión, una mujer negra gana por primera vez el certamen. Ahí es donde radica la genialidad de la historia: comprensiblemente nos sorprende cómo hace 50 años estas mujeres desfilaban para después ser evaluadas. Sin embargo, para las concursantes, muchas de las cuales provenían de entornos desfavorecidos, la competición suponía una increíble oportunidad para expandir sus horizontes y encontrar oportunidades de trabajo que de otro modo les habrían sido negadas. Y este mensaje de belleza en la diversidad es de lo más importante: basta con leer los tuits de Michelle Obama y Oprah celebrando la victoria de la mujer negra que ganó Miss Universo el año pasado".

"El guion es un mosaico de las experiencias de todas las mujeres que tuvieron algún papel en los sucesos de 1970", comenta Mackie. "Rebecca y Gaby han sabido tejer un dinámico relato que abarca no solo a las activistas y las concursantes, sino a personajes como el matrimonio Morley o el matrimonio Hope y, a través de todos ellos, han explorado cuestiones como la cosificación racial y femenina, o las tensiones entre la vida doméstica y la vida pública. La escena en la que la madre de Sally cuestiona el feminismo de su hija es para mí una de las más destacadas, al igual que las escenas en las que vemos cómo Dolores Hope y Julia Morley encaran dos matrimonios muy diferentes".


El reparto
"Contar un relato coral con puntos de vista contrapuestos siempre es un desafío -afirma Mackie-, especialmente cuando tratas de contar la historia de la manera más justa e imparcial posible, procurando ofrecer una perspectiva y un contexto de la época". Parte de este desafío fue la heterogeneidad que se requería en el reparto.

Para Mackie fue un placer colaborar con la prestigiosa directora de casting Nina Gold, ya que anteriormente habían trabajado juntas en la serie de Netflix The Crown. "Ha sido increíble poder contar con Keira Knightley, Gugu Mbatha-Raw, Jessie Buckley, Keeley Hawes, Lesley Manville, Rhys Ifans y Greg Kinnear para este proyecto -afirma-, un excelente reparto".

En su primer contacto con el personaje de Sally Alexander, una destacada activista del Movimiento de Liberación de la Mujer con un gran futuro académico, Keira Knightley quedó impresionada por las múltiples capas que presentaba la película. "Lo que realmente me gustó del guion -recuerda- es que estaba narrado desde tres puntos de vista diferentes: el punto de vista del Movimiento de Liberación de la Mujer, el punto de vista de Bob Hope, anfitrión de la gala de aquel año, y el punto de vista de las concursantes de Miss Mundo".

Keira Knightley reflexiona sobre los motivos de su personaje y de las otras manifestantes. "Desde su perspectiva como activistas -comenta- el problema era la cosificación sexual de los cuerpos de las mujeres: hacerlas desfilar por el escenario, presentar sus medidas corporales, ponerles nota del 1 al 10, o esperar a que la gente examinara sus traseros". Vemos que Sally finalmente decide tomar partido cuando observa la respuesta de su hija pequeña a los concursos de belleza que ve en la televisión. En palabras de Knightley: "El hecho de que todo esto fuera un entretenimiento familiar, que fuera lo que todas las niñas aspiraban ser (una aspiración basada en su aspecto físico y no en sus ideas o en sus acciones), era algo que las nuevas generaciones de mujeres veían como algo completamente indignante".

"Siempre quise trabajar con Keira", comenta la directora Philippa Lowthorpe. "Creo que es una excelente actriz y aporta mucha inteligencia al personaje. Me encantó usar con ella la técnica de cámara en mano, moviendo la cámara a su alrededor. No solo aporta una energía e intensidad fantásticas a su papel, sino que deja ver también la timidez del personaje de Sally. En la vida real Sally es una mujer sencilla y muy inteligente, y creo que Keira lo refleja a la perfección".

Jessie Buckley recuerda lo que le llamó la atención del proyecto cuando fue elegida para el papel de la activista radical Jo Robinson. "El título, ROMPIENDO LAS NORMAS [MISBEHAVIOUR], ya hacía pensar en un proyecto divertido que transmitía un mensaje importante".

"Jessie Buckley es una máquina", comenta Lowthorpe. "Está llena de entusiasmo, de alegría, de ingenio. Da vida al personaje de Jo de forma preciosa y la química entre Jessie y Keira fue excelente".

Gugu Mbatha-Raw fue la elegida para interpretar a Jennifer Hosten, Miss Granada, la ganadora del concurso de Miss Mundo en 1970. La actriz recuerda cómo se sintió al leer el guion: "¡Lancé los brazos al aire! Era muy pero que muy bueno. Estaba plagado de humor e ingenio". Y concluye: "Es fácil tachar de víctimas a las reinas de la belleza, pero, para muchas mujeres, el certamen de Miss Mundo era un trampolín y una oportunidad, más aún para las mujeres negras. Fue un punto de inflexión histórico fascinante, donde todo entró en colisión y se produjo un cambio real en la cultura, en el papel de las mujeres en la sociedad y en nuestra percepción de la belleza".

Keeley Hawes nos explica qué lugar ocupa en la película su personaje, Julia Morley. "Julia y Eric son los directores del concurso. Eric es una especie de Simon Cowell de los años setenta. Son dos gigantes de la industria del entretenimiento y Julia era la socia comercial de Eric, además de su esposa y su alma gemela".

Hawes quedó cautivada al leer el guion. "No me lo podía quitar de la cabeza -recuerda-, en parte porque es una historia real y no la conocía, de modo que resultó muy interesante y divertido. Philippa es sencillamente increíble. He disfrutado cada segundo trabajando con ella. Para colmo, interpreto a una mujer que, tras abandonar Miss Mundo, se dedicó a recaudar enormes sumas de dinero para obras benéficas".

Rhys Ifans se unió al reparto para dar vida a Eric Morley, propietario de Mecca, la empresa que convirtió el concurso Miss Mundo en un éxito mundial. A Ifans también le sorprendió la calidad del guion, según comenta: "Es un guion magnífico; un guion que aprovecha al máximo los recursos y deja espacio para meterte de lleno en el personaje".

Otra tarea crucial fue dar con el actor adecuado para interpretar a Bob Hope, una superestrella de la época. La película muestra tanto al hombre que era en su vida privada como a la estrella que conocía el gran público: "El personaje de Bob Hope fue todo un reto ya que es una figura muy conocida", afirma Mackie. "Greg Kinnear ha hecho un gran trabajo recreando a este icono con tanta profundidad y complejidad. Sí, era sexista y mujeriego, pero también te haces una idea de la profunda relación que tenía con su esposa". Kinnear, por su parte, añade: "Ya había interpretado antes a personajes reales, es un difícil equilibrio entre tratar de imitar a la persona o simplemente dejarte llevar. Mi trabajo es hacer que el espectador se sumerja en la película y en la historia y no se deje distraer demasiado por los detalles".


Las mujeres reales
El equipo tuvo la enorme fortuna de poder reunirse con todas las mujeres clave que vivieron los hechos reales hace cincuenta años.

SALLY ALEXANDER (Keira Knightley)
"Sally es una de las personas más inspiradoras que he conocido", comenta Philippa Lowthorpe. "Tiene una inteligencia extraordinaria y una tremenda capacidad de expresión. Una de las cosas maravillosas de esta producción ha sido poder sentarme en la mesa de la cocina de Sally y escucharla hablar sobre aquellos tiempos".

También Keira Knightley agradeció conocer a la Sally real: "Creo que el humor siempre ayuda a abordar los temas políticos más serios, pero es que es imposible hacer una película sobre el asalto al escenario del certamen de Miss Mundo sin que sea divertido. Cuando hablas de ello con Sally, deja ver en todo momento una especie de sonrisa irónica. Tenían bombas de harina y pistolas de agua, y eso ya de por sí es divertido".

JO ROBINSON (Jessie Buckley)
"Jo es una chica del norte, rebelde y de izquierdas", comenta Jessie Buckley en alusión a su personaje. "Su obsesión es luchar para conseguir justicia e igualdad para las mujeres y acabar con su confinamiento en la vida doméstica en el que veía atrapadas a su madre y a otras muchas mujeres de los sesenta. Quería un mundo nuevo para las mujeres, ¡y causó estragos junto a sus amigas!".

En palabras de Phillipa Lowthorpe: "¡Jo es increíble! Aún hoy puedes ver en ella a la Jo de hace cuatro décadas. Su estilo, su pelo púrpura, su deslumbrante atuendo, sus flamantes Doc Martens. Me parece una persona increíble, y además racional y seria".

"Es una provocadora, tiene un aire descarado". continúa Buckley. "Y es una persona emocional, tiene sentido del humor, inteligencia y espíritu de rebelión, y lo más interesante es que aún conserva todo eso. Sigue ampliando sus límites y expectativas, lo cual es divertido. Me siento muy afortunada de interpretar a alguien como ella. Este tipo de mujeres te hacen aprender; llevan enseñándonos cosas desde los años setenta". Buckley añade: "Es un honor poder contar su historia".

Buckley señala: "Lo más interesante que aprendí al conocer a Jo es que su feminismo se centra en la maternidad. Se trataba de lograr justicia para sus madres, a las que habían visto atrapadas en su vida doméstica sin permiso para soñar". Jo provenía de un entorno muy tradicional, fue a una escuela de artes y luego fundó una comuna en la que vivía con otras mujeres de ideas afines, como una familia. Buckley concluye: "Su tarea fue derribar aquellos muros e imaginar nuevas formas de vivir".

JENNIFER HOSTEN (Gugu Mbatha-Raw)
Por lo que respecta a las concursantes, el personaje central sería Jennifer Hosten. Según Philippa Lowthorpe: "Jennifer es una persona muy interesante, muy exitosa y muy fuerte; otra mujer inspiradora. Lo que ha conseguido es algo increíble: marcó el camino a seguir para las mujeres negras y acabó convirtiéndose en embajadora de Granada en Canadá".

A Lowthorpe le encantó trabajar con Gugu Mbatha-Raw: "Es una actriz maravillosa que aporta una gran sensibilidad al personaje de Jennifer. Investigó mucho, conoció a Jennifer, fue a Granada, lo aprendió todo sobre ella; absorbió todo lo que tenía que ver con Jennifer. Aporta mucha profundidad con su actuación y recrea muy bien los nervios de acero de Jennifer".

Gugu Mbatha-Raw recuerda el viaje que hizo con Jennifer para preparar su papel: "Pasamos unos cuatro días en Granada, y fue increíble. Fue una experiencia realmente evocadora, ya que pude ver todo a través de sus ojos, ver dónde creció, escuchar historias de su infancia y sus experiencias allí. Fue una forma sin duda insuperable y muy inspiradora de conocerla". Y concluye: "Ella se acordaba de todo con total claridad; fue muy interesante poder contar con sus recuerdos y además con las imágenes de archivo, y uniendo ambas cosas poder captar su esencia, de antes y de ahora".

ERIC MORLEY (Rhys Ifans)
Eric Morley, interpretado por Rhys Ifans, dirige el concurso de Miss Mundo junto a su esposa Julia. "Eric fue el creador de este gigantesco imperio, que nació a partir de un evento junto a la piscina de una colonia de verano para acabar convirtiéndose en un espectáculo televisivo de proyección mundial", comenta Ifans. "Para Eric, que estaba en el ejército, y para toda una generación que había conocido el sufrimiento que supone un mundo en guerra, Miss Mundo representaba la fantasía de un mundo perfecto en el que se celebra la belleza", añade.

"Abordé el personaje de Eric con gran afecto", afirma Ifans, "Fue un placer interpretarlo... no puedes enfrentarte a un papel de este tipo con juicios morales o con indignación. Es algo que se aprecia a lo largo del guion, especialmente a través de la relación con su esposa, que era una relación bastante moderna. Julia Morley era quien movía los hilos, y él mostraba una gran estima y respeto hacia ella. Eran un equipo. En la historia vemos áreas maravillosamente difuminadas, y es en ellas donde reside su humanidad".

JULIA MORLEY (Keeley Hawes)
Julia tiene una imponente presencia y sin duda Keeley Hawes supo hacerla vibrar. "Eric es una especie de Simon Cowell y Julia es su socia comercial, además de su esposa y, en gran medida, su alma gemela. Interpreto a una mujer que, tras la muerte de Eric hace 20 años, tomó las riendas de Miss Mundo y reunió enormes cantidades de dinero para obras benéficas. Ella fue quien reconoció que la organización tenía que cambiar e identificarse con la caridad, y no con la vanidad".


El movimiento de liberación de la mujer
En la película asistimos al nacimiento del Movimiento de Liberación de la Mujer en el Ruskin College, la institución a la que acude Sally Alexander para obtener los requisitos necesarios para ir a la universidad. Para Rebecca Frayn, "una de las preguntas esenciales que había que abordar era cómo un grupo de personas corrientes podía lograr un cambio social". Frayn describe los diferentes enfoques de los personajes clave: "Sally anhela un cambio en el statu quo. Ella ve el limitado espacio doméstico en el que está "encerrada" su madre y se indigna. Pero su instinto es luchar por el cambio desde dentro, a través de su vida académica". La historia comienza cuando Sally conoce a Jo Robinson, a quien Frayn describe como "un personaje más anárquico e instintivo, que actúa principalmente desde el corazón y las entrañas. Jo incita a Sally a seguir una estrategia más basada en la acción, que la hace salir de su zona de confort hasta terminar siendo arrestada. En cierto sentido, Sally y Jo representan la vieja tensión entre las dos estrategias contrapuestas de lucha por el cambio: el compromiso pacífico frente a la acción directa".

Philippa Lowthorpe añade que sería bastante desacertado suponer que el Movimiento de Liberación de la Mujer estaba perfectamente organizado. "Se trataba de un punto de encuentro de mujeres de distinta procedencia, a las que unían preguntas como qué hacer para cambiar las cosas, para conseguir un trabajo, o para ser tomadas en serio dentro de la sociedad. Ese era nuestro objetivo con esta película: mostrar el nacimiento de estas ideas".

Gaby Chiappe exclama: "Creo que aquellas manifestantes fueron extraordinariamente valientes. No solo por sus protestas, ni que decir tiene, sino también por la forma en que intentaban conducir sus vidas". Y concluye: "Plantear esas preguntas sobre ti misma y tu propio mundo puede complicarte la vida".

"Al optar por la acción directa, Sally y sus compañeras manifestantes contribuyeron al inicio de la segunda ola de feminismo en el Reino Unido", afirma Frayn. "Aquellas 50 mujeres, más o menos, que invadieron el Royal Albert Hall fueron absolutamente decisivas para poner en el mapa el Movimiento de Liberación de la Mujer".

"Es una época fascinante -comenta Keira Knightley- en que la gente trataba realmente de cambiar el mundo. Se trataba de cambiar la percepción de las personas".

Las manifestantes hicieron una visita al rodaje de la película, y a la productora Sarah Jane Wheale le pareció algo genial: "Se involucraron completamente en la producción. Fue sorprendente ver a nuestro reparto interactuando con sus homólogas de la vida real, dando lugar a una experiencia agradable y gratificante para todos; fue de lo más destacado del rodaje". Rhys Ifans también conoció a las manifestantes reales. "Eran como una banda de rock que sigue dando conciertos", bromea. "Su acción de protesta fue eficiente, inteligente y creativa, en mi opinión".

Suzanne Mackie coincide: "Conocer a las manifestantes en la vida real ha sido uno de los aspectos más enriquecedores de esta producción. Son únicas, y aún siguen siendo firmes feministas, llenas de espíritu, pasión y humor. Algo que aprendimos muy rápidamente estando con ellas fue que mientras perseguían los objetivos más importantes del movimiento feminista entablaron también amistades de por vida, a pesar de sus distintas procedencias. En esta película hemos querido reflejar su optimismo, su coraje, su resistencia y su humor, así como dar a conocer sus logros. Los recuerdos que compartieron con nosotros han enriquecido enormemente nuestra película".

Y en el otro lado de la historia están las concursantes reales. El único momento de la película en que interactúa alguno de esos personajes es la escena crucial en la que Sally se encuentra casualmente con Jennifer fuera del escenario.


Las concursantes reales
Rebecca Frayn analiza la yuxtaposición de estos dos personajes: "Jennifer y Sally representan puntos de vista muy diferentes", explica. "Jennifer trabaja instintivamente dentro del sistema vigente para mejorar su vida, mientras que Sally trabaja instintivamente para desmantelar ese mismo statu quo para mejorar la suya". Philippa Lowthorpe señala: "Lo que sucede con Miss Mundo es que a algunas mujeres, el concurso, les brindaba una oportunidad increíble de escapar de sus rutinarias vidas, de hacer algo diferente, atrevido y fuera de lo común". Y añade: "La lástima es que tuvieran que usar sus cuerpos y su apariencia para lograr esa oportunidad".

Suzanne Mackie coincide: "Queríamos mostrar las pocas oportunidades que tenían muchas mujeres en ese momento, al carecer de dinero, contactos o título universitario. Para ellas era muy difícil viajar, ser independientes". Lowthorpe concluye: "Era muy importante que la película no juzgara o criticara a estas mujeres. Teníamos absolutamente claro que todas las mujeres debían ser tratadas con el mismo respeto. En efecto, las activistas dejaron en claro en su momento que se declaraban enemigas del concurso, pero no de las concursantes individuales".

"Con tanto glamour se nos olvida que muchas de estas chicas provenían de países muy desfavorecidos", recuerda Mbatha-Raw. "El hecho de que las viéramos a todas maquilladas, con amplias sonrisas y pavoneándose en trajes de baño no significa que no trataran de escapar de regímenes políticos horribles o situaciones políticas complejas en sus propios países".

A este respecto, Philippa Lowthorpe destaca el personaje de Miss África del Sur, Pearl Janssen, interpretada por Loreece Harrison. En la vida real, Pearl no tuvo más oportunidades después de su breve viaje a Londres en 1970. "Cuando regresó a su hogar, volvió a vivir bajo el régimen del apartheid", explica Lowthorpe. "Pearl no tenía libertad. Es muy interesante cómo la película muestra esa otra cara de la política mundial y del feminismo, y lo que ello significaba para una joven negra".

Localizar a Pearl en Sudáfrica no fue tarea fácil, según afirma Suzanne Mackie: "Fue maravilloso llevar a Pearl a Londres por primera vez desde los acontecimientos de 1970, para que viera la película y conociera a Loreece, y para reencontrarse con muchas de las personas reales que estuvieron presentes en el certamen de Miss Mundo aquel año".

Para Gugu Mbatha-Raw, la parte de la película que aborda el apartheid y lo que suponía participar en Miss Mundo para alguien como Pearl tenía un significado personal. "Mi padre es de Sudáfrica, creció bajo el régimen de apartheid y fue miembro del ANC. Todo esto lo siento muy cercano", comenta. "Lo absurdo es que en 1970 nunca había habido una mujer negra que representara a Sudáfrica. Lo de Miss África del Sur fue una ocurrencia a posteriori debido a la presión del movimiento anti-apartheid". Y concluye: "Para mí, este tipo de matices potenciaban sin duda el guion; de ser una película de empoderamiento femenino pasaba a ser algo que además incluía bajo la superficie todas estas otras cuestiones políticas".


Philippa Lowthorpe (directora)
Pese al carácter coral del reparto, para el equipo era importante que todas las mujeres fueran presentadas de forma individual.

"Philippa ha sabido extraer matices y detalles que te ponen en la piel de ambos grupos de mujeres", afirma Gugu Mbatha-Raw. "Dado el clima político actual, lo fácil habría sido hacer que las activistas parecieran heroínas y las reinas de la belleza parecieran barbies. Pero ella ha hecho un gran trabajo al mostrar algo mucho más complejo".

"Incluso en el mundo aparentemente superficial de las misses, para Philippa era importante que las viéramos como personas reales, con sus propios problemas y conflictos", comenta la diseñadora de maquillaje y peluquería Jill Sweeney. Y añade: "Fue divertido verlas sin sus extensiones, sus pestañas postizas y su maquillaje; verlas detrás de sus máscaras las hace más reales y más cercanas al espectador".

"A Philippa le interesaba contar esta historia de la manera más honesta posible -comenta Greg Kinnear-, aunque eso no fue óbice para que hubiera algunas escenas muy divertidas. Me encanta el tono que emplea".

"Philippa tiene un ojo clínico para los detalles -agrega Rhys Ifans- aunque, por otro lado, dejó bastante espacio para la improvisación. Desde el principio me he sentido totalmente libre para crear y desarrollar el personaje de Eric, dejando que evolucionara".

"Philippa es sencillamente increíble", exclama Keeley Hawes. "Cuando la gente habla sobre cómo es trabajar con ella, sus rostros se iluminan".

Keira Knightley añade una última reflexión: "Amo a Philippa, la amo con locura. Tiene una increíble presencia y un asombroso sentido de la calma y el respeto, lo cual se agradece mucho en una directora".


El aspecto visual de Rompiendo las normas
"Representar los hechos ocurridos en la gala de Miss Mundo de 1970 -señala Sarah Jane Wheale- suponía un gran desafío. Nuestro equipo creativo realizó un trabajo increíble. Como lidiábamos con acontecimientos muy bien documentados, disponíamos de un amplísimo material fuente, y cada diseñador aportó su visión de lo que funcionaría mejor para los actores y para los escenarios".

En palabras de la diseñadora de peluquería y maquillaje Jill Sweeney, "la fase de investigación fue enormemente entretenida ya que había muchísimas imágenes de archivo y entrevistas disponibles". Y prosigue: "Traté de ser lo más fiel posible a los personajes originales. Fue interesante hablar con Sally y Jo sobre sus experiencias de aquella época. Esta película era como el sueño de un diseñador de maquillaje hecho realidad. Por un lado, el inigualable glamour de los años setenta, con todos sus peinados y sus pestañas, y por otro lado el inconformismo transgresor de las activistas".

La diseñadora de vestuario Charlotte Walter relata que la película le trajo recuerdos de los concursos de Miss Mundo que veía de pequeña: "No caí en la cuenta de lo denigrantes que eran para las mujeres. Simplemente gozaba con el glamour de los vestidos y de los trajes regionales, sin pensar que 50 años después tendría la suerte de recrearlos". Y añade: "Me alegró tener que diseñar piezas de vestuario de 1970 por la amplísima variedad de estilos de moda que había. Eso te permite crear una gran variedad de personajes diferentes".

El vestuario que diseñó Walter ofrecía un fascinante retrato de la época, como señala Gugu Mbatha-Raw: "El apartado de vestuario ha sido realmente interesante; pudimos ver los trajes de baño, la ropa que solía llevarse en aquel momento, y cómo han cambiado los patrones. El bañador de Jennifer era bastante atrevido ya que tenía aberturas en los costados (¡y no es que la favorecieran mucho!). Y fue muy divertido poder ver y lucir los increíbles conjuntos del desfile de trajes regionales".

"A las chicas les encantó vestir aquellos trajes", dice Walter. "A mí me gustó especialmente el de Miss Estados Unidos, ¡y a ella también!" Lo que no resultó tan fácil fue explorar los diseños de los bañadores, recuerda Walter: "Fue todo un reto tener que encontrar tantos bañadores de los setenta. Tuvimos que pedir por encargo un montón de ellos, pedimos que nos hicieran el que llevó Miss Mundo, ¡y yo encontré el de Miss Suecia en el armario de mi madre!"

En palabras de Mbatha-Raw, "la vestimenta da información sobre tus cambios, sobre si te sientes libre u oprimida". A ella le encantó el estilo de su personaje. "Tenía un aspecto increíblemente glamouroso -señala-, sobre todo el pelo, las uñas, las joyas, las pestañas. ¡Era como ir disfrazada!". Aparte del aspecto, había que prestar atención también a cómo debía actuar una concursante del certamen. "Nos dio clases de etiqueta y pasarela una mujer que había sido directora de la Academia de Modelos Lucy Clayton, conocedora de las lecciones que se impartían en la época sobre cómo desfilar", relata. "Se trataba de hacer que parecieras más abierta y refinada".

Walter prosigue: "El vestuario de las concursantes es de última tendencia, con colores más brillantes y tejidos en su mayoría artificiales; ¡secar y listo, sin planchar!" Por el contrario, señala, a las manifestantes no se les ocurriría llevar esos atuendos. "Ellas buscaban modelos de segunda mano de los años treinta o cuarenta, y los combinaban con pantalones, vaqueros, camisetas o abrigos de borrego del mercadillo de Kensington", explica Walter. "Incluso en esa época eran más partidarias de los tejidos naturales, quizá no por ser mejores desde un punto de vista ecológico, sino porque no es fácil que tu cuerpo transpire dentro de un vestido de nailon. Con un presupuesto un poco más holgado podían ir a alguna tienda cercana a Biba y comprarse unas botas". Jill Sweeney señala: "Queríamos que se notara el contraste que representaban las activistas en contraposición a las concursantes, con sus cortes de pelo improvisados y su caótico estilo. ¡Perfectas en toda su imperfección!" Y añade: "La clave era la verosimilitud: los labios resecos, el pelo alocado o las pequeñas imperfecciones. Esos detalles les daban un aspecto más realista, sin llamar la atención del espectador".

Charlotte Walter rememora, por último, lo mucho que se divirtió trabajando en el proyecto: "Lo que más me alegró de vestir a tantas chicas de hoy con diseños de los setenta fue que a todas les encantó su estilo, y dijeron que no supondria ningún problema para ellas salir a la calle con esos modelos".

Greg Kinnear agradeció el detallismo que los diseñadores aportaron a la producción, incluyendo los decorados. "Era surrealista estar ahí -señala-, daba la sensación de estar viviendo aquella época. Es como estar dentro de una instantánea, como si hubieras viajado al pasado". También tiene elogios para el trabajo de maquillaje y peluquería de Sweeney. "Ha hecho un trabajo magnífico, lleno de detalles en los peinados femeninos, pero también en los masculinos. ¡Sin duda el corte mullet te transporta a aquellos años!".


50 años después
"Comenzamos a trabajar en la película en 2011, pero nos costó encontrar financiación. Luego el guion fue adquirido por Pathé, que tenía una trayectoria importante en películas inspiradas en la historia social reciente del Reino Unido. Y justo unos meses más tarde tuvo lugar la eclosión del movimiento #MeToo y las marchas feministas. De la noche a la mañana la película había encontrado su timing perfecto", relata Rebecca Frayn.

"Esta historia -añade Sarah Jane Wheale- es tan relevante ahora como lo fue en 1970".

Keira Knightley coincide en que todavía quedan cosas por hacer. "La cosificación sexual de la mujer aún sigue existiendo-señala-, y, en muchas ocasiones, seguimos valorando a las mujeres por su aspecto. La industria de la moda es la única en el mundo en la que las mujeres cobran más que los hombres. Creo que es una cuestión que debe tratarse".

Suzanne Mackie opina igual: "Me encanta que la película refleje con tanta exactitud la extraordinaria mentalidad colectiva de los tiempos actuales".

Greg Kinnear puntualiza: "Para mí era absolutamente oportuno contar esta historia. Nos permite volver la mirada a ese momento de la historia, adentrarnos en él, y reflexionar sobre todo ello".

Y Rebecca Frayn concluye: "Creo que es realmente importante mirar a la década de los setenta y celebrar la segunda ola del feminismo y lo que aquellas mujeres hicieron por nosotras, dando visibilidad a conceptos clave como el sexismo y acercándonos a muchos objetivos en materia de anticoncepción, igualdad salarial, cuidados infantiles e igualdad de oportunidades".


Reparto y equipos femeninos
Junto a las actrices que dan vida a los personajes principales, la producción contaba con un equipo creativo femenino igual de potente. Suzanne Mackie comenta: "Ha sido emocionante trabajar con un equipo femenino de tanto talento y con tantas protagonistas femeninas. Nos propusimos que hubiera mujeres en el mayor número de puestos clave posible y, en términos generales, ese fue el resultado, ya que la mayoría de departamentos tuvieron una mujer al frente". Y concluye: "El ambiente de rodaje fue maravilloso, todas dieron lo mejor de sí".

"Para mí fue muy importante tener un equipo mixto y contar con el mayor número posible de mujeres trabajando en el proyecto", añade Philippa Lowthorpe. "Fue un auténtico placer. Todavía son muy pocas las mujeres que pueden hacer películas o expresar sus voces, por lo que ha sido un verdadero privilegio poder hacer esta película. En la industria del cine aún siguen existiendo muchos prejuicios hacia las directoras. La situación, poco a poco, va mejorando, pero las estadísticas muestran que el número de directoras, a día de hoy, sigue siendo alarmantemente bajo".

Gaby Chiappe señala: "Hasta ahora he trabajado en dos largometrajes y ambos estaban dirigidos por mujeres y contaban con un gran número de mujeres tras las cámaras. O sea que a mí no se me hizo raro. Sin embargo, soy consciente de que a nivel global en esta industria eso supone una anomalía. Lo que yo extraigo de ahí es que he tenido suerte y que la industria tiene que cambiar".

"Creo que fue la mirada femenina de la película lo que realmente me hizo conectar", concluye Gugu Mbatha-Raw. "Se podrían hacer muchas películas sobre Miss Mundo u otros concursos de belleza que simplemente caerían en el juego del punto de vista machista tradicional, y creo que el hecho de contar con una guionista, una directora y varias productoras ha sido lo que ha dotado a la película de una mirada femenina tan profunda".


El público de Rompiendo las normas
"Mi deseo es que el espectador salga de la sala lleno de inspiración", afirma Philippa Lowthorpe. "La película no es solo una celebración de las activistas del feminismo, sino también una celebración de una sororidad común y de la idea de que trabajar juntas nos hace más fuertes que pelear entre nosotras". La película explora igualmente el concepto de la belleza femenina, su significado. ¿Es algo que le pertenece a la mujer? ¿Puede pertenecerle a otra persona? ¿Somos objetos o sujetos de nuestras propias vidas? Y puntualiza: "Tampoco hace falta ser mujer para sentirte inspirado con esta película. Habla de la humanidad y de una sociedad más respetuosa y tolerante que engloba a las mujeres y todo su talento. Y un hombre puede disfrutar con eso tanto como una mujer".

"Estoy más que encantada de hacer llegar esta película al público de hoy, ya que trata de un capítulo de la historia feminista en gran parte olvidado", comenta Rebecca Frayn. "Creo que las chicas jóvenes de hoy necesitan entender su historia. Y espero que la película inspire a hombres y mujeres mostrándoles cómo es posible influir en el cambio social".

Gugu Mbatha-Raw añade: "Espero que el espectador sea capaz de meterse en la piel de todos los personajes y ver todas las perspectivas del debate. Se trata de una comedia dramática de época muy particular que, con suerte, ayudará al público a darse cuenta de lo lejos que hemos llegado culturalmente en lo que se refiere al papel de la mujer en la sociedad y al poder que esta tiene. Espero que inspire a la gente para actuar en sus propias vidas y denunciar la desigualdad cuando la vean".

Greg Kinnear añade: "Los diferentes relatos, el racismo, el sexismo, lo que se consideraba propio o impropio de una mujer de la época, todo eso aparece en la película. Y creo que su sentido del humor contribuirá en gran medida a que el espectador extraiga y aprenda mucho de ella".

"Me gustaría que el público saliera de la sala con la sensación de que pueden elegir su propio destino -comenta Jessie Buckley-, que nadie tiene derecho a ponerles límites ni barreras. Quiero que se pregunten qué significa para ellos la sororidad, la maternidad, la condición humana, el respeto, y cómo podemos promover todo ello en nuestro mundo actual".

"En cierto sentido hemos avanzado bastante -añade Gaby Chiappe- gracias a mujeres como las que participaron en aquellas protestas, y a otras que aún continúan alzando su voz contra las injusticias cuando el resto del mundo les dice que son demasiado radicales o que causan demasiado ruido o alboroto. Sin embargo, muchas cosas no han cambiado y otras han empeorado. Siempre es peligroso dar una lucha por terminada. Los derechos se revierten, las libertades se pierden. Me gustaría tener un público observador que salga de la sala más alentado y comprometido con la configuración de su propio mundo que cuando entró".

En palabras de Sarah Jane Wheale, "si tienes la oportunidad de promover un cambio, debes hacerlo. Nunca te arrepentirás de haberlo intentado".

"Ya simpatices con un personaje u otro -agrega Keira Knightley- creo que la película te hará replantearte tus puntos de vista. Y eso es realmente interesante".

"Espero que la película provoque debate", coincide Suzanne Mackie. "Y espero que el público se sienta conmovido e inspirado con esta increíble historia real".