CÓMO SURGE TIEMPO DE VICTORIA
Este thriller basado en hechos reales y ambientado en la Segunda Guerra Mundial surge como adaptación cinematográfica de la obra de teatro Pressure. En 2012, el actor y dramaturgo David Haig se propuso rendir homenaje a un desconocido hombre escocés con una obra que se representaría en el Lyceum Theatre de Edimburgo. Aquel héroe en la sombra se llamaba James Stagg, un meteorólogo excelente, aunque poco conocido para el público en general, que se encargó de elaborar un pronóstico crucial: el informe meteorológico que decidiría el destino de la mayor invasión marítima de la historia, el Día D.
Con millones de vidas en juego y el rumbo de la guerra en sus manos, Stagg se enfrentó al general Eisenhower y a la cúpula de los Aliados en los días anteriores al ataque y se convirtió en el referente clave a la hora de tomar la trascendental decisión sobre el desembarco. Stagg había contado cómo fueron esos días, pero la historia nunca se había investigado a fondo ni se había representado en ningún formato, con lo que Haig encontró un rinconcito fascinante de la historia que quedaba por explorar.
Tras realizar una concienzuda labor de documentación y pasar mucho tiempo con la familia de Stagg, Haig escribió Pressure. La obra, protagonizada por el propio dramaturgo en más de 300 ocasiones, se representó en Edimburgo y Londres y fue un éxito de crítica y público. En la reseña publicada en el periódico The Guardian, Michael Billington felicitaba a Haig por "haber logrado tejer un relato apasionante que combina conflicto bélico y meteorología" y añadía que la obra "transcendía el contexto" para mantenerse relevante en el panorama actual.
Dos de los espectadores que disfrutaron de la obra pasarían a desempeñar un papel clave para el filme: Joe Naftalin, vicepresidente sénior de producción internacional y jefe de producción cinematográfica para el Reino Unido de STUDIOCANAL, y Lucas Webb, productor de Working Title. Ambos quedaron fascinados por la historia y por el planteamiento que había utilizado Haig para presentarla.
"Me pareció que la obra de teatro tenía mucho potencial cinematográfico", explica Webb. "Siempre me atraen los personajes potentes y en este caso estamos ante una historia muy humana protagonizada por un tipo extraordinario. Stagg tiene las de perder pero le echa coraje para hacer valer su opinión en contra de lo que opina el cuadro de mando militar".
"Todo el mundo sabe lo que pasó el Día D", comenta Naftalin. "Pero nadie parecía estar al tanto de los increíbles hechos que se sucedieron en los días antes de la invasión, sobre todo en lo relacionado con una decisión de ultimísima hora que cambiaría el curso de la historia".
Naftalin se reunió con Ron Halpern, vicepresidente ejecutivo de STUDIOCANAL, para plantearle la idea de llevar la obra a la gran pantalla. Halpern conectó enseguida con el material porque, curiosamente, había escrito su trabajo de fin de carrera sobre el estilo de liderazgo de Eisenhower, primero como general del ejército y después como presidente. Por otra parte, había formado parte del equipo de CBS News que cubrió la conmemoración del 50 aniversario del Día D en Normandía, por lo que le interesó mucho explorar esta nueva faceta de un momento tan crucial de la historia reciente. "Vi de inmediato que se trataba de una historia fascinante", apunta Halpern. "En muchas ocasiones a la cúpula directiva se le dice que sí a todo, pero ahí estaba Stagg dirigiéndose nada menos que al general Eisenhower y a Monty (el mariscal de campo Bernard Montgomery), para informarles de algo que no querían escuchar. Para eso hay que tenerlos bien puestos". STUDIOCANAL y Working Title habían llenado las salas con películas tan taquilleras como El topo y el productor Eric Fellner y Working Title siempre habían tenido debilidad por este momento histórico. De hecho, produjeron El instante más oscuro, otra historia sobre la Segunda Guerra Mundial planteada desde una mirada personal y desconocida. Visto que el proyecto suscitaba interés entre todas las partes, firmaron un acuerdo de colaboración para adaptar la obra al cine.
El dramaturgo David Haig siempre pensó que la historia podía llegar más lejos. "Llevo doce años dedicado a James Stagg, estudiando su vida, su familia y sus logros", explica. "Estaba tan convencido de que aquí había una película, que había trasteado con un borrador de guion mientras escribía la obra de teatro". David había ido dándole forma poco a poco, pero notaba que algo fallaba para convertirlo en un buen producto cinematográfico.
Y entonces en 2019 se estrenó Hotel Bombay, un thriller dirigido por el cineasta que acabaría colaborando como coguionista, director y montador del filme: Anthony Maras.
"Hace muchos años nos encantó The Palace, un corto que había dirigido Anthony", recuerda Naftalin. "Cuando empezamos a mover este proyecto con David y Working Title, Anthony andaba por aquí de promoción con Hotel Bombay. El filme nos había impresionado mucho por cómo entretejía tensión y emoción y por la intencionalidad que transmitía el cineasta".
"Working Title destaca por poner material con un marcado acento británico en manos de realizadores internacionales", añade Webb. "Al aplicar esa lógica a un proyecto como Tiempo de victoria, nos decantamos por este director australiano con experiencia en proyectos de acción y un estilo visceral y dinámico. Nos pareció que una apuesta tan inesperada podría hacer que surgiera la magia".
Cuando le presentaron el guion a Maras, le atrajo el peso narrativo de la acción. "David había creado una historia muy potente en la obra de teatro Pressure que, por otra parte, me parecía tremendamente relevante en la actualidad. No dejaba de darle vueltas: habla de plantar cara a la autoridad, de tener el valor de ser fiel a unos principios y de la importancia de la racionalidad en situaciones de enorme tensión. Está ambientada durante un conflicto bélico, pero esas emociones pueden trasladarse a lo que sentimos ante tener que tomar decisiones difíciles en cualquier momento vital. Sea sobre lo que sea".
"Me quedé fascinado por esta historia. No había oído hablar de estos héroes olvidados ni del papel tan trascendental que desempeñaron para llevar a buen puerto la mayor invasión marítima de la historia", apunta el realizador australiano. "Fueron muchas las mentes pensantes que contribuyeron a la derrota de la Alemania nazi el Día D y, curiosamente, por encima de todo se impuso la capacidad para descifrar los patrones ocultos de la propia la naturaleza. La clave fue saber anticiparse a la meteorología británica".
Si bien el director conectó rápidamente con la historia, como guionista quiso pulir algunos de los temas subyacentes y trabajar más los matices de los personajes para que el proyecto se trasladase mejor al cine. Por su parte, a Haig le dio mucha tranquilidad ver que su concepto estaba en tan buenas manos. "Cuando Anthony se unió al proyecto, le di vía libre. Confío plenamente en sus decisiones porque tiene unos conocimientos cinematográficos enciclopédicos y una percepción extraordinaria", explica Haig. "Él tiene una visión muy nítida de cómo darle estructura al filme que a mí, como dramaturgo, se me escapa. A él le resulta innato, mientras que a mí me estaba costando horrores. Ha sabido captar la esencia de la historia, me quito el sombrero".
Trabajaron en el guion durante la pandemia de la Covid-19, enfrentándose primero a los confinamientos y después a las huelgas del sector. Maras aprovechó ese tiempo de descuento para asegurarse de que trasladaba al guion la historia tal y como la veía en su cabeza. Mientras el equipo de producción gestionaba la logística para hacerla realidad.
"A la hora de poner en marcha el proyecto durante la pandemia nos enfrentamos a dudas y tensiones similares a las que tuvieron que superar nuestros personajes ochenta años antes. Nosotros también necesitábamos contar con datos precisos, plantar cara a la autoridad y tener el valor de mantenernos firmes, por mucho que fuera en contra de la opinión generalizada. Esta película plantea un tipo de heroicidad diferente y muestra cómo es el verdadero liderazgo en tiempos de crisis. Me parecía la historia que necesitábamos en aquel momento", comenta Maras. "Para contarla teníamos que trasladar al público una sensación de inmediatez y cercanía, para que entendieran que estas personas se mueven por instinto. Para ellos era algo visceral. En Hotel Bombay, la amenaza era visible: unos asesinos recorrían los pasillos del hotel disparando a diestro y siniestro. El ser humano está programado para temer una situación así, porque por nuestra biología, por mucho que hayamos evolucionado, tememos a los depredadores. Sin embargo, en esta historia nos centramos en unas amenazas más existenciales, que no nos producen el mismo miedo de forma instintiva. ¿Cómo conseguir que un frente que avanza lentamente resulte absolutamente terrorífico? ¿Cómo podíamos captar la presión insostenible a la que se enfrentó este grupo de personas durante esas 72 horas eternas? ¿De dónde se sacaron fuerzas para tomar la decisión correcta cuando había millones de vidas en juego? ¿Acaso existe la decisión "correcta" cuando se transita por un mar de incógnitas?".
En 2024, con el guion listo, tocaba pasar a la siguiente pantalla: encontrar al reparto que se encargaría de dar vida a estos personajes.
EL REPARTO DE TIEMPO DE VICTORIA
Al pensar en James Stagg, un nombre destacó por encima de los demás: Andrew Scott. Maras quería que el intérprete que diera vida al protagonista tuviera la inteligencia y saber estar necesarios para encarnar a este gran meteorólogo que había tenido el valor de plantarle cara a la cúpula militar más venerada y temida del conflicto y también la vulnerabilidad de un hombre solitario a quien le piden que participe en el proyecto, dejando en casa a su mujer, que está a punto de dar a luz.
"Es un hombre cabezota y, a veces, muy complicado. Pero por encima de todo, Stagg tiene valores de acero. Entiende perfectamente el mundo natural y hasta llega a parecer una fuerza de la naturaleza él mismo. No se me ocurre nadie que encaje mejor para interpretar el papel que Andrew Scott".
Scott, que está viviendo un momento dulce de su carrera tras su aclamado trabajo en producciones como Desconocidos y Ripley, conectó inmediatamente con el papel. "James Stagg me pareció un personaje único, totalmente diferente a los papeles que he interpretado hasta la fecha. No es especialmente agradable ni simpático, pero es un hombre extraordinario con dotes únicas para su especialidad. Le vamos viendo con otra luz según va avanzando la trama y empezamos a interesarnos por sus conocimientos más que por su actitud. Tiene una inteligencia enorme, se vuelca en su trabajo y tiene un lado muy humano, aunque no es algo que muestre de primeras. En mi opinión la película habla de lo que dejamos ver de nosotros y de quién somos en el fondo".
El director nunca dudó de su elección. "La mejor decisión que tomé como director fue contratar a Andrew y darle carta blanca", recuerda Maras. "Solo con ver cómo se había preparado el papel, cómo se comportaba en el rodaje, cómo se metía en el personaje, ya quedaba claro que dominaba el trabajo que tenía por delante. Parece que no está haciendo nada, porque es un intérprete muy sutil, pero su profesionalidad es fascinante. Acabé pensando que lo que Stagg había sido para la meteorología, Andrew es para la interpretación. Los dos son grandes maestros en su campo".
Scott también habla maravillas de Maras. "Anthony ha sido muy generoso porque me permitió defender a Stagg según yo lo había entendido. Quería que mi planteamiento fuera original y auténtico, sin que Stagg se expresara como el personaje de una película. No quería que tuviera momentos cinematográficos para que el público conectara con él como ser humano. De hecho, es un ser humano muy particular y único. Le agradezco mucho a Anthony que me haya permitido darle una personalidad difícil y confiar en mi instinto como intérprete".
Tras cerrar la selección de Stagg, el siguiente paso para Maras y el equipo de casting fue dar con Eisenhower, la autoridad máxima en la operación Overlord, el nombre en clave de la batalla de Normandía. El nombre de un actor que había ganado un Óscar recientemente se impuso para dar vida al futuro presidente de Estados Unidos.
"La población local confiaba mucho en Eisenhower y lo tenía en gran estima, y creo que lo mismo ocurre con Brendan Fraser", comenta Maras. "Brendan ha creado un personaje complejo y vulnerable, mostrando facetas inesperadas del dirigente. Más allá de la apariencia de hombre encantador que transmitía confianza a raudales, deja entrever sus inseguridades en algunos momentos íntimos".
Fraser (ganador de una estatuilla a mejor actor por La ballena [The Whale]) acababa de volver de un viaje internacional cuando sus agentes le hablaron del papel. No tenía mucha idea de cómo había sido la vida de Eisenhower, más allá de haber visto algunas imágenes míticas y del eslogan "I Like Ike", que había calado en la sociedad durante su campaña presidencial. Aun así, quedó impresionado por lo que le contaba Maras sobre la presión insoportable a la que tuvo que hacer frente el general para actuar sobre la marcha antes de que se lanzara el ataque el Día D.
"Al pensar sobre el personaje, me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo había sido Ike como persona", recuerda Fraser. "Según tengo entendido, Eisenhower tenía la última palabra en cuanto a todas las decisiones y que la responsabilidad caía firmemente sobre sus hombros. Incluso se sabe que había escrito dos cartas en vísperas del desembarco: una se enviaría en caso de éxito y otra, si la misión fracasaba. En la carta celebratoria, agradecía el trabajo de las tropas y decía que las cosas no habían hecho más que empezar. Sin embargo, en la misiva que se mandaría en caso de derrota, hacía suya toda la responsabilidad y decía que si la operación había fracasado, la culpa era solo suya. Eso me llegó. Me metí a fondo en el personaje y cargué con todo el peso emocional e intelectual que pude".
Fraser pasó semanas leyendo biografías sobre su personaje e incluso visitó el Imperial War Museum para conocer de primera mano los planes secretos del Día D en cuya elaboración participó Eisenhower. Aún se perciben las marcas de las grapas oxidadas en las esquinas. Se rapó la cabeza para interpretar al dirigente, que tenía "problemas foliculares," según él, y estudió incluso los detalles más rebuscados sobre Eisenhower para crear un personaje redondo.
"Eisenhower se preocupaba mucho por las tropas", explica Fraser. "Los consideraba a todos como sus hijos. Siempre tenía tiempo para escucharlos porque quería que la operación fuera un éxito, pero no a toda costa. La suya no era una ideología de seguir avanzando cayera quien cayese. ¡Y eso no era muy habitual en esa época!".
Una de las decisiones más acertadas de Haig al escribir la obra de teatro había sido darle protagonismo a la mano derecha de Eisenhower, la coronel Kay Summersby. Fue una intermediaria clave en este intercambio de ideas, un puente que apaciguaba las aguas cuando el ambiente se crispaba, capaz de combinar su devoción por Ike con un pragmatismo lúcido. Maras llevaba años queriendo trabajar con Kerry Condon y le parecía que encajaba muy bien en el papel, después de haber visto recientemente su interpretación en Almas en pena en Inisherin.
"Kay Summersby no era una mosquita muerta. Durante el Blitz condujo ambulancias trasladando cadáveres y desempeñó diferentes cargos durante el conflicto. Tenía mucho callo. No se achantaba ante los dirigentes masculinos y se convirtió en una de las asesoras de mayor confianza de Eisenhower. Sabía que Kerry clavaría un personaje como este", comenta Maras.
A Condon le encantaron tanto el guion como el personaje y además, trabajar en una película de época le pareció un cambio muy bienvenido porque venía de terminar un rodaje ambientado en la actualidad. "Es la mujer de confianza de Eisenhower y tiene acceso a su vida personal", explica Condon. "Y eso me llamó la atención, porque me pareció interesante presentar la intimidad del dirigente en una situación tan estresante para mostrar la influencia de Kay en esos momentos. Estaban en pleno conflicto y ella era una mujer, por lo que aportaba un aspecto más cercano y maternal a estos hombres que se enfrentaban a una de las situaciones más tensas de la historia". También le interesó el puesto de mando que tenía Summersby, como "guardiana" del comandante de los Aliados y la confianza que en ella tenían los principales generales de la época. Además, había conocido a Fraser durante la temporada de premios cuando ella estaba nominada a los Óscar por Inisherin y él por La ballena, y le apetecía mucho trabajar con él.
Dándole la réplica a Stagg, estaba el meteorólogo de confianza de Eisenhower, Irving P. Krick, que presentó al general un pronóstico mucho más optimista que el británico. Krick había sido asesor de Hollywood y había acompañado al futuro presidente en las contiendas en África y Oriente Medio. Maras buscaba un intérprete que tuviera chispa, capaz de crecerse cuando Stagg dudara pero que no fuera todo fachada.
"Justo antes de que empezáramos con el casting de Krick, vi Air. En cuanto vi a Chris Messina, que interpreta al agente de Jordan, volviéndose loco en la escena de la llamada, sabía que había encontrado al actor que quería para el papel. ¡Era hipnótico!", recuerda Maras. "En el fondo, a Krick le gustaba dar el espectáculo. Tenía la carrera de piano, pero también era un brillante meteorólogo en quien Ike confiaba plenamente. Llevaba años clavando los pronósticos", explica. "En la primera reunión con Chris Messina, me dijo "Creo que la relación de Krick y Stagg es como la de Salieri y Mozart." Ambos son brillantes, pero llegados a un punto uno piensa, "Un momento, este juega en otra liga" y tiene que aceptar la nueva realidad. Eso me pareció muy interesante".
A Messina le impresionó el guion. "Nunca me había planteado cómo afectó la meteorología a esa contienda, así que me vino todo de nuevas", confiesa. "El guion es estupendo, pero aun así, me leí también la obra de teatro. Anthony ha hecho un trabajo espectacular adaptándola al cine, dándole una estructura más cinematográfica sin perder la narrativa y las escenas que ya estaban en el material original. Súmale a eso que iba a trabajar con un reparto finísimo y no me lo pensé dos veces".
Por último, se pusieron en contacto con Damian Lewis para interpretar al hombre que sería "la piedra en el zapato" tanto de Eisenhower como de Stagg, Bernard 'Monty' Montgomery, que acabaría ascendiendo a mariscal de campo. Monty era uno de los generales con más experiencia e historial de éxitos del equipo de Eisenhower, y le gustaba sacarlo a relucir siempre que podía.
"En la vida real, Montgomery era divertidamente insoportable", se ríe Maras. "Era un pesado y ponía a todo el mundo de los nervios. Era un hombre ultrainteligente y sostenía aquello de que las discusiones sacan a la luz las grandes verdades. Eisenhower era quien tomaría la decisión en última instancia, pero quería poner a prueba a todo su cuadro de mando. Quería presionar a todo el mundo.
¡Y Monty no se cortaba y le presionaba a él también! Damian entendió el personaje al instante. Sigo de cerca su trabajo desde Hermanos de Sangre".
"Anthony Maras fue el motivo de mayor peso al aceptar el papel", comenta Lewis. "Disfruté muchísimo de Hotel Bombay por cómo utiliza el suspense y la tensión para crear una buena narrativa. Sabía que era el director perfecto para este filme. Tiene muy claro lo que quiere y una imagen mental de cómo conseguirlo. Nos hemos llevado de fábula".
Con el reparto principal cerrado, había llegado el momento de empezar a rodar.
EL RODAJE
Una de las principales preocupaciones a la hora de llevar Tiempo de victoria a la pantalla fue encontrar la localización perfecta para rodar las escenas del cuartel general de los Aliados en Southwick House. Y también dar con playas y puertos que captasen el alcance y la magnitud del desembarco del Día D.
"Quería rodar en el Reino Unido porque esta historia forma parte de su ADN", comenta Maras. "Los miembros del reparto y el equipo técnico crecieron escuchando anécdotas que contaban sus padres, abuelos y tíos". Por eso, el equipo técnico se volcó de una manera casi obsesiva con los detalles. Se pusieron en contacto con meteorólogos nonagenarios que pudieran mostrar cómo utilizar aquellos aparatos, ayudaran a diseñar réplicas exactas de los mapas meteorológicos que se utilizaron el Día D e incluso recordaban qué imprentas produjeron aquellos gráficos y documentos para clavar el grosor y la calidad del papel sobre el que se imprimieron.
Maras visitó más de 100 edificios en busca del cuartel general de los Aliados e incluso se planteó utilizar el Southwick House real, aunque no pudo ser ya que seguía siendo una base militar activa a la que se habían añadido construcciones modernas. Acabó optando por Mentmore Towers, una casa del siglo XIX propiedad de la familia Rothschild que no solo tenía la misma extensión, sino que además estaba en una finca perfecta. A verla, Maras se emocionó tanto que incluso reescribió algunas escenas para aprovechar la buena luz del patio interior en algunas secuencias de la sede de los Aliados.
"Nos ha dado una buena base sobre la que trabajar. Es muy importante contar con una construcción real, de la época, para poder caminar de una estancia a otra. En cuanto visité Mentmore sabía que podríamos crear una ambientación cinematográfica que no parecería una obra de teatro".
Así lo sintió el reparto. "Anthony trabaja de una forma muy orgánica, adaptándose a la realidad del momento", comenta Fraser. "No hay nada predispuesto ni predeterminado. Cuando llegamos al rodaje vimos que no se trataba tanto de lo que hubiéramos trabajado en los ensayos, sino de trabajar con lo que nos encontrábamos cada día. El director de fotografía Jamie Ramsay es increíble, un verdadero artista. Y el diseñador de producción Daniel Taylor lo había cuidado todo, hasta el color de la tinta. Se habían informado sobre todos los detalles. Cuando me senté en el escritorio de Eisenhower, me sentí como un chaval que visita la oficina de su padre. Tuve que centrarme rápidamente porque me impresionó ver ese teléfono directo a la Casa Blanca. Estaban ahí todos los detalles clave, así es más fácil trabajar porque partes de una sensación de autenticidad máxima".
Los protagonistas incluso pudieron alojarse en la casa durante el rodaje, creando esa misma sensación de cercanía que existió entre las personas a quien daban vida en pantalla. "A ver, tampoco voy a decir que se parecía a lo que vivieron entonces", se ríe Condon. "Tenía velas de Diptyque, además de servicio de catering y flores. Pero Andrew estaba al lado y la habitación de Brendan estaba en el mismo pasillo. Se formó un ambiente muy familiar. Me gustó mucho que estuviéramos allí todos juntos, compartiendo vida con el equipo técnico, que era fantástico. Fue genial".
La relación con el director también ha sido especial. "En algunos proyectos el director se acerca, te dice algo al oído y se va. A veces no te das cuenta de que la cosa va contigo o no estás de acuerdo con sus indicaciones", comenta Chris Messina. "Con Anthony no es así para nada. Todas las veces que me dio directrices, me parecieron muy bien traídas. Eran inteligentes. Le gusta ensayar y se nota que respeta a los intérpretes y se pone de su parte para sacar lo mejor de sus personajes en el plató. Espero volver a colaborar con él en el futuro porque es un gran director".
Scott comparte su opinión y habla maravillas de su trabajo con el reparto principal y su forma de entender el proyecto en su totalidad. "Anthony es un verdadero cinéfilo y le importa mucho la calidad de la interpretación. Siempre digo que el personaje es la trama y la trama es el personaje y en este filme era crucial lograr esa sensación de magnitud para trasmitir lo delicado del asunto que se traía entre manos este equipo y mostrar el alcance del Día D y de los propios desembarcos".
Así, Mentmore se convirtió en Southwick, el centro neurálgico del Día D, donde se recibía información procedente de todo el mundo, ya fuera desde globos meteorológicos en Nueva Escocia (Canadá) o a través de miembros de la Resistencia francesa. El diseñador de producción Dan Taylor se puso manos a la obra para hacer realidad la visión del director: diseñó la sala de meteorología y el despacho de Stagg en un lateral del edificio principal. Para la sala se decantó por un azul apagado y un motivo en las paredes que incluso podía asemejar "un frente meteorológico, como una especie de isobara". Es uno de los muchos guiños subliminales de la película al tema de la climatología.
En el centro de mando de Eisenhower prácticamente evitó que entrase luz solar y utilizó iluminación artificial sobre el mapa de la operación Overlord que estaba colocado en el fondo de la sala, para llevar todas las miradas hacia ese punto. Taylor se volcó en recrear la cartografía original que aún está expuesta en Southwick House, reproduciendo incluso las sutiles variaciones de color entre las diferentes secciones que fueron creadas por fabricantes de varias ciudades del Reino Unido como parte de la estrategia de seguridad para evitar que supieran que su trabajo formaba parte de los preparativos del Día D.
En el puerto de Chatham Docks se filmaron las escenas de las tropas en barcos y submarinos, consiguiendo así transmitir la magnitud del Día D. "El puerto es precioso y nos permitió captar la escala de la invasión", comenta el diseñador de producción Dan Taylor. "Encuadramos la imagen de forma que el público entendiera la cantidad de personas que participó en el desembarco. Al mostrar cómo van embarcando cientos de hombres queda claro que hay muchísimas vidas en juego porque no todos iban a volver. De eso se trata al rodar una película como esta, los espectadores tienen que captar la importancia de esta operación".
La diseñadora de vestuario Liza Bracey cuidó hasta el más mínimo detalle para darle autenticidad a los diseños y captar el agotamiento extremo de aquellos hombres y mujeres. "Anthony quería que los protagonistas parecieran personas reales", comenta Bracey. "No quería que los uniformes estuvieran impolutos, sino gastados y vividos. Las prendas se ven usadas, desgastadas, como que han tenido ya un recorrido. He tirado de mucho minimalismo, sin utilizar adornos ni florituras porque esta es una historia sobre el clima y quería mostrar que el ambiente estaba caldeado desde el principio". Estos uniformes militares se han visto muchas veces, pero no suelen verse tan desgastados como se muestran aquí.
El objetivo de Zoe Clare Brown y el equipo de maquillaje y peluquería fue básicamente el mismo. "El filme retrata varios días durante los que esa gente se pasaba la noche trabajando. Así que Anthony no quería que estuvieran impecables". Los hombres no están recién salidos de la barbería con el rapado perfecto. Y Summersby, el personaje de Condon, lleva un labial natural, en lugar de aquel rojo brillante tan característico de la década de 1940, porque está en su lugar de trabajo. Brown comenta que su equipo también se encargó de diseñar las heridas de las escenas del Día D. Tras documentarse sobre los hechos, calcularon que alrededor del 30 % de las tropas murió o resultó herida ese día, así que estimaron el mismo porcentaje de extras y se pusieron a hacer heridas de bala, quemaduras y prótesis de extremidades para recrear el terrible coste humano que tuvo la operación militar.
Todos esos esfuerzos allanaron el camino para el director de fotografía Jamie Ramsay, que ha podido desarrollar los temas que toca el filme de forma visual para darle más profundidad a la narrativa. "Cuando trabajo intento encontrar una metáfora en la historia y parto de ahí para mi planteamiento", explica Ramsay. "Anthony y yo comentamos que en este proyecto se combinan dos aspectos: por un lado está el meteorólogo científico que ve el lado más orgánico de las cosas y representa la imprevisibilidad. Por otro, está la precisión y la austeridad del cuadro militar. Es casi geometría contra asimetría. Para captarlo, dejamos a un lado el trípode para utilizar algo menos simétrico y representar la naturaleza impredecible del clima".
De hecho, la meteorología tenía en vilo a Maras a la hora de definir el calendario y comenta que se ha quedado traumatizado por la experiencia. Los protagonistas no estaban disponibles hasta septiembre de 2024, por lo que tendrían que recrear una ola de calor entre octubre y noviembre. ¿Cómo se comportaría la famosa climatología inglesa?
En una de las casualidades más extrañas e inesperadas del rodaje, el otoño les sorprendió para bien y se puso de su parte una vez tras otra. El rodaje se tenía que trasladar a la playa de Camber Sands, donde se recrearían tanto el desastre que fue la operación Tiger (llevada a cabo antes del Día D) como el sangriento pero exitoso desembarco y la posterior invasión en las playas de Omaha y Utah. Allí fue donde Maras experimentó en su propia piel algo parecido a lo que vivieron sus personajes.
"Íbamos a rodar un lunes que, curiosamente, también iba a ser inicialmente el día que se lanzara el Día D", recuerda Maras. "Teníamos una ventana de una hora y media o así dos veces al día, con marea alta y marea baja, donde se darían las condiciones que necesitábamos para rodar. El miércoles anterior nos llegó el pronóstico a cinco días y todo se fue al traste. Según el parte, habría olas de dos metros, vientos de más de cincuenta nudos... Vamos, que no íbamos a poder rodar ni de broma. Ni siquiera íbamos a poder estar en la playa. No sabíamos qué hacer porque cuanto más lo retrasáramos, más nos metíamos en el invierno. Y como ocurrió entonces, el lunes llegó la madre de todas las tormentas pero el martes, al igual que el Día D, se tranquilizó el ambiente y llegó el buen tiempo. Se quedó así el resto de la semana".
"Aquí no hay quien entienda el tiempo", se ríe Webb. "Me pareció una experiencia muy meta sobre el rodaje, porque al igual que ellos entonces, dependíamos de las variaciones de una meteorología imprevisible. Cuando necesitábamos rodar en exterior, la suerte estuvo de nuestro lado. Nunca había trabajado en un proyecto en el que el rodaje y el clima se parecieran tanto a la historia real. Los dioses de la meteorología nos sonrieron". Según parece, después de tantos años, había llegado el momento de darle un papel protagonista al clima británico.
ENTENDER EL CLIMA
Dada la importancia de la meteorología en el filme, Maras y todo el equipo tenía muy claro que necesitaban expertos en el tema para conseguir la autenticidad y precisión que requería el proyecto. Stagg había realizado una labor extraordinaria y sus predicciones habían sido críticas, por lo que Maras quería rendirle homenaje cuidando hasta el más mínimo detalle. Para ello se reunieron con un equipo encabezado por Martin Young, exdirector de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, que llevaba más de 40 años analizando el tiempo británico y durante más de 10 años fue el meteorólogo principal del organismo. Desde su jubilación en 2020, tenía aún más tiempo para estudiar la historia de los partes meteorológicos en el Reino Unido, un tema al que Stagg había contribuido enormemente. A lo largo de su carrera, Young había adquirido conocimientos de primera mano sobre el equipo y los procesos que utilizó Stagg en sus estudios.
"En las primeras reuniones con Anthony y el equipo me involucré mucho en el diseño de cómo hubiera sido la oficina meteorológica en la década de 1940", comenta Young. "Yo hice mis pinitos a finales de la década de 1970 y por entonces, la tecnología se parecía más a lo que había en 1940 que a los equipos de los 2020. Cuando visité por primera vez el set me quedé muy sorprendido para bien. Fue como viajar en el tiempo ochenta años atrás".
También ayudó a Maras a entender la cantidad de datos que se recopilan para hacer un buen parte. "Durante las primeras conversaciones, Anthony comentaba que quería mostrar cómo llegaba la información hasta los meteorólogos desde los lugares donde se recogían, ya fueran estaciones remotas o marítimas, globos meteorológicos y demás. Me gusta mucho que se le dé tanta importancia a ese aspecto en el filme".
Por encima de todo, Young captaba a la perfección lo que se le pedía a Stagg cuando llegó a Southwick House. "Todo el equipo tuvo que hacer frente a una petición descomunal", explica. "Por entonces, se les estaba pidiendo que hicieran algo fuera de lo normal porque se podían producir pronósticos a un día o como mucho dos. Las malas experiencias les habían demostrado que era imposible prever qué tiempo tendrían dentro de cuatro o cinco días. Por el contrario, los meteorólogos de Estados Unidos estaban utilizando técnicas estadísticas que, según ellos, les permitían predecir la meteorología de cualquier sitio en el mundo con varios días de antelación y un grado bastante alto de fiabilidad. Eso le metió presión al contingente británico porque los estadounidenses ya estaban diciendo que podían dar un pronóstico a cinco días, cosa que los británicos no se atrevían a decir por sus conocimientos sobre el clima británico". Stagg sostenía que las comparaciones con patrones anteriores no iban a servir, lo cual se oponía diametralmente al parte soleado que presentó Krick para el 5 de junio.
Tras toda una vida dedicada al clima, a Young le sorprendió gratamente ver que se llevaba al cine una película sobre un meteorólogo que se convertía en el héroe de la historia. "Me ha encantado que se planteara desde la importancia del pronóstico del tiempo y que ponga el foco sobre el papel tan fundamental que desempeñó el meteorólogo durante la operación Overlord".
METRAJE REAL
Mientras se documentaba antes del rodaje, Maras dio con un fondo inesperado que le permitió ahondar más en la historia: metraje original rodado en alta calidad por los fotógrafos estadounidenses e ingleses que habían estado sobre el terreno, cargando con cámaras profesionales de 35 mm con las que filmaron el día a día de las tropas para mostrar a la población civil cómo eran las operaciones militares.
"Captaron escenas espectaculares de combates sangrientos", explica. "Pero también momentos íntimos que sería imposible recrear".
Maras no había pensado utilizar material de archivo porque no quería que la película "pareciera una producción del Canal Historia". Pero al recordar Ellos no envejecerán, el documental sobre la Primera Guerra Mundial de Peter Jackson, se le ocurrió darle color al metraje original para "ofrecer una nueva sensación de contemporaneidad".
"Así, aquellas personas dejaron de pertenecer al pasado porque se parecen más a gente que te encontrarías por la calle. El secreto está en cuidar los detalles más pequeños. Se ven las ojeras, las quemaduras por el sol y el viento y eso es lo que da sensación de realidad, además de las flotas, los miles de soldados, tanques, camiones y barcos".
El Día D marcó el punto de inflexión para los esfuerzos de los Aliados y se considera una de las campañas militares más importantes de la historia. En menos de un año, Eisenhower lideró las operaciones aliadas para liberar Francia y conseguir la victoria en Europa. Fue el 34.º presidente de Estados Unidos y gobernó el país durante dos mandatos. En 1961, durante su investidura, JFK, que había luchado como soldado en la Segunda Guerra Mundial, le preguntó a Eisenhower qué les había dado la ventaja el Día D. Ike respondió: "Nuestros meteorólogos eran mejores que los alemanes".
ANTHONY MARAS - DIRECTOR Y GUIONISTA
Anthony Maras es un realizador australiano que debutó con Hotel Bombay, protagonizado por Dev Patel. El filme obtuvo un gran reconocimiento internacional y la revista Variety lo incluyó en la lista de 10 directores con promesa. La película redefinió los ataques del 26/11 en Bombay para el público global, alejándose de un planteamiento meramente informativo para ofrecer una experiencia hiperrealista y muy emotiva.
Anteriormente dirigió varios cortos, incluidos The Palace, Spike Up y Azadi, por los que obtuvo diferentes galardones de la Academia de Australia y de festivales de cine de todo el mundo. A lo largo de su obra, Maras se ha inclinado por historias ambientadas en puntos de conflicto reales, desde zonas de combate contemporáneas hasta momentos de crisis históricas. Sus películas se caracterizan por unas interpretaciones excepcionales, un manejo portentoso de la tensión y una enorme capacidad para pasar del espectáculo visual a la narración personal y contenida conducida por personajes bien escritos.
En Tiempo de victoria, Maras pone su mirada sobre las reuniones celebradas para preparar la mayor invasión marítima de la historia, el Día D, para mostrar cómo los choques entre los comandantes militares y los meteorólogos determinarían el destino de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que en todas sus películas, hace las veces de guionista, director y montador.
