Sin prisa, relajado y entre las dos costas de los Estados Unidos, así grabó Quijano su disco Vidas y venidas. Once nuevos perdones, porque, sobre todo pide perdón, por amar con fallo o por presumir de vividor.
Una balada, Cinco Letras. La Magdalena, el primer single, es unisex, es chicle de fórmula sencilla en la composición. Es la simpleza compleja.
Retratos en blanco y negro, El golfo; en colores cruzados, El formal o en tonos pastel y medio dramáticos, El arrepentido.
Sonidos de sofá mirando al techo y examen de conciencia masculino, Te pido perdón o sinceridad en grado máximo, realidad dolorosa pero contexto sigo XXI, Esto es amor….
Si buscamos la canción de nueve a noventa, existe, también existe en estas "Vidas y venidas" y se dice Sólo te puedo decir; es playa, hoguera, guitarra y tópico pero es una caricia, eso es esta colección de deseos de pensamiento, de añoranza, de nostalgia.
Besos con versos explica sueños y pide una oportunidad, la de amar a lo bestia, a lo infantil pero maduro. Un solo largo y locuaz y luego "quiero dejar que me apriete tu mano, aunque pasen cien años, cuando sea un anciano y no pueda ni andar…".
Paco es morbo y bar, guitarra barítona, Tarantino Sound, tufo fronterizo.
Hay momento para el fútbol en La balada del futbolista.
Quijano escribe la letra y la música. También toca en sus canciones, las arregla, las produce.